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Hablar pocas veces de la profesión militar es una de las pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas. (Del art. 14 de las RR.OO de las FAs)

26 noviembre 2023

LA MÚSICA MILITAR (I)

El pasado 22 de noviembre se celebró el día de Santa Cecilia, Patrona del Cuerpo de Músicas Militares, por lo que esta semana El Furriel quiere hacer su pequeño homenaje a estos disciplinados y desapercibidos soldados que, además, son músicos. Y qué mejor para hablar de los músicos militares que hablar de la imprescindibilidad de la Música Militar.


Echando la vista atrás, a los orígenes, nos tenemos que remontar a los comienzos de la más elemental historia bélica en la que las señales acústicas eran el vehículo transmisor de órdenes para avisar de la presencia del enemigo, para reunirse o para atacar. Más tarde la melodía unida a la palabra proporcionaba al guerrero una forma de exteriorizar sentimientos de alegría por la victoria o de identificación de un ideal. Finalmente la música también ha servido al soldado para lograr el acompasamiento del paso de tal forma que los desplazamientos de tropas fueran de forma ordenada y uniforme, es decir, de forma militar. 

De una manera muy general se podría definir la Música Militar como una combinación armónica y rítmica de sonidos destinada a estimular la disciplina del cuerpo, así como a despertar en el alma la vibración patriótica y los sentimientos guerreros —Ricardo Fernández de la Torre. Historia de la Música Militar de España. Publicaciones de Defensa—. 

La faceta de proporcionar la posibilidad de desfilar es la que parece que la define en la actualidad, aunque de una manera muy simplona, ya que, además de las marchas de desfile, todo el repertorio de canciones que se cantan en las unidades militares, incluidos los himnos, así como los toques de ordenanza, son Música Militar. También canciones cuarteleras no oficiales como la ya en desuso Margarita se llama mi amor, la versión española de Lili Marlen o la legionaria Pobrecitos maridos infelices pueden, y deben, ser consideradas parte de la Música Militar de España.

La historia de la Música Militar ha pasado por muy diferentes etapas, desde los primeros usos de rudimentarios instrumentos de percusión, pasando por instrumentos de cuerda de carácter no demasiado guerrero hasta, incluso, la supresión de los tan militares tambores en la I República Española. Sí, aunque parezca mentira, los tambores estuvieron prohibidos en los ejércitos de España desde 1873 hasta 1892. ¡Veinte años sin tambores! Ni la Música Militar se ha escapado de sufrir las absurdas arbitrariedades a las que, desgraciadamente, estamos tan acostumbrados los militares españoles.

¿Y en la actualidad? Pues en la actualidad sobrevivimos con una escasísima existencia de unidades de música ya que la Música Militar se ha relegado a la rendición de honores y paradas, y teniendo en cuenta la poca importancia que se da ahora a conseguir la excelencia en los actos militares, viendo lo que se ve por ahí, es normal la tan pequeña presencia de unidades de música. Ni siquiera a los toques de ordenanza reglamentarios se les da la relevancia que tienen. ¿Cuántos jóvenes soldados conocen y saben qué significa el toque de Llamada, el de Fajina —sí, fajina se debe escribir con jota—, el de Retreta, el de Generala o el de Asamblea? Es más, ¿en cuántos cuarteles ya no se oye por megafonía ningún toque de ordenanza?

A principios del siglo XX había, sólo en el Ejército de Tierra, más de cien bandas de música; cada regimiento y batallón independiente tenía su banda de música. Bandas que, además, estaban mandadas por unos magníficos directores de entre los que sobresalieron reconocidísimos compositores de gran talla en distintos géneros musicales. Actualmente, según dice el Portal de Cultura de Defensa, sólo hay veintiséis unidades de música, sumando las de los tres ejércitos. Incluso las bandas de guerra se han visto tan mermadas que ya sólo existen a nivel brigada y, en muchos casos, ni pueden llegar a cumplir dignamente sus cometidos por falta de personal lo que lleva, en más ocasiones que las deseadas, a tener que usar música enlatada a través de la megafonía.

El problema es que el reducidísimo número actual de unidades de música  no es proporcional al número de actos oficiales en los que se requiere la participación de la Unidad de Música, por lo que nuestros magníficos Músicos Militares tienen una gran carga de participación en cuantos  saraos se organizan en el ámbito de las FAs. Y, a pesar de ello, nunca se quejan —al menos los de las unidades de música que yo conozco—. Cumplen magníficamente y de sobras con las exigentes agendas que tienen y, sin embargo, parece que no se les reconoce su labor tanto como se merecen; quiero decir que pocas veces se habla de la participación de los músicos en una parada militar, parada que sería una ruina si no fuera, también, por la respectiva Unidad de Música y, en su caso, Banda de Guerra. ¿Alguien se imagina un acto de La Legión con música enlatada?


En mis destinos en la Fuerza siempre me ha gustado felicitar a los músicos tras un acto o, incluso, tras un simple ensayo. Siempre me ha parecido admirable su disciplina, su buen hacer y su silencio a pesar del sonido de sus instrumentos. Para mí sus actuaciones son siempre muy brillantes, muy disciplinadas y muy abnegadas —nunca alcanzaré a entender, por ejemplo, qué nivel tienen los músicos legionarios que son capaces de soplar sus instrumentos mientras desfilan a 160 pasos por minuto—. Son la viva imagen del nunca se sabrá de mis hazañas por mis propios labios...

Feliz Patrona y muchas gracias.

19 noviembre 2023

ANECDOTARIO (III)

Pues ya estamos en la tercera entrega de este Anecdotario; vamos, batallitas de toda la vida. Según van pasando los días voy recordando muchas anécdotas vividas en primera persona en algunas ocasiones o de las que fui testigo en otras. De momento no estoy contando casos que me han contado otras personas, pero quién sabe si algún día...

Y entrando en materia recuerdo el caso de las paletas (dientes) del Cabo H. El Cbo. H. era un Auxiliar de Instrucción del Batallón de Instrucción Paracaidista que llevaba las dos paletas postizas. Era un tipo muy disciplinado y buen cumplidor de sus obligaciones, cualidades que le llevaron a perder las paletas en el barro cuando una noche de maniobras, tras oír la voz de alarma, salió tan apresuradamente de la tienda de campaña para formar al pelotón que tropezó con un viento y calló de bruces al suelo. Un instante después salíamos un sargento y yo de la tienda modular próxima y nos encontramos al Cbo. H. a cuatro patas buscando sus paletas entre el barro, sin éxito, por supuesto. 

Tras la alarma, cuya única finalidad era sacar de los sacos de dormir a los alumnos, se trataba de dar un golpe de mano al vivac y el Cbo. H. simulaba que era el equipo de cobertura, que llevaría teóricamente dos ametralladoras MG. Según habíamos convenido en el ensayo de por la tarde, en el momento convenido el Cbo. H. comenzaría a pegar unos potentes silbidos, simulando que las ametralladoras estaban cantando, señal para que el equipo de asalto forzara la entrada en el vivac con la cobertura de las ficticias ametralladoras, pero nada ocurrió. Un silencio sepulcral y todos, cada uno en su puesto, esperando a que el cabo silbara. Pasados unos segundos, que me parecieron minutos y que fueron suficientes para que me cogiera un cabreo descomunal, me fui corriendo hasta donde se encontraba y, tras preguntarle y contarme por qué no silbaba, le dije que por qué no gritaba, por ejemplo, RA TA TA TÁ o FUEGO, FUEGO, FUEGO, o lo que fuera, a lo que me respondió, como buen cumplidor que era, "que se le había ordenado que silbara, no que gritara nada". En ese momento, adivinando la expresión de mi cara en la oscuridad,  el cabo empezó a gritar RA TA TA TA TÁ y, por fin, se pudo atacar el vivac con el sonido de fondo de alguna que otra carcajada. Está claro que sin dientes no se puede silbar y sin iniciativa las cosas suelen salir mal.

Lo que le sucedió al Cbo. H es una de esas cosas del directo de las que es difícil prever que te van a asegurar el fracaso, como lo que le ocurrió a un ranchero tras un apretón de vientre. Última noche de maniobras en San Gregorio y, como no existía aún la actual Zona de Espera, estaba mi compañía instalada frente a la Paridera del Santísimo cuando ese campo de maniobras aún era un paraíso por el que te  podías mover con total libertad, podías poner explosivo donde te diera la gana y podías realizar todas tus necesidades donde te apeteciera con la única condición de tener un simple zapapico y un poco de intimidad. 

Hacía frío y los sargentos nos metimos en la tienda de la cocina ARPA donde el sargento 1º auxiliar de la compañía dirigía la elaboración de la cena. Uno de los rancheros, que vestía mono de trabajo verde, pidió permiso para salir pues le estaba apretando la tripa y salió corriendo. Al rato volvió y empezamos a oler tan mal que decidimos salirnos de la tienda porque preferíamos el frío que tan insoportable peste. El sargento 1º echó al ranchero de la tienda y, al girarse éste para salir, comprobó que llevaba manchada toda la espalda del mono. Resulta que, debido a la prisa que llevaba se quitó la parte de arriba del mono para dejar al aire la blanquecina zona del cuerpo donde termina la camiseta y se puso en cuclillas para cumplir tan urgente misión. Terminó y se volvió a poner la parte de arriba del mono sin darse cuenta de que el interior de la espalda tenía una gran ensaimada que había caído ahí porque, al quitárselo, no lo había recogido, quedándose en el suelo sobre el que fue a parar la materia evacuada del interior de su angustiado cuerpo. 


Y es que hay prendas a las que a uno le cuesta acostumbrarse, como me ocurrió a mí cuando llegué destinado a La Legión en mi primer destino de Oficial. Salía de tomar café en la Residencia de Oficiales para dirigirme a mi compañía —entonces se trabajaba por las tardes— y al salir por la puerta me cubrí con el chapiri mientras bajaba las escaleras exteriores poniéndome las manoplas a continuación. En ese momento giró la esquina del edificio el Comandante X. (actual General X.) y, con esa voz enérgica y ese semblante que impresionaba, me dijo "mi alférez, en La Legión los oficiales nos ponemos las manoplas en el interior del edificio y en el marco de la puerta nos cubrimos"; era mi primer chorreo legionario. 

Como el Cte. X. era el G-2 de la Brigada de La Legión, pasaba frecuentemente de inspección por el Cuerpo de Guardia y, cuando el plantón estaba un poco acarajotao, daba la voz de ¡GUARDIA EL COMANDANTE! cuando éste ya había entrado hasta la cocina y, de esa manera, el Oficial de Guardia se encontraba frente a él poniéndose el gorrillo y con las manoplas en la mano, con el consiguiente chorreo del comandante. Por eso, algún  que otro teniente y alférez cuando entraban de Oficial de Guardia, permanecían en el despacho con las manoplas puestas hasta que el Cabo de Barreras les informaba de que el Cte. X. había salido ya de la base hacia su casa. Desde aquel primer chorreo, siempre que me he puesto las manoplas me he acordado del entonces Cte. X, por muchos años que hayan pasado.

Pero una cosa es acostumbrarse mejor o peor a algunas prendas específicamente militares y otra cosa es no tener ni idea de qué es realmente el uniforme que se tiene. A un militar eso no le ocurre, pero sí a algún civil, como, por ejemplo, el que llamó por teléfono hace unas semanas al Museo Histórico Militar de Cartagena diciendo que quería donar un uniforme de Capitán General. El Subteniente del museo le hizo unas cuantas preguntas para saber de qué tipo de uniforme era, época, ejército, etc y, tras unos minutos de conversación al final el hombre contestó que se trataba el uniforme de capitán general ¡de su primera comunión!


Y luego están los que saben qué es un uniforme y equipo, pero no tienen claro su uso. Siendo alumno en la Academia General Militar íbamos a clase con uniforme de trabajo, es decir, con zapato y calcetín negro. Estando en una de las clases de la tarde sonó por la megafonía el toque de Generala, por lo que rápidamente salimos del aula y nos dirigimos a nuestras respectivas camaretas a cambiarnos de uniforme y a coger armamento y equipo de combate con el pensamiento de que sólo formaríamos, se comprobaría el tiempo total empleado para que la unidad estuviera dispuesta, se darían novedades y se romperían filas volviendo a nuestros quehaceres académicos, ya que a primera hora del día siguiente teníamos examen.

Efectivamente, formamos y se dieron novedades, pero no rompimos filas. Nos repartieron raciones de campaña de cena. Ya teníamos claro que nos llevaban al campo y cenaríamos fuera para volver antes del toque de Silencio, pero no; nos llevaron hasta el vértice Pedos, creo recordar, nos establecimos en línea de vigilancia por binomios y nos dispusimos a pasar la noche turnándonos entre los dos componentes del binomio para descansar. La mayoría de nosotros teníamos una única preocupación, que era el examen que teníamos a primera hora de la mañana y que estábamos seguros de que nadie en la AGM se apiadaría de nosotros cambiándolo de fecha a otro día. Sin embargo otros tenían otras preocupaciones, como por ejemplo, haberse puesto las botas con los calcetines negros que llevábamos puestos antes de la Generala, llevar la mochila medio vacía sin saco de dormir o no llevar el chaquetón en ella. Para algunos la noche se hizo muy muy larga por culpa de su ingenua creencia en la benevolencia de los protos. Y, por supuesto, a primera hora estábamos en la Academia dispuestos a hacer el examen.

No cabe duda de que en las academias militares no suele ser buena idea creer que te lo sabes todo, pues siempre hay un proto, o muchos, que rápidamente te tiran por el suelo todas tus esperanzas, tal como me ocurrió a mí en la Academia General Básica de Suboficiales cuando pretendía pasar a formar parte del coro con la única intención de tener posibilidades de salir los fines de semana aunque fuera a cantar por ahí —en esa época no se salía de fin de semana a no ser que fueras Mención Honorífica o Cuadro de Honor, condiciones que no alcancé nunca—. 

Los pretendientes a coristas fuimos convocados en el salón de actos y se nos hizo empezar a cantar una canción militar detrás de otra mientras el Capitán Páter —de los que iban a diario con uniforme de campaña— pasaba fila por fila y alumno por alumnos oyendo sus habilidades musicales. a unos les decía "quédate" y a otros les decía algo así como "lo siento, no vales, gracias". Cuando se plantó delante de mí levantó la vista, me miró a la cara y con la suya muy seria me dijo "¿con esa voz pretendes estar en el coro? Lárgate ahora mismo o te meto un paquete por escaqueado".

Y esto es todo por hoy.


12 noviembre 2023

ANECDOTARIO (II)

Tras terminar de escribir el Anecdotario de la semana pasada, me siguieron viniendo a la cabeza recuerdos de otras situaciones vividas a lo largo de mi ya larga vida militar y me surgió la duda de si realmente todos esos recuerdos podían considerarse anécdotas. De modo que, con la genuina mentalidad militar, me fui a ver qué decía sobre esto el reglamento. El Diccionario de la Real Academia Española dice, entre otras acepciones, que una anécdota es el relato breve de un hecho curioso que se hace como ilustración, ejemplo o entretenimiento. Bueno, espero ir más o menos encaminado y que esté siendo breve y entretenido.

Como decía el domingo pasado, los alumnos en los centros militares siempre dan mucho juego a la hora de generar anécdotas. Uno de estos casos es el que me ocurrió con un alumno que inventó un nuevo método de orientación en el campo. Durante las primeras maniobras de su vida militar (enmarcadas en la Fase de Formación General Militar cuando llevaban alrededor de mes y medio), realizábamos una noche de soledad en la que se daba una zona a cada sección y de ésta se marcaban itinerarios a los pelotones. A lo largo de ese itinerario el sargento iba dejando a cada lado del camino (metidos entre la maleza y las arboledas y a unos 10/20 metros del camino), separados alrededor de 80/100 metros entre sí a todos los alumnos del pelotón de uno en uno. Así pasaban la noche totalmente aislados y por la mañana, a una hora determinada, deberían todos, individualmente, estar de regreso en el vivac. La noche de soledad casi siempre acababa con alguna novedad que se solventaba con la constante vigilancia de los instructores a lo largo de la zona asignada. Era normal el caraja que se perdía, el asustadizo que no pegaba ojo toda la noche o el sobrao que recuperaba el sueño perdido y no abría el ojo hasta que el sol le pegara ya de lleno en la cara o el sargento le diera un suave buenos días al oído.

Pero una de estas noches ocurrió algo diferente, no porque faltara uno por replegarse sobre el vivac, que era lo normal y había que ir a buscarlo, sino por el lugar hacia donde se encaminó. Estábamos en Las Navetas, zona de la Cresta del Gallo (Murcia), y el tío, en vez de aparecer en el vivac apareció en el cuartel (a unos 20 km del campamento). Entre Las Navetas y Javalí Nuevo —recuerdo, Javalí con V— hay zonas pobladas y polígonos industriales por los que, si no conoces bien el camino, puedes dar varios rodeos. Tras volver al vivac en el vehículo que enviamos al cuartel a recogerlo, el tío dijo que se había despistado con el horario porque no llevaba reloj y que empezó a andar para no llegar tarde y que, sin darse cuenta, apareció en el pueblo del Palmar y de ahí ya pues siguió hasta el cuartel. Preguntado sobre cómo supo el camino para llegar al cuartel, dijo que se había orientado ¡por las farolas! Vamos, que el tío no llevaba reloj, pero sí dinero para un taxi.

Vista de Murcia desde la Cresta del Gallo. Como para orientarse por las farolas...

Y es que, claro, entre dormir en el suelo en invierno o echar un par de horas en la cama tras darte una ducha en el cuartel mientras llegan a recogerte, es sólo superable por tener a tu propia madre viviendo contigo en la camareta, como pretendía la madre de una alumna el día de su incorporación. La señora, que acompañó a su hija al cuartel como tantos otros padres a sus hijos, pretendía que se le diera también alojamiento junto a su hija. La señora no atendía a razones. Ella sólo decía que no podía dejar sola a su hija con tanto hombre y que tenía que vivir con ella. Cuando la paciencia se me iba acabando se lo dije al Teniente Coronel quien, con su acertado superior criterio y conociendo mi no muy abundante paciencia, mandó como parlamentaria a la Teniente Médico, quien, tras otro buen rato de charla, consiguió hacer entrar en razón a la señora. La pobre chica lo pasó mal durante su formación por falta de casi todas las aptitudes necesarias, pero en actitud iba sobrada, pues le echó muchos pares de narices hasta conseguir ser Dama Legionaria Paracaidista. Con esa madre, estoy seguro de que su actitud era el seguro para salir de su casa.

En cuanto a actitud he visto varios casos verdaderamente admirables, como el del chico de familia humilde que, sin tener ropa de deporte, llegó a hacer las pruebas físicas de ingreso en vaqueros y zapatos y, encima, hizo un tiempo estupendo en la carrera de los mil metros. Sí, como lo cuento, zapatos; en esa época aún había jóvenes que tenían zapatos y no iban siempre con zapatillas de deporte...

O también positiva era la actitud de aquel alumno negro de mi sección del que destacaban unos dientes muy blancos y que, tras decirle en broma que de noche no abriera la boca para no ser visto por el enemigo, llegó a la siguiente instrucción nocturna con los dientes pintados con rotulador negro. Tardó un par de semanas en volver a tener los dientes blancos. Actitud positiva, pero mal de la pelota.


También recuerdo otra actitud muy echá palante en un alumno durante los prolegómenos del desfile del Día de la Fiesta Nacional en la Castellana. Ese día la BRIPAC desfilaba con dos compañías de la I BPAC y una compañía del BIP. Para conformar la compañía metimos a unos seis o siete alumnos porque no teníamos suficientes cabos y CLPs destinados. Estando en la posición de inicio del desfile, teníamos detrás a la unidad de La Legión, que ese año era la BOEL. Llegó el momento de cánticos y piques y empezamos a oír gritar ¡pistolos! Creyendo que los gritos procedían de los veteranos legionarios amedrentando a nuestros jovencillos alumnos, fuimos los oficiales hacia atrás y comprobamos que uno de los alumnos, precisamente el más bajito y con más cara de niño, se desgañitaba provocando a los veteranos legías de la BOEL y les hacía peinetas con el dedo corazón extendido. Menos mal que el entonces Jefe de la BOEL —y después JEME— se lo estaba tomando a coña y todos allí se reían. 

Sin embargo, también he conocido casos de falta de actitud, como el de la mayoría de los componentes de un ciclo ante el salto de combate. El Curso Básico de Paracaidismo para Tropa consta de seis saltos diurnos sin equipo ni armamento dirigidos por los instructores de la Escuela Militar de Paracaidismo (EMP) de Alcantarilla. Es decir, sólo seis saltos en los que se adquiere la técnica del salto exclusivamente. Como en las unidades de destino lo normal es saltar con equipo y armamento, en el BIP (y UFPAC) organizábamos el denominado 7º Salto antes de enviarlos a sus respectivas unidades, que era un lanzamiento en el que, ya con sus mandos orgánicos y con mochila y armamento, generalmente era seguido por una marcha con la que se iniciaba un ejercicio Alfa de cinco días de la Fase de Formación Específica. Este salto, aunque no tuviéramos abajo al enemigo haciéndonos fuego, era conocido entre los alumnos como salto de combate. Lo de saltar fuera del colchón de la EMP con fusil y mochila con equipo para cinco días, además de ser menos restrictivo el límite de viento asumible al no ser ya alumnos del curso, le quitaba el sueño a más de uno y ese insomnio se contagiaba a veces. Y una de estas veces el contagio fue absoluto. Una pandemia. 

¡A formar la compañía! gritó el cuartelero y ahí sólo salimos los mandos y unos pocos alumnos preparados para bajar andando hasta la EMP (unos 4 km) y empezar unas maniobras con un salto. Recuerden que es un centro de formación y entre la voz del cuartelero y las de los instructores y auxiliares dando voces por la compañía metiendo prisa a los alumnos pasa medio segundo. Esta vez no había nadie por los pasillos; no nos podíamos creer lo que estaba pasando. Los alumnos estaban metidos en los baños o debajo de las camas suplicando por su miedo al terrible salto de combate. Inusualmente el miedo se había extendido del todo porque la tarde antes, en el Mesón de Tropa, unos veteranos CLP,s de la III Bandera Paracaidista habían pasado una alegre tarde riéndose de los alumnos metiéndoles miedo por el salto de combate, del que contaban la cantidad de nuertos que había tenido. Costó sacarlos, pero haciendo gala de una ejemplar psicología militar, lo conseguimos y llegamos a la hora a la EMP. Finalmente los 120 alumnos que componían ese ciclo saltaron sin novedad. Como para no saltar, con el cabreo que teníamos los mandos...


El domingo que viene, más.

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05 noviembre 2023

ANECDOTARIO (I)

El otro día un compañero de promoción me decía que tenía que escribir en El Furriel las vivencias a lo largo de mi vida militar. Le agradezco la confianza que tiene en mí pensando que puedo escribir una entrada en este blog hablando de mi vida militar con un estilo suficientemente interesante como para conseguir mantener el pequeño número de lectores que tengo. Es verdad que mi vida militar no ha sido nada aburrida, al menos para mí, pero ha sido muy similar a la de muchos, por lo que creo que contarla aquí no sería lo suficientemente interesante ni tendría nada curioso que escribir. En este blog me gusta recordar cosas pasadas, explicar el porqué de muchas cosas y, a veces, intentar hacer nacer la curiosidad por cosas que no terminan de hacerse como deberían. De ahí a contar mi vida, pues hay diferencia. 

En lo que sí he pensado un poco es en algunas cosas concretas, anécdotas, que me han ocurrido o que le han ocurrido a otros a mi alrededor. Por eso he decidido contar aquí algunas de las que recuerdo, intentando redactarlas con la suficiente soltura simpática como para no aburrir.

La primera que me vino a la memoria es la que me ocurrió, allá por 1990 o 1991, siendo joven sargento en mi primer destino tras salir de la Academia, el Regimiento de Ingenieros nº 1 del Núcleo de Tropas Divisionario de la División Acorazada "Brunete", que se encontraba en esos años en Colmenar Viejo. Encontrándose mi compañía (la 2ª de Zapadores) de ejercicio Alfa en el Campo de Maniobras de El Palancar (Hoyo de Manzanares), tocaba a mi pelotón dar la seguridad del vivac esa noche. Distribuí la noche por binomios y nos fuimos a dormir después de finalizar la instrucción nocturna. El Palancar es una zona en la que empieza la sierra madrileña en la que abundan los jabalíes, animales que acuden por las noches a cualquier lugar al que el fuerte olor o la basura les atraiga. Al tratarse de una compañía mecanizada —por cierto, la primera en España en tener en dotación los TOA-VCZ— el fuerte olor que desprendía el combustible quemado atraía a la zona de aparcamiento del vivac a los jabalíes. Por la mañana, al grito de Diana, salí de mi tienda de campaña y vi que el binomio que estaba de servicio en ese momento era el que tenía que haber comenzado los turnos a primera hora de la noche. El enfado que me cogí fue tan descomunal (los que me conocen saben cómo me cabreo cuando me cabreo) que los pobres soldaditos de reemplazo no se atrevieron a dar ni la más mínima explicación. A los pocos minutos un cabo me pidió hablar conmigo para explicarme lo que había ocurrido. Los dos zapadores, siendo la primera vez que tenían contacto con un jabalí, se asustaron cuando los vieron aparecer y se subieron encima de un TOA. Tenían tanto miedo que pasó la hora de su turno, la del turno siguiente y la del siguiente sin tener valor a bajarse para despertar a los siguientes binomios que entraban en turno de actividad, de tal manera que se quedaron toda la noche sobre el vehículo esperando a que llegara la hora de gritar ¡Diana!. Se me pasó el enfado, claro está, y el resto del pelotón agradeció que les dejaran dormir las pocas horas que se duerme en maniobras. 


Pensando en otras anécdotas me han llegado a la memoria unas cuantas de mi periodo de instructor en el Batallón de Instrucción Paracaidista (BIP), cambiado el nombre desde 2003 por el de Unidad de Formación Paracaidista (UFPAC). Este periodo —en mis empleos de teniente y de capitán— da mucho juego a la hora de contar anécdotas porque los alumnos, debido principalmente a su falta de experiencia, ocasionan muchas anécdotas y más teniendo en cuenta que los ciclos de incorporación de tres meses se solapaban unos con otros para completar once ciclos al año en los que una sección tenía alrededor de 100 alumnos y la compañía podía llegar perfectamente a tener más de 400 alumnos aspirantes a CLP (Caballero Legionario Paracaidista) de hasta tres ciclos distintos a la vez (unos recién llegados, otros a mitad de formación y otros a punto de terminarla). Este es el motivo de que esta entrada se llame ANECDOTARIO (I), porque creo puede tener miga como para una segunda parte. 

De aquella época recuerdo cuando a Bea la Legionaria —la posteriormente conocida concursante de Gran Hermano 6— le puse, por casualidad, el mote de La 9 mm. Corría el año 1999 cuando, siendo alférez legionario, fui comisionado al BIP para la instrucción de los aspirantes a Caballeros Legionarios cuya formación se realizaba allí en esa época, como la de toda la Tropa profesional de la Fuerza de Acción Rápida (BRILEG, BRIPAC, BRILAT y MOE). Hasta unos años después en que cambió a los centros de selección de las delegaciones de Defensa, se realizaban en los centros de formación las pruebas de selección y era una semana en la que te pululaban por el cuartel muchos civiles que aún estaban en proceso de selección. En la primera noche de uno de aquellos ciclos, encontrándome de Oficial de Cuartel, me dirigí a un grupo de aspirantes que estaban de charla en un jardín junto a la compañía donde estaban alojados advirtiéndoles de que quedaban diez minutos para el toque de Silencio y que en ese momento debían estar en sus respectivas camas. En ese grupo había una chica que parecía llevar la voz cantante en esa reunión y a la que, por lo visto, le hizo gracia la borla de mi chapiri e hizo un par de comentarios pretendiendo hacerse la graciosa. Le dije que el Suboficial de Cuartel saldría a por ellos si no entraban y ella preguntó "¿el Suboficial de Cuartel es el del culito gracioso?". Fui al Suboficial de Cuartel de esa compañía y le advertí del grupo que no tenía pinta de querer observar el toque de Silencio. Literalmente le dije que "hay un grupo de aspirantes con una chica que tiene una cicatriz redonda en la frente que parece un disparo de calibre 9 mm y que parece tener mucho peligro, vete para allá y que se metan en sus camaretas". Al día siguiente ya todos la conocían por la 9 mm. Fue baja, no recuerdo si voluntaria o médica, y volvió un año después, estando yo ya destinado allí, y consiguió terminar su formación e incorporarse a su destino en la BRILEG.


En asunto de exámenes podía uno encontrarse cualquier cosa, como dar por respuesta "José Luis Rodríguez Zapatero" al ser preguntado por el nombre del Jefe de la Brigada Paracaidista o responder “aguantar despierto para que no te pille el Suboficial de Guardia” al ser preguntado por las misiones del Imaginaria. Son cosillas de novato fruto de la inexperiencia y de la inmadurez de algunos, como el caso en que, no sé si por inmadurez o por cara dura, un alumno se pega dos semanas en paradero desconocido, habiéndose elevado el pertinente parte por el delito de abandono de destino, y cuando regresa al cuartel, pisando moqueta en el despacho del capitán, le pregunta con cara de sorpresa y de incredulidad: "¿es que me va a arrestar? 

En cuanto a ausencias del destino de forma injustificada se producían continuamente en aquella unidad de formación de Tropa. Generalmente, hasta el segundo fin de semana en la unidad no se les permitía obtener el pase de pernocta de fin de semana para pernoctar fuera del cuartel. Tanto de teniente a mi sección como luego de capitán a la compañía siempre les decía lo mismo "me da igual cómo volváis el domingo: en tren, en coche, en autobús, en auto-stop, en bici, andando, a caballo o secuestrando un  avión, pero el domingo a Retreta todo el mundo aquí". Y llegó el momento en el que tuve que dejar de decir esa frase, pues alguno se lo tomó demasiado al pie de la letra. 

Después de tantos años aún recuerdo los apellidos de aquél alumno, M.V. El lunes por la mañana me dio novedades el Suboficial de Cuartel de los retrasos a Control Nocturno de la compañía y de la falta del Alumno M.V. Di novedades a mi Teniente Coronel y así nos plantamos en el martes, que M.V. seguía sin aparecer. El Capitán de la S-1 se puso en contacto con su domicilio en Motril (Granada) y su familia nos dijo que había salido hacia Murcia el domingo por la mañana, pero no sabían en qué medio. La situación empezaba ya a preocupar, por lo que la Plana Mayor empezó a hacer gestiones con la Policía y con la Guardia Civil para localizarlo. Alrededor de la hora de la cena del martes me llamó a mi casa el Suboficial de Cuartel diciéndome que M.V. había llegado al cuartel ¡en bicicleta!

Por la mañana llamé a M.V. a mi despacho a que me explicara los sucedido. Resulta que el viernes se fue a Motril con dos veteranos CLPs de la III Bandera Paracaidista, que está ubicada en el mismo cuartel de Javalí Nuevo —sí, es Javalí con V—, pero que yendo hacia allá les avisaron de que tenían el lunes de vidilla, por lo que le dijeron al Alumno M.V. que no volverían el domingo. Nuestro disciplinado y cumplidor aspirante intentó, sin conseguirlo, sacar billete de vuelta en tren y en autobús, por lo que como máximo cumplidor de las órdenes de su capitán se cogió su destartalada y vieja bicicleta y se vino hasta Murcia (más de 300 km), para lo que tardó tres jornadas, le atracaron por el camino, tuvo varios pinchazos, se extravió varias veces y le pusieron una multa cuando circulaba por la autovía para no perderse más. Ni lo arresté, directamente hablé con la Capitán Médico para que le pasaran reconocimiento psicológico extraordinario y finalmente le dieron la baja en el Ejército. Un tío súper disciplinado, pero no estaba muy bien de la azotea. Menos mal que no le dio por secuestrar un avión diciendo que cumplía órdenes de su capitán...


Como decía antes, con los alumnos muy nuevos te encuentras casos de ingenuidad o de inmadurez, pero también casos que le echan morro. Un ejemplo de ingenuidad de una y del morro del otro es el caso de una alumna que pidió destino a La Legión en Almería porque así se lo dijo su novio, que era CLP en la Brigada Paracaidista, aún en Alcalá de Henares en esos años. Resulta que esta chica, no demasiado agraciada físicamente la pobre, tenía a su novio en los Paracas, ella quería también ser paracaidista e irse junto a él a Alcalá. El novio, supongo que temiendo la que se le venía encima, le dijo que no podía entrar directamente a la BRIPAC procedente de civil y que debía estar al menos tres años en La Legión antes de poder pedir destino a una unidad paracaidista. Ella se fue al Centro de Reclutamiento y solicitó todas las plazas legionarias a las que podía acceder con la esperanza de poder irse a Paracaidistas tras los tres reglamentarios años en La Legión. Cuando llegó al BIP  y se dio cuenta de que muchísimos de sus compañeros se iban a poner la boina negra sin necesidad de llevar tres años el chapiri se llevó un tremendo berrinche al sentir que su novio no quería estar con ella y que la había engañado. El problema es que tardó días en darse cuenta y discutía con todo el mundo, compañeros y mandos, cuando intentábamos hacerle entender que no era necesario ser legionaria antes que paracaidista; ella creía que la engañábamos. Por supuesto pidió la baja y se volvió a su pueblo, no sé si pasando antes por Alcalá de Henares a ajustar cuentas... 

Los alumnos, como digo, dan mucho juego en esto de las anécdotas, como el que pidió la baja porque le habían ofrecido un trabajo de actor porno, o el que exigió que se le pusiera una habitación individual o pedía la baja porque en el contrato no decía nada de que tuviera que vivir en una camareta compartida.

Y de más anécdotas de alumnos y de veteranos hablaremos la semana que viene en el ANECDOTARIO (II).


29 octubre 2023

LA LECHE DE PANTERA

Cuenta la leyenda que la Leche de Pantera fue un invento del barman madrileño Perico Chicote, al que Millán-Astray encargó una bebida para calmar el insaciable apetito de sus soldados con la consigna de que "fuera barata y se pudiera preparar rápidamente en zonas complicadas". También cuenta la leyenda que Chicote ideó una bebida pensando en la leyenda de que los legionarios heridos se aprovechaban del alcohol etílico de los botiquines y hospitales de campaña para mezclarlos con la leche.

El verdadero origen de la leche de pantera no es éste que tantas veces ha sido contado y que ya, erróneamente, se ha convertido en la versión oficial, aunque sí tiene relación Chicote con esta bebida.



Cuando en 1996 llegué destinado por primera vez a La Legión y vivía en la Residencia de Oficiales, tuve la inmensa suerte de conocer al Teniente Gabriel (q.e.p.d.), con el que cenaba muy a menudo y del que aprendí muchísimo sobre La Legión y su historia. El Tte. Gabriel era un viejo oficial de la Escala Legionaria ya retirado (de alrededor de 76 años), que llevaba el Archivo de La Legión como venía haciendo desde que, aún en activo, estaba destinado en la Subinspección de La Legión en Leganés. A pesar de tener su numerosa familia en Madrid, el Tte. Gabriel se trasladó a Málaga con la Subinspección de La Legión. Allí continuó dedicándose a la historia de La Legión hasta su pase a la reserva y a retirado, situación durante la cual el entonces ya MALEG (Mando de La Legión) se trasladó a Viator para organizarse como Cuartel General de la Brigada de La Legión y a donde también se trasladó nuestro veterano legionario.

El Tte. Gabriel se alistó voluntario a La Legión en el verano de 1936, cuando contaba con 16 años, y en La Legión permaneció ininterrumpidamente hasta que su ya delicada salud le impedía viajar todos los fines de semana entre Almería y Madrid.

Pues bien, en el transcurso de una de aquellas cenas en la Base Álvarez de Sotomayor de Viator, el Tte. Gabriel nos contó el origen de la leche de pantera, versión que siempre he tenido por verdadera porque, además de venir de la fuente que venía, tenía mucha lógica que así hubiera nacido tan legionario brebaje.

Contaba el bueno de Gabriel que, en la época de blocaos y posiciones aisladas en el Rif, el agua era verdaderamente valiosa por su carencia —tan es así que hubo bastantes laureados que lo fueron por acciones de guerra conduciendo y defendiendo convoyes de aguadas—. La poca agua que había en las posiciones se reservaba para curar a los heridos y lavar los útiles sanitarios y la comida era, principalmente, a base de conservas. Entre estas conservas se encontraba, como es natural, la leche condensada. La leche condensada necesitaba agua para disolverla, pero ante la poca disponibilidad de ésta y, teniendo en cuenta que en aquella época era raro que los soldados no tuvieran sus raciones de coñac, ron o ginebra, los legionarios comenzaron a disolver la leche condensada con cualquier licor a mano. Así nació una bebida que, aún sin nombre, llegó a considerarse típica de los legionarios españoles.

Sí es cierto que el nombre de Leche de Pantera naciera entre el Fundador y Pedro Chicote, pero no la invención de la bebida por parte de éste, como cuentan las populares leyendas. Teniendo en cuenta que Chicote había servido como soldado en el Rif a principios de los años 20, es lógico que conociera la existencia de esta bebida legionaria, de la que Millán-Astray le pidió al célebre barman que la sirviera durante la celebración de la boda de su amiga común la artista Celia Gámez, de la que el General era padrino. Chicote la preparó con ginebra y le agregó hielo picado —era julio de 1944— para suavizarla y refrescarla. Ante la pregunta de los presentes sobre el nombre de tan riquísimo cóctel, fue Millán-Astray quien le puso nombre dedicado a su ahijada Celia cuyos ojos felinos y su vestido negro indujeron al General a llamarle pantera. A pesar de ser originalmente leche condensada con cualquier licor a mano, esta versión con ginebra fue la que ha perdurado hasta nuestros días.

Así nació la bebida y así nació, bastantes años después, el nombre de Leche de Pantera. 




 


22 octubre 2023

ORGULLO DE EJÉRCITO.

Ni nosotros somos tan buenos como nos creemos ni los demás son tan malos como nos creemos. Esta frase la he dicho muchas veces y creo que es importante tener en cuenta la idea que transmite.

Los que estudiamos las Reales Ordenanzas para las FAs de 1978 recordamos, sin duda, aquel artículo que decía: "Todo militar se sentirá orgulloso de la unidad en que sirve. Se esforzará en que ésta alcance los más altos niveles de preparación y por ello merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misiones". También las actualmente en vigor de 2009 hablan de forma similar en cuanto al sentimiento de orgullo de pertenencia a una unidad, aunque de una forma más funcional, al menos para mí: "El militar velará por el prestigio de las Fuerzas Armadas y por el suyo propio en cuanto miembro de ellas. Se esforzará en que con su aportación personal su unidad, de la que se sentirá orgulloso, mantenga los mayores niveles de preparación, eficacia, eficiencia y cohesión, con objeto de que merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misiones". 

Sin entrar muy a fondo en la diferencia de estilo de redacción entre ambas reales ordenanzas, ya que ambas dicen prácticamente lo mismo, y teniendo en cuenta que las ordenanzas son órdenes al fin y al cabo, debemos recordar que las órdenes deben ser legítimas, lógicas, oportunas, claras, precisas y concisas, por lo que creo que me parece mucho más clara, precisa y concisa la redacción de 1978.

Pero bueno, intentaré no irme por las ramas y sí centrarme en el propósito de este escrito de hoy. Dejando de lado la forma y hablando del fondo, las Reales Ordenanzas dejan claro que el militar se sentirá orgulloso de la unidad en la que sirve. Este sentimiento es una virtud y una adecuada conducta moral del militar, pero tiene su miga porque se trata de sentirse orgulloso de la propia unidad sin menoscabo de las demás. No podemos quedar los primeros en una carrera poniendo zancadillas a los demás corredores; para ser el mejor soldado de la Patria, debemos serlo por nuestras virtudes, nuestros esfuerzos y los resultados del buen empleo de nuestras capacidades. Es decir, no podemos creernos los mejores en base a devaluar el prestigio de los demás. Y es que ya saben, aunque muchos no lo crean: ni somos tan buenos como nos creemos ni los demás son tan malos como nos creemos. 

Formamos parte de una gran ejército, el Ejército Español, que ha demostrado mucho valor, ha derramado mucha sangre y ha alcanzado, con honor, mucha gloria a lo largo de los siglos. Y lo ha hecho con todas y cada una de sus unidades, las presentes herederas de tantas otras y las pasadas que con el tiempo fueron desapareciendo, pero todas han trabajado con la mayor abnegación y el mayor sacrificio por la grandeza de España y de sus ejércitos. Nadie puede erigirse en evaluador del nivel de excelencia de las unidades; más que nada porque si estableciéramos una tabla con todas las variables precisas para determinar las cualidades necesarias para ser una buena unidad, muchos se llevarían una sorpresa, posiblemente.

Lo peor de este asunto se da cuando se habla de unidades que no se conocen. Por ejemplo, el tan conocido pique entre legionarios y paracaidistas es en la mayoría de los casos fruto del desconocimiento del otro. Los que hemos tenido la grandísima fortuna de servir en ambas unidades, sabemos y conocemos las bondades y los defectos de unos y de otros, porque de todo hay en la viña del Señor; ni unos son tan buenos ni los otros tan malos. Otro ejemplo me viene a la memoria y es de cuando, por ascenso, pedí destino a una unidad de la que muchos rajaban sin conocerla. Yo tampoco la conocía, pero no podía (ni quería) creerme que en nuestro Ejército existiera algo tan desastroso como me lo pintaban compañeros que jamás habían estado ni trabajado con esa unidad y realmente, tras conocerla, me di cuenta de que yo había acertado: es una magnífica unidad compuesta por militares como todos los demás, amantes de España y de la Milicia, implicados en el servicio y cumplidores de su deber dispuestos a darlo todo por la Patria. Me siento orgulloso de haber servido en dicha unidad.

Dicen que viajar te da cultura y siempre he pensado que cambiar de destino te da cultura militar. De todo hay en nuestro Ejército: los que han viajado mucho y han conocido distintas unidades y los que no han salido de casa y no conocen más allá de su calle. Cada uno tendrá sus motivos o habrá vivido de la forma que sus circunstancias le hayan ido marcando a lo largo de su carrera, pero generalmente son los que menos han viajado los que más ensalzan su unidad comparándola, siempre al alza, con otras unidades que no conocen.

Sin entrar a valorar el glorioso historial de tantas unidades en las diversas acciones en el cumplimiento de su deber a lo largo de la historia de España, debemos pensar que en la actualidad existen muchas unidades que han tenido caídos, heridos y cruces rojas en operaciones recientes. ¿Alguien de verdad puede tener respaldo moral para dudar del prestigio de esas unidades?

Ya dijo algo similar a todo esto Millán-Astray cuando escribió el Credo Legionario dejando claro que todos los hombres legionarios son bravos, que cada nación tiene fama de bravura y que es preciso demostrar qué pueblo es el más valiente. DEMOSTRAR, esta es la cuestión, porque todas las unidades españolas son bravas...

Igual que nos sentimos orgullosos de nuestro pueblo, pero, sobre todo, nos sentimos orgullosos de España, sintámonos orgullosos de nuestra unidad, pero, sobre todo, sintámonos orgullosos de nuestro ejército.

No olvidemos que España siempre alcanzó sus glorias con el esfuerzo común de todos sus soldados. 



15 octubre 2023

EL DESFILE DE LA FIESTA NACIONAL

Pues ya hemos disfrutado del desfile del Día de la Fiesta Nacional (DFN) un año más. Bueno, ¿realmente lo hemos disfrutado? Cada uno tendrá su opinión, pero lo que es absolutamente cierto es que ha sido un año de cambios, más de los que a primera vista pueden parecer.

Sin entrar en la tan famosísima y repetitiva noticia de que una cabo de la PAPEA ha saltado con la Bandera Nacional –un reconocimiento a la BRIPAC que durante varios años fueron los únicos que saltaban en la Castellana–, tengo tantas ideas en la cabeza que no sé por cuál de ellas empezar, de modo que iré escribiendo según vaya recordando mi resumen mental de este desfile.

Como el día 12 por la mañana estaba disfrutando de la celebración de la Virgen del Pilar, Patrona de nuestra querida Guardia Civil, no pude ver el desfile en directo y lo vi tranquilamente por la tarde a través de YouTube, lo que me dio la facilidad de verlo atrás y adelante tantas veces como me demandaba la curiosidad por confirmar los detalles que estaba viendo.

En cuanto a la ubicación de este año, al igual que otros años en que también se desfiló en esa zona, no me gusta, pero se ve que son razones de índole política las que motivaron el cambio, por eso no voy a comentar nada a este respecto. 

También hay que reconocer que el itinerario de este año ha vuelto a que la tribuna esté al lado derecho del desfile; punto positivo porque está demostrado que el vista a la derecha, además de ser el más generalizado, tiene más ventajas que inconvenientes: más costumbre de desfilar sobre el hombro que sobre el hombro derecho y, por consiguiente, más costumbre de bracear con el brazo derecho y menos posibilidad de golpearse con el brazo en la vaina del machete, saludo sin sable más natural girando la cara a la derecha que a la izquierda, costumbre de alineación natural de las filas por la derecha, no necesidad de que los alumnos cambien el lado en el que llevar las cadeteras, no necesidad de cambiar la posición habitual del acompañante del guion (las unidades que llevan acompañante), etc.

Pero vayamos al grano...

Cada vez estoy más convencido de lo que escribí en El Orden Cerrado en cuanto a la poca importancia que le dan muchos con la justificación de que quita tiempo para la instrucción táctica. No quiero reiterarme en lo escrito en ese artículo, pero esa tan manida respuesta de que el Ejército no está para desfilar lo dicen muchos que luego están deseando desfilar en Madrid el DFN y, sobre todo, salir en la televisión, como Alaska y los Pegamoides con su bote de Colón... 

Hace ya bastantes años de la última vez que desfilé en la Castellana, por lo que no sé cuántos ensayos se harán ahora ni cuántas vueltas se darán a aquella grandísima explanada en la Base Aérea de Getafe –sí, ya sé que ya no se ensaya allí–, pero da igual, no se trata de la cantidad, se trata de la calidad de los ensayos: ¿se tiene claro lo que se quiere? ¿se tiene claro cómo conseguirlo? ¿se corrige eficazmente lo que se quiere evitar? Joé, digo yo que si vas a salir en la tele tendrás que salir perfecto ¿no?


Hay aspectos del desfile que son comunes a las nuevas tendencias en la forma de desfilar y no se vieron el DFN por primera vez: alineaciones, braceos, distancias entre sargentos y tenientes, forma de llevar el fusil, forma de poner la hoja del sable en el vista a la derecha, paso demasiado largo (y la última fila siempre corriendo) o paso demasiado corto (y el consiguiente braceo forzado), ambos pasos consecuencia de la obsesión por mantener a toda costa la distancia con la unidad que nos precede olvidándose, en el caso del paso demasiado largo, de que en las últimas filas (con cariño antes llamada la calderilla) van los que tienen las piernas más cortas. 

Hay otros aspectos, sin embargo, que se vieron ayer sin ser lo habitual. Por ejemplo, si los gastadores  –creo que ya comenté alguna vez que yo fui jefe de la escuadra de gastadores en la Academia– queremos ir más chulos que un ocho y queremos levantar el brazo hasta la vertical, no podemos hacerlo en detrimento de que, al bajar, pase atrás. Es decir, el recorrido del brazo debe ser desde atrás hasta arriba, cueste el esfuerzo que cueste, pero no puede ser desde delante de nuestro cuerpo hasta arriba porque como queremos subirlo tanto no podemos echarlo atrás después; es un quiero y no puedo.

Sé que tampoco es cuestión de relatar aquí y ahora todas y cada una de las cosas que vi demasiado raras, pero es muy fuerte que haya profesionales de la Milicia que a estas alturas de la Mili pasen por la tribuna con el paso cambiado o que en el segundo tiempo del saludo con sable pongan la mano derecha tan adelantada que parece que van a entrar a matar aunque no lleven capote –igual hay que hacer más Orden Cerrado, no sé–. 

Una cosa que nunca he entendido, ni este año ni los anteriores, es por qué en el desfile del DFN, al igual que en muchas ocasiones en el del Día de las Fuerzas Armadas (DIFAS) se amplían los intervalos y las distancias y se desfila con las hileras y las filas más separadas de lo normal (y de lo reglamentado), pero la Armada sigue manteniendo sus distancias e intervalos, ahí todos bien juntitos. Si se aumentan para llenar la calle, que suele ser una avenida ancha, ¿por qué no se amplía a todos? No lo entiendo.

Podríamos seguir hablando de Orden Cerrado, pero tampoco es plan. Podríamos también hablar de la malísima retransmisión televisiva, pero no es una novedad ya que es a lo que tristemente nos tiene habituados nuestra TVE. Podríamos comentar también la falta de respeto de políticos y autoridades civiles moviéndose por las gradas y hablando mientras suena el Himno Nacional al incorporarse la Bandera a formación, pero es también un clásico. Pero lo que sí comentaré, por raro que me pareció, es que nuestra flamante Dama Cadete Borbón (Ortiz) luciera boina de color grancé con el uniforme de gala. Creía yo que de gala se llevaba gorra de plato, y casquete las mujeres, cuando se está fuera de formación y que la boina, de gala, era sólo en el interior de la AGM. Se ve que estaba yo equivocado y se ve que ha cambiado esa parte de la Orden Ministerial que regula la uniformidad en las FAs porque no creo que a esos niveles haya sido un así mola más... En cualquier caso, me alegro porque nuestra Princesa tiene buen porte militar que se habría devaluado si hubiera llevado esa tan poco marcial prenda de cabeza femenina llamada casquete.

Y fuerzo llegar al final para evitar una extensión demasiado larga de este artículo con un recuerdo a los esquiadores-escaladores y a los paracaidistas que este año no han desfilado por primera vez en sus respectivas historias. Creo que hay unidades que, aunque sólo sea por la vistosidad de su uniforme y la de su equipo, no pueden faltar nunca en un desfile de estas características y son los Regulares, La Legión, las Tropas de Montaña y los Paracaidistas. 

¡Ah! Que se me olvidaba. Aunque sea la Fiesta Nacional, la fiesta de todos los españoles civiles y militares, no deberíamos olvidar que es un desfile MILITAR. No me gusta ver en un desfile militar a los de Vigilancia Aduanera ni a Proteccióm Civil ni al SAMUR. ¿Por qué no desfilan también, por ejemplo, los guardas forestales, los celadores de hospitales, los maestros, los panaderos o los barrenderos con sus bonitos camiones de recogida de basura? También hacen Patria a su manera.




08 octubre 2023

Aquí siempre se hiciera así, mi Capitán.

Tuve un teniente coronel en La Legión que me contaba que, cuando llegó destinado de capitán a Pontevedra y  empezó a conocer todo lo posible de su nueva unidad, se encontró con cosas de las que no entendía su porqué y ante su pregunta obtenía, en la mayoría de los casos, la misma respuesta con un profundo acento gallego: "aquí siempre se hiciera así, mi Capitán". 

Durante los tres años en los que fue mi jefe en Almería hablábamos mucho –yo era el jefe de su plana mayor– y usábamos esta frase entre nosotros muy frecuentemente, con acento gallego incluido,  cuando llegábamos a la conclusión de que la única justificación de que algo se hacía de determinada forma era porque siempre se había hecho así.

Esta anécdota, lejos de ser representativa de los zapadores gallegos o de los zapadores almerienses, es una muestra de un vicio generalizado a todo lo largo y ancho del Ejército de Tierra y me temo que también de los otros dos ejércitos.

Hay quien, ignorando la evolución de normas, tácticas, técnicas y procedimientos, piensa que su unidad (desde la escuadra para arriba) está exenta de amoldarse a cualquier cambio que se haya ordenado en su ámbito. No sé si esta mala costumbre se debe a creer que su unidad no necesita esa evolución porque ¿qué sabrá de esto un tío en un despacho en Madrid? o se debe a que, directamente, no tiene ni la más repajolera idea de que algo ha cambiado, porque, por increíble que parezca, hay quien no ha leído un reglamento desde que llevaba cadeteras.

Pero lo peor llega cuando quien te dice que "aquí siempre lo hemos hecho así" es alguien que no había ingresado aún en el Ejército cuando entró en vigor el cambio en cuestión. 

Por ejemplo, antiguamente, pero muy antiguamente, se flexionaba la pierna izquierda en la voz preventiva de paso ligero, pero esto cambió en la edición de 1996 del Reglamento de Orden Cerrado y desde entonces debe flexionarse la derecha. ¡1996! Hay oficiales y suboficiales que ni habían nacido en 1996 y flexionan la pierna izquierda porque dicen que "en esta unidad se hace de siempre así". Nos ha jodío, pues claro que se hace de siempre así; desde antes de 1996, pero no se debe hacer así. Se debe flexionar la rodilla derecha porque un tío en un despacho en Madrid demostró que, al igual que en la salida de una carrera flexionamos y apoyamos el peso sobre la pierna contraria a la que vamos a dar el primer paso, en la salida a paso ligero el primer paso es con el pie izquierdo, por lo que hay que flexionar y echar el peso sobre la pierna derecha. 



Igual pasa, por ejemplo, con a cubrirse. Algunos dinosaurios de mi época estarán ahora mismo preguntándose si de verdad hay quien aún manda a cubrirse o es que me lo estoy inventando para tener algo de lo que escribir este domingo en El Furriel. Pues sí, señores dinosaurios, hay actualmente jóvenes cuadros de mando –algunos sí habían nacido en 1996, pero aún no habían hecho la Primera Comunión– que mandan a cubrirse. ¿Por qué? Pues porque han aprendido de otros que lo aprendieron de otros y éstos de otros, y así sucesivamente, que decían que "aquí siempre se ha mandado a cubrirse".

El problema de todo esto es que, en muchos casos, el desconocimiento del porqué de las cosas y la ignorancia sobre lo que manejamos diariamente convierten al ejercicio del mando en algo carente totalmente de excelencia. Cuando se cambió a cubrirse por alinearse (también en 1996) no fue porque, como ya había mujeres en el Ejército, decir a cubrirse podía tomarse por la 5ª acepción de la RAE de la palabra cubrir: "aparearse con la hembra", como muchos se creen muy erróneamente. El cambio se debió a que el término alinearse es bastante más correcto y la orden no coincide con la de cubrirse referente a colocarse la prenda de cabeza. Cubrirse es la alineación únicamente de las hileras, no de las filas, por eso se cambió a un término más adecuado, que es la orden de alinear tanto hileras como filas.  

Y para que os terminéis de quedar de piedra, señores dinosaurios, aún hay quien da novedades diciendo "cubierta y alineada la compañía". Así, como os lo cuento. De verdad. 

A ver, supongamos que el mando en cuestión quiere ir de antiguo –aunque decir eso es de anciano, más que de antiguo–, y le gusta lo de cubierta y alineada, pues entonces la orden debe ser a cubrirse y a alinearse, porque ya hemos dicho que son cosas distintas. Si manda solo a cubrirse y da novedades de que está la unidad cubierta y alineada, está dando novedades falsas, porque en ningún momento ha ordenado que se alineen las filas, sólo ha ordenado que se alineen las hileras. En fin, que todo esto es lo que originó el cambió de la orden y nada tuvo que ver con el apareamiento del macho con la hembra.

Pero vamos, que esto son solo un par de ejemplos de las cosas que "aquí siempre se hicieran así, mi Capitán", porque casos hay muchos todos los días y no sólo en Orden Cerrado. Pasa con seguir llamando como hace años Comandante de la Guardia al Jefe de la Guardia de Seguridad, Sargento de Cuartel al Suboficial de Cuartel o entrando en descanso cuando se llega a un sitio a paso de maniobra (ahora hay que quedarse en firmes) o... cosas más graves.


En definitiva, que hay que hacer más caso a lo que está escrito que a lo que te cuentan, sobre todo cuando del cumplimiento de órdenes y normas se trata, porque se cuentan muchas milongas. 

01 octubre 2023

VOCABULARIO MILITAR (y II)

Continuando con este asunto del uso incorrecto del vocabulario específico militar, no tenía claro si iba a ser este el VOCABULARIO MILITAR (II) o debería ser directamente el (y II) ya que, aunque este asunto dé para escribir varios días, podría correr el riesgo de convertir este blog en un monográfico, lo que conduciría, irremediablemente, al aburrimiento de mis queridos lectores. Finalmente he decidido escribir la segunda y última parte de estos pensamientos sobre nuestro vocabulario, sabiendo que me dejo en el tintero muchas palabras y expresiones de las que se confunde su significado o nombre.

El hecho de poner algunos ejemplos tiene por finalidad alertar a algunos de los lectores sobre lo que se dice de forma errónea, a sabiendas de que algunos de ustedes usan a veces palabras de las que aquí se está tratando. Y digo esto porque cuando el uso inadecuado de nuestro vocabulario trasciende más allá del lenguaje coloquial y se usa de forma oficial en informes, oficios, normas, órdenes y demás tipos de escritos militares, se corre el riesgo de que su correcta escritura o su verdadero significado se pierdan para siempre. El Furriel no pretende aquí sentar cátedra, sino simplemente refrescar la memoria del porqué de las cosas. De hecho, no estoy muy convencido de que estos dos capítulos sobre lo que El Furriel piensa de todo esto vayan a servir para poco más que entretenerles un rato la tediosa tarde del domingo. 

En fin, ya que estamos, sigamos hablando de Milicia... pero hablemos bien.

Y bien, lo que se dice bien, no es lo que ocurre en la inmensa mayoría de los casos cuando se habla del JEME y del JEM de una GU. Es demasiado generalizado que se diga Jefe DEL Estado Mayor al JEME y Jefe DE Estado Mayor a los JEM,s. de las brigadas, divisiones, etc. Sin embargo es al revés; el JEME es el Jefe DE Estado Mayor del Ejército y el JEM de una Gran Unidad es Jefe DEL Estado Mayor del Cuartel General de esa Gran Unidad. Llamar a algo de forma distinta tiene su aquél, pero riza el rizo que se cambien las nomenclaturas una por otra, como en este caso. El JEME es el Jefe de EM del Ejército, pero no es el Jefe del EM del Ejército (Jefe del EME), pues este cargo recae en el Segundo JEME (SEJEME), que en este caso, al sí ser jefe de un estado mayor, sí es Segundo Jefe DEL Estado Mayor. Lo deja bien claro tanto la Ley 39/2007, de la Carrera Militar, en su artículo 12 como el RD 872/2014 de la organización básica de las FAs en su artículo 3. 


Y ya que estamos hablando de los estados mayores, también podemos tocar un punto que pasa inadvertido muchas veces, pero que también tiene su error. Es el caso del los DEM. De unos años a esta parte se ha cogido la costumbre de decir siempre Diplomado DE Estado Mayor, cuando lo corriente hace años era Diplomado EN Estado Mayor. ¿Por qué esta cambio? Pues yo no le encuentro ninguna explicación ya que el diplomado lo es EN algo, no DE algo (nadie dice diplomado De Montaña), así como un licenciado también lo es EN algo (nadie dice licenciado DE derecho) o como un doctor lo es EN algo (nadie dice doctor DE medicina). Con estas cuestiones me pregunto a veces si es que hay a quien le aburra la monotonía de nuestra lengua y por ello la cambia a su antojo...

También podemos hablar de la BANDERA DE COMBATE. Cuando en una parada militar del Ejército de Tierra se expresa Bandera de Combate al referirse a la Bandera de un regimiento o tercio, tanto en sus documentos de organización y preparación como en las palabras del relator, se está incurriendo en un grave error, ya que desvirtúa el significado de una BANDERA DE COMBATE, además de incumplir las denominaciones oficiales que están reglamentadas. Las banderas de combate única y exclusivamente están en los buques de guerra. Ni siquiera una unidad de Infantería de Marina o la mismísima Escuela Naval Militar tienen concedida Bandera de Combate; toda unidad que no sea un buque de guerra lo que tiene es Bandera, a secas. 

La Directiva nº 3/1982 del Ministro de Defensa determina la Bandera de Combate para los buques de la Armada, que se izará en el pico el día de la entrega. Su uso posterior se limitará a ser únicamente izada en caso de combate frente al enemigo. Deberá exhibirse en una vitrina a bordo, en el lugar de mayor dignidad del buque. Y es que a veces el esnobismo se contagia también en las filas de las FAs pretendiendo dar un nombre más rimbombante a algo ¿Es que acaso las cosas excelentes necesitan de rimbombancia en su denominación? No, las cosas magníficas, por su natural excelencia, no necesitan de renombres. ¿Hay algo más bonito que un regimiento o tercio saque a desfilar a LA BANDERA, a la única que tienen? ¿Es que acaso apellidándola de combate se insinúa que las demás banderas no lo son o no lo eran? Porque es que, además, es mentira que sea su bandera de combate porque esos regimientos o tercios actuales no van a ir al combate con su enseña ya en el siglo XXI. Sin embargo los buques de guerra sí combatirán con su Bandera de Combate izada, por muy metido ya que esté el siglo XXI.

Luego, tenemos palabras que se dicen mal, pero ya no desde un punto de vista etimológico, sino simplemente ortográfico, como pasa con decir convoys en vez de convoyes, bunkers en vez de búnkeres o fagina en vez de fajina. 

También ocurre algo digno de mención cuando al nombrar a la BRILEG se dice Brigada Rey Alfonso XIII SEGUNDA de La Legión. A ver, si no es, por ejemplo Brigada Guadarrama DECIMOSEGUNDA, ni Brigada Galicia SÉPTIMA, tampoco la BRILEG será SEGUNDA. El II no es un ordinal; su nombre es Brigada Rey Alfonso XIII, DOS de La Legión. Igual ocurre al hablar de sus unidades subordinadas GCLAC II, GACALEG II, BZAPLEG II y GLLEG II.  No debemos confundir esto con la nomenclatura de las unidades legionarias y paracaidistas que sí son números ordinales, como Tercio Don Juan de Austria, TERCERO de La Legión o Bandera Roger de Flor, PRIMERA de Paracaidistas. 

En definitiva, y para zanjar estos pensamientos en torno al vocabulario específico militar, podríamos estar días y días escribiendo sobre este asunto, ya que hay infinidad de términos escritos incorrectamente o desvirtuados en su concepto, pero solamente se trataba de dar unas pinceladas con las que remover la curiosidad del lector sobre la correcta forma de usar las palabras en nuestro cotidiano vocabulario militar.


24 septiembre 2023

VOCABULARIO MILITAR (I)

No cabe duda de que los militares tenemos nuestra forma particular de llamar a las cosas, pero no sólo a las cosas específicamente militares, sino que a menudo también damos nombre a cosas o situaciones para las que para el resto de la humanidad utiliza otras palabras. Del primer caso (cosas específicas militares), hay miles de ejemplos, pero del segundo (cosas o situaciones generales), también hay muchos. Un simple ejemplo es el de segunda comida. Nadie en España llama segunda comida a la cena, sin embargo, al menos en el Ejército de Tierra, en la orden diaria al relacionar el menú (o minuta), suele siempre escribirse segunda comida. ¿Por qué? Pues yo no lo sé, pero sería interesante saber el motivo, que seguro que tiene su razón en sus orígenes.

Otro tema es el de la cantidad de palabras y expresiones usadas cotidianamente por la población en general que tienen un origen militar, pero este será un tema para escribir sobre él otro día.

Todas nuestras formas de llamar a las cosas tienen su porqué y sería interesante conocer el origen de todas y cada una de nuestras expresiones. Tenemos la suerte de poder consultar aún el Diccionario militar, etimológico, histórico, tecnológico del General José Almirante –de Ingenieros, por supuesto–. Este diccionario es etimológico, por lo que, además de su definición, explica el origen y la historia de cada palabra, pero al haber sido escrito en 1869 hay algunas palabras más modernas que no están recogidas en él. ¿Hay alguien actualmente con el suficiente nivel de cultura militar como para meterse en ese fregao? Me temo que no...

El Diccionario Militar de Almirante tiene todavía más vigencia de la que muchos se creen, por lo que yo recomiendo comprarlo y consultarlo pues consultándolo a menudo se aprende mucho de Milicia. Este diccionario, junto a Estampa de Capitanes. El Espíritu Militar Español, del General Jorge Vigón, deberían ser de lectura/consulta obligada en las academias militares –me juego lo que sea a que muchos de los jóvenes oficiales y suboficiales no saben de qué libros estamos hablando–. 

Pues bien, aún a sabiendas de que la lengua evoluciona y es imposible hablar igual que se hablaba en el siglo XIX, en el vocabulario militar hay muchas palabras que evolucionan, pero lo hacen porque son sustituidas por vulgarismos consecuencia de la falta de culturilla militar. Si leyéramos más en general, y a Almirante en particular, no habríamos llegado actualmente a decir algunas palabras como las decimos ni a cambiar el significado a otras.

Hay muchísimos ejemplos, pero como una cosa es que El Furriel –furrier en los siglos XVI y XVII– os entretenga un rato el domingo y otra es que sea un pesado, veremos algunos ejemplos de palabras o denominaciones actuales que han perdido o variado su verdadero significado o su forma de ser escritas o que han transformado su denominación.

BARBOQUEJO. El barboquejo se llama así porque es la correa que va colocada en la barbilla, ya que si fuera colocada en la garganta, como muchos se la colocan, se llamaría gargantejo. Bromas aparte, el barboquejo evolucionó vulgarmente a barbuquejo que, aunque el Diccionario de la Real Academia Española ya lo contemple remitiendo para su definición a la original de barboquejo, no lo menciona Almirante. Es decir, la palabra original (por no decir la correcta) es barboquejo.

TAHALÍ. Muchos creen que el tahalí es la vaina del machete del fusil, sin embargo, es la pieza de cuero, o de lona actualmente, mediante la que la vaina cuelga del ceñidor.



FAJA. Actualmente, que hasta en escritos oficiales se llama fajín a la faja, ya no me atrevo escribir que esté mal dicho, simplemente puedo apuntar que el desconocimiento de la diferencia entre faja y fajín ha llevado a que se usen indistintamente ambas palabras. Incluso ya hay quien cree que faja está mal dicho. A ver, la faja es la tira de tela (generalmente de seda) que usan nuestros generales y diplomados en Estado Mayor sobre la guerrera del uniforme con sus extremos de los que penden unas borlas. El fajín es el que usan los almirantes y generales de la Armada debajo de la chupa en los uniformes de etiqueta y gran etiqueta y que no lleva borlas. 


INTERVALO Y DISTANCIA. En una formación, el intervalo es la separación entre hombres en la fila o entre unidades en el frente, es decir, entre un hombre y el de su lado. La distancia es la separación entre hombres en la hilera o entre unidades en el fondo, es decir, entre un hombre y el de delante o el de detrás. Por eso cuando se oye –demasiado, desgraciadamente– "reducid las distancias entre unidades" cuando éstas están en línea, se está diciendo bastante mal.

UNIFORME. No creo que haga falta explicar qué es un uniforme. Lo que sí haría falta es que los propios militares estuviéramos convencidos de la importancia espiritual del uniforme y dejáramos de llamar traje a nuestro hábito militar. Un traje lo lleva cualquiera, los militares llevamos uniforme, ni más ni menos.

MIMETA, PIXELADO, PATEADA. No voy a meterme mucho con este asunto que, a pesar de que no me guste mucho que se llame mimeta al uniforme de campaña ni pateada a una marcha, sé que está dentro de la jerga coloquial del militar español. Lo que sí requiere que se preste atención es a que al uniforme de campaña se le llame sólo como pixelado. Es un  caso similar a creer que el sarga es un color. El pixelado es un patrón mimético con cuadraditos a estilo píxel. Hay quien cree que el uniforme de campaña de uso habitual actual, el mimetizado de patrón boscoso, se llama pixelado y que el anterior o usado ahora en Mali, por ejemplo, es el árido. Lo correcto es que uno es uniforme de campaña boscoso y el otro árido, ambos pixelados.


ZAPAPALA. Decir zapapala es como decir palapala porque una zapa es un tipo de pala con empleo similar al de la azada. Es correcto decir zapapico pues es una herramienta compuesta de pico y de zapa, pero no lo es llamar zapapala a una pala. Está claro que hablar de estas herramientas como útiles de mango corto –denominación muy académica– es incómodo y va contra la economía de la lengua, pero no cuesta nada llamar a las cosas por su nombre.

ALAMBRADA CONCERTINA. Ya escribí una entrada tratando sobre el mal uso de la palabra concertina La alambrada concertina.

Y esto es todo por hoy en esta primera entrega del VOCABULARIO MILITAR, que da para más días. 


N.del A.: En Publicaciones de Defensa compré una reedición de 1989 del Diccionario de Almirante (en dos volúmenes), pero seguro que está en las bibliotecas de muchas unidades. Y seguro, también, que es fácil descargarlo en pdf de la red .