08 febrero 2026

EL PROTOCOLO (I)

 Por mi destino actual hay mucho sarao al que me invitan. No va de coña que en 2025 fui invitado a 105 actos entre juras de Bandera, tomas de mando, patronas, aniversarios, conferencias, exposiciones, izados o arriados de Bandera, misas, pregones de Semana Santa, procesiones, cenas, etc. Está claro que no he asistido a todos; también tengo que trabajar de vez en cuando. Tan es así que, siendo lo normal tener sólo una, yo tengo tres camisas blancas para los uniformes de especial relevancia y de gala.

Hay actos de todo tipo: militares, civiles, universitarios, culturales o cofrades y, observando cómo se organizan, llegas a la conclusión de que, a pesar de tener responsables de protocolo sin formación alguna en la mayoría de los casos, los militares somos los que mejor organizamos todo. Con mucha diferencia.

Hace un par de años asistí a una misa muy solemne de una de las dos cofradías de Semana Santa más importantes de Cartagena. Al llegar a la iglesia me recibió en la puerta el Hermano Mayor, como a todas las autoridades civiles y militares invitadas, y un cofrade de protocolo me acompañó al lugar que me habían asignado: el segundo banco justo detrás de los concejales. Fuera de la zona de bancos, justo antes del presbiterio, había dos filas de sillones: una fila para autoridades civiles y la otra para autoridades militares. En los sillones de ésta se encontraban los dos almirantes que hay en Cartagena, el Coronel del RAAA 73 —y Comandante Militar de la provincia de Murcia—, los coroneles de las tres unidades de Infantería de Marina, el capitán de navío Jefe de la Base de Submarinos, el coronel de la Academia General del Aire (y del Espacio) y el comandante de la Guardia Civil. Es decir, el único militar uniformado que estaba en un banco era yo. No me gustó aquello, pero por no dar el cante, me quedé donde me dijeron. 

 Aquí tengo que aclarar algunas cosas. Yo era teniente coronel, pero estaba invitado como jefe de un acuartelamiento (el Parque de Artillería) en el que la cofradía tiene un local cedido demanialmente y desde el que cada Martes Santo sale en procesión desde 1941, como otra sale del Gobierno Militar y otra del Arsenal Militar ese mismo día. Cada año la cofradía me solicita poder sacar la procesión desde el establecimiento militar del que soy jefe y cada dos años renueva la solicitud de cesión del local. Es decir, tanto el local que usan, como la procesión y actos previos de cada Martes Santo tengo que  informarlos favorablemente para que el General Jefe de la SUIGE lo autorice. Sin embargo, nada tienen que ver con esa cofradía ni la AGA, ni dos de las tres unidades de Inf. Marina, ni uno de los dos almirantes, ni la Base de Submarinos.


Pasados unos días escribí un correo electrónico al Hermano Mayor, a la sazón un coronel jurídico en la reserva, manifestándole mi malestar no por mi persona, sino por la desconsideración hacia el acuartelamiento al que yo representaba, independientemente de que yo no fuera coronel. Jamás tuve respuesta a ese correo, a pesar de que puse de copia a su mayordomo de protocolo. 

Al año siguiente iba ya con la escopeta cargada y tenía claro qué iba a hacer en caso de que se repitiera la situación. De hecho en la puerta de la iglesia se lo comenté a los coroneles. Entré y me asignaron el mismo banco que el año anterior. Le comenté a una chica de protocolo que creía que no era mi lugar y me dijo que sí, que era en el banco que me correspondía. De modo que cogí mi gorra y mis guantes, me despedí del Santísimo y me piré a mi casa, ante la cara de sorpresa de algunos cofrades involucrados en el protocolo.

Al día siguiente, bien temprano, me llamó por teléfono el Hermano Mayor pidiéndome disculpas y excusándose con que "ellos no conocían el protocolo tan bien como los militares y no sabían que lo estaban haciendo mal". Le dije que yo se lo había explicado en un correo electrónico al que no habían hecho ni puñetero caso. El año pasado, a la tercera, ya me colocaron donde debo estar.

Esto es sólo un ejemplo; casos similares veo cada vez que acudo a una cosa de estas. Es decir, que como dije al principio, los militares organizamos estas cosas mejor que los civiles con mucha diferencia, a pesar de que no tenemos formación específica para ello.

Alguna vez se publica algún curso de protocolo que, como es convocado con muy pocas plazas, casi nadie puede acceder a él. Sin embargo en todas las unidades, centros y organismos militares se organizan actos que requieren un mínimo conocimiento del protocolo. Y todas esas unidades tienen a un responsable de protocolo, tenga o no formación para dicho cometido, algo, por otra parte, habitual en nuestro Ejército —si no sabes, búscate la vida—.

Los que alguna vez hemos tenido el cometido de coordinar el protocolo de algún acto, pues eso, nos hemos buscado la vida, pero no siempre es fácil. Echo en falta algún manual de protocolo oficial. Ni el famoso Cuaderno de protocolo del JEME, ni el Protocolo Militar de la Escuela Internacional de Protocolo de Granada y el MADOC, ni el Código de ceremonial y protocolo del Ministerio de la Presidencia, ni otras varias publicaciones sirven para mucho, pues se limitan a hacer un resumen del Reglamento de Honores Militares, de las normas de uniformidad vigentes y de las normas sobre actos militares y orden cerrado. Es decir, que si a un general de brigada hay que rendirle honores con Marcha de infantes o cuáles son los representantes institucionales territoriales de los tres ejércitos y poco más. 

Pero no hay ninguna publicación reglamentaria sobre, por ejemplo, cuál es la precedencia entre el Subdelegado de Defensa y el Comandante Militar de esa provincia. O cuál es el lugar de los coroneles retirados respecto a los  coroneles o tenientes coroneles jefes de unidad, por poner otro ejemplo.

Lo que ocurre con esto es que luego cada unidad organiza las cosas como buenamente pueden. Por ejemplo, hay una norma no escrita de que el personal en activo o en reserva con destino tiene mayor precedencia que el personal en reserva o retirado. Pero como no está escrito, hay actos en los que ves que un teniente coronel jefe de unidad está por delante de coroneles retirados, otros en los que este criterio se sigue sólo por empleos y otros en los que no se cumple y se ponen todos por antigüedad, aunque lleven años retirados.

El problema llega cuando el propio militar no tiene ninguna consideración con el personal de protocolo que, en la mayoría de los casos, está ahí comiéndose un marrón. Cuando ascendí a capitán estuve unos meses en la PLMM de la Unidad de Formación Paracaidista hasta que mandé compañía. El capitán de la S-2 que llevaba el protocolo estaba fuera no recuerdo por qué, pero el caso es que me asignaron el honroso privilegio de coordinar el protocolo. En esos años el coronel más antiguo destinado en la Región de Murcia de los tres ejércitos era un coronel de Infantería en la reserva destinado como Delegado del ISFAS. Llegó a la tribuna presidencial y se plantó en el lugar preferente tras donde iba a colocarse el general que presidía el acto —creo que era una Jura de Bandera—. 

Le dije que ahí iba el Delegado de Defensa de la Región de Murcia y me miró con una cara de pero qué me cuentas y levantando la voz me soltó lo de que era el coronel más antiguo de la región y que de ahí no se movía. Y no se movió. El Delegado de Defensa, un capitán de navío bastante más educado, no dijo nada y se colocó a continuación del compañero de promoción del Gran Capitán.

Quiero decir con esto que el protocolo es difícil y se complica mucho cuando los propios militares ponemos pegas a quien tiene ese embolao. También es cierto que hay unidades en las que tampoco se complican la vida: ponen a todos en el mismo corralillo y que se peleen entre ellos. 

Como este asunto da para mucho, termino aquí la primera parte y amenazo con continuar escribiendo sobre protocolo militar para suplicio de mis pocos pero leales lectores




11 enero 2026

LONG LIVE SPAIN

¿Nos hemos vuelto tontos con el inglés? Afirmativo, nos hemos vuelto tontos. En España ya sólo falta que en vez de viva España gritemos long live Spain.

Cuando estaba haciendo el relevo de mando del Museo Militar que tengo la gran fortuna de dirigir y dando una vuelta por las instalaciones con el director saliente, nos detuvimos a charlar un rato con voluntarios de la Asociación Cultural del Amigos del Museo Militar de Cartagena. Esta asociación está integrada por jubilados o militares en reserva, tanto españoles como extranjeros residentes en la costa cartagenera, de esos que hay a miles por todo el litoral del levante y del sur de España. En esta asociación, pionera en los museos militares españoles, hay guías culturales, historiadores, mecánicos, maquetistas, miniaturistas, expertos en armamento, etc. El Museo es lo que es gracias a su magnífica labor. 

Como decía, nos detuvimos un rato a saludar y a que me conocieran un grupo de ingleses que en ese momento estaban trabajando en recuperar un carro de combate ruso T-26 que llevaba ochenta años parado —y que en mayo pudimos presentarlo en sociedad, como se puede ver en este vídeo—. El saliente comenzó a hablarles en inglés, al que respondían con total normalidad, pero yo les saludé en español y todo el rato que duró la conversación —monólogo realmente, porque ellos no contestaban— lo hice sin que saliera de mis labios ni una sola palabra en inglés. Y así sigo después de tres años.

El saliente me dijo, cuando ya nos íbamos, que tenía que hablarles en inglés porque no tienen ni idea de español, pese a que algunos llevan más de quince años viviendo en Mazarrón o Torrevieja. Como me conoce bien porque somos de la misma promoción de la Escala Media y estábamos en la misma sección en la AGM, me dijo que sabía que no me gustaba eso. Así es, —le dije—, me niego a hablar inglés en España, y menos con gente que lleva años viviendo aquí y no muestra el más mínimo interés por nuestra lengua. Eso sí, el solecito, la sangría y la paella bien que les gusta. El jefe de ese equipo de mecánicos es español y es mi único interlocutor con ellos. Cuando los veo les saludo en español y ellos ya, por lo menos, balbucean un buenos días con ese acento tan inglés de té a las cinco.

¿Y por qué pasa esto? Pues porque los españoles nos estamos dejando invadir lingüísticamente por todo lo extranjero, principalmente, lo inglés. Estos extranjeros que llevan años viviendo en España y no tienen ni repajolera idea de español no es porque no les dé la gana —que también—, realmente es porque no lo necesitan. Ya estamos los tontos de los españoles para esforzarnos en hablarles en inglés a ellos, tapando indirectamente la gloriosa y universal lengua de Cervantes, que gracias a los tontos como los españoles de ahora, cada vez va siendo menos gloriosa y menos universal en beneficio de la puñetera lengua del aburrido Shakespeare. 

Este problema, porque para mí es un problema, está cada vez más generalizado. En el  mundo empresarial el inglés devora a cualquier lengua, por muy universal que haya sido durante siglos. El interés económico y comercial lo justifica —poderoso caballero es Don Dinero—, pero lo que no tiene justificación alguna es la tontería de los militares españoles, de los que generalizo injustamente en cuanto a cantidad, pero muy justamente en cuanto a relevancia en la acción del mando. 

¿Os acordáis de cuando se daba una orden y se decía, de forma tan castiza, lo quiero para ayer? Pues ya no, ahora se dice lo quiero ASAP, porque soy muy moderno. Y claro, escribir no más tarde de es mucho escribir, por lo que es mejor, y más chic, por supuesto, decir NLT. Tampoco vamos ya a una reunión, vamos a un briefing. Y tampoco enviamos un correo para vuestra (o tu) información, a hora es FYI. Tampoco derribamos accesos en combate, hacemos breaching. Ya no hay carrera de unidad, ahora es cross de unidad. 



Ya cada vez menos se pone nombre de héroes o de batallas a los ejercicios tácticos nacionales en los que sólo participamos nosotros. Los ponemos en inglés y así debe parecer —supongo— que por malos que seamos pareceremos los mejores soldados de la Patria. 

Al fin de ejercicio le llamamos ENDEX —supongo que porque FINEJ queda muy como un vivaelvino— y al juicio crítico, hot wash up, aunque estés en Chinchilla a -5ºC.

¿Y lo de PAX para referirse a personas, a soldados? me saca de quicio. De hecho, mis subordinados siempre han tenido mucho cuidado en no escribir PAX para referirse a militares. Lo odio. PAX, como si fueran pasajeros de un avión o clientes de un hotel. Lo odio —no me repito, enfatizo—.

En fin, que podría estar horas escribiendo sobre las tonterías que se dicen en inglés en el día a día sin necesidad operativa y perfectamente definibles en la lengua del bastante menos aburrido Quevedo.

Que conste que no me meto con el empleo de la lengua de los hijos de la Gran Bretaña con carácter operativo a nivel internacional, pues nuestras tácticas, técnicas y procedimientos ya no van por libre, sino en conjunción con las de los ejércitos con los que formamos coaliciones internacionales y esta conjunción se produce en inglés y, nos guste o no nos guste, tenemos que seguirla en bien de la operatividad y de la eficacia. En estos aspectos hace ya siglos que no somos un ejército dominante y es normal que se haya impuesto la lengua de los poderosos. ¿Pero en el día a día en el cuartel con el inglés todo el puñetero día en la boca? Anda ya... 

España fue un imperio jamás igualado y lo fue, entre otras cosas, por la expansión del español. El español es, tras el chino, la segunda lengua materna más hablada con 520 millones. Los nativos que hablan inglés son 400 millones. Sin embargo, todos los que hablamos español en el mundo, nativos o no, somos 650 millones, pero que hablen inglés, 1.500 millones. Joé, que estamos jugando en división de honor, que no somos unos mindundis en la liga de las lenguas y dejamos que el inglés nos supere. Luego nos quejamos de los independentistas catalanes y ponemos el grito en el cielo porque no quieren hablar español. 

En fin, un poquito más de orgullo patrio, lengua incluida, y menos tontería.


Shakespeare y Quevedo. Sólo los aspectos de uno y de otro ya dicen mucho 😂😂