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Hablar pocas veces de la profesión militar es una de las pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas. (Del art. 14 de las RR.OO de las FAs)
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15 diciembre 2024

LOS PEQUEÑOS NICOLÁS

 Para quien no lo recuerde, el Pequeño Nicolás era un joven impostor que se infiltró en las altas esferas del poder político y económico español, llegando incluso a colarse como invitado en el besamanos celebrado en el Palacio Real tras la proclamación de Felipe VI como Rey de España.


Pues bien, hoy traigo a El Furriel a esos variopintos personajillos de medio pelo que han proliferado considerablemente en los últimos años en cuantos actos y celebraciones militares se suceden a lo largo y ancho de este mundo y cuya desvergüenza merece un profundo estudio.

Los Pequeños Nicolás son unos personajes que suelen juntarse con otros de la misma condición y que te los encuentras en cualquier sarao donde haya uniformes. Suelen pertenecer a asociaciones y hermandades de veteranos, aunque no lo hayan sido, y hasta llegan a crear sus propias asociaciones (algunas con un solo asociado) en las que, casi siempre, se inventan una prenda de cabeza y se cuelgan más medallas que un general coreano, la mayoría diseñadas por ellos mismos.

Su ciclo de vida, más o menos largo según su habilidad y su morro, es sencillo: nacen y se dan a conocer, se reproducen introduciendo a otros semejantes en los círculos protocolarios de las unidades que se dejan engañar y, finalmente, mueren al ser descubiertos cuando llega un nuevo jefe a una unidad que pregunta quién y qué hace aquí ese tío.

Pero claro, la cuestión es cómo se introducen en este mundillo. Hay dos formas, una directa y otra residual.

La directa consiste en que, con todo el morro del mundo, el Pequeño Nicolás se pone en contacto con el responsable de protocolo de una unidad, cuando no con el jefe directamente, y le dice que es el presidente de la hermandad de antiguos hoplitas o de la asociación de veteranos de la Guerra de la Independencia —son capaces de todo— y manifiestan su interés por asistir a un acto determinado. Como los tíos suelen hacerlo bien y el responsable de protocolo a veces no sabe hacerlo tan bien, pues listo, ya está en la base de datos de protocolo de esa unidad y a partir de ese momento pasa a ser invitado imprescindible en todos los actos. 

Que es verdad, que no estoy de coña. Esto pasa; vamos que si pasa. Hace unos meses recibí un correo electrónico del secretario de una supuesta asociación de veteranos o antiguos no sé qué, diciéndome que, por indicación del presidente, solicitaba que lo incluyera en la base de datos de protocolo del Museo que dirijo. Sin preocuparme por indagar sobre esa asociación le contesté diciéndole —con toda la educación del mundo, lo aseguro— que ni de coña, que yo solo invitaba, además de a las autoridades militares, a quien tenía relación con el museo o a quien me invita a sus actos y que su asociación era totalmente desconocida para mí por lo que no existía relación ninguna. 

Comentado este asunto con algunos militares me dijeron de quién se trataba y pude ver que, efectivamente, asistía a bastantes actos. Eso sí, en alguna unidad de la Armada en Cartagena ya lo tienen calado y el jefe le ha prohibido el acceso para siempre tras invitarle a pirarse del cuartel a mitad de un acto en el que, sin habérsele invitado, se había colado el tío en el acotado de autoridades civiles.

Luego están los que nacen como Pequeños Nicolás de forma residual, es decir, que aprovechan su pertenencia a una determinada asociación (totalmente reconocida y con miembros perfectamente dignos) para ir ganándose la confianza de quien maneja el protocolo. Inicialmente acceden como componentes de esa asociación, pero finalmente ganan su fila particular en la base de datos. 

En estos casos suele ocurrir que los jefes de unidad tardan en conocerlos por su fugaz tiempo de mando de un par de años o tres, tiempo en el que los Pequeños Nicolás saben derrochar toda su simpatía para ganarse su confianza, como se ganaron la de sus predecesores. 

Hacia 2003 o 2004 o por ahí, un grupo de veteranos paracaidistas de la zona de Elche que habían integrado años antes una asociación de veteranos paracaidistas acabaron por discrepancias fuera de la estructura de FENASVPE (Federación Nacional de Asociaciones de Veteranos Paracaidistas de España). Estos veteranos eran de esos veteranos que tenemos a veces hasta en la sopa en los cuarteles y, por proximidad, el cuartel que más solían frecuentar era el del Acuartelamiento Santa Bárbara, en Javalí Nuevo (Murcia) —sí, Javalí con uve—, sede en esos años de la Bandera Ortiz de Zárate III de Paracaidistas y de la Unidad de Formación Paracaidista, UFPAC, es decir, el antiguo Batallón de Instrucción Paracaidista. Yo me encontraba entonces destinado como teniente instructor en la UFPAC.

Era época de carencia de tropa en las Fuerzas Armadas tras la suspensión de la Mili. No estaba de moda ser militar y las plazas en los centros de formación de Tropa no se cubrían en ninguno de los once ciclos de ingreso que había al año. En la UFPAC, donde teníamos claro que preferíamos calidad antes que cantidad, además de no cubrirse las plazas, había un gran número de bajas por renuncia voluntaria a lo largo de los meses de instrucción y en aquella época terminábamos el año con poco más del 50% de cobertura de las plazas que necesitaba la Brigada Paracaidista.



En esta situación, este grupo de veteranos paracaidistas de la zona de Elche propuso al entonces General Jefe de la BRIPAC, Gral. Gómez-Hortigüela, crear unos equipos para captar a jóvenes en la zona de Alicante con el fin de que ingresaran en el Ejército. El Gral. Gómez-Hortigüela no les puso pegas; a fin de cuentas no había nada que perder y cualquier idea era bienvenida si podía colaborar a paliar la falta de Tropa. El presidente de esta asociación, una tal "Y", se vino arriba creyéndose yo qué sé qué y hasta le pidió al General que se les hiciera un carné de captadores. Este carné, por supuesto, no tenía ninguna validez oficial, pero ellos iban por ahí tan felices con él.

El señor Y, que durante el Servicio Militar fue escribiente en la PLMM del BIP, pero que hablaba como si hubiera mandado él solito el batallón, frecuentaba cada vez más el murciano cuartel de paracaidistas con cada vez mayor altanería, fruto, supongo, de su todopoderoso carné de captador. Vamos, un auténtico Pequeño Nicolás. En una de las seis juras de Bandera que celebrábamos al año incluso quiso estar en la tribuna presidencial por ser el "jefe de los captadores de la BRIPAC". Por descontado que el Capitán encargado de protocolo le dijo que no.

Se dedicaba este personaje a escribir mucho en foros y blogs de internet de temática militar, en la mayoría de los cuales solía tener acaloradas discusiones con otros internautas. Uno de estos internautas, llamémosle "G", era uno de mis alumnos que había sido antes legionario y en ese momento había vuelto a ingresar en el Ejército para ir destinado a la Brigada Paracaidista. Tuvieron discusiones bastante fuertes entre ellos y una mañana en la que me encontraba con mi sección en la pista de aplicación, apareció el señor Y por allí y, dándome una voz desde la carretera, me gritó que le mandara al alumno G que tenía que hablar con él. Yo, que no podía creerme lo que había oído, lo miré y, sin hacerle ni puñetero caso, seguí a lo mío. Volvió a gritarme, de forma más autoritaria, que le enviara inmediatamente a G. Entonces ya me fui para él y lo mandé a la mierda. Nada de con forma educada ni con eufemismos; lo mandé literalmente a la mierda y le dije que quién se creía que era para ir exigiendo y dando órdenes a un teniente. Él me dijo que era un captador designado por el General de la Brigada. Así se lo tenía creído el tío.

Inmediatamente se fue a ver a mi Teniente Coronel y le contó lo ocurrido. El Teniente Coronel, sin necesidad de esperar a mi versión, le echó del cuartel y le prohibió la entrada indefinidamente al mismo. A partir de ese momento fui protagonista casi principal de sus escritos en foros de internet. El Gral. Gómez-Hortigüela no quiso volver a hablar con él.

Personajillos como éste hay muchos. Tal vez no con tanta soberbia como el señor Y, pero son una especie de tarados que necesitan su dosis de protagonismo cuartelero y que no terminan de extinguirse. 

No los soporto.


13 agosto 2023

FRIKILEG

¿Qué es un FRIKILEG? Hace unos años inventé este extraño palabro para definir a unos personajes que, sin ser militares en activo, gustan de vestirse con prendas militares en las que, por supuesto, cuelgan el mayor número posible de medallas e insignias y que se asocian, hermanan o arrejuntan con otros de similares complejos y, sin ningún sentido del ridículo, se lanzan a la calle a desfilar (preferentemente en Semana Santa), asistir a actos y ceremonias militares o a cualquier tipo de sarao patriótico-festivo en el que puedan vestirse de esa guisa y salir a que sus paisanos les hagan fotos y vídeos con los que tendrán una buena excusa para reunirse en algún bar a hablar de su mili. ¿Dices tú de mili...?

El palabro se compone de FRIKI, por razones obvias descritas en el párrafo anterior, y de LEG, por ser el sufijo que caracteriza a las unidades legionarias, ya que el uniforme más deseado y el que más frikis quieren ponerse es el de legionario, aunque en todos lados cuecen habas y hay frikilegs de muchas unidades y ejércitos. Los primeros puestos en el friki-ránking los ocupan los que se visten de legionarios, seguidos muy de cerca por paracaidistas y, a muy poca distancia, los guerrilleros.


No es éste un asunto baladí, ni mucho menos; de hecho, este Furriel tiene en su móvil una carpeta denominada FRIKILEG con más de 2 Gb de fotos y vídeos descargados de redes sociales en las que aparecen personajes de este pelo en los más diversos actos y con las más rocambolescas pintas.



Llevo años estudiando a estos personajes y lo primero que se me ocurre siempre es lo mismo: ¿qué tipo de gente es un Frikileg? El principal rasgo y más común a todos ellos es que son personas acomplejadas, que jamás llegaron a ser nada en el mundo de la Milicia y que pasados los años, aunque hubieran rajado de la Mili en sus años mozos, ahora quieren aparentar que fueron los más extraordinarios y mejores soldados de la Patria. Luego, hay otras características diferenciadoras de según qué personajes porque, aunque parezca mentira, hay asociaciones y hermandades que se nutren de personas que jamás fueron militares y que no vistieron un uniforme ni para hacer la Primera Comunión.


Muchos de ellos cumplieron el Servicio Militar de mala gana, incluso los hay que fueron objetores de conciencia. Los hay que ni siquiera fueron militares, como, por ejemplo, mujeres que por su edad es imposible que lo hubieran sido, pero que en algunas asociaciones y hermandades las integran y les permiten usar un uniforme. 


También los hay que fueron militares de reemplazo o profesionales que estuvieron unos años de servicio y luego se fueron a la calle o cumplieron la edad y que siempre tuvieron un gran orgullo de pertenencia a determinada unidad. Esta circunstancia, que en principio es más que suficiente para asociarse y querer rememorar sus años en activo, se emborrona cuando todos ellos, casi sin excepción, resulta que fueron condecorados, hicieron todos los cursos operativos del mundo mundial (los de paracaidista y Operaciones Especiales no pueden faltar) y se cuelgan hasta las chapas de cerveza en sus uniformes.




El problema de todo esto no es que estos personajes se vistan con unos uniformes que no les corresponde y se junten en una casa a beber leche de pantera, el problema es que salen a la calle, se ofrecen a cofradías y juntas de vecinos para participar en procesiones o fiestas de pueblos e intentan aparentar que son militares de verdad. Para un militar es fácil darse cuenta de que son militares de atrezzo, pero mucha gente, incluso medios de comunicación, creen que son militares de verdad. Y claro, teniendo en cuenta el aspecto de algunos y la extraña marcialidad de otros, flaco favor hacen a la imagen de las Fuerzas Armadas.



Lo peor de todo es que hay ocasiones, demasiadas, en las que los FRIKILEG han sido arropados por mandos y jefes de unidades que les han permitido asistir a sus unidades con esas pintas a practicar el turismo patriótico (el que consiste en asistir a todos los actos militares que hay a 300 km a la redonda de su pueblo hayan sido o no invitados).

Como dije antes, la unidad más imitada es La Legión. Por eso repetidamente los generales jefes de la BRILEG han escrito más de una vez a la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios pidiéndoles que se abstengan del uso de prendas no reglamentadas para los Antiguos Caballeros Legionarios (camisa legionaria con pantalón gris y americana azul marino, con chapiri). Se ha conseguido que no asistan de esa guisa a los cuarteles legionarios, pero no hay provincia en que no sigan aún jugando a soldaditos.


Y así, de modestia llenos,

a los más viejos verás 

tratando de ser lo más 

y de aparentar lo menos.