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Hablar pocas veces de la profesión militar es una de las pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas. (Del art. 14 de las RR.OO de las FAs)
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02 marzo 2025

50 AÑOS DE INSTRUCCIÓN. NI UN DÍA MÁS.

Hace unas semanas escribía en el artículo sobre el BIP que hace tiempo me comprometí a hablar del Batallón de Instrucción Paracaidista y del porqué de su disolución. En él conté la historia del BIP desde su nacimiento como Unidad de Depósito e Instrucción hasta su disolución como Unidad de Formación Paracaidista. Hoy hablaremos de las vicisitudes sufridas por esta unidad en sus últimos años de existencia.

La creación de la UDI en 1961 inició una historia que cumpliría cincuenta años en 2011, justo el año en el que se disolvió la UFPAC. Entre UDI, BIP y UFPAC fueron cincuenta años instruyendo principalmente a a paracaidistas, pero también a otro gran número de soldados y legionarios. Fueron 50 años instruyendo, ni un día más.

Durante décadas el BIP era la unidad de instrucción de la Brigada Paracaidista, una unidad que se salía un poco de la norma, al igual que La Legión, en cuanto a las condiciones de servicio de su tropa. La firma de un compromiso semi-profesional, con mayor sueldo que el soldado de remplazo corriente y la mayor posibilidad de reenganche no cabe duda de que marcaban unas de las muchas diferencias entre una CLP y un soldadito de reemplazo en otra unidad. 

Pero claro, esa diferencia de condiciones de alistamiento y de sueldo era consecuencia de las exigencias de esta unidad, no al revés. Lo mismo ocurría en La Legión: no era exigente porque se cobrara más, se cobraba más porque era más exigente.

Pues bien, indudablemente una mayor exigencia en las unidades requería una mayor exigencia en la instrucción. No era lo mismo la instrucción de un recluta en un CIR (Centro de Instrucción de Reclutas) que en el BIP, donde todo el que entraba por su puerta lo hacía voluntariamente. Hasta los años 80 en el BIP aún existía el Pelotón de Castigo, coloquialmente llamado el pelote. 

En el BIP se daba caña, mucha caña. El paracaidista llegaba en las mejores condiciones posibles a su unidad de destino en Alcalá —como se resumía comúnmente a todas las unidades de la BRIPAC alojadas en Alcalá de Henares—. Hay que recordar que la UDI se creó con oficiales, suboficiales y auxiliares de instrucción que poco tiempo antes habían estado combatiendo en Ifni. Su conocimiento de la realidad del combate les llevaba a instruir con exigencia a los futuros paracaidistas, de los que nadie sabía qué les depararía el destino, pero muy probablemente les podía conducir a otra guerra. 

El caso es que esa forma de instruir se fue heredando año tras año tanto por los oficiales y suboficiales como por los auxiliares de instrucción destinados en el BIP. Es cierto que los que estábamos destinados en unidades de Alcalá veíamos cómo venían de Murcia los celepés y criticábamos la instrucción por la tan extendida y odiosa máxima del militar español de hablar mal del trabajo de otras unidades sin conocerlas. No éramos conscientes de las condiciones en las que trabajaban los instructores para conseguir que un gran puñado de civiles se convirtieran en soldados en un par de meses y tuvieran agallas para bajarse de un avión en marcha con armamento y equipo, por la noche y al límite de viento.

Así fueron sucediéndose los años en una época en la que los reemplazos anuales llenaban los cuarteles. Pero llegó la hora de los insumisos de mierda y de los objetores de conciencia que se multiplicaban año a año, comenzando a crear problemas en las plantillas de los cuarteles. En esas estábamos cuando se crearon y se sucedieron distintos formatos de compromiso profesional empezando por el Voluntariado Especial, siguiendo por los Militares de Empleo de Tropa hasta los Militares Profesionales de Tropa. 

En un principio esta profesionalización era algo testimonial por dos motivos principalmente: la carga que podría suponer a los presupuestos Generales del Estado una profesionalización total de la tropa con un ejército de más de 300.000 tíos y el miedo de los políticos de finales de los 80 a un ejército totalmente profesional. No olvidemos que cuando entró en vigor la Ley 17/89 Reguladora del Régimen del Personal Militar Profesional sólo hacía ocho años que se había producido el golpe de estado del 23-F y muchos políticos de cierta tendencia odiaban —o temían— a cualquier persona vestida de uniforme. 

Las vacas flacas cada vez fueron más flacas porque los jóvenes españoles cada vez eran más insumisos y más objetores. Por ello la profesionalización de la tropa dejó de ser algo testimonial (cuatro o cinco voluntarios especiales por compañía) para incrementarse considerablemente la oferta de plazas para Metopa (Militar de empleo de Tropa Profesional). 

Seguro que fue recompensado con alguna Cruz del Mérito Militar por su magnífico trabajo quien parió el sistema , pero lo que creó fue una birria al no prever las consecuencias de lo que ocurriría en caso de cumplirse la hipótesis más desfavorable, que se cumplió. Cuando ya se estaba fraguando y mucho se hablaba a finales de los 90 sobre el fin de la Mili, empezaron a publicarse plazas de soldado en un gran número para todas las unidades de las Fuerzas Armadas. Algunos —el condecorado y el que lo condecoró— se creían que las condiciones para ser soldado eran la panacea y que iba a haber tortas para entrar y que una vez dentro iba a haber tortas por llevar una vida dura. Nada más lejos de la realidad: no se cubrían las plazas y un gran número de los que ingresaban pedían la baja porque nadie les llevaba el desayuno a la cama a las once de la mañana. 


Pero en el BIP se seguía con el nivel de exigencia de siempre. La mentalidad de la BRIPAC seguía siendo realista y el propósito era formar a los mejores soldados de la Patria, a sabiendas de que en cualquier momento habría que demostrarlo, como ocurrió en Ifni, Sáhara o Bosnia.

Y llegó la suspensión del Servicio Militar a final de 2001 y se produjo un grandísimo problema que no hacía falta ser muy listo ni tener ningún curso de altos estudios militares pasa saber que iba a producirse. Las Fuerzas Armadas empezaban a tener una grandísima carencia de tropa y marinería.

El Mando de Personal del Ejército de Tierra —y de los otros dos ejércitos, supongo— empezó a preocuparse y necesitaba cantidad; las unidades, conscientes de la realidad de las unidades que en esos años estaban ya desplegadas en Bosnia y Kosovo, necesitaban calidad. Por ello el Ejército comenzó un proceso de suavización de la instrucción con el fin de suprimir una instrucción exigente que impidiera que no se cubrieran las plazas ofertadas. 

Por ejemplo, hasta entonces en los centros de formación de tropa, existía una nota final resultante de la evaluación práctica y teórica, más una nota de "concepto", como existía en cualquier centro de formación de oficiales o de suboficiales. Esta nota de concepto, que se basaba en una serie de parámetros como la disciplina, el sacrificio, la voluntariedad, etc., no era una nota arbitraria pues el jefe de la compañía debía justificar cada nota. En esa época el aspirante a soldado profesional, en el ingreso, sólo elegía arma o cuerpo y su destino dependía de su nota final. La nota de concepto menor a 5 suponía la baja automática en el centro de formación con derecho a repetir toda la instrucción una sola vez.

Evidentemente, entre la instrucción que no llegaba a suavizarse como se pretendía y que a algunos no les gustaba el destino que les había llegado por su puesto obtenido, se producía un elevadísimo número de bajas voluntarias. En algunos casos, como el BIP, este número de alumnos que se piraban a su casa se acercaba a veces al 40%. Estaba claro que las FAs no podían funcionar con el 60% de la tropa. 

Compañías desactivadas por falta de tropa o activadas y con sólo un par de cabos fue una tónica demasiado habitual en la mayoría de unidades del Ejército Español. Y por ahí algunos, no políticos precisamente, se vanagloriaban del éxito de la profesionalización de las FAs. En fin, Serafín...

Llegó enero de 2003 y todos los centros de formación de tropa pasaron a depender de la Dirección de Enseñanza, en la que se se creó la Subdirección de Formación de Tropa —al mando de un General de Brigada— y se comenzó a tutorizar a todos los centros de forma homogénea, aunque los resultados no resultaron ser todo lo homogéneos que se deseaba. 

El BIP dejó de estar encuadrado en la BRIPAC para pasar a integrarse en la Academia de Infantería con el nombre de Unidad de Formación Paracaidista. Todas las academias especiales tenían su centro de formación de tropa y, además, estaban los CIMOV 1 y 2 (actuales CEFOT)  y el Centro de Formación de Tropa de Canarias. La Academia de Infantería tenía dos: el suyo propio en Toledo y la UFPAC en Javalí Nuevo (Murcia), donde seguíamos vistiendo de paracaidistas, con exigencia del curso y pasando de ser instructores a ser profesores (con huevo frito de profesor en el uniforme incluido), como ya conté el otro día en este artículo.


Se pretendió dar un giro a la formación de tropa que se consiguió en parte; se pasó a tener "alumnos", los profesores hacíamos el Curso de Aptitud Pedagógica y se creó el Curso Avanzado de Instructor —incongruente nombre cuando se empeñaban en que éramos profesores, no instructores—. Pero seguía existiendo el problema de la cantidad. Ni aumentando cada vez más la oferta a extranjeros —cursimente y tontamente llamados no nacionales— se acababa con el problema. Tampoco que el soldado eligiera su unidad de destino cuando solicitaba ingresar en las FAs ni que la nota de concepto ya no pudiera se inferior a 5 lo solucionaban. 

Es cierto que en algunos centros de formación el problema se redujo bastante, pero no del todo. Donde no se redujo esa falta de cantidad fue en la UFPAC, donde seguíamos mentalizados de la importancia de la calidad. Convivíamos con una unidad paracaidista, la III BPAC, cuyos oficiales y suboficiales necesitaban calidad, ya que comenzaron los despliegues en Afganistán y esa carencia de tropa hacía que CLPs recién llegados tuvieran que desplegar en pocos meses en Afganistán, donde nosotros sabíamos que se estaban pegando y recibiendo tiros, pero que no teníamos tan claro que lo supieran los que seguían prefiriendo cantidad.

Por eso los profesores destinados en la UFPAC, reforzados por oficiales y suboficiales de la BRIPAC y del MOE en cada ciclo, teníamos claro que a nuestros compañeros de empleo de las unidades no les podíamos enviar, para ir a pegar tiros a Afganistán, mucha gente aunque fueran pegándose tiros en su propias botas. El nivel de exigencia no se mantuvo, se incrementó.

Una prueba de ello es que el Gral. Bataller Alventosa, a la sazón Subdirector del Tropa de la DIEN, organizó una visita de los jefes de los centros de formación a la UFPAC —no recuerdo si fue 2008 o por ahí—. Durante la misma llegamos a sonrojarnos, pues el General decía abiertamente que el modelo de la UFPAC era el que debían seguir los demás centros y que podían ver los resultados (pruebas físicas, tiro, campo, etc.). Recuerdo que el TCol. Jefe del CEFOT de la Academia de Ingenieros, que había sido unos años antes mi profesor de Táctica de Zapadores, me decía que no se creía que tuvieran esas puntuaciones en tiro a 100 m y que habíamos perforado los blancos antes; o el Coronel de la Academia de Artillería, que decía que ese campo medía menos de 100 m. Se les demostró su error poniendo blancos nuevos y midiendo delante de ellos el campo. El Gral. Bataller, con una mentalidad militar forjada durante muchos años de Legión y de Operaciones Especiales, tenía claro que se necesitaba calidad por encima de cantidad.


Cuando un alumno pedía la baja voluntaria, los jefes de pelotón, sección y compañía debíamos hablar con él e intentar convencerle de que se lo pensara mejor, que aguantara un poco más, etc. En la UFPAC, si el tío pedía la renuncia a media mañana, para la hora de comer estaba ya fuera del cuartel de paisano y esperando al autobús para volver a su casa. Si un tío renunciaba una vez, era una tontería perder el tiempo intentando convencerle, porque volvería a querer irse a la semana y, si no, cuando llegara a la unidad se daría de baja psicológica. De modo que lo teníamos claro: ¿te quieres ir? pues ya estás tardando en entregar las sábanas...

En esos años las bajas durante la formación en la UFPAC ascendían al 43 % y aún así, se colaron todavía algunos que no se merecían haber aprobado. Finalmente, a pesar de todos los intentos del Gral. Jefe de la BRIPAC por evitarlo, la UFPAC fue disuelta el 31 de diciembre de 2011. 

50 años, ni un día más...

09 febrero 2025

CUANTO MÁS SUDOR EN TIEMPO DE PAZ, MENOS SANGRE EN TIEMPO DE GUERRA

 

"Cuanto más sudor en tiempo de paz, menos sangre en tiempo de guerra". Así rezaba el lema del Batallón de Instrucción Paracaidista (BIP). Este lema se encontraba colgado en un letrero en la puerta junto al polvorín por la que las compañías salíamos a instrucción, siempre a paso ligero, y que todas las compañías o secciones que pasaban por debajo gritábamos.

Lema del BIP bajo el que se salía hacia la zona de instrucción

No recuerdo en cuál de los artículos de El Furriel dije algo así como que ya contaría algún día por qué disolvieron el BIP. Hace unos días me lo recordaron y me he decidido a contarlo, pero antes de contar los motivos de su disolución hay que hacer historia contando qué era y cómo funcionaba esa unidad.

El BIP era el sucesor de la Unidad de Depósito e Instrucción (UDI) de la Agrupación de Banderas Paracaidistas del Ejército de Tierra y el antecesor de la Unidad de Formación Paracaidista (UFPAC). En 1960, en base a la 1ª Compañía Paracaidista, se formó lo que sería el germen de la Bandera "Ortiz de Zárate", III de Paracaidistas, instalándose en el Acuartelamiento “Jaime I el Conquistador” en Murcia, ubicación elegida por su proximidad a la Escuela Militar de Paracaidismo en Alcantarilla. En un principio se encomendó la misión del encuadramiento de los aspirantes a una compañía de la III Bandera; para ello se creó en julio de 1960 la Compañía de Aspirantes, como queda reflejado este punto del Diario de Operaciones de la Agrupación de Banderas Paracaidistas con el siguiente texto: “Día 21: La Agrupación cumplimenta el programa y horario vigente. Se incorporan a la III Bandera 202 aspirantes con lo que se constituye la Cía. de Aspirantes al mando del Teniente López Pinto”. 

Pero pronto se vio la necesidad de no distraer de sus misiones a esta nueva Bandera con la instrucción de los aspirantes —en Paracaidistas no gustaba el término recluta, pues su tropa no procedía de reclutarlos ya que todos eran voluntarios—, y así, en febrero de 1961, se creaba la UDI. 

La UDI nació con personal de la 12 Compañía de la III Bandera Paracaidista y las razones de su fundación quedan definidas en el escrito de su puesta en marcha: "Con el fin de cumplir las misiones de reclutamiento, organización, formación y desarrollo de los nuevos cursos de paracaidistas se organiza una nueva unidad, la Unidad de Depósito e Instrucción, que asumirá también el cometido de servir de enlace en la Escuela Militar de Paracaidismo del Ejército del Aire, centro que seguirá recibiendo los aspirantes a paracaidistas para realizar el curso correspondiente”. 

Emblema de la UDI

También pasaban a depender de la UDI los ya existentes Banderines de Enganche, similares a los que poseía La Legión. Las misiones de los Banderines de Enganche Paracaidista eran participar en la difusión de la propaganda paracaidista, proporcionar información sobre alistamiento en Fuerzas Paracaidistas al personal militar o civil que la pidiera y captar y alistar al personal civil que lo solicitara siempre que reuniera las condiciones físicas necesarias. Además, asesoraban al personal transeúnte perteneciente a las Fuerzas Paracaidistas del E.T., en lo que pudiesen necesitar. 

La UDI, encuadrada en la III BPAC y con  mando de capitán, adquirió tal envergadura que en 1965 se designó a un comandante para su mando, el Cte. Juan Castellanos, y pasó a depender directamente del General Jefe de la Brigada Paracaidista, constituida ese mismo año. Contaba ya con dos compañías, la 18, de Plana Mayor y la 19, de Instrucción.

Banderín de la 19 Cía

A la UDI iban llegando aspirantes procedentes de captación en otras unidades militares o de los banderines de enganche en los que se habían alistado voluntarios. Según iban llegando, entraban en depósito y en esa situación esperaban, a veces semanas, a que hubiera un número adecuado para llevarlos a la Escuela Militar de Paracaidismo a realizar el Curso de Paracaidista. 

En 1968 la 19 Cía, al mando del entonces Cap. Colldefors, se instaló en tiendas cónicas en el Campamento "Santa Bárbara" (Javalí Nuevo, Murcia), hasta entonces campo de instrucción y desde ese momento origen del actual Acuartelamiento "Santa Bárbara", sede actual del Regimiento "Zaragoza" N.º 5 de Paracaidistas.

Santa Bárbara en 1968

El incremento experimentado por las Fuerzas Paracaidistas como consecuencia de la creación de la Brigada Paracaidista supuso que la Unidad de Depósito e Instrucción tuviera dificultad para desarrollar sus cometidos, tales como recibir, equipar, instruir y encuadrar en los distintos cursos a los voluntarios, aspirantes a Caballero Legionario Paracaidista (CLP), el enlace y coordinación con la Escuela Militar de Paracaidistas Méndez Parada y el enlace con la propia Brigada Paracaidista y, a la vez, hacerse cargo de otras no operativas, como las que debían realizar los Banderines de Enganche. Por este motivo la UDI se transformó en BIP en 1971 ya con mando de teniente coronel.

Emblema del BIP

El carácter de tropa semiprofesional y la necesidad de realizar el Curso de Paracaidista eran los motivos por los que la Brigada Paracaidista tenía su propia unidad de instrucción en vez de instruir a sus CLP,s en los CIR,s. (Centro de Instrucción de Reclutas) junto a los reclutas del resto del Ejército. Esta circunstancia, sin duda, daba un carácter un tanto especial a la instrucción; era, por qué no decirlo, una instrucción más dura y exigente que la del soldado de reemplazo corriente.

Así fueron pasando los años instruyendo a paracaidistas y, a partir del inicio de la profesionalización, también a los soldados que iban destinados al Cuartel General de la Fuerza de Acción Rápida (FAR), quienes también debían superar el Curso de Paracaidista. En 1998 se reguló la formación de la Tropa Profesional del ET y se decidió que el BIP fuera la unidad encargada de instruir a paracaidistas y a legionarios. En 1999, como la BRILAT también formaba parte de la FAR, se empezó también a instruir a su tropa. 

Legionarios y paracaidistas formándose juntos en el BIP en 1998

El Batallón de Instrucción Paracaidista pasaba a convertirse en centro de formación de tropa profesional de la FAR, lo que le daba un carácter más diferenciador aún. Era tal el volumen de aspirantes que había que instruir, que La Legión (tercios africanos incluidos) y la BRILAT tenían que enviarnos agregados a oficiales, suboficiales y cabos para reforzar la plantilla de instructores del BIP. Juras de Bandera de 1.200 tíos con tres banderas no es nuevo de ahora, como algunos se creen en los centros de formación de tropa actuales; ya entonces eran así.

Legionarios, paracaidistas y aerotransportados en el BIP en 1999

Pero llega el 31 de diciembre de  2002 y la formación de tropa, que hasta entonces tenía dependencia sólo funcional de la Dirección de Enseñanza (DIEN), pasa a depender de ella orgánicamente encuadrados los centros de formación en las academias de las armas, más los centros de formación de tropa números 1 y 2, que dependían directamente del General Subdirector de Formación de Tropa de la DIEN y el BIP que pasaba a integrarse en la Academia de Infantería con el nombre de Unidad de Formación Paracaidista de la Academia de Infantería (UFPAC). 

Desde ese 1 de enero de 2003 los destinados en el BIP —yo ya estaba destinado desde julio de 2000—dejábamos de pertenecer a la Brigada Paracaidista y pasábamos a estar destinados en la Academia de Infantería (Murcia). Nos reconvirtieron las vacantes por adaptaciones orgánicas y pasamos a ocupar vacante de profesor, con huevo frito en el uniforme incluido. Seguíamos teniendo vacante con exigencia del Curso de Paracaidista, seguíamos saltando y vestíamos de paracaidista, pero con el escudo del MADOC en el brazo y con un nuevo emblema. 

Escudo de armas de la Unidad de Formación Paracaidista

Aunque algunos éramos de Artillería o de Ingenieros, éramos los paracas de la Academia de Infantería, y por ese motivo la Jura de Bandera del 1º Ciclo de cada año íbamos a celebrarla en Toledo para, supongo, que no olvidáramos a dónde pertenecíamos, aunque no pegábamos allí ni con cola.

Jura de Bandera en el patio de la ACINF

Desde 2003 ya no instruíamos a legionarios ni a aerotransportados, pero empezamos a instruir a soldados del Mando de Operaciones Especiales (MOE), quienes también debían obtener el Curso de Paracaidista para superar su formación. Desde ese año ya no eran aspirantes, sino AMTP (Alumno Militar de Tropa Profesional), los coloquialmente conocidos como metopas.

Paracaidistas y guerrilleros

El plan de formación consistía en una primera Fase de Formación General Militar, de nueve semanas de duración, en la que se adquirían las condiciones de combatiente general y se realizaba el Curso de Paracaidista, y una Fase de Formación Específica, de cinco semanas, en la que se adquirían los conocimientos básicos de cada Especialidad Fundamental. Durante la FFG instruíamos en la UFPAC a todos los alumnos que habían obtenido destino en la BRIPAC y en el MOE, independientemente de su especialidad. Durante la FFE nos quedábamos sólo con los de Infantería Ligera, pues los  de Artillería de Campaña, Ingenieros y Transmisiones se iban a hacer su FFE en la Academia de Artillería y en la Academia de Ingenieros, respectivamente. 

La UFPAC se organizaba en PLMM y una Compañía de Instrucción que, a su vez se estructuraba en secciones, cada una con un ciclo.

Durante la época de UDI y BIP los soldados de reciente incorporación, como se les llama de forma tan cursi actualmente, se dividían en cursos, con el número del de paracaidista que les correspondiera. Desde 1998 se dividían en incorporaciones, habiendo tres al año. Y desde 2002 se llamaban ciclos, habiendo los primeros años once al año (en 2002 hubo 12 ciclos) y desde 2010 sólo un par de ellos anualmente. Con once ciclos al año repartidos en nueve meses (no había incorporación de ciclos en verano ni en diciembre) se solapaban siempre entre dos o tres ciclos, unos en su primera semana, otros finalizando la FFG y otros en la FFE. Eso hacía que las Compañía de Instrucción llegara a tener hasta 600 alumnos en alguna ocasión y las secciones estaban compuestas muchas veces por alrededor de 120 o 140 alumnos.

En aquel diciembre de 2002, la III Bandera Paracaidista, que en los años 70 se había trasladado a Alcalá de Henares, volvía a su natal Murcia, también en el Acuartelamiento Santa Bárbara, donde convivíamos las dos unidades. Esta fue una medida que proporcionó grandes ventajas al funcionamiento de la reciente UFPAC ya que nos proporcionaban apoyos de armamento, vehículos y material de los que otros centros de formación de tropa carecían. Por ejemplo, en la Compañía de Instrucción teníamos 600 fusiles, de los que 200 eran agregados de la III BPAC. También los vehículos ligeros y camiones eran suyos y el apoyo de su Sección de Plegados de Paracaídas nos permitía hacer uso de su torre de lanzamiento y de sus atalajes para preparar el primer salto con equipo y armamento de nuestros alumnos tras realizar el curso; el que los alumnos llamaban salto de combate y que quitaba el sueño la noche antes a más de uno.

La adaptación orgánica que transformó el BIP en UFPAC supuso una gran reducción de plantilla, por lo que constantemente teníamos que tener personal de la BRIPAC y del MOE agregados como profesores asociados. Los tenientes pasamos de mandar secciones de 30 o 40 aspirantes a mandar secciones de entre 120 y 140 alumnos. Incluso se nos llegaban a solapar ciclos, por lo que en  varias ocasiones estábamos al mando de un ciclo en FFE ya terminando y otro ciclo en FFG empezando.

Vídeo sobre la UFPAC del programa Código Alfa. 2004

En diciembre de 2011 se perpetró la disolución de la UFPAC. Pero esta es ya otra historia que queda pendiente para otro domingo...



15 diciembre 2024

LOS PEQUEÑOS NICOLÁS

 Para quien no lo recuerde, el Pequeño Nicolás era un joven impostor que se infiltró en las altas esferas del poder político y económico español, llegando incluso a colarse como invitado en el besamanos celebrado en el Palacio Real tras la proclamación de Felipe VI como Rey de España.


Pues bien, hoy traigo a El Furriel a esos variopintos personajillos de medio pelo que han proliferado considerablemente en los últimos años en cuantos actos y celebraciones militares se suceden a lo largo y ancho de este mundo y cuya desvergüenza merece un profundo estudio.

Los Pequeños Nicolás son unos personajes que suelen juntarse con otros de la misma condición y que te los encuentras en cualquier sarao donde haya uniformes. Suelen pertenecer a asociaciones y hermandades de veteranos, aunque no lo hayan sido, y hasta llegan a crear sus propias asociaciones (algunas con un solo asociado) en las que, casi siempre, se inventan una prenda de cabeza y se cuelgan más medallas que un general coreano, la mayoría diseñadas por ellos mismos.

Su ciclo de vida, más o menos largo según su habilidad y su morro, es sencillo: nacen y se dan a conocer, se reproducen introduciendo a otros semejantes en los círculos protocolarios de las unidades que se dejan engañar y, finalmente, mueren al ser descubiertos cuando llega un nuevo jefe a una unidad que pregunta quién y qué hace aquí ese tío.

Pero claro, la cuestión es cómo se introducen en este mundillo. Hay dos formas, una directa y otra residual.

La directa consiste en que, con todo el morro del mundo, el Pequeño Nicolás se pone en contacto con el responsable de protocolo de una unidad, cuando no con el jefe directamente, y le dice que es el presidente de la hermandad de antiguos hoplitas o de la asociación de veteranos de la Guerra de la Independencia —son capaces de todo— y manifiestan su interés por asistir a un acto determinado. Como los tíos suelen hacerlo bien y el responsable de protocolo a veces no sabe hacerlo tan bien, pues listo, ya está en la base de datos de protocolo de esa unidad y a partir de ese momento pasa a ser invitado imprescindible en todos los actos. 

Que es verdad, que no estoy de coña. Esto pasa; vamos que si pasa. Hace unos meses recibí un correo electrónico del secretario de una supuesta asociación de veteranos o antiguos no sé qué, diciéndome que, por indicación del presidente, solicitaba que lo incluyera en la base de datos de protocolo del Museo que dirijo. Sin preocuparme por indagar sobre esa asociación le contesté diciéndole —con toda la educación del mundo, lo aseguro— que ni de coña, que yo solo invitaba, además de a las autoridades militares, a quien tenía relación con el museo o a quien me invita a sus actos y que su asociación era totalmente desconocida para mí por lo que no existía relación ninguna. 

Comentado este asunto con algunos militares me dijeron de quién se trataba y pude ver que, efectivamente, asistía a bastantes actos. Eso sí, en alguna unidad de la Armada en Cartagena ya lo tienen calado y el jefe le ha prohibido el acceso para siempre tras invitarle a pirarse del cuartel a mitad de un acto en el que, sin habérsele invitado, se había colado el tío en el acotado de autoridades civiles.

Luego están los que nacen como Pequeños Nicolás de forma residual, es decir, que aprovechan su pertenencia a una determinada asociación (totalmente reconocida y con miembros perfectamente dignos) para ir ganándose la confianza de quien maneja el protocolo. Inicialmente acceden como componentes de esa asociación, pero finalmente ganan su fila particular en la base de datos. 

En estos casos suele ocurrir que los jefes de unidad tardan en conocerlos por su fugaz tiempo de mando de un par de años o tres, tiempo en el que los Pequeños Nicolás saben derrochar toda su simpatía para ganarse su confianza, como se ganaron la de sus predecesores. 

Hacia 2003 o 2004 o por ahí, un grupo de veteranos paracaidistas de la zona de Elche que habían integrado años antes una asociación de veteranos paracaidistas acabaron por discrepancias fuera de la estructura de FENASVPE (Federación Nacional de Asociaciones de Veteranos Paracaidistas de España). Estos veteranos eran de esos veteranos que tenemos a veces hasta en la sopa en los cuarteles y, por proximidad, el cuartel que más solían frecuentar era el del Acuartelamiento Santa Bárbara, en Javalí Nuevo (Murcia) —sí, Javalí con uve—, sede en esos años de la Bandera Ortiz de Zárate III de Paracaidistas y de la Unidad de Formación Paracaidista, UFPAC, es decir, el antiguo Batallón de Instrucción Paracaidista. Yo me encontraba entonces destinado como teniente instructor en la UFPAC.

Era época de carencia de tropa en las Fuerzas Armadas tras la suspensión de la Mili. No estaba de moda ser militar y las plazas en los centros de formación de Tropa no se cubrían en ninguno de los once ciclos de ingreso que había al año. En la UFPAC, donde teníamos claro que preferíamos calidad antes que cantidad, además de no cubrirse las plazas, había un gran número de bajas por renuncia voluntaria a lo largo de los meses de instrucción y en aquella época terminábamos el año con poco más del 50% de cobertura de las plazas que necesitaba la Brigada Paracaidista.



En esta situación, este grupo de veteranos paracaidistas de la zona de Elche propuso al entonces General Jefe de la BRIPAC, Gral. Gómez-Hortigüela, crear unos equipos para captar a jóvenes en la zona de Alicante con el fin de que ingresaran en el Ejército. El Gral. Gómez-Hortigüela no les puso pegas; a fin de cuentas no había nada que perder y cualquier idea era bienvenida si podía colaborar a paliar la falta de Tropa. El presidente de esta asociación, una tal "Y", se vino arriba creyéndose yo qué sé qué y hasta le pidió al General que se les hiciera un carné de captadores. Este carné, por supuesto, no tenía ninguna validez oficial, pero ellos iban por ahí tan felices con él.

El señor Y, que durante el Servicio Militar fue escribiente en la PLMM del BIP, pero que hablaba como si hubiera mandado él solito el batallón, frecuentaba cada vez más el murciano cuartel de paracaidistas con cada vez mayor altanería, fruto, supongo, de su todopoderoso carné de captador. Vamos, un auténtico Pequeño Nicolás. En una de las seis juras de Bandera que celebrábamos al año incluso quiso estar en la tribuna presidencial por ser el "jefe de los captadores de la BRIPAC". Por descontado que el Capitán encargado de protocolo le dijo que no.

Se dedicaba este personaje a escribir mucho en foros y blogs de internet de temática militar, en la mayoría de los cuales solía tener acaloradas discusiones con otros internautas. Uno de estos internautas, llamémosle "G", era uno de mis alumnos que había sido antes legionario y en ese momento había vuelto a ingresar en el Ejército para ir destinado a la Brigada Paracaidista. Tuvieron discusiones bastante fuertes entre ellos y una mañana en la que me encontraba con mi sección en la pista de aplicación, apareció el señor Y por allí y, dándome una voz desde la carretera, me gritó que le mandara al alumno G que tenía que hablar con él. Yo, que no podía creerme lo que había oído, lo miré y, sin hacerle ni puñetero caso, seguí a lo mío. Volvió a gritarme, de forma más autoritaria, que le enviara inmediatamente a G. Entonces ya me fui para él y lo mandé a la mierda. Nada de con forma educada ni con eufemismos; lo mandé literalmente a la mierda y le dije que quién se creía que era para ir exigiendo y dando órdenes a un teniente. Él me dijo que era un captador designado por el General de la Brigada. Así se lo tenía creído el tío.

Inmediatamente se fue a ver a mi Teniente Coronel y le contó lo ocurrido. El Teniente Coronel, sin necesidad de esperar a mi versión, le echó del cuartel y le prohibió la entrada indefinidamente al mismo. A partir de ese momento fui protagonista casi principal de sus escritos en foros de internet. El Gral. Gómez-Hortigüela no quiso volver a hablar con él.

Personajillos como éste hay muchos. Tal vez no con tanta soberbia como el señor Y, pero son una especie de tarados que necesitan su dosis de protagonismo cuartelero y que no terminan de extinguirse. 

No los soporto.


22 septiembre 2024

ORGULLOSOS DE NUESTRA UNIDAD

 El artículo 48 de las Reales Ordenanzas para las fuerzas Armadas de 1978 decía que "Todo militar se sentirá orgulloso de la unidad en (la) que sirve. Se esforzará en que ésta alcance los más altos niveles de preparación y por ello merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misión". Las RR.OO de 2009 cambiaron el texto, para decir lo mismo, en su artículo 22: El militar velará por el prestigio de las Fuerzas Armadas y por el suyo propio en cuanto miembro de ellas. Se esforzará en que con su aportación personal su unidad, de la que se sentirá orgulloso, mantenga los mayores niveles de preparación, eficacia, eficiencia y cohesión, con objeto de que merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misiones. 

Se escriba como se escriba, está claro que el militar debe estar orgulloso de la unidad en la que sirve. Esto, que parece evidentísimo, no creo que lo sea tanto en muchos casos a tenor del comportamiento de algunos. Y no me refiero al comportamiento en la propia unidad, porque cuando alguien cumple con su unidad no se le puede recriminar que prefiriera estar en otra, me refiero a cuando estando en una unidad uno quiere convertirla en otra copiando cualquier cosa de la unidad que anhela vehementemente. Me explico.

Todos los militares, o la inmensa mayoría, hemos estado en distintas unidades. Unas veces hemos tenido la gran suerte de estar en la que queríamos estar, pero otras, por diversos motivos como ascensos, tiempos máximos, etc, hemos tenido que despedirnos de esa tan querida unidad, "nuestra unidad", y pasar a otra totalmente distinta. Uno puede echar de menos la unidad anterior por innumerables motivos, tanto personales como profesionales, pero debe tener claro que en ese momento todo su esfuerzo tiene que ir encaminado a contribuir a la grandeza de su unidad actual. 

Llegados a este punto estoy seguro de que mis pocos pero leales lectores estarán pensando que no he descubierto la pólvora hoy con estas afirmaciones, pero voy a intentar explicar ciertas actitudes que se dan demasiado frecuentemente y que quedan muy lejos de demostrar orgullo por la propia unidad.

Hay unidades que tienen una personalidad muy particular, una idiosincrasia distinta o, incluso, una aureola tradicional que las diferencian un poco de las demás. Estas unidades suelen marcar con una gran trascendencia a los que por ellas pasan destinados. Uno ahí destinado pensará y actuará como se hace en esa unidad. Está claro que se está sintiendo orgulloso de la unidad en la que sirve.

El problema viene cuando este militar tiene que cambiar de destino y llega al nuevo pensando, actuando e, incluso, usando el uniforme como en su unidad anterior. Se resisten a pensar que ya no están en su antigua unidad y lo único que pretenden es transformar la nueva para que se parezca lo máximo posible a la que él echa de menos, pero en la que no puede estar. Son los que yo llamo los "quiero y no puedo"

El Ejército Español es, gracias a Dios, muy heterogéneo y tiene las suficientes diferencias en su seno que permiten dar personalidad propia, en mayor o menor medida, a todas las unidades. Sin profundizar mucho, sólo tenemos que echar un vistazo a las distintas tradiciones y a las particularidades en la uniformidad. 

Es precisamente en la uniformidad en lo que primero que se dan a conocer los quiero y no puedo. Cuántos casos conocemos de quien ha copiado las peculiaridades de una unidad para que la suya se parezca (imite) a otra. ¿Eso es estar orgulloso de la unidad en la que sirve o es estar orgulloso de la unidad en la que sirvió por encima de todas las demás, incluso de la suya actual? 

El ejemplo más característico es el de los que han sido legionarios, aunque sea media hora, y ahora van vestidos de caqui, pero no se resisten a ir con la camisa desabrochada. Nunca lo entenderé. ¿Es para hacer que se sepa que ha sido legionario? ¿Es necesario cometer una falta de uniformidad para demostrar que se es esto o aquello? Creo que hay otras características, que no son desabrocharse un botón de la camisa de verano, las que tienen que definir al militar y las que darán renombre a su unidad. Además, creo que no se dan cuenta del flaco favor que están haciendo a La Legión con esa actitud. La Legión es lo que es, con todas sus características, entre ellas la del botón desabrochado de la camisa. Es una seña de identidad del legionario y de la camisa legionaria, no de la camisa caqui —o amarilla grisácea, que es como se llama oficialmente; manda h...—. Si ya no estás en La Legión, por mucho que te duela, no puedes desabrocharte el botón de la camisa.


Otro ejemplo claro es la adopción de las manoplas blancas por algunas unidades que jamás las han usado. En este asunto creo que debemos mirar, sobre todo, hacia algunos antiguos paracaidistas que al llegar a otras unidades han querido mantener el uso de las manoplas y las han convertido en parte de su uniformidad. Así ocurrió en la BRILAT y en la UME, unidades que jamás usaron las manoplas y a las que se les dotó de ellas de forma no oficial ni reglamentada. 

Menos mal que la Instrucción General 03/22 “Descripción y uso de los uniformes y prendas del Ejército de Tierra" ha regulado por fin, entre otras prendas, el uso de las manoplas blancas sólo para unidades legionarias, paracaidistas y... de Regulares. Me quedé sorprendido cuando vi que se les incluía, porque tampoco las habían usado jamás a lo largo de su historia. Por más que veo fotos y vídeos de las diferentes décadas desde su creación, las unidades de Regulares no han usado jamás manoplas blancas, salvo desde hace unos pocos años, cuando seguro que algún antiguo legionario quiso mantenerlas en su nueva unidad para, aunque él no lo hiciera con esa intención, restarle a La Legión una de sus señas de identidad.

Las manoplas han sido siempre características de legionarios y paracaidistas y conforman parte de su propia identidad, ¿no nos damos cuenta de que haciendo que se adopten por otras unidades estamos rompiendo un poco la identidad de las unidades originales en su uso?


¿Y las boinas? ¡Uf!, esto daría para un monográfico. En los años 60 y 70 en España sólo usaban boina los paracaidistas, tanto del ET como del EA, los guerrilleros, los esquiadores-escaladores, los carristas, los pilotos de helicópteros y los infantes de Marina y marineros en su uniforme de campaña y de faena. Es decir, unidades que tenían una identidad muy particular. En el momento de su creación en 1976, la Guardia Real también la adoptó. Progresivamente se fue generalizando hasta que a principios de los 80 la prenda de cabeza general de la tropa del ET volvió a ser la boina caqui en vez de la gorra montañera, como ya lo fue en la década de los años 20 del siglo pasado, a la vez que en la Academia General Militar dotaban a su personal de boina grancé.

Pero como siempre hemos tenido muchos "quiero y no puedo", algunos jefes quisieron que su unidad tuviera también su parte de individualidad —protagonismo— y, en vez de demostrarla derrochando virtudes, valores o hechos memorables, recurrían a darle ese toque especial sólo en apariencia creando una boina de un determinado color que, en ocasiones, no les quedó muy acertado. Así hemos llegado a que ya casi nadie usa la boina caqui de uso general (la caqui con el águila del Ejército) ni, mucho menos, la gorra de plato. Tenemos boinas de color verde, en tres o cuatro tonalidades distintas, grancé, rojos, negro, azul también en varias tonalidades, marrón, gris, amarillo, color arena y seguro que algún color más que se me olvida. Quedan muy pocas unidades que usan la original boina caqui y la gorra de plato y de esas pocas que quedan, le quitan el emblema del Ejército y le ponen el suyo propio; así mola más... En resumen, que la excepción se ha convertido en regla y la regla es ya, tristemente, una excepción.

¿Y todo esto por qué? Pues porque si cada uno, de verdad, se sintiera orgulloso de la unidad en la que sirve, no necesitaría copiar nada de los demás.

Para terminar quiero tener en cuenta un ejemplo de todo lo contario a lo que estamos tratando hoy. La División Acorazada Brunete N.º 1 nació en 1943 y su primer jefe, el almeriense Gral. Rada que, por cierto, fue el primer jefe en desembarcar en Alhucemas en 1925 al mando de la VI Bandera de La Legión, adoptó una prenda de cabeza que permitiera el uso adecuado de los cascos de intercomunicación y transmisiones que necesitaban los carristas. Así se creó la boina negra de carrista con alas horizontales, como se ve en las siguientes imágenes:


En 1981 la DA Brunete tuvo una participación relevante en los sucesos del 23-F y el gobierno de turno quiso cambiar la imagen de aquella unidad cuyos miembros habían salido en telediarios y periódicos en el Congreso o en RTVE tocados con esa característica boina. Al nuevo jefe de la Brunete, Gral. Pedrosa, le propusieron que mantuviera la boina negra, pero con caída del ala hacia el lado izquierdo; vamos, como la que llevaban los paracaidistas. Don Prudencio Pedrosa, que fue combatiente paracaidista en IFNI y que mandó la BRIPAC, se negó rotundamente porque la boina negra con caída del ala hacia la izquierda era una de las señas de identidad de los paracaidistas y cuentan que dijo literalmente "quien quiera llevar la boina como los paracaidistas, que pida destino a paracaidistas", preservando una de las identidades de la Brigada Paracaidista. De modo que se adoptó la boina negra, color clásico de las unidades acorazadas de la mayoría de países, pero con caída del ala hacia la derecha:

Gral. Prudencio Pedrosa Sobral

A pesar de ello, tras la revolucionaria y en gran medida desafortunada normativa de uniformidad de 1986, se eliminó esta boina dotando a las unidades acorazadas y mecanizadas de una boina como la paracaidista:


Aunque me he centrado en aspectos de la uniformidad de épocas más o menos recientes, seguro que también ocurría esto hace siglos, por lo que me imagino que fue lo que ocurrió cuando alguien decidió que las unidades de marinería de la Armada, no las de Infantería de Marina, también tuvieran escuadras de gastadores en sus desfiles, aunque jamás existieran los gastadores en los buques de guerra...

En resumen, sintámonos orgullosos de la unidad en la que servimos, con sus peculiaridades propias sean o no tan vistosas como las de otras unidades, y dejemos de querer ser como otros. 






28 julio 2024

EL IDEARIO PARACAIDISTA

La semana pasada, al escribir sobre el CREDO LEGIONARIO decía que en el Ejército Español hay una serie de normas morales que, unas con más tradición que otras, unas con más acierto en su redacción que otras y unas mucho más motivadoras que otras, buscan ser la guía espiritual sobre la que fundamentar los valores y la idiosincrasia de cada unidad. Muy de moda se ha puesto en los últimos quince o veinte años inventarse decálogos que en su mayoría, siento decirlo, infunden bastante poca motivación. Y es que redactar un credo, un ideario o un decálogo no lo puede hacer cualquiera, porque luego el resultado es el que es.

Ya dije que, sin duda, el Credo Legionario y el Ideario Paracaidista son los dos códigos militares españoles de mayor carga moral. Hoy toca hablar sobre este último.

La Brigada Paracaidista, cuyo nombre oficial actual es el de Brigada "Almogávares" VI de Paracaidistas, nació el 17 de octubre de 1953 con la creación de la Bandera Paracaidista "Roger de Flor", fundada por el Comandante D. Tomás Pallás Sierra. El 23 de febrero de 1954 realizaban el primer lanzamiento paracaidista los componentes del primer curso, fecha que se adoptó como inicio oficial de una corta pero intensa historia de los paracaidistas del Ejército de Tierra. En 1956 se creó la Bandera "Roger de Lauria", II de Paracaidistas y, con ella, la Agrupación de Banderas Paracaidistas. En  1957 tuvieron los paracas su bautismo de fuego entrando heroicamente en combate en la Guerra de Ifni. Ese mismo año, y para desplegar en Ifni apoyando a las dos banderas paracaidistas, se crea la Sección de Transmisiones Exterior, germen del futuro Batallón de Ingenieros Paracaidistas. En 1960 se crea la Bandera "Ortiz de Zárate" III de Paracaidistas, en 1961 la Unidad de Depósito e Instrucción y en 1965 la Agrupación de Banderas Paracaidistas se convierte en Brigada Paracaidista al crearse el Grupo de Artillería, el Batallón de Ingenieros, el Grupo Logístico y el Batallón de Instrucción.

 
Primer emblema de la Agrupación de Banderas Paracaidistas

En 2016, se crean los regimientos paracaidistas "Nápoles" nº 4 y "Zaragoza" nº 5 y se integra en la BRIPAC el Regimiento de Caballería "Lusitania" nº 8.

Comandante Pallás, fundador de los Paracaidistas

La I Bandera Paracaidista se nutrió, sobre todo, de oficiales legionarios y de suboficiales y tropa de unidades de Montaña. El estilo con el que el Fundador impulsó  a la nueva unidad fue muy similar al de La Legión, de la que procedía y, de la misma manera que el Tercio tenía su código moral desde sus primeros años, así lo pretendió Pallás para los paracas desde el principio. 

Pallás, enérgico aragonés, quería un ideario que compendiara todo lo que debería ser el paracaidista y encargó de ello a un joven oficial cuyas dotes literarias empezaban a ser conocidas. Fue el teniente José Frías O´Valle, uno de los fundadores de la Primera Bandera, quien redactó un conjunto de Promesas y Mandatos que influyesen en el espíritu que debía animar a los Caballeros Legionarios Paracaidistas. Así nació nuestro Ideario en 1960.

El Ideario Paracaidista, de doce artículos como el Credo Legionario, se dividió en dos partes: una primera en la que se dice al paracaidista cuál debe ser su conducta, es decir, unas órdenes, unos Mandatos, y una segunda parte, en la que el paracaidista se compromete a cumplir de determinada forma, es decir, un compromiso, unas Promesas. En resumen, el Ideario se creó con unos Mandatos que obligaban al paracaidista y unas Promesas con las que el paracaidista se comprometía, lo que se aprecia en la diferente forma de redacción.

No tengo claro cuál fue el texto original porque hay un par de versiones por ahí que cambian un poco, pero sí cuál fue el que tradicionalmente, durante décadas, se recitó en la Brigada Paracaidista y que dice así:


IDEARIO PARACAIDISTA ANTIGUO

MANDATOS

Nuestro historial

En Ifni se abrió el libro de nuestra historia, no escatimarás tu sangre para escribir en él páginas de gloria.

Trilogía

Dios te dio un alma; tus padres un cuerpo; la Patria, un arma; conserva limpios los tres.

La salud física y la moral

La alegría del vino y las emociones del juego son falsas. Busca la alegría estando contento contigo mismo y las emociones en los deportes y serás sano de cuerpo y alma.

La vida y la muerte

La vida se defiende luchando, la muerte ni se evita ni se busca; la muerte es el mayor premio para el valiente y el mayor castigo para el cobarde.

Honradez

Nunca obres bien ni por miedo al castigo ni por agradar a tus jefes, hazlo así porque es tu deber.

Espíritu de equipo

El valor individual supone mucho pero el valor colectivo y el espíritu de equipo pueden con todo.

PROMESAS

La misión

Por encima de todo está la misión; el calor, el frío, el hambre, el sueño y el cansancio para mí serán estimulantes.

Obediencia

Trabajaré, haré lo que se me mande. Cuando nadie me pueda mandar haré aquello que me mandarían mis jefes si pudieran hacerlo.

Espíritu del deber

Cumpliré con mi deber y no esperaré el juicio de los hombres. Cuando mis superiores no me vean ni me vigilen cumpliré aún mejor que en su presencia. Haré los servicios de armas como si enfrente tuviera al enemigo.

Espíritu de sacrificio

Ningún obstáculo será tan grande que no pueda superarlo, cuanto mayor sea la dificultad y más imprevista la situación, más me superaré y mejor cumpliré la misión. Cuando enfermo, agotado o herido sea un lastre para el cumplimiento de la misión, cooperaré hasta morir.

Voluntariedad

Seré voluntario para cualquier sacrificio. Los puestos de mayor riesgo y fatiga son los puestos de mayor honor.

Espíritu de compañerismo

Ayudaré al débil, me alegraré de los éxitos de mis compañeros y nunca envidiaré a nadie. Procuraré superarlos por mis propios medios.

Pero llegó el año 2003 y se cambió el Ideario Paracaidista sin haber conseguido hasta hoy saber la razón exacta que llevó a esta mutilación del Ideario original. Ya no se diferenciaba entre mandatos y promesas, se redujo de doce a diez espíritus o artículos y se suprimieron algunas partes de algunos que sobrevivieron. Claro, no estaba bien visto que recitáramos que Dios nos dio un alma ni la Patria un arma...

Y esto me apena especialmente por añoranza porque cuando llegué destinado de joven sargento al Batallón de Ingenieros Paracaidista, época en la que aún se pasaba retreta y se leía la orden y se recitaba la Oración y el Ideario por la noche, en mi primer servicio de Suboficial de Cuartel de la Compañía de Zapadores nos tocó recitar la Trilogía. Por ser mi primer Ideario, siempre lo recordé con cariño, además de que era uno de los que más me gustaban. 

Una vez más, como ocurrió al suprimir la camisa legionaria, al suprimir el elegante uniforme de gala en formación (salvo para Semana Santa en Málaga) o al suprimir la versión paracaidista de La muerte no es el final los paracaidistas perdimos parte de de nuestro origen, de nuestra tradición y de nuestra identidad. 

Cía. Zapadores Paracaidistas en uniforme de gala en formación usado hasta principios de los 80

Así quedó redactado el nuevo Ideario Paracaidista:

IDEARIO PARACAIDISTA ACTUAL

Nuestro historial:

En Ifni se abrió el libro de nuestra historia, no escatimaré mi sangre, para escribir en él páginas de gloria.

La misión:

Por encima de todo está la misión; el calor, el frío, el hambre, el sueño y el cansancio, para mí serán estimulantes.

Obediencia:

Trabajaré; haré lo que se me mande, en ausencia de mis jefes cumpliré mejor que en su presencia.

La vida y la muerte:

La vida se defiende luchando; la muerte es el mayor premio para el valiente y el mayor castigo para el cobarde.

Espíritu de superación:

Ningún obstáculo será tan grande que no pueda superarlo.

Voluntariedad:

Seré voluntario para cualquier sacrificio; los puestos de mayor riesgo y fatiga son los puestos de mayor honor.

Espíritu de equipo:

El valor individual supone mucho, el valor colectivo y el espíritu de equipo pueden con todo.

Valor y humildad:

Seré bravo y fiero como el león en el campo de batalla. Nunca se sabrá de mis hazañas por mis propios labios.

Espíritu de compañerismo:

Los éxitos de mis compañeros serán los míos propios. Las leyes del compañerismo serán mi doctrina.

La salud física y moral :

Forjaré mi mente y mi cuerpo, buscando la vida sana en el trabajo, la instrucción y el deporte.

En fin, que aunque el cambio no fuera tan gordo como el que pretendió sin éxito el JEME con el Credo Legionario en 1997, en este caso sí llegó a consumarse la mutilación parcial del Ideario, cambiando parte de nuestra esencia. Una pena... de nuevo.


31 diciembre 2023

ESPAÑOLES POR EL MUNDO. BOSNIA.

Hoy acaba 2023, año en el que se cumplen 30 años del despliegue en Bosnia-Herzegovina de la Agrupación Táctica "Canarias" en la Operación A/B como parte de la Fuerza de Protección de Naciones Unidas (UNPROFOR), a la que tuve el inmenso honor de pertenecer siendo Sargento de la Compañía de Zapadores del Batallón de Ingenieros Paracaidista I.

Aunque hablaremos de la guerra en general, me centraré en la AGT "Canarias" que es la que conozco y, para mí más importante, fue esta agrupación táctica la que sufrió el mayor número de bajas españolas como consecuencia del recrudecimiento de la guerra en su Área de Responsabilidad. Para hacerse a la idea de lo que supuso la situación de esta agrupación es imprescindible destacar que, de los 23 (más un intérprete) fallecidos españoles en Bosnia durante y después de la guerra, 10 lo fueron de la AGT "Canarias", además de 58 heridos.



Sería muy largo relatar el desarrollo de la Guerra de Bosnia, también conocida como de los Balcanes, y cómo evolucionó e influyó en el Ejército Español, pero, de forma muy resumida, debemos tener muy en cuenta que estalló como consecuencia de una combinación de factores políticos y religiosos, exaltación nacionalista, crisis políticas, sociales y de seguridad que siguieron al final de la Guerra Fría y la caída del comunismo en la antigua Yugoslavia.

En 1991 se desencadenaron conflictos armados en Eslovenia y Croacia, que pronto cesaron en esos países, trasladándose a Bosnia-Herzegovina, donde serbios por un lado y croatas bosnios y musulmanes por otro peleaban por el control del país. El Ejército Serbio era el antiguo Ejército Federal Yugoslavo, más o menos potente, jerarquizado y disciplinado; en cambio los croatas y musulmanes no llegaban a constituir un ejército, sino unas milicias con casi nula formación militar. En estas condiciones, los Serbios tenían controlada la mayor parte del país, pero la guerra de guerrillas (por darle un nombre más militar a los sabotajes e, incluso, al crimen organizado practicados por los grupos extremistas croatas y musulmanes) la compensaban con el esfuerzo principal centrado en la artillería y los morteros machacando constantemente las poblaciones que, una vez casi desoladas, tomarían sin mucho esfuerzo. La población sufrió mucho en esas zonas bombardeadas y sitiadas por los serbios, por lo que la ONU decidió intervenir forzando unos acuerdos de paz y poniendo en marcha una misión de ayuda humanitaria. España envió en noviembre de 1992 el primer contingente, la AGT. "Málaga", que se integró en UNPROFOR con la doble misión de vigilar el cumplimiento de los acuerdos de paz y de proteger los convoyes de ayuda humanitaria –qué sorpresa para muchos que creen que se dice convois–.

Zonas controladas por cada bando

A principio de 1993 los croatas y musulmanes, hasta entonces aliados, pasaron de amigos a enemigos y a combatir entre ellos, sobre todo en la zona de Sarajevo. En abril, durante la semana de relevo entre las agrupaciones "Málaga" y "Canarias", la guerra se extendió al sector asignado a las fuerzas españolas en el valle de río Neretva, principalmente Mostar, donde se registraron los combates más violentos. Desde ese momento se añadía a las misiones de la agrupación la de fuerza de interposición entre los bandos. La Guerra de Bosnia se había convertido en un conflicto con tres bandos enfrentados. Y los Cascos Azules de la "Canarias", en medio de aquel todos contra todos.

Destacamentos españoles

La AGT "Canarias", al igual que su antecesora la "Málaga", estaba formada, en su mayoría por legionarios y paracaidistas. En 1992 aún no existía la Brigada de La Legión, por lo que no existían unidades legionarias de apoyo de fuegos, de apoyo al combate ni de apoyo logístico, por lo que fue la Brigada Paracaidista la designada para proporcionar las unidades de apoyo a los tercios legionarios que eran, únicamente, unidades de Infantería. La agrupación la componían un grupo táctico mecanizado en base a la VIII Bandera "Colón" (del 3er Tercio) y con una compañía de Zapadores y una sección de Transmisiones de la BRIPAC, además de un escuadrón de Caballería, una pequeña unidad de Operaciones Especiales y una compañía de Transmisiones. Al mando de la AGT se encontraba el Coronel Jefe del Tercio Don Juan de Austria 3º de La Legión auxiliado por su PLMM (Plana Mayor de Mando), y por la compañía de PLM y un pequeño Equipo de Apoyo al Mando (capellán, asesor jurídico, etc).



Aquellos seis meses de la "Canarias", de abril a octubre de 1993, fueron de una violencia terrible en la zona española. Los bombardeos, los combates, las minas, los francotiradores y todo esto alimentado por un inmenso odio y una desorbitada sed de venganza entre los contendientes convirtieron el trabajo de los españoles en una misión dura. 

Y creo que fue dura, entre otras cosas, porque teníamos unas reglas de enfrentamiento bastante exigentes impuestas por la ONU cuando realmente estábamos en medio de un fregao tremendo y nos quedábamos con el culo al aire muchas veces. Lo podemos llamar miedo o como queramos llamarlo, pero fuera lo que fuera, se superó cumpliendo el Credo Legionario y el Ideario Paracaidista. Acongojaba bastante cuando por la noche se patrullaba con BMRs blancos por una ciudad a oscuras, con francotiradores en cualquier ventana y RPG-7 en cualquier esquina que sabías perfectamente que te estaban apuntando. Cuando te disparaban una granada de RPG entre dos vehículos de la patrulla para asustarte con el fin de que te fueras y, aún así, te fiabas de la eficacia de los sacos terreros atados con cuerdas sobre el BMR.Cuando entrabas en Mostar de interposición para 24 horas, aunque con raciones y munición para 72, y sabías cuándo entrabas pero no cuándo saldrías. Cuando te hostigaban con fusilería y tenías que contar los impactos en tu BMR a la hora de dar novedades. Cuando con tu VCZ tenías que apartar una barricada que no sabías si tenía minas o trampas porque ni podías sacar la cabeza ni podías bajarte del vehículo para reconocerla pues estaría batida por el fuego de un francotirador. Cuando viajabas por la Ruta Alternativa y recordabas el VEC de Caballería que por esa zona pisó una mina contracarro. Cuando ibas hacia Jablanica y en el check-point del puente de Alexis Jan te paraba un miliciano medio borracho y te daban ganas de bajar y quitarlo de en medio de un guantazo, pero veías arriba a tus once, en el túnel de la vía férrea, un cañón bitubo de 20 mm apuntándote. Hasta cuando tenías que ir a la ducha en albornoz y con el casco y el chaleco puestos pues la situación estaba chunga. Y sobre todo, cuando recordabas que una granada de mortero mató al Tte. Muñoz Castellanos y un francotirador acabó con la vida del Tte Aguilar, ambos en lugares por donde pasábamos a diario varias veces.  

Cruzando el puente de Alexis Jan sobre el Neretva

Por la Ruta Alternativa

Móstar

En mi Z-22 saliendo del destacamento de Dracevo

Podría seguir contando más de estas situaciones, porque hubo muchas. Cualquier componente de La Canarias podría seguir una larga relación de situaciones similares o peores. pero no es cuestión de aburrir. Otro día tal vez siga hablando de Bosnia.

También fue dura por las condiciones de vida y la situación logística, para las que no estábamos perfectamente preparados en el ejército de los 90. Pero pronto el E.T. se puso las pilas y empezó a sacar provechosas lecciones aprendidas de aquella operación Alfa/Bravo.

En diciembre de 1995 se firmaron en París los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin a la guerra. Fue entonces cuando intervino la OTAN con la IFOR (Fuerza de Implementación de los acuerdos), que reemplazaba a UNPROFOR, y en 1996 la SFOR (Fuerza de Estabilización). En diciembre de 2004 la SFOR dio paso a la EUFOR, operación militar de la Unión Europea, que en octubre de 2010 se transformó en una misión de asesoramiento a las Fuerzas Armadas de Bosnia-Herzegovina con cuatro militares españoles en Sarajevo (Operación Althea).

La participación española en la Guerra de Bosnia es la gran olvidada. Vivimos una sociedad, tanto civil como militar, con una memoria muy corta. Si ya casi no se habla de Afganistán, pues como para querer que se hable de Bosnia... Pues yo me niego a dejar caer en el olvido aquella operación tan importante para España y que, como excepción, consiguió sus objetivos al 100 % acabando con un conflicto tan salvajemente encarnizado y pacificando aquel país. Me niego, también, a olvidar aquella operación de la que tanto aprendió el Ejército Español y que fue el germen del cambio de tantas tácticas, técnicas y procedimientos.

Pero, sobre todo, me niego a no hacer nada por evitar que caiga en el olvido el merecido recuerdo a nuestros compatriotas que cayeron cumpliendo su deber a miles de kilómetros de España:

Españoles caídos en Bosnia (con su ascenso honorífico a título póstumo)


Hoy hace 30 años que la tercera agrupación, la AGT "Madrid" (generada por la BRIPAC), se comía las uvas en Bosnia.
¡FELIZ 2024!

19 noviembre 2023

ANECDOTARIO (III)

Pues ya estamos en la tercera entrega de este Anecdotario; vamos, batallitas de toda la vida. Según van pasando los días voy recordando muchas anécdotas vividas en primera persona en algunas ocasiones o de las que fui testigo en otras. De momento no estoy contando casos que me han contado otras personas, pero quién sabe si algún día...

Y entrando en materia recuerdo el caso de las paletas (dientes) del Cabo H. El Cbo. H. era un Auxiliar de Instrucción del Batallón de Instrucción Paracaidista que llevaba las dos paletas postizas. Era un tipo muy disciplinado y buen cumplidor de sus obligaciones, cualidades que le llevaron a perder las paletas en el barro cuando una noche de maniobras, tras oír la voz de alarma, salió tan apresuradamente de la tienda de campaña para formar al pelotón que tropezó con un viento y calló de bruces al suelo. Un instante después salíamos un sargento y yo de la tienda modular próxima y nos encontramos al Cbo. H. a cuatro patas buscando sus paletas entre el barro, sin éxito, por supuesto. 

Tras la alarma, cuya única finalidad era sacar de los sacos de dormir a los alumnos, se trataba de dar un golpe de mano al vivac y el Cbo. H. simulaba que era el equipo de cobertura, que llevaría teóricamente dos ametralladoras MG. Según habíamos convenido en el ensayo de por la tarde, en el momento convenido el Cbo. H. comenzaría a pegar unos potentes silbidos, simulando que las ametralladoras estaban cantando, señal para que el equipo de asalto forzara la entrada en el vivac con la cobertura de las ficticias ametralladoras, pero nada ocurrió. Un silencio sepulcral y todos, cada uno en su puesto, esperando a que el cabo silbara. Pasados unos segundos, que me parecieron minutos y que fueron suficientes para que me cogiera un cabreo descomunal, me fui corriendo hasta donde se encontraba y, tras preguntarle y contarme por qué no silbaba, le dije que por qué no gritaba, por ejemplo, RA TA TA TÁ o FUEGO, FUEGO, FUEGO, o lo que fuera, a lo que me respondió, como buen cumplidor que era, "que se le había ordenado que silbara, no que gritara nada". En ese momento, adivinando la expresión de mi cara en la oscuridad,  el cabo empezó a gritar RA TA TA TA TÁ y, por fin, se pudo atacar el vivac con el sonido de fondo de alguna que otra carcajada. Está claro que sin dientes no se puede silbar y sin iniciativa las cosas suelen salir mal.

Lo que le sucedió al Cbo. H es una de esas cosas del directo de las que es difícil prever que te van a asegurar el fracaso, como lo que le ocurrió a un ranchero tras un apretón de vientre. Última noche de maniobras en San Gregorio y, como no existía aún la actual Zona de Espera, estaba mi compañía instalada frente a la Paridera del Santísimo cuando ese campo de maniobras aún era un paraíso por el que te  podías mover con total libertad, podías poner explosivo donde te diera la gana y podías realizar todas tus necesidades donde te apeteciera con la única condición de tener un simple zapapico y un poco de intimidad. 

Hacía frío y los sargentos nos metimos en la tienda de la cocina ARPA donde el sargento 1º auxiliar de la compañía dirigía la elaboración de la cena. Uno de los rancheros, que vestía mono de trabajo verde, pidió permiso para salir pues le estaba apretando la tripa y salió corriendo. Al rato volvió y empezamos a oler tan mal que decidimos salirnos de la tienda porque preferíamos el frío que tan insoportable peste. El sargento 1º echó al ranchero de la tienda y, al girarse éste para salir, comprobó que llevaba manchada toda la espalda del mono. Resulta que, debido a la prisa que llevaba se quitó la parte de arriba del mono para dejar al aire la blanquecina zona del cuerpo donde termina la camiseta y se puso en cuclillas para cumplir tan urgente misión. Terminó y se volvió a poner la parte de arriba del mono sin darse cuenta de que el interior de la espalda tenía una gran ensaimada que había caído ahí porque, al quitárselo, no lo había recogido, quedándose en el suelo sobre el que fue a parar la materia evacuada del interior de su angustiado cuerpo. 


Y es que hay prendas a las que a uno le cuesta acostumbrarse, como me ocurrió a mí cuando llegué destinado a La Legión en mi primer destino de Oficial. Salía de tomar café en la Residencia de Oficiales para dirigirme a mi compañía —entonces se trabajaba por las tardes— y al salir por la puerta me cubrí con el chapiri mientras bajaba las escaleras exteriores poniéndome las manoplas a continuación. En ese momento giró la esquina del edificio el Comandante X. (actual General X.) y, con esa voz enérgica y ese semblante que impresionaba, me dijo "mi alférez, en La Legión los oficiales nos ponemos las manoplas en el interior del edificio y en el marco de la puerta nos cubrimos"; era mi primer chorreo legionario. 

Como el Cte. X. era el G-2 de la Brigada de La Legión, pasaba frecuentemente de inspección por el Cuerpo de Guardia y, cuando el plantón estaba un poco acarajotao, daba la voz de ¡GUARDIA EL COMANDANTE! cuando éste ya había entrado hasta la cocina y, de esa manera, el Oficial de Guardia se encontraba frente a él poniéndose el gorrillo y con las manoplas en la mano, con el consiguiente chorreo del comandante. Por eso, algún  que otro teniente y alférez cuando entraban de Oficial de Guardia, permanecían en el despacho con las manoplas puestas hasta que el Cabo de Barreras les informaba de que el Cte. X. había salido ya de la base hacia su casa. Desde aquel primer chorreo, siempre que me he puesto las manoplas me he acordado del entonces Cte. X, por muchos años que hayan pasado.

Pero una cosa es acostumbrarse mejor o peor a algunas prendas específicamente militares y otra cosa es no tener ni idea de qué es realmente el uniforme que se tiene. A un militar eso no le ocurre, pero sí a algún civil, como, por ejemplo, el que llamó por teléfono hace unas semanas al Museo Histórico Militar de Cartagena diciendo que quería donar un uniforme de Capitán General. El Subteniente del museo le hizo unas cuantas preguntas para saber de qué tipo de uniforme era, época, ejército, etc y, tras unos minutos de conversación al final el hombre contestó que se trataba el uniforme de capitán general ¡de su primera comunión!


Y luego están los que saben qué es un uniforme y equipo, pero no tienen claro su uso. Siendo alumno en la Academia General Militar íbamos a clase con uniforme de trabajo, es decir, con zapato y calcetín negro. Estando en una de las clases de la tarde sonó por la megafonía el toque de Generala, por lo que rápidamente salimos del aula y nos dirigimos a nuestras respectivas camaretas a cambiarnos de uniforme y a coger armamento y equipo de combate con el pensamiento de que sólo formaríamos, se comprobaría el tiempo total empleado para que la unidad estuviera dispuesta, se darían novedades y se romperían filas volviendo a nuestros quehaceres académicos, ya que a primera hora del día siguiente teníamos examen.

Efectivamente, formamos y se dieron novedades, pero no rompimos filas. Nos repartieron raciones de campaña de cena. Ya teníamos claro que nos llevaban al campo y cenaríamos fuera para volver antes del toque de Silencio, pero no; nos llevaron hasta el vértice Pedos, creo recordar, nos establecimos en línea de vigilancia por binomios y nos dispusimos a pasar la noche turnándonos entre los dos componentes del binomio para descansar. La mayoría de nosotros teníamos una única preocupación, que era el examen que teníamos a primera hora de la mañana y que estábamos seguros de que nadie en la AGM se apiadaría de nosotros cambiándolo de fecha a otro día. Sin embargo otros tenían otras preocupaciones, como por ejemplo, haberse puesto las botas con los calcetines negros que llevábamos puestos antes de la Generala, llevar la mochila medio vacía sin saco de dormir o no llevar el chaquetón en ella. Para algunos la noche se hizo muy muy larga por culpa de su ingenua creencia en la benevolencia de los protos. Y, por supuesto, a primera hora estábamos en la Academia dispuestos a hacer el examen.

No cabe duda de que en las academias militares no suele ser buena idea creer que te lo sabes todo, pues siempre hay un proto, o muchos, que rápidamente te tiran por el suelo todas tus esperanzas, tal como me ocurrió a mí en la Academia General Básica de Suboficiales cuando pretendía pasar a formar parte del coro con la única intención de tener posibilidades de salir los fines de semana aunque fuera a cantar por ahí —en esa época no se salía de fin de semana a no ser que fueras Mención Honorífica o Cuadro de Honor, condiciones que no alcancé nunca—. 

Los pretendientes a coristas fuimos convocados en el salón de actos y se nos hizo empezar a cantar una canción militar detrás de otra mientras el Capitán Páter —de los que iban a diario con uniforme de campaña— pasaba fila por fila y alumno por alumnos oyendo sus habilidades musicales. a unos les decía "quédate" y a otros les decía algo así como "lo siento, no vales, gracias". Cuando se plantó delante de mí levantó la vista, me miró a la cara y con la suya muy seria me dijo "¿con esa voz pretendes estar en el coro? Lárgate ahora mismo o te meto un paquete por escaqueado".

Y esto es todo por hoy.