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Hablar pocas veces de la profesión militar es una de las pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas. (Del art. 14 de las RR.OO de las FAs)

02 marzo 2025

50 AÑOS DE INSTRUCCIÓN. NI UN DÍA MÁS.

Hace unas semanas escribía en el artículo sobre el BIP que hace tiempo me comprometí a hablar del Batallón de Instrucción Paracaidista y del porqué de su disolución. En él conté la historia del BIP desde su nacimiento como Unidad de Depósito e Instrucción hasta su disolución como Unidad de Formación Paracaidista. Hoy hablaremos de las vicisitudes sufridas por esta unidad en sus últimos años de existencia.

La creación de la UDI en 1961 inició una historia que cumpliría cincuenta años en 2011, justo el año en el que se disolvió la UFPAC. Entre UDI, BIP y UFPAC fueron cincuenta años instruyendo principalmente a a paracaidistas, pero también a otro gran número de soldados y legionarios. Fueron 50 años instruyendo, ni un día más.

Durante décadas el BIP era la unidad de instrucción de la Brigada Paracaidista, una unidad que se salía un poco de la norma, al igual que La Legión, en cuanto a las condiciones de servicio de su tropa. La firma de un compromiso semi-profesional, con mayor sueldo que el soldado de remplazo corriente y la mayor posibilidad de reenganche no cabe duda de que marcaban unas de las muchas diferencias entre una CLP y un soldadito de reemplazo en otra unidad. 

Pero claro, esa diferencia de condiciones de alistamiento y de sueldo era consecuencia de las exigencias de esta unidad, no al revés. Lo mismo ocurría en La Legión: no era exigente porque se cobrara más, se cobraba más porque era más exigente.

Pues bien, indudablemente una mayor exigencia en las unidades requería una mayor exigencia en la instrucción. No era lo mismo la instrucción de un recluta en un CIR (Centro de Instrucción de Reclutas) que en el BIP, donde todo el que entraba por su puerta lo hacía voluntariamente. Hasta los años 80 en el BIP aún existía el Pelotón de Castigo, coloquialmente llamado el pelote. 

En el BIP se daba caña, mucha caña. El paracaidista llegaba en las mejores condiciones posibles a su unidad de destino en Alcalá —como se resumía comúnmente a todas las unidades de la BRIPAC alojadas en Alcalá de Henares—. Hay que recordar que la UDI se creó con oficiales, suboficiales y auxiliares de instrucción que poco tiempo antes habían estado combatiendo en Ifni. Su conocimiento de la realidad del combate les llevaba a instruir con exigencia a los futuros paracaidistas, de los que nadie sabía qué les depararía el destino, pero muy probablemente les podía conducir a otra guerra. 

El caso es que esa forma de instruir se fue heredando año tras año tanto por los oficiales y suboficiales como por los auxiliares de instrucción destinados en el BIP. Es cierto que los que estábamos destinados en unidades de Alcalá veíamos cómo venían de Murcia los celepés y criticábamos la instrucción por la tan extendida y odiosa máxima del militar español de hablar mal del trabajo de otras unidades sin conocerlas. No éramos conscientes de las condiciones en las que trabajaban los instructores para conseguir que un gran puñado de civiles se convirtieran en soldados en un par de meses y tuvieran agallas para bajarse de un avión en marcha con armamento y equipo, por la noche y al límite de viento.

Así fueron sucediéndose los años en una época en la que los reemplazos anuales llenaban los cuarteles. Pero llegó la hora de los insumisos de mierda y de los objetores de conciencia que se multiplicaban año a año, comenzando a crear problemas en las plantillas de los cuarteles. En esas estábamos cuando se crearon y se sucedieron distintos formatos de compromiso profesional empezando por el Voluntariado Especial, siguiendo por los Militares de Empleo de Tropa hasta los Militares Profesionales de Tropa. 

En un principio esta profesionalización era algo testimonial por dos motivos principalmente: la carga que podría suponer a los presupuestos Generales del Estado una profesionalización total de la tropa con un ejército de más de 300.000 tíos y el miedo de los políticos de finales de los 80 a un ejército totalmente profesional. No olvidemos que cuando entró en vigor la Ley 17/89 Reguladora del Régimen del Personal Militar Profesional sólo hacía ocho años que se había producido el golpe de estado del 23-F y muchos políticos de cierta tendencia odiaban —o temían— a cualquier persona vestida de uniforme. 

Las vacas flacas cada vez fueron más flacas porque los jóvenes españoles cada vez eran más insumisos y más objetores. Por ello la profesionalización de la tropa dejó de ser algo testimonial (cuatro o cinco voluntarios especiales por compañía) para incrementarse considerablemente la oferta de plazas para Metopa (Militar de empleo de Tropa Profesional). 

Seguro que fue recompensado con alguna Cruz del Mérito Militar por su magnífico trabajo quien parió el sistema , pero lo que creó fue una birria al no prever las consecuencias de lo que ocurriría en caso de cumplirse la hipótesis más desfavorable, que se cumplió. Cuando ya se estaba fraguando y mucho se hablaba a finales de los 90 sobre el fin de la Mili, empezaron a publicarse plazas de soldado en un gran número para todas las unidades de las Fuerzas Armadas. Algunos —el condecorado y el que lo condecoró— se creían que las condiciones para ser soldado eran la panacea y que iba a haber tortas para entrar y que una vez dentro iba a haber tortas por llevar una vida dura. Nada más lejos de la realidad: no se cubrían las plazas y un gran número de los que ingresaban pedían la baja porque nadie les llevaba el desayuno a la cama a las once de la mañana. 


Pero en el BIP se seguía con el nivel de exigencia de siempre. La mentalidad de la BRIPAC seguía siendo realista y el propósito era formar a los mejores soldados de la Patria, a sabiendas de que en cualquier momento habría que demostrarlo, como ocurrió en Ifni, Sáhara o Bosnia.

Y llegó la suspensión del Servicio Militar a final de 2001 y se produjo un grandísimo problema que no hacía falta ser muy listo ni tener ningún curso de altos estudios militares pasa saber que iba a producirse. Las Fuerzas Armadas empezaban a tener una grandísima carencia de tropa y marinería.

El Mando de Personal del Ejército de Tierra —y de los otros dos ejércitos, supongo— empezó a preocuparse y necesitaba cantidad; las unidades, conscientes de la realidad de las unidades que en esos años estaban ya desplegadas en Bosnia y Kosovo, necesitaban calidad. Por ello el Ejército comenzó un proceso de suavización de la instrucción con el fin de suprimir una instrucción exigente que impidiera que no se cubrieran las plazas ofertadas. 

Por ejemplo, hasta entonces en los centros de formación de tropa, existía una nota final resultante de la evaluación práctica y teórica, más una nota de "concepto", como existía en cualquier centro de formación de oficiales o de suboficiales. Esta nota de concepto, que se basaba en una serie de parámetros como la disciplina, el sacrificio, la voluntariedad, etc., no era una nota arbitraria pues el jefe de la compañía debía justificar cada nota. En esa época el aspirante a soldado profesional, en el ingreso, sólo elegía arma o cuerpo y su destino dependía de su nota final. La nota de concepto menor a 5 suponía la baja automática en el centro de formación con derecho a repetir toda la instrucción una sola vez.

Evidentemente, entre la instrucción que no llegaba a suavizarse como se pretendía y que a algunos no les gustaba el destino que les había llegado por su puesto obtenido, se producía un elevadísimo número de bajas voluntarias. En algunos casos, como el BIP, este número de alumnos que se piraban a su casa se acercaba a veces al 40%. Estaba claro que las FAs no podían funcionar con el 60% de la tropa. 

Compañías desactivadas por falta de tropa o activadas y con sólo un par de cabos fue una tónica demasiado habitual en la mayoría de unidades del Ejército Español. Y por ahí algunos, no políticos precisamente, se vanagloriaban del éxito de la profesionalización de las FAs. En fin, Serafín...

Llegó enero de 2003 y todos los centros de formación de tropa pasaron a depender de la Dirección de Enseñanza, en la que se se creó la Subdirección de Formación de Tropa —al mando de un General de Brigada— y se comenzó a tutorizar a todos los centros de forma homogénea, aunque los resultados no resultaron ser todo lo homogéneos que se deseaba. 

El BIP dejó de estar encuadrado en la BRIPAC para pasar a integrarse en la Academia de Infantería con el nombre de Unidad de Formación Paracaidista. Todas las academias especiales tenían su centro de formación de tropa y, además, estaban los CIMOV 1 y 2 (actuales CEFOT)  y el Centro de Formación de Tropa de Canarias. La Academia de Infantería tenía dos: el suyo propio en Toledo y la UFPAC en Javalí Nuevo (Murcia), donde seguíamos vistiendo de paracaidistas, con exigencia del curso y pasando de ser instructores a ser profesores (con huevo frito de profesor en el uniforme incluido), como ya conté el otro día en este artículo.


Se pretendió dar un giro a la formación de tropa que se consiguió en parte; se pasó a tener "alumnos", los profesores hacíamos el Curso de Aptitud Pedagógica y se creó el Curso Avanzado de Instructor —incongruente nombre cuando se empeñaban en que éramos profesores, no instructores—. Pero seguía existiendo el problema de la cantidad. Ni aumentando cada vez más la oferta a extranjeros —cursimente y tontamente llamados no nacionales— se acababa con el problema. Tampoco que el soldado eligiera su unidad de destino cuando solicitaba ingresar en las FAs ni que la nota de concepto ya no pudiera se inferior a 5 lo solucionaban. 

Es cierto que en algunos centros de formación el problema se redujo bastante, pero no del todo. Donde no se redujo esa falta de cantidad fue en la UFPAC, donde seguíamos mentalizados de la importancia de la calidad. Convivíamos con una unidad paracaidista, la III BPAC, cuyos oficiales y suboficiales necesitaban calidad, ya que comenzaron los despliegues en Afganistán y esa carencia de tropa hacía que CLPs recién llegados tuvieran que desplegar en pocos meses en Afganistán, donde nosotros sabíamos que se estaban pegando y recibiendo tiros, pero que no teníamos tan claro que lo supieran los que seguían prefiriendo cantidad.

Por eso los profesores destinados en la UFPAC, reforzados por oficiales y suboficiales de la BRIPAC y del MOE en cada ciclo, teníamos claro que a nuestros compañeros de empleo de las unidades no les podíamos enviar, para ir a pegar tiros a Afganistán, mucha gente aunque fueran pegándose tiros en su propias botas. El nivel de exigencia no se mantuvo, se incrementó.

Una prueba de ello es que el Gral. Bataller Alventosa, a la sazón Subdirector del Tropa de la DIEN, organizó una visita de los jefes de los centros de formación a la UFPAC —no recuerdo si fue 2008 o por ahí—. Durante la misma llegamos a sonrojarnos, pues el General decía abiertamente que el modelo de la UFPAC era el que debían seguir los demás centros y que podían ver los resultados (pruebas físicas, tiro, campo, etc.). Recuerdo que el TCol. Jefe del CEFOT de la Academia de Ingenieros, que había sido unos años antes mi profesor de Táctica de Zapadores, me decía que no se creía que tuvieran esas puntuaciones en tiro a 100 m y que habíamos perforado los blancos antes; o el Coronel de la Academia de Artillería, que decía que ese campo medía menos de 100 m. Se les demostró su error poniendo blancos nuevos y midiendo delante de ellos el campo. El Gral. Bataller, con una mentalidad militar forjada durante muchos años de Legión y de Operaciones Especiales, tenía claro que se necesitaba calidad por encima de cantidad.


Cuando un alumno pedía la baja voluntaria, los jefes de pelotón, sección y compañía debíamos hablar con él e intentar convencerle de que se lo pensara mejor, que aguantara un poco más, etc. En la UFPAC, si el tío pedía la renuncia a media mañana, para la hora de comer estaba ya fuera del cuartel de paisano y esperando al autobús para volver a su casa. Si un tío renunciaba una vez, era una tontería perder el tiempo intentando convencerle, porque volvería a querer irse a la semana y, si no, cuando llegara a la unidad se daría de baja psicológica. De modo que lo teníamos claro: ¿te quieres ir? pues ya estás tardando en entregar las sábanas...

En esos años las bajas durante la formación en la UFPAC ascendían al 43 % y aún así, se colaron todavía algunos que no se merecían haber aprobado. Finalmente, a pesar de todos los intentos del Gral. Jefe de la BRIPAC por evitarlo, la UFPAC fue disuelta el 31 de diciembre de 2011. 

50 años, ni un día más...

09 febrero 2025

CUANTO MÁS SUDOR EN TIEMPO DE PAZ, MENOS SANGRE EN TIEMPO DE GUERRA

 

"Cuanto más sudor en tiempo de paz, menos sangre en tiempo de guerra". Así rezaba el lema del Batallón de Instrucción Paracaidista (BIP). Este lema se encontraba colgado en un letrero en la puerta junto al polvorín por la que las compañías salíamos a instrucción, siempre a paso ligero, y que todas las compañías o secciones que pasaban por debajo gritábamos.

Lema del BIP bajo el que se salía hacia la zona de instrucción

No recuerdo en cuál de los artículos de El Furriel dije algo así como que ya contaría algún día por qué disolvieron el BIP. Hace unos días me lo recordaron y me he decidido a contarlo, pero antes de contar los motivos de su disolución hay que hacer historia contando qué era y cómo funcionaba esa unidad.

El BIP era el sucesor de la Unidad de Depósito e Instrucción (UDI) de la Agrupación de Banderas Paracaidistas del Ejército de Tierra y el antecesor de la Unidad de Formación Paracaidista (UFPAC). En 1960, en base a la 1ª Compañía Paracaidista, se formó lo que sería el germen de la Bandera "Ortiz de Zárate", III de Paracaidistas, instalándose en el Acuartelamiento “Jaime I el Conquistador” en Murcia, ubicación elegida por su proximidad a la Escuela Militar de Paracaidismo en Alcantarilla. En un principio se encomendó la misión del encuadramiento de los aspirantes a una compañía de la III Bandera; para ello se creó en julio de 1960 la Compañía de Aspirantes, como queda reflejado este punto del Diario de Operaciones de la Agrupación de Banderas Paracaidistas con el siguiente texto: “Día 21: La Agrupación cumplimenta el programa y horario vigente. Se incorporan a la III Bandera 202 aspirantes con lo que se constituye la Cía. de Aspirantes al mando del Teniente López Pinto”. 

Pero pronto se vio la necesidad de no distraer de sus misiones a esta nueva Bandera con la instrucción de los aspirantes —en Paracaidistas no gustaba el término recluta, pues su tropa no procedía de reclutarlos ya que todos eran voluntarios—, y así, en febrero de 1961, se creaba la UDI. 

La UDI nació con personal de la 12 Compañía de la III Bandera Paracaidista y las razones de su fundación quedan definidas en el escrito de su puesta en marcha: "Con el fin de cumplir las misiones de reclutamiento, organización, formación y desarrollo de los nuevos cursos de paracaidistas se organiza una nueva unidad, la Unidad de Depósito e Instrucción, que asumirá también el cometido de servir de enlace en la Escuela Militar de Paracaidismo del Ejército del Aire, centro que seguirá recibiendo los aspirantes a paracaidistas para realizar el curso correspondiente”. 

Emblema de la UDI

También pasaban a depender de la UDI los ya existentes Banderines de Enganche, similares a los que poseía La Legión. Las misiones de los Banderines de Enganche Paracaidista eran participar en la difusión de la propaganda paracaidista, proporcionar información sobre alistamiento en Fuerzas Paracaidistas al personal militar o civil que la pidiera y captar y alistar al personal civil que lo solicitara siempre que reuniera las condiciones físicas necesarias. Además, asesoraban al personal transeúnte perteneciente a las Fuerzas Paracaidistas del E.T., en lo que pudiesen necesitar. 

La UDI, encuadrada en la III BPAC y con  mando de capitán, adquirió tal envergadura que en 1965 se designó a un comandante para su mando, el Cte. Juan Castellanos, y pasó a depender directamente del General Jefe de la Brigada Paracaidista, constituida ese mismo año. Contaba ya con dos compañías, la 18, de Plana Mayor y la 19, de Instrucción.

Banderín de la 19 Cía

A la UDI iban llegando aspirantes procedentes de captación en otras unidades militares o de los banderines de enganche en los que se habían alistado voluntarios. Según iban llegando, entraban en depósito y en esa situación esperaban, a veces semanas, a que hubiera un número adecuado para llevarlos a la Escuela Militar de Paracaidismo a realizar el Curso de Paracaidista. 

En 1968 la 19 Cía, al mando del entonces Cap. Colldefors, se instaló en tiendas cónicas en el Campamento "Santa Bárbara" (Javalí Nuevo, Murcia), hasta entonces campo de instrucción y desde ese momento origen del actual Acuartelamiento "Santa Bárbara", sede actual del Regimiento "Zaragoza" N.º 5 de Paracaidistas.

Santa Bárbara en 1968

El incremento experimentado por las Fuerzas Paracaidistas como consecuencia de la creación de la Brigada Paracaidista supuso que la Unidad de Depósito e Instrucción tuviera dificultad para desarrollar sus cometidos, tales como recibir, equipar, instruir y encuadrar en los distintos cursos a los voluntarios, aspirantes a Caballero Legionario Paracaidista (CLP), el enlace y coordinación con la Escuela Militar de Paracaidistas Méndez Parada y el enlace con la propia Brigada Paracaidista y, a la vez, hacerse cargo de otras no operativas, como las que debían realizar los Banderines de Enganche. Por este motivo la UDI se transformó en BIP en 1971 ya con mando de teniente coronel.

Emblema del BIP

El carácter de tropa semiprofesional y la necesidad de realizar el Curso de Paracaidista eran los motivos por los que la Brigada Paracaidista tenía su propia unidad de instrucción en vez de instruir a sus CLP,s en los CIR,s. (Centro de Instrucción de Reclutas) junto a los reclutas del resto del Ejército. Esta circunstancia, sin duda, daba un carácter un tanto especial a la instrucción; era, por qué no decirlo, una instrucción más dura y exigente que la del soldado de reemplazo corriente.

Así fueron pasando los años instruyendo a paracaidistas y, a partir del inicio de la profesionalización, también a los soldados que iban destinados al Cuartel General de la Fuerza de Acción Rápida (FAR), quienes también debían superar el Curso de Paracaidista. En 1998 se reguló la formación de la Tropa Profesional del ET y se decidió que el BIP fuera la unidad encargada de instruir a paracaidistas y a legionarios. En 1999, como la BRILAT también formaba parte de la FAR, se empezó también a instruir a su tropa. 

Legionarios y paracaidistas formándose juntos en el BIP en 1998

El Batallón de Instrucción Paracaidista pasaba a convertirse en centro de formación de tropa profesional de la FAR, lo que le daba un carácter más diferenciador aún. Era tal el volumen de aspirantes que había que instruir, que La Legión (tercios africanos incluidos) y la BRILAT tenían que enviarnos agregados a oficiales, suboficiales y cabos para reforzar la plantilla de instructores del BIP. Juras de Bandera de 1.200 tíos con tres banderas no es nuevo de ahora, como algunos se creen en los centros de formación de tropa actuales; ya entonces eran así.

Legionarios, paracaidistas y aerotransportados en el BIP en 1999

Pero llega el 31 de diciembre de  2002 y la formación de tropa, que hasta entonces tenía dependencia sólo funcional de la Dirección de Enseñanza (DIEN), pasa a depender de ella orgánicamente encuadrados los centros de formación en las academias de las armas, más los centros de formación de tropa números 1 y 2, que dependían directamente del General Subdirector de Formación de Tropa de la DIEN y el BIP que pasaba a integrarse en la Academia de Infantería con el nombre de Unidad de Formación Paracaidista de la Academia de Infantería (UFPAC). 

Desde ese 1 de enero de 2003 los destinados en el BIP —yo ya estaba destinado desde julio de 2000—dejábamos de pertenecer a la Brigada Paracaidista y pasábamos a estar destinados en la Academia de Infantería (Murcia). Nos reconvirtieron las vacantes por adaptaciones orgánicas y pasamos a ocupar vacante de profesor, con huevo frito en el uniforme incluido. Seguíamos teniendo vacante con exigencia del Curso de Paracaidista, seguíamos saltando y vestíamos de paracaidista, pero con el escudo del MADOC en el brazo y con un nuevo emblema. 

Escudo de armas de la Unidad de Formación Paracaidista

Aunque algunos éramos de Artillería o de Ingenieros, éramos los paracas de la Academia de Infantería, y por ese motivo la Jura de Bandera del 1º Ciclo de cada año íbamos a celebrarla en Toledo para, supongo, que no olvidáramos a dónde pertenecíamos, aunque no pegábamos allí ni con cola.

Jura de Bandera en el patio de la ACINF

Desde 2003 ya no instruíamos a legionarios ni a aerotransportados, pero empezamos a instruir a soldados del Mando de Operaciones Especiales (MOE), quienes también debían obtener el Curso de Paracaidista para superar su formación. Desde ese año ya no eran aspirantes, sino AMTP (Alumno Militar de Tropa Profesional), los coloquialmente conocidos como metopas.

Paracaidistas y guerrilleros

El plan de formación consistía en una primera Fase de Formación General Militar, de nueve semanas de duración, en la que se adquirían las condiciones de combatiente general y se realizaba el Curso de Paracaidista, y una Fase de Formación Específica, de cinco semanas, en la que se adquirían los conocimientos básicos de cada Especialidad Fundamental. Durante la FFG instruíamos en la UFPAC a todos los alumnos que habían obtenido destino en la BRIPAC y en el MOE, independientemente de su especialidad. Durante la FFE nos quedábamos sólo con los de Infantería Ligera, pues los  de Artillería de Campaña, Ingenieros y Transmisiones se iban a hacer su FFE en la Academia de Artillería y en la Academia de Ingenieros, respectivamente. 

La UFPAC se organizaba en PLMM y una Compañía de Instrucción que, a su vez se estructuraba en secciones, cada una con un ciclo.

Durante la época de UDI y BIP los soldados de reciente incorporación, como se les llama de forma tan cursi actualmente, se dividían en cursos, con el número del de paracaidista que les correspondiera. Desde 1998 se dividían en incorporaciones, habiendo tres al año. Y desde 2002 se llamaban ciclos, habiendo los primeros años once al año (en 2002 hubo 12 ciclos) y desde 2010 sólo un par de ellos anualmente. Con once ciclos al año repartidos en nueve meses (no había incorporación de ciclos en verano ni en diciembre) se solapaban siempre entre dos o tres ciclos, unos en su primera semana, otros finalizando la FFG y otros en la FFE. Eso hacía que las Compañía de Instrucción llegara a tener hasta 600 alumnos en alguna ocasión y las secciones estaban compuestas muchas veces por alrededor de 120 o 140 alumnos.

En aquel diciembre de 2002, la III Bandera Paracaidista, que en los años 70 se había trasladado a Alcalá de Henares, volvía a su natal Murcia, también en el Acuartelamiento Santa Bárbara, donde convivíamos las dos unidades. Esta fue una medida que proporcionó grandes ventajas al funcionamiento de la reciente UFPAC ya que nos proporcionaban apoyos de armamento, vehículos y material de los que otros centros de formación de tropa carecían. Por ejemplo, en la Compañía de Instrucción teníamos 600 fusiles, de los que 200 eran agregados de la III BPAC. También los vehículos ligeros y camiones eran suyos y el apoyo de su Sección de Plegados de Paracaídas nos permitía hacer uso de su torre de lanzamiento y de sus atalajes para preparar el primer salto con equipo y armamento de nuestros alumnos tras realizar el curso; el que los alumnos llamaban salto de combate y que quitaba el sueño la noche antes a más de uno.

La adaptación orgánica que transformó el BIP en UFPAC supuso una gran reducción de plantilla, por lo que constantemente teníamos que tener personal de la BRIPAC y del MOE agregados como profesores asociados. Los tenientes pasamos de mandar secciones de 30 o 40 aspirantes a mandar secciones de entre 120 y 140 alumnos. Incluso se nos llegaban a solapar ciclos, por lo que en  varias ocasiones estábamos al mando de un ciclo en FFE ya terminando y otro ciclo en FFG empezando.

Vídeo sobre la UFPAC del programa Código Alfa. 2004

En diciembre de 2011 se perpetró la disolución de la UFPAC. Pero esta es ya otra historia que queda pendiente para otro domingo...



12 enero 2025

INGENIEROS ESPAÑOLES EN TÚNEZ

El otro día me llegó un vídeo del canal de youtube La Mecedora, del Coronel Sarmiento, sobre la misión militar española que realizaron los zapadores españoles en Túnez en 1969. Yo había oído hablar muchas veces a mi padre sobre esa misión, pero nunca había profundizado y no sabía mucho de ella. Por eso me dispuse a investigar y a enterarme de en qué consistió aquella misión tan desconocida.

Sin necesidad de profundizar mucho ya surge una primera idea, que es el Arma de Ingenieros, con sus unidades de Zapadores y sus unidades de Especialidades, como protagonista de la presencia española en Túnez en 1969.

En 1965 se había reorganizado el Ejército tomando como referencia la organización del Ejército Francés y desechando el hasta entonces modelo norteamericano. Las unidades de la fuerza del ET se habían dividido en dos grandes bloques: la Fuerza de Intervención Inmediata, de nivel Cuerpo de Ejército con cinco divisiones, la Defensa Operativa del Territorio (DOT) repartida en brigadas entre las once Capitanías y Comandancias Generales.

En aquella época, el Ejército contaba con cinco divisiones, cada una con dos brigadas y con su Núcleo de Tropas Divisionario en el que se encuadraba un Regimiento Mixto de Ingenieros (Batallón de Zapadores y Batallón de Transmisiones). En cada Brigada había un Batallón Mixto de Ingenieros, excepto en la Brigada de Alta Montaña que tenía una Agrupación Mixta de Ingenieros. 

Por otro lado, el Ejército de Tierra contaba con el Regimiento Zapadores de Cuerpo de Ejército (actual REI nº 11 de Salamanca), el Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros (RPEI nº 12), el Regimiento de Zapadores Ferroviarios (RZFC nº 13) y el Regimiento de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles (RMPFC nº 14).

En esos años, concretamente en 1969, tienen lugar unas graves inundaciones en Túnez. El 26 de septiembre comenzaron unas torrenciales lluvias en todo el país. Hubo poblaciones que quedaron totalmente aisladas por las aguas, quedando casi la totalidad del país convertido en un gran lago (diez de las once provincias estaban inundadas). Todas las carreteras y vías férreas quedaron cortadas e inutilizadas. 

El 14 de octubre continuaba lloviendo y el gobierno tunecino pidió auxilio internacional. España fue la primera nación en acudir en su ayuda —sí, 1969, seis años antes de 1975...—.

El Ministro del Ejército, General Juan Castañón de Mena, quien había tomado posesión del ministerio sólo unos días antes, quiso ir él personalmente a Túnez a establecer los primeros contactos. Franco le dijo algo así como ni de coña, manda a un general que hable francés y que conozca África y tú quédate aquí que acabas de llegar...

Julio Coloma Gallegos, Jefe de la División Mecanizada "Guzmán el Bueno" nº 2 (Sevilla), quien hasta el año anterior había sido el primer General Jefe de la Brigada Paracaidista y quien había estado en la Legión en todos sus empleos de teniente a coronel, fue el designado para visitar Túnez y establecer el primer contacto con su gobierno. 

Se le asigna a España el restablecimiento de los puentes sobre el río Sed (Saad actualmente), tanto de carretera como de ferrocarril, y otro puente de ferrocarril sobre el río Zeroud, así como la reparación de algunos tramos de vía destrozados por la crecida. Inmediatamente se crea un contingente en base a unidades de Ingenieros. Su composición era: 

- Jefe de Contingente: Cte. José Gómez Torres, del RZFC (Madrid). 

- Cía. de Puente Bailey, del RMING nº3 (Valencia). 

- Cía. de Puente de Ferrocarril HG 30, del RZFC (Madrid). 

- Cía. de Pontoneros, del RPEI (Zaragoza). 

- Unidad de Intendencia de la Div. Motorizada "Maestrazgo" nº3 (Valencia). 

          - Sc. de Transportes e la Reserva General (Madrid) 

- Servicio Sanitario: Capitán Médico de la Escuela de Aplicación de Sanidad Militar (Madrid). 

- Relaciones públicas y pagador: Capitán de Intendencia del Ministerio del Ejército (Madrid).

En total: 243 militares —odio esa forma tan impersonal y tan poco marcial de "pax"— (10 oficiales, 9 suboficiales y 224 de tropa).

El 18 de octubre se organiza la 1º Expedición de Ayuda a Túnez. Esta primera expedición partió del Puerto de Valencia en el Buque de Transporte “Aragón”. En dicho buque se transportaría a una Cía. de Zapadores del RMING nº3 con material de puente Bailey, automóviles de la Reserva General y varias máquinas de movimiento de tierras. El destino de este Buque sería el Puerto de la Goleta (Túnez), lugar de triste recuerdo para los españoles casi cuatrocientos años antes.

Durante los reconocimientos del terreno, se dan cuenta de que la brecha a salvar en la crecida del río Sed era realmente de 500 metros de longitud y el Cte. Gómez reconoce que sólo contaría, cuando llegara el barco con el material, con 48 metros de puente Bailey doble doble clase 80 para reabrir el paso (1)

Brecha a salvar sobre al río Sed

Ante el apremio de los tunecinos se le exigió al jefe de la misión dar una solución. La rápida solución que aportó el comandante español, haciendo gala del dicho de que Ingenieros viene de ingenio, fue volver a construir un dique para disminuir la anchura del cauce y, apoyándose en los puentes flotantes del RPEI, crear una península en la primera orilla, lanzar el primer puente, abrir el paso del agua, continuar el dique apoyándose en la península, construir una segunda península hasta la orilla contraria, lanzar el segundo puente, dar paso al agua por debajo del segundo puente y continuar el dique hasta la segunda orilla. Además, se realizaría en una alineación curva para dejar libre el trazado recto del puente definitivo. Finalmente, el plan fue aprobado.

 Solución del Cte. Gómez Torres a la brecha

El 29 de octubre llega a la Goleta el Aragón. Debido a la gran cantidad de agua, fue imposible iniciar la construcción del dique inmediatamente, por lo que iniciaron una serie de reconocimientos para buscar algún paso hacia el sur. El día 30 por fin salió el sol y se comentaba que los tunecinos decían “¡Los españoles han traído el sol!”. A partir de ese momento comenzaron los trabajos de construcción del dique y preparación del terreno. Mientras tanto, se realizaron los cálculos exactos de los dos puentes y el resultado fue de dos puentes de 24 metros de estructura doble-doble, tal como había previsto, con las manos en los bolsillos, el Cte. Gómez. Los dos puentes finalmente fueron montados y lanzados con 60 hombres del RMING nº 3. 

Primer puente Bailey lanzado y lanzamiento del segundo

Los tunecinos solicitaron también un puente de ferrocarril de 100 metros de longitud en Sidi Bou Alí y otro más sobre el río Zaroud, de longitud todavía no precisada. Costó trabajo convencer a los tunecinos de que sólo se disponía de 3 tramos de 30 metros de los que solo se podrían construir dos tramos de 36 metros unidos entre sí en un pilar intermedio. Finalmente se decidió construir solamente el puente de Sidi Bou Alí. 

El día 22 de noviembre llega, procedentte de Cartagena, el Buque "Almirante Lobo" con la segunda rotación, al puerto de la Goleta con todo el material del puente de ferrocarril y compuerta sobre flotantes. Al mando de la Cía. de Pontoneros se encontraba el Capitán Trallero, que llevaba material para realizar el montaje de una compuerta sobre 6 flotantes del puente PF-50, además de una compuerta de embarque en base a material del puente PL-10. Se llevaron también motores fuera borda para navegar con la compuerta. En sólo cuatro días se restablece el paso por medio de una compuerta sobre flotantes.

Compuerta sobre flotantes en Sidi Bou Alí

A cargo de la Cía. de Puente H.G.30 se encontraba el Cap. Adolfo Dalda Mourón con 79 hombres. Su unidad contaba con 90 metros de puente H.G. 30, puente de construcción española, proyectado por dos ingenieros militares, Hernández y Grande (H.G.) y fabricado en el Centro Electrotécnico de Ingenieros de Guadalajara, actual Parque y Centro de Mantenimiento de Material de Ingenieros (PCMMI). 

En Túnez se plantea el interrogante de qué método de construcción se iba a utilizar. Teniendo en cuenta la altura sobre el cauce y la cantidad de agua que circulaba por el mismo, se toma la decisión de montaje en primera orilla y empuje. Otro problema a resolver fue la alineación y nivel de la vía férrea, ya que el nuevo puente debería coincidir en alineación y nivel con la antigua infraestructura. Para ello se marcaría el eje de 100 metros de vía delante de la estación de Sidi Bou Alí, donde se construiría el puente. Para realizar dicho montaje se tuvo que construir una vía de 4 hilos (carriles), ya que los medios llevados de España eran ancho ibérico, y se utilizaron alternamente con medios tunecinos de vía estrecha. La progresión de los trabajos fue excepcional, terminando la construcción de los 72 metros de puente en tan solo 8 días. 

Premontaje del Puente HG30 para FF.CC, véase el detalle de la vía de 4 hilos

Inesperadamente las autoridades tunecinas solicitaron adelantar la apertura del paso ferroviario al 25 de diciembre, dos días antes de lo previsto. En esos momentos difíciles, el personal que componía la misión puso todo el esfuerzo y empeño para cumplir con los plazos, pero debido a la laboriosa y lenta maniobra de bajada del puente a los estribos, aun haciendo turnos de 24 horas, no se terminó hasta la mañana del 26.

Puente HG todavía sobre sus gatos y compuerta de PF50 con motor fuera borda

Al día siguiente, a las 9 de la mañana, personal de la Cía. de Puentes H.G.30 realizaron como pasajeros el primer paso del puente por ferrocarril, o eso creían ellos, ya que más tarde se enteraron de que durante la tarde del día anterior ya habían circulado sobre él algunos trenes de mercancías.  

Finalmente, el día 3 de enero se realiza la entrega oficial, con la visita del Ministro de Asuntos Exteriores, acompañado por el Embajador de España en Túnez y personalidades del gobierno tunecino, haciéndoles entrega de la foto oficial, firmada por todos los Oficiales de la misión. 

Fotografía dedicada por los oficiales españoles para el gobierno tunecino

A partir de ese momento, entre la población tunecina se conoció al puente de ferrocarril,  como “Puente Español”. La misión había sido un éxito rotundo y la labor de todos los miembros de la misión no pasó desapercibida. Como reconocimiento a su dedicación, todos los miembros de la misión recibieron la Medalla de la Orden de la República Tunecina, la más alta distinción otorgada por aquel país.

El lunes, día 5 de enero salía el barco con la misión española rumbo a Valencia. En una entrevista, realizada al Cte. Gómez Torres se resume lo que fue el espíritu de la primera misión de ayuda humanitaria, tal y como las conocemos en la actualidad. “… Y, para terminar, os diré que nuestro mayor orgullo y nuestra mayor satisfacción ha sido, no solo cumplir con nuestra misión específicamente técnica, sino que, en toda Tunicia, el uniforme del soldado español valga tanto como un pasaporte y sobre todo que el nombre de España fuese conocido, querido y respetado por todo el mundo.”

Finalmente, las palabras que dijo el Cap. Pérez Gallego, del RMING nº3, en una conferencia tras finalizar la misión, son un claro ejemplo de la valía del soldado de Ingenieros: "Con esto quiero rendir un pequeño tributo a ese soldado anónimo Zapador, que hace lo que le mandan, pero que resuelve pequeños problemas y da ideas, a veces geniales; si se le hace participar de verdad y con cariño en la operación, ellos realizan el trabajo”.


(1) Para los que no conocen el puente Bailey (o el actual Mabey), su configuración dependerá de la brecha a salvar y de la clase que se necesite (peso que puede soportar). Puede ser de varias categorías en base a los paneles que deban utilizarse para su construcción. Simple es un panel y doble, dos paneles. Simple-simple, por ejemplo, es cuando hay sólo una fila de paneles. Si añadimos una fila de paneles a cada lado de la estructura, se convertiría en doble-simple. Si doblamos la estructura encima de la anterior, sería doble-doble, y así sucesivamente para conseguir mayor resistencia. Ver montaje de puente Mabey.