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Hablar pocas veces de la profesión militar es una de las pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas. (Del art. 14 de las RR.OO de las FAs)

29 octubre 2023

LA LECHE DE PANTERA

Cuenta la leyenda que la Leche de Pantera fue un invento del barman madrileño Perico Chicote, al que Millán-Astray encargó una bebida para calmar el insaciable apetito de sus soldados con la consigna de que "fuera barata y se pudiera preparar rápidamente en zonas complicadas". También cuenta la leyenda que Chicote ideó una bebida pensando en la leyenda de que los legionarios heridos se aprovechaban del alcohol etílico de los botiquines y hospitales de campaña para mezclarlos con la leche.

El verdadero origen de la leche de pantera no es éste que tantas veces ha sido contado y que ya, erróneamente, se ha convertido en la versión oficial, aunque sí tiene relación Chicote con esta bebida.



Cuando en 1996 llegué destinado por primera vez a La Legión y vivía en la Residencia de Oficiales, tuve la inmensa suerte de conocer al Teniente Gabriel (q.e.p.d.), con el que cenaba muy a menudo y del que aprendí muchísimo sobre La Legión y su historia. El Tte. Gabriel era un viejo oficial de la Escala Legionaria ya retirado (de alrededor de 76 años), que llevaba el Archivo de La Legión como venía haciendo desde que, aún en activo, estaba destinado en la Subinspección de La Legión en Leganés. A pesar de tener su numerosa familia en Madrid, el Tte. Gabriel se trasladó a Málaga con la Subinspección de La Legión. Allí continuó dedicándose a la historia de La Legión hasta su pase a la reserva y a retirado, situación durante la cual el entonces ya MALEG (Mando de La Legión) se trasladó a Viator para organizarse como Cuartel General de la Brigada de La Legión y a donde también se trasladó nuestro veterano legionario.

El Tte. Gabriel se alistó voluntario a La Legión en el verano de 1936, cuando contaba con 16 años, y en La Legión permaneció ininterrumpidamente hasta que su ya delicada salud le impedía viajar todos los fines de semana entre Almería y Madrid.

Pues bien, en el transcurso de una de aquellas cenas en la Base Álvarez de Sotomayor de Viator, el Tte. Gabriel nos contó el origen de la leche de pantera, versión que siempre he tenido por verdadera porque, además de venir de la fuente que venía, tenía mucha lógica que así hubiera nacido tan legionario brebaje.

Contaba el bueno de Gabriel que, en la época de blocaos y posiciones aisladas en el Rif, el agua era verdaderamente valiosa por su carencia —tan es así que hubo bastantes laureados que lo fueron por acciones de guerra conduciendo y defendiendo convoyes de aguadas—. La poca agua que había en las posiciones se reservaba para curar a los heridos y lavar los útiles sanitarios y la comida era, principalmente, a base de conservas. Entre estas conservas se encontraba, como es natural, la leche condensada. La leche condensada necesitaba agua para disolverla, pero ante la poca disponibilidad de ésta y, teniendo en cuenta que en aquella época era raro que los soldados no tuvieran sus raciones de coñac, ron o ginebra, los legionarios comenzaron a disolver la leche condensada con cualquier licor a mano. Así nació una bebida que, aún sin nombre, llegó a considerarse típica de los legionarios españoles.

Sí es cierto que el nombre de Leche de Pantera naciera entre el Fundador y Pedro Chicote, pero no la invención de la bebida por parte de éste, como cuentan las populares leyendas. Teniendo en cuenta que Chicote había servido como soldado en el Rif a principios de los años 20, es lógico que conociera la existencia de esta bebida legionaria, de la que Millán-Astray le pidió al célebre barman que la sirviera durante la celebración de la boda de su amiga común la artista Celia Gámez, de la que el General era padrino. Chicote la preparó con ginebra y le agregó hielo picado —era julio de 1944— para suavizarla y refrescarla. Ante la pregunta de los presentes sobre el nombre de tan riquísimo cóctel, fue Millán-Astray quien le puso nombre dedicado a su ahijada Celia cuyos ojos felinos y su vestido negro indujeron al General a llamarle pantera. A pesar de ser originalmente leche condensada con cualquier licor a mano, esta versión con ginebra fue la que ha perdurado hasta nuestros días.

Así nació la bebida y así nació, bastantes años después, el nombre de Leche de Pantera




 


22 octubre 2023

ORGULLO DE EJÉRCITO.

Ni nosotros somos tan buenos como nos creemos ni los demás son tan malos como nos creemos. Esta frase la he dicho muchas veces y creo que es importante tener en cuenta la idea que transmite.

Los que estudiamos las Reales Ordenanzas para las FAs de 1978 recordamos, sin duda, aquel artículo que decía: "Todo militar se sentirá orgulloso de la unidad en que sirve. Se esforzará en que ésta alcance los más altos niveles de preparación y por ello merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misiones". También las actualmente en vigor de 2009 hablan de forma similar en cuanto al sentimiento de orgullo de pertenencia a una unidad, aunque de una forma más funcional, al menos para mí: "El militar velará por el prestigio de las Fuerzas Armadas y por el suyo propio en cuanto miembro de ellas. Se esforzará en que con su aportación personal su unidad, de la que se sentirá orgulloso, mantenga los mayores niveles de preparación, eficacia, eficiencia y cohesión, con objeto de que merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misiones". 

Sin entrar muy a fondo en la diferencia de estilo de redacción entre ambas reales ordenanzas, ya que ambas dicen prácticamente lo mismo, y teniendo en cuenta que las ordenanzas son órdenes al fin y al cabo, debemos recordar que las órdenes deben ser legítimas, lógicas, oportunas, claras, precisas y concisas, por lo que creo que me parece mucho más clara, precisa y concisa la redacción de 1978.

Pero bueno, intentaré no irme por las ramas y sí centrarme en el propósito de este escrito de hoy. Dejando de lado la forma y hablando del fondo, las Reales Ordenanzas dejan claro que el militar se sentirá orgulloso de la unidad en la que sirve. Este sentimiento es una virtud y una adecuada conducta moral del militar, pero tiene su miga porque se trata de sentirse orgulloso de la propia unidad sin menoscabo de las demás. No podemos quedar los primeros en una carrera poniendo zancadillas a los demás corredores; para ser el mejor soldado de la Patria, debemos serlo por nuestras virtudes, nuestros esfuerzos y los resultados del buen empleo de nuestras capacidades. Es decir, no podemos creernos los mejores en base a devaluar el prestigio de los demás. Y es que ya saben, aunque muchos no lo crean: ni somos tan buenos como nos creemos ni los demás son tan malos como nos creemos. 

Formamos parte de una gran ejército, el Ejército Español, que ha demostrado mucho valor, ha derramado mucha sangre y ha alcanzado, con honor, mucha gloria a lo largo de los siglos. Y lo ha hecho con todas y cada una de sus unidades, las presentes herederas de tantas otras y las pasadas que con el tiempo fueron desapareciendo, pero todas han trabajado con la mayor abnegación y el mayor sacrificio por la grandeza de España y de sus ejércitos. Nadie puede erigirse en evaluador del nivel de excelencia de las unidades; más que nada porque si estableciéramos una tabla con todas las variables precisas para determinar las cualidades necesarias para ser una buena unidad, muchos se llevarían una sorpresa, posiblemente.

Lo peor de este asunto se da cuando se habla de unidades que no se conocen. Por ejemplo, el tan conocido pique entre legionarios y paracaidistas es en la mayoría de los casos fruto del desconocimiento del otro. Los que hemos tenido la grandísima fortuna de servir en ambas unidades, sabemos y conocemos las bondades y los defectos de unos y de otros, porque de todo hay en la viña del Señor; ni unos son tan buenos ni los otros tan malos. Otro ejemplo me viene a la memoria y es de cuando, por ascenso, pedí destino a una unidad de la que muchos rajaban sin conocerla. Yo tampoco la conocía, pero no podía (ni quería) creerme que en nuestro Ejército existiera algo tan desastroso como me lo pintaban compañeros que jamás habían estado ni trabajado con esa unidad y realmente, tras conocerla, me di cuenta de que yo había acertado: es una magnífica unidad compuesta por militares como todos los demás, amantes de España y de la Milicia, implicados en el servicio y cumplidores de su deber dispuestos a darlo todo por la Patria. Me siento orgulloso de haber servido en dicha unidad.

Dicen que viajar te da cultura y siempre he pensado que cambiar de destino te da cultura militar. De todo hay en nuestro Ejército: los que han viajado mucho y han conocido distintas unidades y los que no han salido de casa y no conocen más allá de su calle. Cada uno tendrá sus motivos o habrá vivido de la forma que sus circunstancias le hayan ido marcando a lo largo de su carrera, pero generalmente son los que menos han viajado los que más ensalzan su unidad comparándola, siempre al alza, con otras unidades que no conocen.

Sin entrar a valorar el glorioso historial de tantas unidades en las diversas acciones en el cumplimiento de su deber a lo largo de la historia de España, debemos pensar que en la actualidad existen muchas unidades que han tenido caídos, heridos y cruces rojas en operaciones recientes. ¿Alguien de verdad puede tener respaldo moral para dudar del prestigio de esas unidades?

Ya dijo algo similar a todo esto Millán-Astray cuando escribió el Credo Legionario dejando claro que todos los hombres legionarios son bravos, que cada nación tiene fama de bravura y que es preciso demostrar qué pueblo es el más valiente. DEMOSTRAR, esta es la cuestión, porque todas las unidades españolas son bravas...

Igual que nos sentimos orgullosos de nuestro pueblo, pero, sobre todo, nos sentimos orgullosos de España, sintámonos orgullosos de nuestra unidad, pero, sobre todo, sintámonos orgullosos de nuestro ejército.

No olvidemos que España siempre alcanzó sus glorias con el esfuerzo común de todos sus soldados. 



15 octubre 2023

EL DESFILE DE LA FIESTA NACIONAL

Pues ya hemos disfrutado del desfile del Día de la Fiesta Nacional (DFN) un año más. Bueno, ¿realmente lo hemos disfrutado? Cada uno tendrá su opinión, pero lo que es absolutamente cierto es que ha sido un año de cambios, más de los que a primera vista pueden parecer.

Sin entrar en la tan famosísima y repetitiva noticia de que una cabo de la PAPEA ha saltado con la Bandera Nacional –un reconocimiento a la BRIPAC que durante varios años fueron los únicos que saltaban en la Castellana–, tengo tantas ideas en la cabeza que no sé por cuál de ellas empezar, de modo que iré escribiendo según vaya recordando mi resumen mental de este desfile.

Como el día 12 por la mañana estaba disfrutando de la celebración de la Virgen del Pilar, Patrona de nuestra querida Guardia Civil, no pude ver el desfile en directo y lo vi tranquilamente por la tarde a través de YouTube, lo que me dio la facilidad de verlo atrás y adelante tantas veces como me demandaba la curiosidad por confirmar los detalles que estaba viendo.

En cuanto a la ubicación de este año, al igual que otros años en que también se desfiló en esa zona, no me gusta, pero se ve que son razones de índole política las que motivaron el cambio, por eso no voy a comentar nada a este respecto. 

También hay que reconocer que el itinerario de este año ha vuelto a que la tribuna esté al lado derecho del desfile; punto positivo porque está demostrado que el vista a la derecha, además de ser el más generalizado, tiene más ventajas que inconvenientes: más costumbre de desfilar sobre el hombro que sobre el hombro derecho y, por consiguiente, más costumbre de bracear con el brazo derecho y menos posibilidad de golpearse con el brazo en la vaina del machete, saludo sin sable más natural girando la cara a la derecha que a la izquierda, costumbre de alineación natural de las filas por la derecha, no necesidad de que los alumnos cambien el lado en el que llevar las cadeteras, no necesidad de cambiar la posición habitual del acompañante del guion (las unidades que llevan acompañante), etc.

Pero vayamos al grano...

Cada vez estoy más convencido de lo que escribí en El Orden Cerrado en cuanto a la poca importancia que le dan muchos con la justificación de que quita tiempo para la instrucción táctica. No quiero reiterarme en lo escrito en ese artículo, pero esa tan manida respuesta de que el Ejército no está para desfilar lo dicen muchos que luego están deseando desfilar en Madrid el DFN y, sobre todo, salir en la televisión, como Alaska y los Pegamoides con su bote de Colón... 

Hace ya bastantes años de la última vez que desfilé en la Castellana, por lo que no sé cuántos ensayos se harán ahora ni cuántas vueltas se darán a aquella grandísima explanada en la Base Aérea de Getafe –sí, ya sé que ya no se ensaya allí–, pero da igual, no se trata de la cantidad, se trata de la calidad de los ensayos: ¿se tiene claro lo que se quiere? ¿se tiene claro cómo conseguirlo? ¿se corrige eficazmente lo que se quiere evitar? Joé, digo yo que si vas a salir en la tele tendrás que salir perfecto ¿no?


Hay aspectos del desfile que son comunes a las nuevas tendencias en la forma de desfilar y no se vieron el DFN por primera vez: alineaciones, braceos, distancias entre sargentos y tenientes, forma de llevar el fusil, forma de poner la hoja del sable en el vista a la derecha, paso demasiado largo (y la última fila siempre corriendo) o paso demasiado corto (y el consiguiente braceo forzado), ambos pasos consecuencia de la obsesión por mantener a toda costa la distancia con la unidad que nos precede olvidándose, en el caso del paso demasiado largo, de que en las últimas filas (con cariño antes llamada la calderilla) van los que tienen las piernas más cortas. 

Hay otros aspectos, sin embargo, que se vieron ayer sin ser lo habitual. Por ejemplo, si los gastadores  –creo que ya comenté alguna vez que yo fui jefe de la escuadra de gastadores en la Academia– queremos ir más chulos que un ocho y queremos levantar el brazo hasta la vertical, no podemos hacerlo en detrimento de que, al bajar, pase atrás. Es decir, el recorrido del brazo debe ser desde atrás hasta arriba, cueste el esfuerzo que cueste, pero no puede ser desde delante de nuestro cuerpo hasta arriba porque como queremos subirlo tanto no podemos echarlo atrás después; es un quiero y no puedo.

Sé que tampoco es cuestión de relatar aquí y ahora todas y cada una de las cosas que vi demasiado raras, pero es muy fuerte que haya profesionales de la Milicia que a estas alturas de la Mili pasen por la tribuna con el paso cambiado o que en el segundo tiempo del saludo con sable pongan la mano derecha tan adelantada que parece que van a entrar a matar aunque no lleven capote –igual hay que hacer más Orden Cerrado, no sé–. 

Una cosa que nunca he entendido, ni este año ni los anteriores, es por qué en el desfile del DFN, al igual que en muchas ocasiones en el del Día de las Fuerzas Armadas (DIFAS) se amplían los intervalos y las distancias y se desfila con las hileras y las filas más separadas de lo normal (y de lo reglamentado), pero la Armada sigue manteniendo sus distancias e intervalos, ahí todos bien juntitos. Si se aumentan para llenar la calle, que suele ser una avenida ancha, ¿por qué no se amplía a todos? No lo entiendo.

Podríamos seguir hablando de Orden Cerrado, pero tampoco es plan. Podríamos también hablar de la malísima retransmisión televisiva, pero no es una novedad ya que es a lo que tristemente nos tiene habituados nuestra TVE. Podríamos comentar también la falta de respeto de políticos y autoridades civiles moviéndose por las gradas y hablando mientras suena el Himno Nacional al incorporarse la Bandera a formación, pero es también un clásico. Pero lo que sí comentaré, por raro que me pareció, es que nuestra flamante Dama Cadete Borbón (Ortiz) luciera boina de color grancé con el uniforme de gala. Creía yo que de gala se llevaba gorra de plato, y casquete las mujeres, cuando se está fuera de formación y que la boina, de gala, era sólo en el interior de la AGM. Se ve que estaba yo equivocado y se ve que ha cambiado esa parte de la Orden Ministerial que regula la uniformidad en las FAs porque no creo que a esos niveles haya sido un así mola más... En cualquier caso, me alegro porque nuestra Princesa tiene buen porte militar que se habría devaluado si hubiera llevado esa tan poco marcial prenda de cabeza femenina llamada casquete.

Y fuerzo llegar al final para evitar una extensión demasiado larga de este artículo con un recuerdo a los esquiadores-escaladores y a los paracaidistas que este año no han desfilado por primera vez en sus respectivas historias. Creo que hay unidades que, aunque sólo sea por la vistosidad de su uniforme y la de su equipo, no pueden faltar nunca en un desfile de estas características y son los Regulares, La Legión, las Tropas de Montaña y los Paracaidistas. 

¡Ah! Que se me olvidaba. Aunque sea la Fiesta Nacional, la fiesta de todos los españoles civiles y militares, no deberíamos olvidar que es un desfile MILITAR. No me gusta ver en un desfile militar a los de Vigilancia Aduanera ni a Proteccióm Civil ni al SAMUR. ¿Por qué no desfilan también, por ejemplo, los guardas forestales, los celadores de hospitales, los maestros, los panaderos o los barrenderos con sus bonitos camiones de recogida de basura? También hacen Patria a su manera.




08 octubre 2023

Aquí siempre se hiciera así, mi Capitán.

Tuve un teniente coronel en La Legión que me contaba que, cuando llegó destinado de capitán a Pontevedra y  empezó a conocer todo lo posible de su nueva unidad, se encontró con cosas de las que no entendía su porqué y ante su pregunta obtenía, en la mayoría de los casos, la misma respuesta con un profundo acento gallego: "aquí siempre se hiciera así, mi Capitán". 

Durante los tres años en los que fue mi jefe en Almería hablábamos mucho –yo era el jefe de su plana mayor– y usábamos esta frase entre nosotros muy frecuentemente, con acento gallego incluido,  cuando llegábamos a la conclusión de que la única justificación de que algo se hacía de determinada forma era porque siempre se había hecho así.

Esta anécdota, lejos de ser representativa de los zapadores gallegos o de los zapadores almerienses, es una muestra de un vicio generalizado a todo lo largo y ancho del Ejército de Tierra y me temo que también de los otros dos ejércitos.

Hay quien, ignorando la evolución de normas, tácticas, técnicas y procedimientos, piensa que su unidad (desde la escuadra para arriba) está exenta de amoldarse a cualquier cambio que se haya ordenado en su ámbito. No sé si esta mala costumbre se debe a creer que su unidad no necesita esa evolución porque ¿qué sabrá de esto un tío en un despacho en Madrid? o se debe a que, directamente, no tiene ni la más repajolera idea de que algo ha cambiado, porque, por increíble que parezca, hay quien no ha leído un reglamento desde que llevaba cadeteras.

Pero lo peor llega cuando quien te dice que "aquí siempre lo hemos hecho así" es alguien que no había ingresado aún en el Ejército cuando entró en vigor el cambio en cuestión. 

Por ejemplo, antiguamente, pero muy antiguamente, se flexionaba la pierna izquierda en la voz preventiva de paso ligero, pero esto cambió en la edición de 1996 del Reglamento de Orden Cerrado y desde entonces debe flexionarse la derecha. ¡1996! Hay oficiales y suboficiales que ni habían nacido en 1996 y flexionan la pierna izquierda porque dicen que "en esta unidad se hace de siempre así". Nos ha jodío, pues claro que se hace de siempre así; desde antes de 1996, pero no se debe hacer así. Se debe flexionar la rodilla derecha porque un tío en un despacho en Madrid demostró que, al igual que en la salida de una carrera flexionamos y apoyamos el peso sobre la pierna contraria a la que vamos a dar el primer paso, en la salida a paso ligero el primer paso es con el pie izquierdo, por lo que hay que flexionar y echar el peso sobre la pierna derecha. 



Igual pasa, por ejemplo, con a cubrirse. Algunos dinosaurios de mi época estarán ahora mismo preguntándose si de verdad hay quien aún manda a cubrirse o es que me lo estoy inventando para tener algo de lo que escribir este domingo en El Furriel. Pues sí, señores dinosaurios, hay actualmente jóvenes cuadros de mando –algunos sí habían nacido en 1996, pero aún no habían hecho la Primera Comunión– que mandan a cubrirse. ¿Por qué? Pues porque han aprendido de otros que lo aprendieron de otros y éstos de otros, y así sucesivamente, que decían que "aquí siempre se ha mandado a cubrirse".

El problema de todo esto es que, en muchos casos, el desconocimiento del porqué de las cosas y la ignorancia sobre lo que manejamos diariamente convierten al ejercicio del mando en algo carente totalmente de excelencia. Cuando se cambió a cubrirse por alinearse (también en 1996) no fue porque, como ya había mujeres en el Ejército, decir a cubrirse podía tomarse por la 5ª acepción de la RAE de la palabra cubrir: "aparearse con la hembra", como muchos se creen muy erróneamente. El cambio se debió a que el término alinearse es bastante más correcto y la orden no coincide con la de cubrirse referente a colocarse la prenda de cabeza. Cubrirse es la alineación únicamente de las hileras, no de las filas, por eso se cambió a un término más adecuado, que es la orden de alinear tanto hileras como filas.  

Y para que os terminéis de quedar de piedra, señores dinosaurios, aún hay quien da novedades diciendo "cubierta y alineada la compañía". Así, como os lo cuento. De verdad. 

A ver, supongamos que el mando en cuestión quiere ir de antiguo –aunque decir eso es de anciano, más que de antiguo–, y le gusta lo de cubierta y alineada, pues entonces la orden debe ser a cubrirse y a alinearse, porque ya hemos dicho que son cosas distintas. Si manda solo a cubrirse y da novedades de que está la unidad cubierta y alineada, está dando novedades falsas, porque en ningún momento ha ordenado que se alineen las filas, sólo ha ordenado que se alineen las hileras. En fin, que todo esto es lo que originó el cambió de la orden y nada tuvo que ver con el apareamiento del macho con la hembra.

Pero vamos, que esto son solo un par de ejemplos de las cosas que "aquí siempre se hicieran así, mi Capitán", porque casos hay muchos todos los días y no sólo en Orden Cerrado. Pasa con seguir llamando como hace años Comandante de la Guardia al Jefe de la Guardia de Seguridad, Sargento de Cuartel al Suboficial de Cuartel o entrando en descanso cuando se llega a un sitio a paso de maniobra (ahora hay que quedarse en firmes) o... cosas más graves.


En definitiva, que hay que hacer más caso a lo que está escrito que a lo que te cuentan, sobre todo cuando del cumplimiento de órdenes y normas se trata, porque se cuentan muchas milongas. 

01 octubre 2023

VOCABULARIO MILITAR (y II)

Continuando con este asunto del uso incorrecto del vocabulario específico militar, no tenía claro si iba a ser este el VOCABULARIO MILITAR (II) o debería ser directamente el (y II) ya que, aunque este asunto dé para escribir varios días, podría correr el riesgo de convertir este blog en un monográfico, lo que conduciría, irremediablemente, al aburrimiento de mis queridos lectores. Finalmente he decidido escribir la segunda y última parte de estos pensamientos sobre nuestro vocabulario, sabiendo que me dejo en el tintero muchas palabras y expresiones de las que se confunde su significado o nombre.

El hecho de poner algunos ejemplos tiene por finalidad alertar a algunos de los lectores sobre lo que se dice de forma errónea, a sabiendas de que algunos de ustedes usan a veces palabras de las que aquí se está tratando. Y digo esto porque cuando el uso inadecuado de nuestro vocabulario trasciende más allá del lenguaje coloquial y se usa de forma oficial en informes, oficios, normas, órdenes y demás tipos de escritos militares, se corre el riesgo de que su correcta escritura o su verdadero significado se pierdan para siempre. El Furriel no pretende aquí sentar cátedra, sino simplemente refrescar la memoria del porqué de las cosas. De hecho, no estoy muy convencido de que estos dos capítulos sobre lo que El Furriel piensa de todo esto vayan a servir para poco más que entretenerles un rato la tediosa tarde del domingo. 

En fin, ya que estamos, sigamos hablando de Milicia... pero hablemos bien.

Y bien, lo que se dice bien, no es lo que ocurre en la inmensa mayoría de los casos cuando se habla del JEME y del JEM de una GU. Es demasiado generalizado que se diga Jefe DEL Estado Mayor al JEME y Jefe DE Estado Mayor a los JEM,s. de las brigadas, divisiones, etc. Sin embargo es al revés; el JEME es el Jefe DE Estado Mayor del Ejército y el JEM de una Gran Unidad es Jefe DEL Estado Mayor del Cuartel General de esa Gran Unidad. Llamar a algo de forma distinta tiene su aquél, pero riza el rizo que se cambien las nomenclaturas una por otra, como en este caso. El JEME es el Jefe de EM del Ejército, pero no es el Jefe del EM del Ejército (Jefe del EME), pues este cargo recae en el Segundo JEME (SEJEME), que en este caso, al sí ser jefe de un estado mayor, sí es Segundo Jefe DEL Estado Mayor. Lo deja bien claro tanto la Ley 39/2007, de la Carrera Militar, en su artículo 12 como el RD 872/2014 de la organización básica de las FAs en su artículo 3. 


Y ya que estamos hablando de los estados mayores, también podemos tocar un punto que pasa inadvertido muchas veces, pero que también tiene su error. Es el caso del los DEM. De unos años a esta parte se ha cogido la costumbre de decir siempre Diplomado DE Estado Mayor, cuando lo corriente hace años era Diplomado EN Estado Mayor. ¿Por qué esta cambio? Pues yo no le encuentro ninguna explicación ya que el diplomado lo es EN algo, no DE algo (nadie dice diplomado De Montaña), así como un licenciado también lo es EN algo (nadie dice licenciado DE derecho) o como un doctor lo es EN algo (nadie dice doctor DE medicina). Con estas cuestiones me pregunto a veces si es que hay a quien le aburra la monotonía de nuestra lengua y por ello la cambia a su antojo...

También podemos hablar de la BANDERA DE COMBATE. Cuando en una parada militar del Ejército de Tierra se expresa Bandera de Combate al referirse a la Bandera de un regimiento o tercio, tanto en sus documentos de organización y preparación como en las palabras del relator, se está incurriendo en un grave error, ya que desvirtúa el significado de una BANDERA DE COMBATE, además de incumplir las denominaciones oficiales que están reglamentadas. Las banderas de combate única y exclusivamente están en los buques de guerra. Ni siquiera una unidad de Infantería de Marina o la mismísima Escuela Naval Militar tienen concedida Bandera de Combate; toda unidad que no sea un buque de guerra lo que tiene es Bandera, a secas. 

La Directiva nº 3/1982 del Ministro de Defensa determina la Bandera de Combate para los buques de la Armada, que se izará en el pico el día de la entrega. Su uso posterior se limitará a ser únicamente izada en caso de combate frente al enemigo. Deberá exhibirse en una vitrina a bordo, en el lugar de mayor dignidad del buque. Y es que a veces el esnobismo se contagia también en las filas de las FAs pretendiendo dar un nombre más rimbombante a algo ¿Es que acaso las cosas excelentes necesitan de rimbombancia en su denominación? No, las cosas magníficas, por su natural excelencia, no necesitan de renombres. ¿Hay algo más bonito que un regimiento o tercio saque a desfilar a LA BANDERA, a la única que tienen? ¿Es que acaso apellidándola de combate se insinúa que las demás banderas no lo son o no lo eran? Porque es que, además, es mentira que sea su bandera de combate porque esos regimientos o tercios actuales no van a ir al combate con su enseña ya en el siglo XXI. Sin embargo los buques de guerra sí combatirán con su Bandera de Combate izada, por muy metido ya que esté el siglo XXI.

Luego, tenemos palabras que se dicen mal, pero ya no desde un punto de vista etimológico, sino simplemente ortográfico, como pasa con decir convoys en vez de convoyes, bunkers en vez de búnkeres o fagina en vez de fajina. 

También ocurre algo digno de mención cuando al nombrar a la BRILEG se dice Brigada Rey Alfonso XIII SEGUNDA de La Legión. A ver, si no es, por ejemplo Brigada Guadarrama DECIMOSEGUNDA, ni Brigada Galicia SÉPTIMA, tampoco la BRILEG será SEGUNDA. El II no es un ordinal; su nombre es Brigada Rey Alfonso XIII, DOS de La Legión. Igual ocurre al hablar de sus unidades subordinadas GCLAC II, GACALEG II, BZAPLEG II y GLLEG II.  No debemos confundir esto con la nomenclatura de las unidades legionarias y paracaidistas que sí son números ordinales, como Tercio Don Juan de Austria, TERCERO de La Legión o Bandera Roger de Flor, PRIMERA de Paracaidistas. 

En definitiva, y para zanjar estos pensamientos en torno al vocabulario específico militar, podríamos estar días y días escribiendo sobre este asunto, ya que hay infinidad de términos escritos incorrectamente o desvirtuados en su concepto, pero solamente se trataba de dar unas pinceladas con las que remover la curiosidad del lector sobre la correcta forma de usar las palabras en nuestro cotidiano vocabulario militar.


24 septiembre 2023

VOCABULARIO MILITAR (I)

No cabe duda de que los militares tenemos nuestra forma particular de llamar a las cosas, pero no sólo a las cosas específicamente militares, sino que a menudo también damos nombre a cosas o situaciones para las que para el resto de la humanidad utiliza otras palabras. Del primer caso (cosas específicas militares), hay miles de ejemplos, pero del segundo (cosas o situaciones generales), también hay muchos. Un simple ejemplo es el de segunda comida. Nadie en España llama segunda comida a la cena, sin embargo, al menos en el Ejército de Tierra, en la orden diaria al relacionar el menú (o minuta), suele siempre escribirse segunda comida. ¿Por qué? Pues yo no lo sé, pero sería interesante saber el motivo, que seguro que tiene su razón en sus orígenes.

Otro tema es el de la cantidad de palabras y expresiones usadas cotidianamente por la población en general que tienen un origen militar, pero este será un tema para escribir sobre él otro día.

Todas nuestras formas de llamar a las cosas tienen su porqué y sería interesante conocer el origen de todas y cada una de nuestras expresiones. Tenemos la suerte de poder consultar aún el Diccionario militar, etimológico, histórico, tecnológico del General José Almirante –de Ingenieros, por supuesto–. Este diccionario es etimológico, por lo que, además de su definición, explica el origen y la historia de cada palabra, pero al haber sido escrito en 1869 hay algunas palabras más modernas que no están recogidas en él. ¿Hay alguien actualmente con el suficiente nivel de cultura militar como para meterse en ese fregao? Me temo que no...

El Diccionario Militar de Almirante tiene todavía más vigencia de la que muchos se creen, por lo que yo recomiendo comprarlo y consultarlo pues consultándolo a menudo se aprende mucho de Milicia. Este diccionario, junto a Estampa de Capitanes. El Espíritu Militar Español, del General Jorge Vigón, deberían ser de lectura/consulta obligada en las academias militares me juego lo que sea a que muchos de los jóvenes oficiales y suboficiales no saben de qué libros estamos hablando

Pues bien, aún a sabiendas de que la lengua evoluciona y es imposible hablar igual que se hablaba en el siglo XIX, en el vocabulario militar hay muchas palabras que evolucionan, pero lo hacen porque son sustituidas por vulgarismos consecuencia de la falta de culturilla militar. Si leyéramos más en general, y a Almirante en particular, no habríamos llegado actualmente a decir algunas palabras como las decimos ni a cambiar el significado a otras.

Hay muchísimos ejemplos, pero como una cosa es que El Furriel –furrier en los siglos XVI y XVII– os entretenga un rato el domingo y otra es que sea un pesado, veremos algunos ejemplos de palabras o denominaciones actuales que han perdido o variado su verdadero significado o su forma de ser escritas o que han transformado su denominación.

BARBOQUEJO. El barboquejo se llama así porque es la correa que va colocada en la barbilla, ya que si fuera colocada en la garganta, como muchos se la colocan, se llamaría gargantejo. Bromas aparte, el barboquejo evolucionó vulgarmente a barbuquejo que, aunque el Diccionario de la Real Academia Española ya lo contemple remitiendo para su definición a la original de barboquejo, no lo menciona Almirante. Es decir, la palabra original (por no decir la correcta) es barboquejo.

TAHALÍ. Muchos creen que el tahalí es la vaina del machete del fusil, sin embargo, es la pieza de cuero, o de lona actualmente, mediante la que la vaina cuelga del ceñidor.



FAJA. Actualmente, que hasta en escritos oficiales se llama fajín a la faja, ya no me atrevo escribir que esté mal dicho, simplemente puedo apuntar que el desconocimiento de la diferencia entre faja y fajín ha llevado a que se usen indistintamente ambas palabras. Incluso ya hay quien cree que faja está mal dicho. A ver, la faja es la tira de tela (generalmente de seda) que usan nuestros generales y diplomados en Estado Mayor sobre la guerrera del uniforme con sus extremos de los que penden unas borlas. El fajín es el que usan los almirantes y generales de la Armada debajo de la chupa en los uniformes de etiqueta y gran etiqueta y que no lleva borlas. 


INTERVALO Y DISTANCIA. En una formación, el intervalo es la separación entre hombres en la fila o entre unidades en el frente, es decir, entre un hombre y el de su lado. La distancia es la separación entre hombres en la hilera o entre unidades en el fondo, es decir, entre un hombre y el de delante o el de detrás. Por eso cuando se oye –demasiado, desgraciadamente– "reducid las distancias entre unidades" cuando éstas están en línea, se está diciendo bastante mal.

UNIFORME. No creo que haga falta explicar qué es un uniforme. Lo que sí haría falta es que los propios militares estuviéramos convencidos de la importancia espiritual del uniforme y dejáramos de llamar traje a nuestro hábito militar. Un traje lo lleva cualquiera, los militares llevamos uniforme, ni más ni menos.

MIMETA, PIXELADO, PATEADA. No voy a meterme mucho con este asunto que, a pesar de que no me guste mucho que se llame mimeta al uniforme de campaña ni pateada a una marcha, sé que está dentro de la jerga coloquial del militar español. Lo que sí requiere que se preste atención es a que al uniforme de campaña se le llame sólo como pixelado. Es un  caso similar a creer que el sarga es un color. El pixelado es un patrón mimético con cuadraditos a estilo píxel. Hay quien cree que el uniforme de campaña de uso habitual actual, el mimetizado de patrón boscoso, se llama pixelado y que el anterior o usado ahora en Mali, por ejemplo, es el árido. Lo correcto es que uno es uniforme de campaña boscoso y el otro árido, ambos pixelados.


ZAPAPALA. Decir zapapala es como decir palapala porque una zapa es un tipo de pala con empleo similar al de la azada. Es correcto decir zapapico pues es una herramienta compuesta de pico y de zapa, pero no lo es llamar zapapala a una pala. Está claro que hablar de estas herramientas como útiles de mango corto –denominación muy académica– es incómodo y va contra la economía de la lengua, pero no cuesta nada llamar a las cosas por su nombre.

ALAMBRADA CONCERTINA. Ya escribí una entrada tratando sobre el mal uso de la palabra concertina La alambrada concertina.

Y esto es todo por hoy en esta primera entrega del VOCABULARIO MILITAR, que da para más días. 


N.del A.: En Publicaciones de Defensa compré una reedición de 1989 del Diccionario de Almirante (en dos volúmenes), pero seguro que está en las bibliotecas de muchas unidades. Y seguro, también, que es fácil descargarlo en pdf de la red .





17 septiembre 2023

CIII ANIVERSARIO DE LA LEGIÓN

En 2020, con motivo de la multitud de actos previstos para conmemorar el Centenario de La Legión Española, un compañero de promoción me decía que no sabía a qué venía tanto revuelo por cien años cuando la mayoría de los regimientos de cualquier arma habían sobrepasado esa centena con creces. No le faltaba razón ya que, con orgullo para cualquier militar español, tenemos unos regimientos antiquísimos y con una trayectoria histórica encomiable. Estos regimientos han derramado su sangre durante siglos y gracias a ellos España ha llegado a estar en el nivel que ha estado durante siglos. Su sacrificio ha sido y es admirable y ejemplar. 

Es cierto que con lo larga y dilatada que ha sido la Historia Militar de España, celebrar un centésimo aniversario parece "poca cosa" comparado con los hasta quingentésimos aniversarios que pueden celebrar algunas de las unidades que existen actualmente. Así se lo comenté a él, pero también le expuse mi opinión de por qué el Ejército de Tierra se había volcado en la celebración del Centenario Fundacional de La Legión.

Cuando uno ya peina canas debajo de la gorra conoce muchas unidades y su idiosincrasia y se da cuenta de que hay unidades que tienen un muchísimo más acentuado "espíritu de cuerpo" que otras, independientemente de la noble historia que que lleven cargada en sus mochilas unas u otras unidades. Pues bien, este espíritu de cuerpo —muy en desuso y sustituido por la expresión espíritu de unidad— tiene en La Legión un valor elevadísimo a pesar de su joven, pero intensa, historia. Tal vez cuando La Legión cumpla quinientos años de historia —nos quedan cuatrocientos para descubrirlo, paciencia que todo llega— haya otra unidad con un mayor espíritu de cuerpo que las unidades legionarias. De igual manera, tal vez hace cuatrocientos, trescientos o doscientos años había unidades con un espíritu propio mayor, incluso, que el actual espíritu colectivo del Caballero Legionario. Pero a cada uno le toca vivir en una época y actualmente, sin ningún lugar a dudas, el espíritu de pertenencia a una unidad que tiene el legionario no se encuentra en otras unidades; se aproxima mucho en algunas, pero igual... de ninguna manera.

En todo esto influyen mucho, además de su corta pero gloriosa historia, los símbolos y muestras externas que actualmente diferencian a La Legión del resto del Ejército de Tierra. Desde el primer día en que uno se viste la camisa verde y se coloca el chapiri, se siente diferente. ¡Ojo! que no estoy diciendo mejor, estoy diciendo diferente; yo soy de los que saben —tal vez por esas canas que ya peino— que ni uno es mejor que los demás ni los demás son peores que uno. Muchas unidades actuales han demostrado su valor en recientes operaciones con muertos, heridos y cruces del Mérito Militar con Distintivo Rojo, pero creo que en la actualidad el legionario sabe exteriorizar y demostrar su orgullo a los demás de una forma más intensa. En definitiva, creo que La Legión sabe "vender su producto" como nadie y esto es, sin duda, una buena cualidad que consigue que no exista un solo español que no sepa de quién se trata cuando se le habla de La Legión Española. Y es que con tanto caído en combate y tanto laureado en tan corto plazo de tiempo de la Historia de España, no es para menos. 

Y estamos ya inmersos en las celebraciones del CIII Aniversario Fundacional que culminarán el próximo día 20. Ese día se cumplirá, exactamente, un año desde la última ocasión que tuve de vestir la verde camisa abierta cuando formé por última vez junto a mi queridísima Bandera de Zapadores de La Legión en el CII Aniversario.

Como siempre hice tras pasar revista y antes de presentar la unidad al Teniente Coronel Jefe de la Bandera, arengué a los zapadores legionarios. Fue mi última arenga, que recuerdo con gran cariño a pesar de no haber sido —lo reconozco— la mejor y más motivadora de cuantas eché. El torbellino de sentimientos que brotaban en mi corazón en esa última ocasión impedían que mi voz expresara de forma correcta todo lo que me habría gustado decir.

20-SEP-22. Mi última arenga a los Zapadores de La Legión.

Este año volveré a estar presente en el acto militar del 20 SEP, pero fuera de filas. Ya no formaré con mis queridos zapadores legionarios, pero desde fuera de formación cantaré con ellos el Novio de la Muerte y recitaré los espíritus del Credo Legionario, lo celebraré con ellos en la caseta y brindaré con leche de pantera, pero... nada será igual. 

Para cumplir los plazos de El Furriel publico hoy domingo, por lo que me adelanto al día 20 en mis felicitaciones a todos los Caballeros Legionarios de hoy, de ayer y de siempre por esta celebración. 

Los antiguos y veteranos, seguid sintiéndoos orgullosos de que vuestro paso por las filas de La Legión fue parte de la historia de la misma y que vuestro pequeño trabajo diario convirtió en grande la herencia que dejabais a las generaciones venideras. 

Los que aún tenéis la gran fortuna de seguir vistiendo la camisa verde, sentíos orgullosos de haber tenido el valor de acoger voluntariamente el legado que os dejaron todos los que un día gritaron ¡VIVA LA LEGIÓN! y no olvidéis la responsabilidad que adquiristeis voluntariamente de mantener vivo el Espíritu Legionario, pues sois un eslabón más de la recia cadena que impulsa día a día a La Legión porque juntos formamos Bandera. 

Como siempre os decía, haced las cosas con ganas, con alma y con espíritu legionario. Nunca os sintáis funcionarios, sentíos legionarios en todas vuestras acciones, en paz o en guerra y con uniforme o sin él, con todo lo que esa palabra conlleva y que el Fundador supo plasmar en cada uno de los espíritus del Credo Legionario para que los cumplierais como lo cumplieron miles de legionarios antes que nosotros para la grandeza de España y de La Legión.

Nunca olvidéis que formáis parte de ese perfecto engranaje que ha conseguido durante ciento tres años que España deba tanto a La Legión como La Legión debe tanto a Millán-Astray.


Feliz 20 y que nuestro protector, el Cristo de la Buena Muerte, os dé fuerza y os proteja.

DAMAS Y CABALLEROS LEGIONARIOS, CON EL GORRO EN LA MANO IZQUIERDA Y EL BRAZO EN ALTO, GRITAD CONMIGO:

¡VIVA ESPAÑA!

¡VIVA EL REY!

¡VIVA LA LEGIÓN!


10 septiembre 2023

LAS PAEF

Las PAEF... nunca bien definidas y comprendidas. 

Y, sobre todo, nada comprendidas cuando nacieron, allá por finales de los años 70. ¡Ay! Esas antiguas PAEF que cambiaron por otras pruebas con nombre tan antipático como tegecefé -pero la de su nombre es una historia para otro día-.

En aquellos primeros años de las PAEF recuerdo perfectamente lo cabreado que llegaba a casa mi padre por lo escaqueada que era la gente para no hacer las pruebas; para algunos supuso un trauma tener que superar ese nuevo invento de la superioridad que ponía a todos, jefes, oficiales y suboficiales, a la misma altura -en esa época los oficiales se dividían en jefes y oficiales-. Era una época en la que en algunas unidades, demasiadas, no estaba bien visto ver a un mando en pantalón corto porque creían tener reconocido, por naturaleza, un adecuado estado físico de cara al combate. Era la época en la que en algunas unidades, demasiadas, la tropa salía a gimnasia a diario a las órdenes del Sargento de Semana de la compañía, mientras los demás oficiales y suboficiales practicaban su peculiar forma de prepararse físicamente para el combate. En resumen, y sin rodeos, era una época en la que, salvo en honrosas excepciones, no hacía gimnasia ni el Tato.


La forma física del militar de esos años puede que no fuera muy buena, pero lo que no cabe duda es que morro y sentido del humor tenían para regalar. Prueba de ello es un artículo que alguien escribió, con mucha guasa, y que circuló rápidamente por las unidades, a pesar de no existir el Whatsapp. Se hizo tan famoso que llegó a publicarse en la revista Ejército, cuando esa revista era tan entretenida que hasta tenía artículos de humor. Como desde niño siempre he devorado cualquier cosa que caía en mis manos relacionada con lo militar, guardo desde esos años este recorte que transcribo aquí. Trata este simpático escrito de un parte de novedades sobre la ejecución de las PAEF en el Regimiento de Infantería "La Desgracia" nº 13:

REGIMIENTO DE INFANTERÍA "LA DESGRACIA" Nº 13

MANDO

        S/REF. 1313
        Fecha: 13OCT79

        ASUNTO
Dar parte a la Autoridad
de la gran calamidad
ocurrida al Regimiento
al hacer entrenamiento.

        TEXTO:
De acuerdo con lo ordenado
en el escrito citado
arriba en la referencia,
le comunico a Vuecencia
las novedades habidas
en la prueba de atletismo
dirigidas por mí mismo
según normas recibidas
de su Cuartel General
por el conducto habitual.

A las diez de la mañana
del día ya señalado,
todos los mandos formados,
y yo al frente de mi Plana,
emprendimos el camino
hacia un terreno vecino
que reúne condiciones
para hacer exhibiciones
de una manera discreta 
y un poco de tapadillo,
pues no encuentro natural
el que un Jefe u Oficial
se ponga una camiseta,
zapatillas, calzoncillos
y quede con esa ropa 
a la vista de la Tropa.

Por supuesto se cumplió 
a rajatabla la nota
por la cual se me prohibió
hacer deporte en pelota.
 
Aquel día yo mandaba,
si el estadillo no miente,
un alférez, diez tenientes,
veinticuatro capitanes,
un doctor, dos capellanes,
diecinueve comandantes,
un teniente practicante,
seis tenientes coroneles,
además de dos furrieles
que tenían las misiones
de llevar las provisiones, 
el vino y los alimentos,
para mantener contentos 
a todos mis campeones,
pues siempre en mí ha sido norma
que para mantenerse en forma
y llegar a ser atleta,
es cosa muy conveniente
el mantener una dieta
copiosa, pero prudente.

Una vez aleccionados
los mandos ya reseñados,
pusiéronse en movimiento
y fueron entusiasmados
a los puestos señalados
en la Orden del Regimiento.

Un Teniente Coronel
hizo la prueba primera
dando una corta carrera
y luego un salto espantoso
para caer en el foso,
mas falló la puntería
y cayó de una manera
tan mala y poco certera
que de lejos se veía
que aquel salto lastimero
era su salto postrero.

En mi vida militar
yo jamás he visto nada
que se pueda comparar
a la horrible bofetada
que se dio al aterrizar.

¡Cómo sería la cosa
que yo mismo, sin dudar,
hice del foso una fosa
y allí lo mandé enterrar!
A la vez un capellán,
en altar improvisado,
bendijo con gran afán
los restos del desgraciado.

Finalizado el oficio
en honor del jefe aquél,
que, Teniente Coronel,
murió en acto de servicio
al intentar, sin remedio,
saltar tres metros y medio,
hasta mí se me acercaron
sus restantes compañeros 
y de mí solicitaron,
con un gesto noble y fiero,
efectuar lo intentado
por su colega finado.

Lo consideré oportuno, 
mas decisión desgraciada,
pues aquellos camaradas,
uno a uno,
brinco a brinco,
se me escoñaron los cinco
y este ilustre Regimiento,
que data de mil quinientos,
que al turco produjo espanto
en la lucha de Lepanto
y que en el sitio de Breda
ganó múltiples laureles,
en un momento se queda
sin tenientes coroneles.

Al punto los comandantes
dieron un paso adelante,
ofreciendo sus servicios
para cualquier sacrificio.
Mas viendo lo peligroso
que resultaba aquel foso,
ordené rápidamente
hacer la prueba siguiente.

Si la anterior decisión
desgraciada resultó,
no se imagina Vuecencia
el desastre que ocurrió
en la prueba de potencia.

Yo mismo di la salida,
jamás lo hiciera en la vida,
pues a la voz ¡Preparados!
cayeron dos desmayados.
Cuando di la voz de ¡Listos!,
le juro que nunca he visto
una cosa similar 
ya que los actuantes,
todos ellos comandantes,
se pusieron a temblar
y a temblar de una manera
que al oír la voz de ¡Ya!
y comenzar la carrera,
pocos metros más allá
de la línea de partida,
cuatro quedaron sin vida
de una forma fulminante
que resultó acojonante.

Del resto de los atletas
no creo preciso hablar
pues ya podrá imaginar
que ni uno llegó a la meta.

Yo, viendo el desastre aquel,
firmemente reaccioné,
como debe un Coronel,
y escuetamente ordené:
todos los supervivientes
hagan la prueba siguiente.

Esa orden fue fatal,
pues al cabo de un momento,
solo se oían lamentos,
resoplidos angustiosos
y estertores quejumbrosos
dados por el personal
que colgado de un madero,
cual tienda de carnicero,
con las manos desolladas,
las caras desencajadas,
los ojos desorbitados
y el corazón angustiado
querían, con todo empeño,
subir al maldito leño.

Con el peso, finalmente,
la barra, sobrecargada,
cayó al suelo de repente
y la mitad de mi gente
se quedó allí sepultada.

Queriendo finalizar
todo aquello como fuera,
ordené realizar
la prueba que nos quedaba
y allí, de cualquier manera,
todo el personal saltaba
con gran esfuerzo y gran gana
brincaba como una rana
sin dirección ni concierto
ni ninguna autoridad
y el que no quedó allí muerto
fue pura casualidad

¡La que allí se pudo armar!
Se montó tal cipote
que incluso los sacerdotes
se pusieron a saltar.
Los huesos se destrozaban,
las vértebras rechinaban,
mientras que los que saltaban
a los caídos pisaban
a la vez que éstos aullaban,
gritaban y blasfemaban.

Por fin, gracias a Dios,
se acabó aquel victimario
ya que según el horario,
en cuanto dieron las dos,
tocó el corneta fajina.
Los vivos, con disciplina,
dejaron ya de quejarse,
trataron de levantarse,
mas, quitados dos y yo,
ninguno lo consiguió.
Los muertos sí que cumplieron:
ni siquiera se movieron.

Quise los muertos contar,
para poder parte dar,
mas no pude realizar
tarea tan sobrehumana
y lo que hice fue restar
los que en pie se pusieron
de todos los que salieron
del cuartel por la mañana,
y el resultado fue cierto,
pues descontados los muertos,
del alarde deportivo,
sólo quedaban dos vivos
que, llevando al Coronel,
grandes esfuerzos hicieron,
llegando como pudieron
a las puertas del cuartel.

Puede Vuecencia observar
que el parte lo escribo a mano,
el único órgano sano
que he podido conservar.
Y sólo la mano izquierda
pues toda mi anatomía
se ha convertido hoy en día
en una asquerosa mierda.

Tengo un brazo destrozado,
el otro paralizado,
siete costillas partidas,
otras cuatro medio hundidas,
agrandado el esternón,
en una pierna un tirón,
en la otra dos fracturas,
en el brazo una fisura
y desgarrado un riñón.

Por la parte de detrás 
la cosa ha llegado a más
pues sepa, mi General,
que no hay ni una cervical
que se encuentre en buen estado
y que tan solo ha quedado
una vértebra lumbar
que no puede funcionar.

En resumen, Excelencia,
se acabó mi Regimiento
y temo no quede nada 
del resto de la Brigada,
por lo que ruego a vuecencia
dé su consentimiento
y me ordene cómo y cuándo
haré la entrega del Mando,
pues considero enojoso,
de gran responsabilidad
y altamente peligroso
el mandar una unidad
si continúan vigentes
las órdenes concernientes
a las pruebas exigidas,
y deportivas llamadas,
pues parecen calculadas
para futuros suicidas.

Hospital Militar
de la XIII Región Militar.

FIRMADO:
Federico Olabarría
y Pérez de la Lasia,
Coronel de Infantería
caído en acto de gimnasia.


EXCMO. SR. GENERAL JEFE DE DEPORTE Y SUBINSPECTOR ATLÉTICO DE LA XIII REGIÓN MILITAR.



N.del A.: Sé que GIMNASIA no es el término adecuado y los puristas se estarán echando las manos a la cabeza, pero es así como se llamaba en esos años y muchos posteriores. Tan es así, que la Escuela Central de Educación Física se llamó Escuela Central de Gimnasia desde su fundación hasta casi los años 80. El Coronel Moscardó era director de la Escuela de Gimnasia.   












03 septiembre 2023

ESTO YA NO ES LO QUE ERA

La Legión ya no es lo que era, le dijo el primer legionario alistado al segundo...

Esta frase, que muchos hemos oído con humor tantas veces, tiene su miga. Da igual que hablemos de legionarios o de cualquier otro tipo de soldado o marinero. En todos lados cuecen habas (y en Cartagena michirones) y en todos lados nos encontramos a los mejores soldados de la Patria que tienen siempre preparada esta frase en su rico vocabulario: esto ya no es lo que era.

En España existe la costumbre de intentar empequeñecer al prójimo para demostrar los méritos propios. No se hace con malicia, ni con desprecio; es algo inherente a nuestra mediterránea forma de ser. Si tengo que estar en lo más alto, prefiero que los demás bajen y así no se dan cuenta de que soy incapaz de subir yo. 

Aunque no sea una mentalidad únicamente militar -la universidad ya no es lo que era, el fútbol ya no es lo que era- sí que es algo que en los ejércitos siempre ha sido una frase muy socorrida en cualquier conversación sobre la vida militar posterior a la de la época del orador, principalmente en las conversaciones de barra de bar. Hablo del típico en mi época sí que eran duras las marchas; así, como si las montañas antes fueran más altas y los kilómetros más largos. 

Estas manifestaciones de exaltación de la gloria personal se dan, principalmente, entre aquellos que estuvieron media hora en la mili o entre aquellos otros que, siendo profesionales, se han dedicado toda su vida a sobrevivir con la única ambición de que su nombre figure en la lista de revista del mes siguiente. En todos los casos siempre tiene la misma finalidad: hacer creer al contertulio que es un tipo duro por haber sobrevivido a su dura vida militar y que jamás España volverá a tener un soldado universal como él.

Pero a ver, que no se me malinterprete; no me estoy refiriendo a comentarios comparando el antes y el ahora. Una cosa es comentar cómo han cambiado las cosas y otra muy distinta es comparar despreciando lo actual, es decir, afirmar que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando lo único cierto -tangible dicen ahora- es que cualquier tiempo pasado fue anterior.

De que el Ejército ha cambiado, no cabe duda. Los jóvenes militares no tienen aún esa percepción, pero la tendrán cada vez más porque el Ejército seguirá cambiando y, en muchos aspectos, se parecerá poco o nada a lo que conocieron en sus primeros años. Entonces surge la pregunta del millón... ¿Cuánto ha cambiado el Ejército? Pues depende de sobre qué estemos hablando, porque según la época ha habido pocos cambios en algunos aspectos que, sin embargo, sí han cambiado mucho respecto a otros tiempos.

Lo verdaderamente importante, más que cuánto ha cambiado, es cómo ha cambiado; ¿ha mejorado o ha empeorado? Pues depende. En algunos aspectos se ha mejorado mucho, pero en otros se echan de menos algunas cosillas de antes. Siempre desde mi subjetivo punto de vista, por supuesto, y teniendo en cuenta que muchas cosas que yo añoro son detestadas por otros que se alegran de que hayan pasado a la historia. 

¿Podría enumerar los cambios positivos y los cambios negativos que yo he experimentado? Pues supongo que sí, pero serían dos largas listas -sin tener claro cuál sería más larga-. 

Invito a quien aún haya llegado a este párrafo sin aburrirse que eche la vista atrás y piense en qué y cómo ha cambiado la vida militar desde sus comienzos. Cuanto más veterano sea, más diferencias encontrará. Unas serán más trascendentales y otras serán de menor importancia, pero lo que habrá que tener siempre claro es que no todos los cambios lo han sido para mal.

El Ejército está vivo, muy vivo, y por eso sufre cambios. Estos cambios a veces son incomprensibles para los que no estamos al nivel de decisión adecuado y, aún sabiendo que esos niveles de decisión muchas veces están alejados de la realidad de las unidades, no sabemos los motivos estratégico-político-económicos que les han obligado a esos cambios. Los cambios se producen en base a un montón de variables y nunca podemos echar la culpa de que esto ya no es lo que era a las nuevas generaciones, que no olvidemos que entran en las FAs procedentes de una sociedad que también cambia. En este antiquísimo Ejército Español, todos hemos formado parte de la nueva generación en nuestros inicios. Hay mucho bocachanclas que dice que La Legión ya no es lo que era en los años 80, seguro que no piensa que habría legionarios que dirían que La Legión de los 80 ya no era lo que era la de los 60, y así sucesivamente. 


Indudablemente hay cosas que, de forma totalmente objetiva, han cambiado a peor y otras que han cambiado a mejor; por eso una cosa es añorar cosas anteriores y otra pensar que siempre todo lo anterior fue mejor. Cada uno en su antes seguro que encuentra cosas de las que da gracias a Dios porque han cambiado.

Cada uno vive la época en la que le toca y vive el Ejército que le toca; no se puede elegir. Si se hubiera podido elegir, a mí me habría gustado nacer en 1900, con lo que podría haber vivido la fundación de La Legión, la guerra de Marruecos, etc., y me habría dado tiempo a llegar a la guerra de Ifni justo antes de pasar a la reserva. 

En fin, que nadie tiene la culpa de que las montañas ahora sean más bajas y los kilómetros más cortos...

N. del A.: Ya de paso recuerdo que La Legión de la década de los 80 fue La Legión que menos operaciones reales llevó a cabo de toda su historia: ninguna. Que luego en las redes sociales no paran de criticar a la actual los que vistieron la camisa verde media hora en esos años y, además, la mayoría de los Frikileg provienen de esos años.


27 agosto 2023

¿VUELTA AL SERVICIO MILITAR?

Siendo capitán en la UFPAC (Unidad de Formación Paracaidista) arresté a un aspirante a CLP, unos días antes de su Jura de Bandera, a 14 días de arresto -qué fácil era entonces aplicar el Régimen Disciplinario-. No recuerdo el motivo, pero sería algo gordo para meterle tantos días.

El día de la Jura de Bandera se solía tener condescendencia con los alumnos y se "levantaban" los arrestos por faltas menores; a fin de cuentas estaban en su formación militar y se cometían fallos muy frecuentemente sin ningún tipo de dolo. Cuando era un arresto de 14 días no se solía "indultar" al alumno pues solía ser por un motivo algo más gordo que un simple fusil sucio o llegar tarde a formación. 


El caso es que, en la paella que se ofrecía tras la Jura a las familias de los jurandos, yo tenía la costumbre de pasarme por todas las mesas para saludar a las familias. Un padre, al que se veía feliz y orgulloso, se me acercó y me preguntó, iniciándose una pequeña conversación:

- Buenos días. ¿Es usted el capitán de Fulanito de Copas?
- Sí, soy yo. ¿Es su hijo? Felicidades por su Jura de Bandera.
- Quería darle las gracias por el trabajo que han hecho con mi hijo. Por fin le han enderezado.
- Perdone, pero no sé si le ha dicho que está arrestado y no podrá irse con ustedes este fin de semana.
- Sí, me lo ha dicho. No se preocupe, lo entiendo y me parece perfecto. Si ha hecho algo mal, que pague. Jamás le había visto tan responsable y tan disciplinado como desde que empezó su vida militar. Está claro que necesitaba mano dura.
- Bueno, ya sabe como es la juventud y la sociedad de ahora...
- Desde luego. Una buena mili les hacía falta a todos. Si se vuelve a desmadrar tiene mi permiso para educarlo como sea; incluso si tiene que soltarle un guantazo, le vendrá bien -hizo el ademán de empezar a contarme su mili, pero le corté rápidamente-.
- Verá usted, mi trabajo es hacer un paracaidista de su hijo, formándole táctica, técnica y moralmente para prepararle para el combate; puede que en unos meses esté desplegado en Afganistán pegando o recibiendo tiros. Lo que no me corresponde es conseguir en unos meses lo que debería haber hecho usted los dieciocho años anteriores. Cuando meta la pata militarmente, le corregiré, pero su educación es cosa suya...

Esta anécdota es un resumen de mi postura frente a la de los que creen que debería volver el Servicio Militar.

El Servicio Militar, la Mili, tuvo su razón de ser durante siglos. No era algo únicamente español; todos los ejércitos del mundo, con un sistema u otro, necesitaban que el pueblo, sus jóvenes, participaran en la defensa militar de su país. Así ha sido en otras épocas en las que el ejército de masas era la base de la operatividad de los ejércitos y en las que la mentalidad social no le era hostil en su mayoría.

En España este concepto de ejército de masas empezó a dejar de ser efectivo, al menos desde un punto de vista político, a partir de la promulgación de la Ley Orgánica de Criterios Básicos de Defensa Nacional de 1984. Se empezaba a hablar de la integración en estructuras multinacionales, en mejorar los niveles de operatividad a través de una mayor preparación del personal y del empleo de tecnologías más avanzadas. Paralelamente a esta ley, se fue fraguando el Plan META (Modernización del Ejército de Tierra), que llevó a cabo una serie de medidas para adaptar la organización del ET a la nueva situación. La antigua estructura territorial dio paso a una estructura operativa (Cuartel General, Fuerza y Apoyo a la Fuerza). El Plan META supuso la disminución del número de capitanías generales de 10 a 6, la desaparición de 116 unidades y la reducción de aproximadamente el 50 % de los efectivos. Este fue el principio del fin del Servicio Militar, que tardaría aún casi 20 años en suspenderse; años en los que, más que nunca, fue germinándose un espíritu anti militarista materializado en los objetores de conciencia y en los insumisos. La Mili no estaba de moda...

En resumen, la suspensión de la Mili no fue algo inmediato producto de una promesa electoral durante una legislatura; llevaba tiempo en el horno.

No voy a entrar a valorar cómo se llevó a cabo el suspensión de la Mili en España, ni lo que supuso, de golpe, la reducción de Tropa en las unidades, en muchas de las cuales hubo que cerrar literalmente compañías. La forma de ir hacia la plena profesionalización costó mucho...

No cabe duda de que la Mili ha hecho un gran servicio a España y tampoco cabe duda de que hizo un gran papel docente en unas épocas en las que llegaban a filas analfabetos o quintos que jamás habían salido de su pueblo. Tampoco hay que olvidar que la Mili era la mejor campaña de publicidad de las FAs; salvo casos particulares que no la realizaban, todo el mundo tenía un conocimiento de la Milicia más o menos aceptable. 


Era la época en la que la mayoría de los jóvenes procedía de familias en las que se practicaba la educación, el respeto o el esfuerzo. En el Ejército se les hablaba de otras cosas: de disciplina, de honor, de amor a la Patria, de espíritu de servicio o de compañerismo. 

Hay quien pide que hagan un Servicio Militar de aunque sea solo tres meses para "enseñarles lo que es bueno". A ver, señores, el Ejército no es un campamento de verano. Los militares somos padres de nuestros hijos y solo a ellos educamos. Que cada padre asuma sus responsabilidades -o como dicen por mi tierra, que cada perrico se lama su pijico-. Y si nadie les habla de España, igual es que el problema es de los padres en casa y del Ministerio de Educación en los colegios. 

En fin, que es de agradecer el alto concepto que del Ejército tienen muchos creyéndolo capaz de enderezar a los jóvenes (que lo es), pero ya no estamos para eso, estamos para otras cosas.

Ya no somos educadores de jóvenes, somos conductores de hombres.