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Hablar pocas veces de la profesión militar es una de las pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas. (Del art. 14 de las RR.OO de las FAs)

17 diciembre 2023

LA BOLSA DE BOMBONES

La extensa historia de nuestro Ejército conlleva la existencia de una gran cantidad de tradiciones. Algunas se perdieron con el tiempo, pero otras se mantienen. De estas últimas hoy hablaremos de la entrega de la bolsa de bombones a los oficiales del Arma de Ingenieros.

Se trata de una bolsa con bombones, morada, por supuesto, que se entrega a todos los alumnos de las diferentes escalas de oficiales que han existido a lo largo de la historia al despedirse de la Academia de Ingenieros cuando finalizan su formación unos días antes de su entrega de despachos en la Academia General Militar. 

El origen de esta tradición se remonta al primer cuarto del siglo XX durante los duros años de la guerra de Marruecos. Eran años en los que la polémica por los ascensos por méritos de guerra se mascaba día a día en las salas de banderas, sobre todo en las de los cuarteles de la Península. Muchos oficiales eran recompensados con ascensos por méritos de guerra que, si bien estaban justificados en muchos casos, sabemos de sobras que en otros muchos se concedían sin plenas garantías de justicia ni de que el ascendido realmente fuera merecedor de ello. En muchos casos estos ascensos se concedían para elevar el caché de una unidad tras acciones no demasiado relevantes ni, mucho menos, heroicas.

Mucho se ha escrito sobre las Juntas de Defensa, pero creo que poco se ha leído sobre ellas, visto lo visto. Una opinión muy extendida sobre estas juntas militares es que nacieron entre los oficiales destinados en la península en oposición a los ascensos por méritos de los que tanto se beneficiaban los oficiales destinados en África, cuando la realidad es que, aunque el asunto de los ascensos honoríficos fue también uno de los caballos de batalla de las juntas, no fue su origen. Su nacimiento se produjo, en 1916, como grupos de presión contra de la reforma militar de 1915 que pretendía un plan de reducción del excesivo número de oficiales mediante retiros anticipados que suponían la amortización de unos 4800 jefes y oficiales que quedarían sin destino y cobrando la mitad. Algo muy similar fue la Reserva Transitoria de 1986, pero en esta ocasión el de tan triste recuerdo Ministro de Defensa Narciso Serra aprendió la lección del fracaso de la época del gobierno de Eduardo Dato y la estableció con carácter voluntario y con unas condiciones económicas mucho más atractivas. 

En 1916 se creó la Junta de Defensa del aún denominado Cuerpo de Ingenieros, primera de todas ellas, e inmediatamente después los oficiales de Infantería crearon su propia junta. Lo primero que reclamó la de Ingenieros fue poder compatibilizar la Milicia con el ejercicio de la ingeniería a nivel particular y fue la de Infantería la primera en oponerse a los ascensos por méritos de guerra y al favoritismo en su concesión. A partir de ese momento empezaron a generalizarse las juntas de defensa en todas las armas y cuerpos del Ejército. Es decir, muy alejada de la realidad queda la absurda opinión tan generalizada de que las Juntas de Defensa fueron creadas por artilleros e ingenieros contra los ascensos por méritos de guerra que beneficiaban a infantes y a jinetes; así, como suena, como si en la Guerra de Marruecos no hubieran combatido artilleros e ingenieros...

Cuando las distintas juntas crecieron tuvieron un papel trascendental en la política española y unificaron ya sus reclamaciones, sobre todo en cuanto a retribuciones y a ascensos por méritos de guerra. En este sentido, la Junta de Defensa de Ingenieros se negó a este tipo de ascensos por un motivo lógico: este tipo de ascensos rápidos propiciaban que oficiales sin suficientes años de experiencia alcanzasen empleos superiores que les permitían hacer dictámenes y firmar proyectos técnicos de envergadura sin el suficiente aval de estudios y experiencia, lo que iba en detrimento del buen nombre y bien hacer del Cuerpo de Ingenieros. 

Por ello, en el momento de recibir sus despachos de teniente, los cadetes de la Academia de Ingenieros de Guadalajara eran reunidos por el director en presencia de todo el claustro de profesores y les instaba a firmar su renuncia a los ascensos por méritos de guerra en un libro que se guardaba en la Academia como testigo de su voluntad de renuncia. Mientras se realizaba el acto de la renuncia, en el exterior de la sala donde se realiza la firma, personal de la Academia repartía bombones a las madres, novias y demás familia de los cadetes, para hacer más dulce la espera.

Desde entonces, todas las promociones de oficiales del Arma de Ingenieros reciben una bolsa de bombones el día que se despiden de la Academia de Ingenieros y de su Bandera rumbo a la Academia General Militar para recoger sus despachos. 

Foto de mi bolsa de bombones que aún conservo (sin bombones, claro).


10 diciembre 2023

LA MÚSICA MILITAR (y III). Toques de ordenanza.

Tras el artículo del domingo pasado, que daba para mucho más pero que en algún momento había que cortar, hoy hablaremos de los toques de ordenanza o, al menos, de algunos toques de ordenanza, ya que sería largo y complejo hablar de todos los que ha habido a lo largo de la impresionante historia militar de España. 

Como ya escribí en la primera parte de esta serie dedicada a la Música Militar, para conocer el origen de nuestros toques de ordenanza nos tenemos que remontar a los comienzos de la más elemental historia bélica en la que las señales acústicas eran el vehículo transmisor de órdenes. Y de eso se trata, de transmitir órdenes mediante los sonidos de una corneta, generalmente el cornetín de órdenes.


En la página Caballipedia, además de otros muchos asuntos muy interesantes y, aunque con alguna carencia, bastante fieles a la realidad, podemos oír prácticamente todos los toques de ordenanza españoles actuales, que están bastante bien explicados en el RE7-001 Reglamento de Empleo. Toques Militares.

Según el RE7-001, los toques militares se clasifican en:

  • Toques para actos de Régimen Interior.
  • Toques de Orden Cerrado.
  • Toques de Instrucción y Campaña.
  • Toques para la rendición de Honores.
A su vez, estos toques pueden ser:
  • Toques de carácter general (son generalmente todos los de Régimen Interior).
  • Toques de corneta y tambor de Infantería (son prácticamente todos los de Orden Cerrado).
  • Toques comunes de unidades montadas (casi todos referentes a actos de Régimen Interior).
  • Toques de la Caballería.
  • Toques de Artillería Ligera y de Artillería de Montaña (conceptos ya en desuso).

Los de Instrucción y Campaña están totalmente en desuso, aunque llegué a conocer a un romántico que mandaba asaltar a toque de cornetín, como el Teniente Coronel de los paracaidistas británicos en la película Un puente lejano. También lo están los comunes a unidades montadas y para las artillerías Ligera y de Montaña. Por ello, me centraré en los toques de la vida diaria cuartelera (de Régimen Interior) y, sobre todo, en los de Orden Cerrado y Rendición de Honores, pero como no se trata de un resumen del reglamento y como casi todo en El Furriel tiene su pero, comentaré algunos toques concretos de los que muchas veces se desconoce su significado o su correcto y oportuno empleo. 

Una buena costumbre, a veces no demasiado practicada por los militares, es empezar por el principio, y el principio de casi todo toque militar es el toque de Atención en su versión simple o en su versión de Atención General, por lo que comenzaremos hablando de este toque. Todo toque de Régimen Interior debe ir precedido por el toque de Atención, salvo el de Silencio, que suena directamente sin preámbulo. En Orden Cerrado queda a criterio del mando su uso, pero teniendo en cuenta que el criterio debe ser coherente según el significado de cada toque y a quién va dirigido. 

Aquí es donde surge el primer pero. Desde hace muchos años el soldadito español tenía costumbre de poner letra a cada toque para recordar su significado —las letrillas—. El escaso nivel de conocimiento de un soldado de reemplazo sobre el verdadero significado de cada toque les llevó a creer, porque así lo solían oír en una época en la que había muchos generales pululando por los cuarteles casi seguro por la ausencia de SIMENDEF, que el toque de Atención General quería decir que había que prestar atención porque llegaba o estaba presente un general, componiendo su correspondiente letrilla como atención EL general. Sin embargo, en una época en la que sonaban varios toques de Régimen Interior para el ganado, para el personal, para la instrucción, para las teóricas —llamadas academias en esa época—, etc. Se diferenciaba si era un toque para una determinada facción del cuartel o de la unidad, en cuyo caso correspondía el toque simple de Atención o si era un toque para todo quisqui presente, en cuyo caso correspondía el de Atención General. Es decir, el origen del toque no era alertar de la presencia de un general, sino que era un toque con una orden general, vamos, para todo el mundo. 

Hasta antes de 2006 estaba oficialmente claro este concepto, aunque la gente (y no sólo soldados de reemplazo) siguiera creyendo que era el toque de atención EL general, pero aquel año entró en vigor el RE7-001 tergiversando oficialmente el sentido de este toque dando credibilidad al antiguo bulo de que se tocaría en presencia de un general. Y la prueba de que con este reglamento de 2006 se metió a martillazos este concepto —no sé si por desconocimiento— es que en el mismo reglamento, al hablar de la letrilla del toque, dice que puede ser Coronel... a...tención.. lo que demuestra que se dio esa letrilla porque también se tocaba ante la presencia de un coronel. 

En resumen, si se hiciera con lógica, en una acto militar se debería tocar Atención cuando es una orden para el personal formado (alto, alinearse, sobre el hombro, etc) y Atención General para alertar de un toque que afecta a todos los presentes, estén dentro o fuera de formación e independientemente de si preside un general, un coronel o alguien de cualquier otro empleo, como por ejemplo para el Himno Nacional al entrar la Bandera en formación o para el toque de Oración en el acto de homenaje a los Caídos, que afectan a todos los presentes. De hecho así era en mis primeros años de Milicia cuando en las paradas militares se diferenciaba entre el toque de Atención y el de Atención General en función de a quién iba dirigida la orden, no de quién presidiera el acto.

Y otro pero que se da prácticamente siempre actualmente es el del, para mí, incorrecto empleo del toque de Batallón y Llamada. En primer lugar, y a pesar que en todas las normas, circulares o instrucciones que se redactan actualmente de cara a una parada militar, se pone que se interpretará el toque de Batallón y Llamada —o la unión de estos dos toques—, cuando lo que realmente se interpreta es el toque de Batallón, Llamada y Tropa —o la unión de los tres— seguido por una marcha militar que es el momento en el que las unidades pasan a ocupar su puesto en formación. Por cierto, este toque, que es una orden para todas las unidades en formación, debe escucharse en la posición de firmes pues se está recibiendo una orden vía turuta, que para eso va precedido de Atención, no a discreción como tristemente se ve por ahí tantas veces...

En el siguiente vídeo se puede escuchar el toque que actualmente siempre se denomina Batallón y Llamada, cuando realmente es Batallón, Llamada y Tropa:


Para conocer qué parte es cada toque, en los tres siguientes vídeos se puede escuchar:

Atención y Batallón:

Llamada:

Y Tropa:

¿Y qué pasa cuando la unidad que compone una fuerza es una compañía, escuadrón o batería? Pues pasa que esto es otro banco pintado. Como el militar actual dedica muy poco tiempo a estas cosas,  no cae en que si la unidad que forma es una compañía no se puede tocar Batallón. Bueno, sí se puede, porque se oye todos los días, pero no se debe. Cada unidad tiene su toque en base a su entidad por lo que lo que debería interpretarse en ese momento previo a ocupar los puestos en formación cuando es una unidad de entidad compañía es el toque de Compañía, Llamada y Tropa.

Este es el toque de Compañía:

Y este sería el de Compañía, Llamada y tropa:

Y ya, para rematar el asunto de la errónea idea que se tiene sobre los toques de ordenanza, nos encontramos con los casos en los que, al ser unidades de Artillería o de Caballería, al Batallón, Llamada y Tropa le llaman Grupo y Llamada. También nos encontramos en La Legión con el invento del Bandera y Llamada —ignoro si los Regulares hablan de  Tabor y LlamadaEn estos casos es una muestra del total desconocimiento de esta materia. 

A ver, que nos gusta demasiado ser distintos. Un grupo, batallón, bandera o tabor es una unidad tipo batallón, guste o no guste. El toque con nombre propio Batallón no es sólo para uso de los batallones de Infantería o de Ingenieros, sino para uso de los grupos de Artillería, los de Caballería, los tabores de Regulares y las banderas de La Legión. Este toque no tiene diferentes nombres según el emblema que lleve cada unidad en el pecho, se llama toque de Batallón.

Todo tiene su razón de ser. En Artillería, por ejemplo, llamar Grupo al toque de Batallón deriva en llamar Batería al toque de Compañía. Pero resulta que ya existe otro toque distinto llamado Grupo y otro también llamado Batería, ambos con carácter táctico. También existe un toque denominado Escuadrón. Estos toques tienen su finalidad muy distinta a los de Batallón o Compañía por lo que cambiarles el nombre implica que se ejecuta un toque que no corresponde al que figura en la orden de preparación de la parada militar.

En fin, que como puede ver el lector, hasta una cosa tan simple como es el correcto empleo de cada toque de ordenanza lo tergiversamos, y es una pena. Menos mal que ya no se usan estos toques para el combate, pues con este guirigay y desconocimiento de los toques, menuda catástrofe.

¡Ay! qué buenos seríamos si nos preocupáramos por ser buenos en todo...


P.D.- Feliz patrona a los aviadores.


03 diciembre 2023

LA MÚSICA MILITAR (II). Marchas y canciones militares.

Tras la publicación de la semana pasada hablando un poco de música con el fin de reconocer la tan necesaria labor de nuestros músicos militares, me di cuenta de que es un tema que da para mucho más que para una sola parte; por ello me meto en el charco de escribir una segunda.

Y aquí tenemos que empezar a categorizar, porque la Música Militar debe estar constituida por marchas, toques de ordenanza y canciones. Supongo que todos tenemos claro cuáles son las marchas de desfile, cuáles los toques —aunque muchos no tienen ni repajolera idea de su significado— y cuáles las canciones, a pesar de que demasiadas veces se le llama a todo marchas militares. También es cierto que estas tres categorías no son estancas y hay canciones que también son marchas y toques que también son marchas o parte de ellas.

Una marcha es esa composición musical, con aire más o menos marcial dependiendo de la mentalidad del compositor, que se utiliza para desfilar. Una canción es la pieza que se canta, como ya dije en La Música Militar (I) el domingo pasado, para exteriorizar sentimientos de alegría por la victoria o de identificación de un ideal. Un toque es la transmisión de órdenes a través de instrumentos musicales con mayor o menor complejidad en su composición.

Como decía, estas tres categorías no son estancas, por lo que nos encontramos con canciones que sirven para desfilar, como la Canción del Legionario, o himnos que directamente son denominados como canción-marcha, como es el caso del Himno de Ingenieros. También hay casos en los que un toque de ordenanza se convierte en algún momento en marcha, como puede ser el caso del de Fajina una vez finalizado un desfile.

Lo de meterme en un charco que decía en el primer párrafo, lo digo porque creo que este del que voy a hablar hoy es un tema muy subjetivo en cuanto a gustos, aunque también hablaré de aspectos que creo totalmente objetivos, como los que son, por ejemplo, los relativos al correcto empleo y significado de los toques militares, principalmente en paradas y desfiles. Esta parte la dejaré para el domingo que viene que, por cierto, será el día de Nuestra Señora de Loreto, patrona de nuestros aviadores y... astronautas del Ejército del Aire... y del Espacio.

La parte subjetiva de este asunto es en la que cualquier aficionado a la Música Militar puede pegarse horas debatiendo sobre qué marcha militar le gusta más o qué canción le gusta menos. Yo que, como ya dije y según mi padre, aprendí a desfilar antes que a andar, soy un gran aficionado a oír y escuchar —que no es lo mismo— Música Militar. En mis largos, nocturnos y solitarios viajes en coche los domingos, cuando en la radio sólo hay fúrboh, hacia Zaragoza, Hoyo de Manzanares, Cerro Muriano o Viator, he sobrevivido al sueño y al cansancio gracias a horas y horas de marchas y canciones militares, de las que llevo casi un giga en el coche. 

Por eso tengo claro cuáles son para mí las mejores marchas y las más bonitas canciones militares. En el caso de las canciones la clasificación es la resultante de música y letra, de tal forma que la música tenga su carácter marcial y la letra sea, de verdad, la de una canción de guerra. No me cabe duda de que la más bonita canción, la que más me dice y la que más me llena es El Novio de la Muerte; la solemnidad de su música y el sentimiento de su letra son inigualables; pero me refiero al Novio de la Muerte de verdad, al cantado por las rotas voces de los legionarios y no por las dulces voces de coro que se oyen en ciertas desacertadas grabaciones. A partir de aquí ya sí me cabe duda de cuál es la siguiente en la lista, pues hay varias que, sin este orden necesariamente, me gustan mucho: Tercios HeroicosEl Zapador, el Himno de la Academia General Militar, el Himno de Caballería, el Himno de Intendencia, el Himno de la Armada (antiguo himno de la Escuela Naval Militar), Yo tenía un camarada o El Maestro (himno del desaparecido Regimiento de Infantería Jaén N.º 25). Es difícil hacer una lista completa y exacta pues, gracias a Dios, es extraordinaria la cantidad de canciones militares que tenemos en España.



Mención especial requiere el recitado de la Canción del Soldado que, aunque el resto de la canción no llegue a tanto, despierta en mí sentimientos muy similares a los que me produce el Novio de la Muerte:


¡SOLDADOS!

La Patria entera, 

para nosotros sagrada, 

palpita en esa Bandera

que nos entrega la Nación.

Traidor es quien la abandona

o la vuelve mancillada

y la Patria no perdona

el crimen de la traición.


Y, por supuesto, pocas cosas me hacen vibrar tanto como el Himno Nacional de España por lo que significa, no por su belleza musical ni por su marcialidad, ya que actualmente se ha convertido en algo rápido como de que acabe pronto. No hay ni una vez que lo oiga que no recuerde esa majestuosa y elegante versión anterior a 1997. Ahora se ve a las banderas entrar en formación corriendo para llegar a a su puesto mientras suena el escaso tiempo que dura; sin embargo, antes entraba la Bandera tan solemnemente que la tan larga interpretación del Himno no nos cansaba a los que manteníamos el pesado CETME C en Presenten. Lo siento, pero no me gusta el arreglo que hizo el, para mí, excesivamente elogiado y primer músico militar que llegó a general cuando el empleo máximo a alcanzar en ese cuerpo estaba fijado en teniente coronel. Pero esta es otra historia...

¿Y las marchas? Pues si canciones hay muchas, marchas ya ni te digo... Cuando oigo una marcha militar siempre, siempre, la imagino desfilándola. Soy militar, no músico, por lo que mi valoración de la calidad de una marcha está siempre definida por su capacidad de invitar a desfilar. Una buena marcha, además de que sea bonita, debe hacer que las piernas echen a andar solas y que el braceo salga solo. Y de éstas, no hay tantas. Al igual que me pasa con las canciones, no sé con exactitud cuál es la mejor marcha militar, pero me atrevería a decir que Los Voluntarios está a la cabeza. Muy seguidamente están otras marchas que invitan a mover las piernas: Heroína, San Marcial, Los Generales, Bandera y Patria, El Turuta, San Quintín, Desfilando —no confundir con Desfilar, que no vale nada—, Badajoz, Ganando Barlovento —muy bonita, pero que la Armada debe creer que no existe otra marcha pues casi siempre desfilan con ella— Mares y vientos, compuesta por el abuelo de mi buen amigo Chani, Proa a la mar o Pilotos en vuelo.




Además de todas estas, en España hay muchísimas marchas que, unas por ser muy antiguas cuando los ritmos de desfilen eran más lentos y otras por la poquísima calidad militar aunque tengan una gran calidad musical, no son de las que te ensalzan el espíritu y te hacen desfilar por el pasillo de tu casa. 


26 noviembre 2023

LA MÚSICA MILITAR (I)

El pasado 22 de noviembre se celebró el día de Santa Cecilia, Patrona del Cuerpo de Músicas Militares, por lo que esta semana El Furriel quiere hacer su pequeño homenaje a estos disciplinados y desapercibidos soldados que, además, son músicos. Y qué mejor para hablar de los músicos militares que hablar de la imprescindibilidad de la Música Militar.


Echando la vista atrás, a los orígenes, nos tenemos que remontar a los comienzos de la más elemental historia bélica en la que las señales acústicas eran el vehículo transmisor de órdenes para avisar de la presencia del enemigo, para reunirse o para atacar. Más tarde la melodía unida a la palabra proporcionaba al guerrero una forma de exteriorizar sentimientos de alegría por la victoria o de identificación de un ideal. Finalmente la música también ha servido al soldado para lograr el acompasamiento del paso de tal forma que los desplazamientos de tropas fueran de forma ordenada y uniforme, es decir, de forma militar. 

De una manera muy general se podría definir la Música Militar como una combinación armónica y rítmica de sonidos destinada a estimular la disciplina del cuerpo, así como a despertar en el alma la vibración patriótica y los sentimientos guerreros —Ricardo Fernández de la Torre. Historia de la Música Militar de España. Publicaciones de Defensa—. 

La faceta de proporcionar la posibilidad de desfilar es la que parece que la define en la actualidad, aunque de una manera muy simplona, ya que, además de las marchas de desfile, todo el repertorio de canciones que se cantan en las unidades militares, incluidos los himnos, así como los toques de ordenanza, son Música Militar. También canciones cuarteleras no oficiales como la ya en desuso Margarita se llama mi amor, la versión española de Lili Marlen o la legionaria Pobrecitos maridos infelices pueden, y deben, ser consideradas parte de la Música Militar de España.

La historia de la Música Militar ha pasado por muy diferentes etapas, desde los primeros usos de rudimentarios instrumentos de percusión, pasando por instrumentos de cuerda de carácter no demasiado guerrero hasta, incluso, la supresión de los tan militares tambores en la I República Española. Sí, aunque parezca mentira, los tambores estuvieron prohibidos en los ejércitos de España desde 1873 hasta 1892. ¡Veinte años sin tambores! Ni la Música Militar se ha escapado de sufrir las absurdas arbitrariedades a las que, desgraciadamente, estamos tan acostumbrados los militares españoles.

¿Y en la actualidad? Pues en la actualidad sobrevivimos con una escasísima existencia de unidades de música ya que la Música Militar se ha relegado a la rendición de honores y paradas, y teniendo en cuenta la poca importancia que se da ahora a conseguir la excelencia en los actos militares, viendo lo que se ve por ahí, es normal la tan pequeña presencia de unidades de música. Ni siquiera a los toques de ordenanza reglamentarios se les da la relevancia que tienen. ¿Cuántos jóvenes soldados conocen y saben qué significa el toque de Llamada, el de Fajina —sí, fajina se debe escribir con jota—, el de Retreta, el de Generala o el de Asamblea? Es más, ¿en cuántos cuarteles ya no se oye por megafonía ningún toque de ordenanza?

A principios del siglo XX había, sólo en el Ejército de Tierra, más de cien bandas de música; cada regimiento y batallón independiente tenía su banda de música. Bandas que, además, estaban mandadas por unos magníficos directores de entre los que sobresalieron reconocidísimos compositores de gran talla en distintos géneros musicales. Actualmente, según dice el Portal de Cultura de Defensa, sólo hay veintiséis unidades de música, sumando las de los tres ejércitos. Incluso las bandas de guerra se han visto tan mermadas que ya sólo existen a nivel brigada y, en muchos casos, ni pueden llegar a cumplir dignamente sus cometidos por falta de personal lo que lleva, en más ocasiones que las deseadas, a tener que usar música enlatada a través de la megafonía.

El problema es que el reducidísimo número actual de unidades de música  no es proporcional al número de actos oficiales en los que se requiere la participación de la Unidad de Música, por lo que nuestros magníficos Músicos Militares tienen una gran carga de participación en cuantos  saraos se organizan en el ámbito de las FAs. Y, a pesar de ello, nunca se quejan —al menos los de las unidades de música que yo conozco—. Cumplen magníficamente y de sobras con las exigentes agendas que tienen y, sin embargo, parece que no se les reconoce su labor tanto como se merecen; quiero decir que pocas veces se habla de la participación de los músicos en una parada militar, parada que sería una ruina si no fuera, también, por la respectiva Unidad de Música y, en su caso, Banda de Guerra. ¿Alguien se imagina un acto de La Legión con música enlatada?


En mis destinos en la Fuerza siempre me ha gustado felicitar a los músicos tras un acto o, incluso, tras un simple ensayo. Siempre me ha parecido admirable su disciplina, su buen hacer y su silencio a pesar del sonido de sus instrumentos. Para mí sus actuaciones son siempre muy brillantes, muy disciplinadas y muy abnegadas —nunca alcanzaré a entender, por ejemplo, qué nivel tienen los músicos legionarios que son capaces de soplar sus instrumentos mientras desfilan a 160 pasos por minuto—. Son la viva imagen del nunca se sabrá de mis hazañas por mis propios labios...

Feliz Patrona y muchas gracias.

19 noviembre 2023

ANECDOTARIO (III)

Pues ya estamos en la tercera entrega de este Anecdotario; vamos, batallitas de toda la vida. Según van pasando los días voy recordando muchas anécdotas vividas en primera persona en algunas ocasiones o de las que fui testigo en otras. De momento no estoy contando casos que me han contado otras personas, pero quién sabe si algún día...

Y entrando en materia recuerdo el caso de las paletas (dientes) del Cabo H. El Cbo. H. era un Auxiliar de Instrucción del Batallón de Instrucción Paracaidista que llevaba las dos paletas postizas. Era un tipo muy disciplinado y buen cumplidor de sus obligaciones, cualidades que le llevaron a perder las paletas en el barro cuando una noche de maniobras, tras oír la voz de alarma, salió tan apresuradamente de la tienda de campaña para formar al pelotón que tropezó con un viento y calló de bruces al suelo. Un instante después salíamos un sargento y yo de la tienda modular próxima y nos encontramos al Cbo. H. a cuatro patas buscando sus paletas entre el barro, sin éxito, por supuesto. 

Tras la alarma, cuya única finalidad era sacar de los sacos de dormir a los alumnos, se trataba de dar un golpe de mano al vivac y el Cbo. H. simulaba que era el equipo de cobertura, que llevaría teóricamente dos ametralladoras MG. Según habíamos convenido en el ensayo de por la tarde, en el momento convenido el Cbo. H. comenzaría a pegar unos potentes silbidos, simulando que las ametralladoras estaban cantando, señal para que el equipo de asalto forzara la entrada en el vivac con la cobertura de las ficticias ametralladoras, pero nada ocurrió. Un silencio sepulcral y todos, cada uno en su puesto, esperando a que el cabo silbara. Pasados unos segundos, que me parecieron minutos y que fueron suficientes para que me cogiera un cabreo descomunal, me fui corriendo hasta donde se encontraba y, tras preguntarle y contarme por qué no silbaba, le dije que por qué no gritaba, por ejemplo, RA TA TA TÁ o FUEGO, FUEGO, FUEGO, o lo que fuera, a lo que me respondió, como buen cumplidor que era, "que se le había ordenado que silbara, no que gritara nada". En ese momento, adivinando la expresión de mi cara en la oscuridad,  el cabo empezó a gritar RA TA TA TA TÁ y, por fin, se pudo atacar el vivac con el sonido de fondo de alguna que otra carcajada. Está claro que sin dientes no se puede silbar y sin iniciativa las cosas suelen salir mal.

Lo que le sucedió al Cbo. H es una de esas cosas del directo de las que es difícil prever que te van a asegurar el fracaso, como lo que le ocurrió a un ranchero tras un apretón de vientre. Última noche de maniobras en San Gregorio y, como no existía aún la actual Zona de Espera, estaba mi compañía instalada frente a la Paridera del Santísimo cuando ese campo de maniobras aún era un paraíso por el que te  podías mover con total libertad, podías poner explosivo donde te diera la gana y podías realizar todas tus necesidades donde te apeteciera con la única condición de tener un simple zapapico y un poco de intimidad. 

Hacía frío y los sargentos nos metimos en la tienda de la cocina ARPA donde el sargento 1º auxiliar de la compañía dirigía la elaboración de la cena. Uno de los rancheros, que vestía mono de trabajo verde, pidió permiso para salir pues le estaba apretando la tripa y salió corriendo. Al rato volvió y empezamos a oler tan mal que decidimos salirnos de la tienda porque preferíamos el frío que tan insoportable peste. El sargento 1º echó al ranchero de la tienda y, al girarse éste para salir, comprobó que llevaba manchada toda la espalda del mono. Resulta que, debido a la prisa que llevaba se quitó la parte de arriba del mono para dejar al aire la blanquecina zona del cuerpo donde termina la camiseta y se puso en cuclillas para cumplir tan urgente misión. Terminó y se volvió a poner la parte de arriba del mono sin darse cuenta de que el interior de la espalda tenía una gran ensaimada que había caído ahí porque, al quitárselo, no lo había recogido, quedándose en el suelo sobre el que fue a parar la materia evacuada del interior de su angustiado cuerpo. 


Y es que hay prendas a las que a uno le cuesta acostumbrarse, como me ocurrió a mí cuando llegué destinado a La Legión en mi primer destino de Oficial. Salía de tomar café en la Residencia de Oficiales para dirigirme a mi compañía —entonces se trabajaba por las tardes— y al salir por la puerta me cubrí con el chapiri mientras bajaba las escaleras exteriores poniéndome las manoplas a continuación. En ese momento giró la esquina del edificio el Comandante X. (actual General X.) y, con esa voz enérgica y ese semblante que impresionaba, me dijo "mi alférez, en La Legión los oficiales nos ponemos las manoplas en el interior del edificio y en el marco de la puerta nos cubrimos"; era mi primer chorreo legionario. 

Como el Cte. X. era el G-2 de la Brigada de La Legión, pasaba frecuentemente de inspección por el Cuerpo de Guardia y, cuando el plantón estaba un poco acarajotao, daba la voz de ¡GUARDIA EL COMANDANTE! cuando éste ya había entrado hasta la cocina y, de esa manera, el Oficial de Guardia se encontraba frente a él poniéndose el gorrillo y con las manoplas en la mano, con el consiguiente chorreo del comandante. Por eso, algún  que otro teniente y alférez cuando entraban de Oficial de Guardia, permanecían en el despacho con las manoplas puestas hasta que el Cabo de Barreras les informaba de que el Cte. X. había salido ya de la base hacia su casa. Desde aquel primer chorreo, siempre que me he puesto las manoplas me he acordado del entonces Cte. X, por muchos años que hayan pasado.

Pero una cosa es acostumbrarse mejor o peor a algunas prendas específicamente militares y otra cosa es no tener ni idea de qué es realmente el uniforme que se tiene. A un militar eso no le ocurre, pero sí a algún civil, como, por ejemplo, el que llamó por teléfono hace unas semanas al Museo Histórico Militar de Cartagena diciendo que quería donar un uniforme de Capitán General. El Subteniente del museo le hizo unas cuantas preguntas para saber de qué tipo de uniforme era, época, ejército, etc y, tras unos minutos de conversación al final el hombre contestó que se trataba el uniforme de capitán general ¡de su primera comunión!


Y luego están los que saben qué es un uniforme y equipo, pero no tienen claro su uso. Siendo alumno en la Academia General Militar íbamos a clase con uniforme de trabajo, es decir, con zapato y calcetín negro. Estando en una de las clases de la tarde sonó por la megafonía el toque de Generala, por lo que rápidamente salimos del aula y nos dirigimos a nuestras respectivas camaretas a cambiarnos de uniforme y a coger armamento y equipo de combate con el pensamiento de que sólo formaríamos, se comprobaría el tiempo total empleado para que la unidad estuviera dispuesta, se darían novedades y se romperían filas volviendo a nuestros quehaceres académicos, ya que a primera hora del día siguiente teníamos examen.

Efectivamente, formamos y se dieron novedades, pero no rompimos filas. Nos repartieron raciones de campaña de cena. Ya teníamos claro que nos llevaban al campo y cenaríamos fuera para volver antes del toque de Silencio, pero no; nos llevaron hasta el vértice Pedos, creo recordar, nos establecimos en línea de vigilancia por binomios y nos dispusimos a pasar la noche turnándonos entre los dos componentes del binomio para descansar. La mayoría de nosotros teníamos una única preocupación, que era el examen que teníamos a primera hora de la mañana y que estábamos seguros de que nadie en la AGM se apiadaría de nosotros cambiándolo de fecha a otro día. Sin embargo otros tenían otras preocupaciones, como por ejemplo, haberse puesto las botas con los calcetines negros que llevábamos puestos antes de la Generala, llevar la mochila medio vacía sin saco de dormir o no llevar el chaquetón en ella. Para algunos la noche se hizo muy muy larga por culpa de su ingenua creencia en la benevolencia de los protos. Y, por supuesto, a primera hora estábamos en la Academia dispuestos a hacer el examen.

No cabe duda de que en las academias militares no suele ser buena idea creer que te lo sabes todo, pues siempre hay un proto, o muchos, que rápidamente te tiran por el suelo todas tus esperanzas, tal como me ocurrió a mí en la Academia General Básica de Suboficiales cuando pretendía pasar a formar parte del coro con la única intención de tener posibilidades de salir los fines de semana aunque fuera a cantar por ahí —en esa época no se salía de fin de semana a no ser que fueras Mención Honorífica o Cuadro de Honor, condiciones que no alcancé nunca—. 

Los pretendientes a coristas fuimos convocados en el salón de actos y se nos hizo empezar a cantar una canción militar detrás de otra mientras el Capitán Páter —de los que iban a diario con uniforme de campaña— pasaba fila por fila y alumno por alumnos oyendo sus habilidades musicales. a unos les decía "quédate" y a otros les decía algo así como "lo siento, no vales, gracias". Cuando se plantó delante de mí levantó la vista, me miró a la cara y con la suya muy seria me dijo "¿con esa voz pretendes estar en el coro? Lárgate ahora mismo o te meto un paquete por escaqueado".

Y esto es todo por hoy.


12 noviembre 2023

ANECDOTARIO (II)

Tras terminar de escribir el Anecdotario de la semana pasada, me siguieron viniendo a la cabeza recuerdos de otras situaciones vividas a lo largo de mi ya larga vida militar y me surgió la duda de si realmente todos esos recuerdos podían considerarse anécdotas. De modo que, con la genuina mentalidad militar, me fui a ver qué decía sobre esto el reglamento. El Diccionario de la Real Academia Española dice, entre otras acepciones, que una anécdota es el relato breve de un hecho curioso que se hace como ilustración, ejemplo o entretenimiento. Bueno, espero ir más o menos encaminado y que esté siendo breve y entretenido.

Como decía el domingo pasado, los alumnos en los centros militares siempre dan mucho juego a la hora de generar anécdotas. Uno de estos casos es el que me ocurrió con un alumno que inventó un nuevo método de orientación en el campo. Durante las primeras maniobras de su vida militar (enmarcadas en la Fase de Formación General Militar cuando llevaban alrededor de mes y medio), realizábamos una noche de soledad en la que se daba una zona a cada sección y de ésta se marcaban itinerarios a los pelotones. A lo largo de ese itinerario el sargento iba dejando a cada lado del camino (metidos entre la maleza y las arboledas y a unos 10/20 metros del camino), separados alrededor de 80/100 metros entre sí a todos los alumnos del pelotón de uno en uno. Así pasaban la noche totalmente aislados y por la mañana, a una hora determinada, deberían todos, individualmente, estar de regreso en el vivac. La noche de soledad casi siempre acababa con alguna novedad que se solventaba con la constante vigilancia de los instructores a lo largo de la zona asignada. Era normal el caraja que se perdía, el asustadizo que no pegaba ojo toda la noche o el sobrao que recuperaba el sueño perdido y no abría el ojo hasta que el sol le pegara ya de lleno en la cara o el sargento le diera un suave buenos días al oído.

Pero una de estas noches ocurrió algo diferente, no porque faltara uno por replegarse sobre el vivac, que era lo normal y había que ir a buscarlo, sino por el lugar hacia donde se encaminó. Estábamos en Las Navetas, zona de la Cresta del Gallo (Murcia), y el tío, en vez de aparecer en el vivac apareció en el cuartel (a unos 20 km del campamento). Entre Las Navetas y Javalí Nuevo —recuerdo, Javalí con V— hay zonas pobladas y polígonos industriales por los que, si no conoces bien el camino, puedes dar varios rodeos. Tras volver al vivac en el vehículo que enviamos al cuartel a recogerlo, el tío dijo que se había despistado con el horario porque no llevaba reloj y que empezó a andar para no llegar tarde y que, sin darse cuenta, apareció en el pueblo del Palmar y de ahí ya pues siguió hasta el cuartel. Preguntado sobre cómo supo el camino para llegar al cuartel, dijo que se había orientado ¡por las farolas! Vamos, que el tío no llevaba reloj, pero sí dinero para un taxi.

Vista de Murcia desde la Cresta del Gallo. Como para orientarse por las farolas...

Y es que, claro, entre dormir en el suelo en invierno o echar un par de horas en la cama tras darte una ducha en el cuartel mientras llegan a recogerte, es sólo superable por tener a tu propia madre viviendo contigo en la camareta, como pretendía la madre de una alumna el día de su incorporación. La señora, que acompañó a su hija al cuartel como tantos otros padres a sus hijos, pretendía que se le diera también alojamiento junto a su hija. La señora no atendía a razones. Ella sólo decía que no podía dejar sola a su hija con tanto hombre y que tenía que vivir con ella. Cuando la paciencia se me iba acabando se lo dije al Teniente Coronel quien, con su acertado superior criterio y conociendo mi no muy abundante paciencia, mandó como parlamentaria a la Teniente Médico, quien, tras otro buen rato de charla, consiguió hacer entrar en razón a la señora. La pobre chica lo pasó mal durante su formación por falta de casi todas las aptitudes necesarias, pero en actitud iba sobrada, pues le echó muchos pares de narices hasta conseguir ser Dama Legionaria Paracaidista. Con esa madre, estoy seguro de que su actitud era el seguro para salir de su casa.

En cuanto a actitud he visto varios casos verdaderamente admirables, como el del chico de familia humilde que, sin tener ropa de deporte, llegó a hacer las pruebas físicas de ingreso en vaqueros y zapatos y, encima, hizo un tiempo estupendo en la carrera de los mil metros. Sí, como lo cuento, zapatos; en esa época aún había jóvenes que tenían zapatos y no iban siempre con zapatillas de deporte...

O también positiva era la actitud de aquel alumno negro de mi sección del que destacaban unos dientes muy blancos y que, tras decirle en broma que de noche no abriera la boca para no ser visto por el enemigo, llegó a la siguiente instrucción nocturna con los dientes pintados con rotulador negro. Tardó un par de semanas en volver a tener los dientes blancos. Actitud positiva, pero mal de la pelota.


También recuerdo otra actitud muy echá palante en un alumno durante los prolegómenos del desfile del Día de la Fiesta Nacional en la Castellana. Ese día la BRIPAC desfilaba con dos compañías de la I BPAC y una compañía del BIP. Para conformar la compañía metimos a unos seis o siete alumnos porque no teníamos suficientes cabos y CLPs destinados. Estando en la posición de inicio del desfile, teníamos detrás a la unidad de La Legión, que ese año era la BOEL. Llegó el momento de cánticos y piques y empezamos a oír gritar ¡pistolos! Creyendo que los gritos procedían de los veteranos legionarios amedrentando a nuestros jovencillos alumnos, fuimos los oficiales hacia atrás y comprobamos que uno de los alumnos, precisamente el más bajito y con más cara de niño, se desgañitaba provocando a los veteranos legías de la BOEL y les hacía peinetas con el dedo corazón extendido. Menos mal que el entonces Jefe de la BOEL —y después JEME— se lo estaba tomando a coña y todos allí se reían. 

Sin embargo, también he conocido casos de falta de actitud, como el de la mayoría de los componentes de un ciclo ante el salto de combate. El Curso Básico de Paracaidismo para Tropa consta de seis saltos diurnos sin equipo ni armamento dirigidos por los instructores de la Escuela Militar de Paracaidismo (EMP) de Alcantarilla. Es decir, sólo seis saltos en los que se adquiere la técnica del salto exclusivamente. Como en las unidades de destino lo normal es saltar con equipo y armamento, en el BIP (y UFPAC) organizábamos el denominado 7º Salto antes de enviarlos a sus respectivas unidades, que era un lanzamiento en el que, ya con sus mandos orgánicos y con mochila y armamento, generalmente era seguido por una marcha con la que se iniciaba un ejercicio Alfa de cinco días de la Fase de Formación Específica. Este salto, aunque no tuviéramos abajo al enemigo haciéndonos fuego, era conocido entre los alumnos como salto de combate. Lo de saltar fuera del colchón de la EMP con fusil y mochila con equipo para cinco días, además de ser menos restrictivo el límite de viento asumible al no ser ya alumnos del curso, le quitaba el sueño a más de uno y ese insomnio se contagiaba a veces. Y una de estas veces el contagio fue absoluto. Una pandemia. 

¡A formar la compañía! gritó el cuartelero y ahí sólo salimos los mandos y unos pocos alumnos preparados para bajar andando hasta la EMP (unos 4 km) y empezar unas maniobras con un salto. Recuerden que es un centro de formación y entre la voz del cuartelero y las de los instructores y auxiliares dando voces por la compañía metiendo prisa a los alumnos pasa medio segundo. Esta vez no había nadie por los pasillos; no nos podíamos creer lo que estaba pasando. Los alumnos estaban metidos en los baños o debajo de las camas suplicando por su miedo al terrible salto de combate. Inusualmente el miedo se había extendido del todo porque la tarde antes, en el Mesón de Tropa, unos veteranos CLP,s de la III Bandera Paracaidista habían pasado una alegre tarde riéndose de los alumnos metiéndoles miedo por el salto de combate, del que contaban la cantidad de nuertos que había tenido. Costó sacarlos, pero haciendo gala de una ejemplar psicología militar, lo conseguimos y llegamos a la hora a la EMP. Finalmente los 120 alumnos que componían ese ciclo saltaron sin novedad. Como para no saltar, con el cabreo que teníamos los mandos...


El domingo que viene, más.

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05 noviembre 2023

ANECDOTARIO (I)

El otro día un compañero de promoción me decía que tenía que escribir en El Furriel las vivencias a lo largo de mi vida militar. Le agradezco la confianza que tiene en mí pensando que puedo escribir una entrada en este blog hablando de mi vida militar con un estilo suficientemente interesante como para conseguir mantener el pequeño número de lectores que tengo. Es verdad que mi vida militar no ha sido nada aburrida, al menos para mí, pero ha sido muy similar a la de muchos, por lo que creo que contarla aquí no sería lo suficientemente interesante ni tendría nada curioso que escribir. En este blog me gusta recordar cosas pasadas, explicar el porqué de muchas cosas y, a veces, intentar hacer nacer la curiosidad por cosas que no terminan de hacerse como deberían. De ahí a contar mi vida, pues hay diferencia. 

En lo que sí he pensado un poco es en algunas cosas concretas, anécdotas, que me han ocurrido o que le han ocurrido a otros a mi alrededor. Por eso he decidido contar aquí algunas de las que recuerdo, intentando redactarlas con la suficiente soltura simpática como para no aburrir.

La primera que me vino a la memoria es la que me ocurrió, allá por 1990 o 1991, siendo joven sargento en mi primer destino tras salir de la Academia, el Regimiento de Ingenieros nº 1 del Núcleo de Tropas Divisionario de la División Acorazada "Brunete", que se encontraba en esos años en Colmenar Viejo. Encontrándose mi compañía (la 2ª de Zapadores) de ejercicio Alfa en el Campo de Maniobras de El Palancar (Hoyo de Manzanares), tocaba a mi pelotón dar la seguridad del vivac esa noche. Distribuí la noche por binomios y nos fuimos a dormir después de finalizar la instrucción nocturna. El Palancar es una zona en la que empieza la sierra madrileña en la que abundan los jabalíes, animales que acuden por las noches a cualquier lugar al que el fuerte olor o la basura les atraiga. Al tratarse de una compañía mecanizada —por cierto, la primera en España en tener en dotación los TOA-VCZ— el fuerte olor que desprendía el combustible quemado atraía a la zona de aparcamiento del vivac a los jabalíes. Por la mañana, al grito de Diana, salí de mi tienda de campaña y vi que el binomio que estaba de servicio en ese momento era el que tenía que haber comenzado los turnos a primera hora de la noche. El enfado que me cogí fue tan descomunal (los que me conocen saben cómo me cabreo cuando me cabreo) que los pobres soldaditos de reemplazo no se atrevieron a dar ni la más mínima explicación. A los pocos minutos un cabo me pidió hablar conmigo para explicarme lo que había ocurrido. Los dos zapadores, siendo la primera vez que tenían contacto con un jabalí, se asustaron cuando los vieron aparecer y se subieron encima de un TOA. Tenían tanto miedo que pasó la hora de su turno, la del turno siguiente y la del siguiente sin tener valor a bajarse para despertar a los siguientes binomios que entraban en turno de actividad, de tal manera que se quedaron toda la noche sobre el vehículo esperando a que llegara la hora de gritar ¡Diana!. Se me pasó el enfado, claro está, y el resto del pelotón agradeció que les dejaran dormir las pocas horas que se duerme en maniobras. 


Pensando en otras anécdotas me han llegado a la memoria unas cuantas de mi periodo de instructor en el Batallón de Instrucción Paracaidista (BIP), cambiado el nombre desde 2003 por el de Unidad de Formación Paracaidista (UFPAC). Este periodo —en mis empleos de teniente y de capitán— da mucho juego a la hora de contar anécdotas porque los alumnos, debido principalmente a su falta de experiencia, ocasionan muchas anécdotas y más teniendo en cuenta que los ciclos de incorporación de tres meses se solapaban unos con otros para completar once ciclos al año en los que una sección tenía alrededor de 100 alumnos y la compañía podía llegar perfectamente a tener más de 400 alumnos aspirantes a CLP (Caballero Legionario Paracaidista) de hasta tres ciclos distintos a la vez (unos recién llegados, otros a mitad de formación y otros a punto de terminarla). Este es el motivo de que esta entrada se llame ANECDOTARIO (I), porque creo puede tener miga como para una segunda parte. 

De aquella época recuerdo cuando a Bea la Legionaria —la posteriormente conocida concursante de Gran Hermano 6— le puse, por casualidad, el mote de La 9 mm. Corría el año 1999 cuando, siendo alférez legionario, fui comisionado al BIP para la instrucción de los aspirantes a Caballeros Legionarios cuya formación se realizaba allí en esa época, como la de toda la Tropa profesional de la Fuerza de Acción Rápida (BRILEG, BRIPAC, BRILAT y MOE). Hasta unos años después en que cambió a los centros de selección de las delegaciones de Defensa, se realizaban en los centros de formación las pruebas de selección y era una semana en la que te pululaban por el cuartel muchos civiles que aún estaban en proceso de selección. En la primera noche de uno de aquellos ciclos, encontrándome de Oficial de Cuartel, me dirigí a un grupo de aspirantes que estaban de charla en un jardín junto a la compañía donde estaban alojados advirtiéndoles de que quedaban diez minutos para el toque de Silencio y que en ese momento debían estar en sus respectivas camas. En ese grupo había una chica que parecía llevar la voz cantante en esa reunión y a la que, por lo visto, le hizo gracia la borla de mi chapiri e hizo un par de comentarios pretendiendo hacerse la graciosa. Le dije que el Suboficial de Cuartel saldría a por ellos si no entraban y ella preguntó "¿el Suboficial de Cuartel es el del culito gracioso?". Fui al Suboficial de Cuartel de esa compañía y le advertí del grupo que no tenía pinta de querer observar el toque de Silencio. Literalmente le dije que "hay un grupo de aspirantes con una chica que tiene una cicatriz redonda en la frente que parece un disparo de calibre 9 mm y que parece tener mucho peligro, vete para allá y que se metan en sus camaretas". Al día siguiente ya todos la conocían por la 9 mm. Fue baja, no recuerdo si voluntaria o médica, y volvió un año después, estando yo ya destinado allí, y consiguió terminar su formación e incorporarse a su destino en la BRILEG.


En asunto de exámenes podía uno encontrarse cualquier cosa, como dar por respuesta "José Luis Rodríguez Zapatero" al ser preguntado por el nombre del Jefe de la Brigada Paracaidista o responder “aguantar despierto para que no te pille el Suboficial de Guardia” al ser preguntado por las misiones del Imaginaria. Son cosillas de novato fruto de la inexperiencia y de la inmadurez de algunos, como el caso en que, no sé si por inmadurez o por cara dura, un alumno se pega dos semanas en paradero desconocido, habiéndose elevado el pertinente parte por el delito de abandono de destino, y cuando regresa al cuartel, pisando moqueta en el despacho del capitán, le pregunta con cara de sorpresa y de incredulidad: "¿es que me va a arrestar? 

En cuanto a ausencias del destino de forma injustificada se producían continuamente en aquella unidad de formación de Tropa. Generalmente, hasta el segundo fin de semana en la unidad no se les permitía obtener el pase de pernocta de fin de semana para pernoctar fuera del cuartel. Tanto de teniente a mi sección como luego de capitán a la compañía siempre les decía lo mismo "me da igual cómo volváis el domingo: en tren, en coche, en autobús, en auto-stop, en bici, andando, a caballo o secuestrando un  avión, pero el domingo a Retreta todo el mundo aquí". Y llegó el momento en el que tuve que dejar de decir esa frase, pues alguno se lo tomó demasiado al pie de la letra. 

Después de tantos años aún recuerdo los apellidos de aquél alumno, M.V. El lunes por la mañana me dio novedades el Suboficial de Cuartel de los retrasos a Control Nocturno de la compañía y de la falta del Alumno M.V. Di novedades a mi Teniente Coronel y así nos plantamos en el martes, que M.V. seguía sin aparecer. El Capitán de la S-1 se puso en contacto con su domicilio en Motril (Granada) y su familia nos dijo que había salido hacia Murcia el domingo por la mañana, pero no sabían en qué medio. La situación empezaba ya a preocupar, por lo que la Plana Mayor empezó a hacer gestiones con la Policía y con la Guardia Civil para localizarlo. Alrededor de la hora de la cena del martes me llamó a mi casa el Suboficial de Cuartel diciéndome que M.V. había llegado al cuartel ¡en bicicleta!

Por la mañana llamé a M.V. a mi despacho a que me explicara los sucedido. Resulta que el viernes se fue a Motril con dos veteranos CLPs de la III Bandera Paracaidista, que está ubicada en el mismo cuartel de Javalí Nuevo —sí, es Javalí con V—, pero que yendo hacia allá les avisaron de que tenían el lunes de vidilla, por lo que le dijeron al Alumno M.V. que no volverían el domingo. Nuestro disciplinado y cumplidor aspirante intentó, sin conseguirlo, sacar billete de vuelta en tren y en autobús, por lo que como máximo cumplidor de las órdenes de su capitán se cogió su destartalada y vieja bicicleta y se vino hasta Murcia (más de 300 km), para lo que tardó tres jornadas, le atracaron por el camino, tuvo varios pinchazos, se extravió varias veces y le pusieron una multa cuando circulaba por la autovía para no perderse más. Ni lo arresté, directamente hablé con la Capitán Médico para que le pasaran reconocimiento psicológico extraordinario y finalmente le dieron la baja en el Ejército. Un tío súper disciplinado, pero no estaba muy bien de la azotea. Menos mal que no le dio por secuestrar un avión diciendo que cumplía órdenes de su capitán...


Como decía antes, con los alumnos muy nuevos te encuentras casos de ingenuidad o de inmadurez, pero también casos que le echan morro. Un ejemplo de ingenuidad de una y del morro del otro es el caso de una alumna que pidió destino a La Legión en Almería porque así se lo dijo su novio, que era CLP en la Brigada Paracaidista, aún en Alcalá de Henares en esos años. Resulta que esta chica, no demasiado agraciada físicamente la pobre, tenía a su novio en los Paracas, ella quería también ser paracaidista e irse junto a él a Alcalá. El novio, supongo que temiendo la que se le venía encima, le dijo que no podía entrar directamente a la BRIPAC procedente de civil y que debía estar al menos tres años en La Legión antes de poder pedir destino a una unidad paracaidista. Ella se fue al Centro de Reclutamiento y solicitó todas las plazas legionarias a las que podía acceder con la esperanza de poder irse a Paracaidistas tras los tres reglamentarios años en La Legión. Cuando llegó al BIP  y se dio cuenta de que muchísimos de sus compañeros se iban a poner la boina negra sin necesidad de llevar tres años el chapiri se llevó un tremendo berrinche al sentir que su novio no quería estar con ella y que la había engañado. El problema es que tardó días en darse cuenta y discutía con todo el mundo, compañeros y mandos, cuando intentábamos hacerle entender que no era necesario ser legionaria antes que paracaidista; ella creía que la engañábamos. Por supuesto pidió la baja y se volvió a su pueblo, no sé si pasando antes por Alcalá de Henares a ajustar cuentas... 

Los alumnos, como digo, dan mucho juego en esto de las anécdotas, como el que pidió la baja porque le habían ofrecido un trabajo de actor porno, o el que exigió que se le pusiera una habitación individual o pedía la baja porque en el contrato no decía nada de que tuviera que vivir en una camareta compartida.

Y de más anécdotas de alumnos y de veteranos hablaremos la semana que viene en el ANECDOTARIO (II).


29 octubre 2023

LA LECHE DE PANTERA

Cuenta la leyenda que la Leche de Pantera fue un invento del barman madrileño Perico Chicote, al que Millán-Astray encargó una bebida para calmar el insaciable apetito de sus soldados con la consigna de que "fuera barata y se pudiera preparar rápidamente en zonas complicadas". También cuenta la leyenda que Chicote ideó una bebida pensando en la leyenda de que los legionarios heridos se aprovechaban del alcohol etílico de los botiquines y hospitales de campaña para mezclarlos con la leche.

El verdadero origen de la leche de pantera no es éste que tantas veces ha sido contado y que ya, erróneamente, se ha convertido en la versión oficial, aunque sí tiene relación Chicote con esta bebida.



Cuando en 1996 llegué destinado por primera vez a La Legión y vivía en la Residencia de Oficiales, tuve la inmensa suerte de conocer al Teniente Gabriel (q.e.p.d.), con el que cenaba muy a menudo y del que aprendí muchísimo sobre La Legión y su historia. El Tte. Gabriel era un viejo oficial de la Escala Legionaria ya retirado (de alrededor de 76 años), que llevaba el Archivo de La Legión como venía haciendo desde que, aún en activo, estaba destinado en la Subinspección de La Legión en Leganés. A pesar de tener su numerosa familia en Madrid, el Tte. Gabriel se trasladó a Málaga con la Subinspección de La Legión. Allí continuó dedicándose a la historia de La Legión hasta su pase a la reserva y a retirado, situación durante la cual el entonces ya MALEG (Mando de La Legión) se trasladó a Viator para organizarse como Cuartel General de la Brigada de La Legión y a donde también se trasladó nuestro veterano legionario.

El Tte. Gabriel se alistó voluntario a La Legión en el verano de 1936, cuando contaba con 16 años, y en La Legión permaneció ininterrumpidamente hasta que su ya delicada salud le impedía viajar todos los fines de semana entre Almería y Madrid.

Pues bien, en el transcurso de una de aquellas cenas en la Base Álvarez de Sotomayor de Viator, el Tte. Gabriel nos contó el origen de la leche de pantera, versión que siempre he tenido por verdadera porque, además de venir de la fuente que venía, tenía mucha lógica que así hubiera nacido tan legionario brebaje.

Contaba el bueno de Gabriel que, en la época de blocaos y posiciones aisladas en el Rif, el agua era verdaderamente valiosa por su carencia —tan es así que hubo bastantes laureados que lo fueron por acciones de guerra conduciendo y defendiendo convoyes de aguadas—. La poca agua que había en las posiciones se reservaba para curar a los heridos y lavar los útiles sanitarios y la comida era, principalmente, a base de conservas. Entre estas conservas se encontraba, como es natural, la leche condensada. La leche condensada necesitaba agua para disolverla, pero ante la poca disponibilidad de ésta y, teniendo en cuenta que en aquella época era raro que los soldados no tuvieran sus raciones de coñac, ron o ginebra, los legionarios comenzaron a disolver la leche condensada con cualquier licor a mano. Así nació una bebida que, aún sin nombre, llegó a considerarse típica de los legionarios españoles.

Sí es cierto que el nombre de Leche de Pantera naciera entre el Fundador y Pedro Chicote, pero no la invención de la bebida por parte de éste, como cuentan las populares leyendas. Teniendo en cuenta que Chicote había servido como soldado en el Rif a principios de los años 20, es lógico que conociera la existencia de esta bebida legionaria, de la que Millán-Astray le pidió al célebre barman que la sirviera durante la celebración de la boda de su amiga común la artista Celia Gámez, de la que el General era padrino. Chicote la preparó con ginebra y le agregó hielo picado —era julio de 1944— para suavizarla y refrescarla. Ante la pregunta de los presentes sobre el nombre de tan riquísimo cóctel, fue Millán-Astray quien le puso nombre dedicado a su ahijada Celia cuyos ojos felinos y su vestido negro indujeron al General a llamarle pantera. A pesar de ser originalmente leche condensada con cualquier licor a mano, esta versión con ginebra fue la que ha perdurado hasta nuestros días.

Así nació la bebida y así nació, bastantes años después, el nombre de Leche de Pantera




 


22 octubre 2023

ORGULLO DE EJÉRCITO.

Ni nosotros somos tan buenos como nos creemos ni los demás son tan malos como nos creemos. Esta frase la he dicho muchas veces y creo que es importante tener en cuenta la idea que transmite.

Los que estudiamos las Reales Ordenanzas para las FAs de 1978 recordamos, sin duda, aquel artículo que decía: "Todo militar se sentirá orgulloso de la unidad en que sirve. Se esforzará en que ésta alcance los más altos niveles de preparación y por ello merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misiones". También las actualmente en vigor de 2009 hablan de forma similar en cuanto al sentimiento de orgullo de pertenencia a una unidad, aunque de una forma más funcional, al menos para mí: "El militar velará por el prestigio de las Fuerzas Armadas y por el suyo propio en cuanto miembro de ellas. Se esforzará en que con su aportación personal su unidad, de la que se sentirá orgulloso, mantenga los mayores niveles de preparación, eficacia, eficiencia y cohesión, con objeto de que merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misiones". 

Sin entrar muy a fondo en la diferencia de estilo de redacción entre ambas reales ordenanzas, ya que ambas dicen prácticamente lo mismo, y teniendo en cuenta que las ordenanzas son órdenes al fin y al cabo, debemos recordar que las órdenes deben ser legítimas, lógicas, oportunas, claras, precisas y concisas, por lo que creo que me parece mucho más clara, precisa y concisa la redacción de 1978.

Pero bueno, intentaré no irme por las ramas y sí centrarme en el propósito de este escrito de hoy. Dejando de lado la forma y hablando del fondo, las Reales Ordenanzas dejan claro que el militar se sentirá orgulloso de la unidad en la que sirve. Este sentimiento es una virtud y una adecuada conducta moral del militar, pero tiene su miga porque se trata de sentirse orgulloso de la propia unidad sin menoscabo de las demás. No podemos quedar los primeros en una carrera poniendo zancadillas a los demás corredores; para ser el mejor soldado de la Patria, debemos serlo por nuestras virtudes, nuestros esfuerzos y los resultados del buen empleo de nuestras capacidades. Es decir, no podemos creernos los mejores en base a devaluar el prestigio de los demás. Y es que ya saben, aunque muchos no lo crean: ni somos tan buenos como nos creemos ni los demás son tan malos como nos creemos. 

Formamos parte de una gran ejército, el Ejército Español, que ha demostrado mucho valor, ha derramado mucha sangre y ha alcanzado, con honor, mucha gloria a lo largo de los siglos. Y lo ha hecho con todas y cada una de sus unidades, las presentes herederas de tantas otras y las pasadas que con el tiempo fueron desapareciendo, pero todas han trabajado con la mayor abnegación y el mayor sacrificio por la grandeza de España y de sus ejércitos. Nadie puede erigirse en evaluador del nivel de excelencia de las unidades; más que nada porque si estableciéramos una tabla con todas las variables precisas para determinar las cualidades necesarias para ser una buena unidad, muchos se llevarían una sorpresa, posiblemente.

Lo peor de este asunto se da cuando se habla de unidades que no se conocen. Por ejemplo, el tan conocido pique entre legionarios y paracaidistas es en la mayoría de los casos fruto del desconocimiento del otro. Los que hemos tenido la grandísima fortuna de servir en ambas unidades, sabemos y conocemos las bondades y los defectos de unos y de otros, porque de todo hay en la viña del Señor; ni unos son tan buenos ni los otros tan malos. Otro ejemplo me viene a la memoria y es de cuando, por ascenso, pedí destino a una unidad de la que muchos rajaban sin conocerla. Yo tampoco la conocía, pero no podía (ni quería) creerme que en nuestro Ejército existiera algo tan desastroso como me lo pintaban compañeros que jamás habían estado ni trabajado con esa unidad y realmente, tras conocerla, me di cuenta de que yo había acertado: es una magnífica unidad compuesta por militares como todos los demás, amantes de España y de la Milicia, implicados en el servicio y cumplidores de su deber dispuestos a darlo todo por la Patria. Me siento orgulloso de haber servido en dicha unidad.

Dicen que viajar te da cultura y siempre he pensado que cambiar de destino te da cultura militar. De todo hay en nuestro Ejército: los que han viajado mucho y han conocido distintas unidades y los que no han salido de casa y no conocen más allá de su calle. Cada uno tendrá sus motivos o habrá vivido de la forma que sus circunstancias le hayan ido marcando a lo largo de su carrera, pero generalmente son los que menos han viajado los que más ensalzan su unidad comparándola, siempre al alza, con otras unidades que no conocen.

Sin entrar a valorar el glorioso historial de tantas unidades en las diversas acciones en el cumplimiento de su deber a lo largo de la historia de España, debemos pensar que en la actualidad existen muchas unidades que han tenido caídos, heridos y cruces rojas en operaciones recientes. ¿Alguien de verdad puede tener respaldo moral para dudar del prestigio de esas unidades?

Ya dijo algo similar a todo esto Millán-Astray cuando escribió el Credo Legionario dejando claro que todos los hombres legionarios son bravos, que cada nación tiene fama de bravura y que es preciso demostrar qué pueblo es el más valiente. DEMOSTRAR, esta es la cuestión, porque todas las unidades españolas son bravas...

Igual que nos sentimos orgullosos de nuestro pueblo, pero, sobre todo, nos sentimos orgullosos de España, sintámonos orgullosos de nuestra unidad, pero, sobre todo, sintámonos orgullosos de nuestro ejército.

No olvidemos que España siempre alcanzó sus glorias con el esfuerzo común de todos sus soldados. 



15 octubre 2023

EL DESFILE DE LA FIESTA NACIONAL

Pues ya hemos disfrutado del desfile del Día de la Fiesta Nacional (DFN) un año más. Bueno, ¿realmente lo hemos disfrutado? Cada uno tendrá su opinión, pero lo que es absolutamente cierto es que ha sido un año de cambios, más de los que a primera vista pueden parecer.

Sin entrar en la tan famosísima y repetitiva noticia de que una cabo de la PAPEA ha saltado con la Bandera Nacional –un reconocimiento a la BRIPAC que durante varios años fueron los únicos que saltaban en la Castellana–, tengo tantas ideas en la cabeza que no sé por cuál de ellas empezar, de modo que iré escribiendo según vaya recordando mi resumen mental de este desfile.

Como el día 12 por la mañana estaba disfrutando de la celebración de la Virgen del Pilar, Patrona de nuestra querida Guardia Civil, no pude ver el desfile en directo y lo vi tranquilamente por la tarde a través de YouTube, lo que me dio la facilidad de verlo atrás y adelante tantas veces como me demandaba la curiosidad por confirmar los detalles que estaba viendo.

En cuanto a la ubicación de este año, al igual que otros años en que también se desfiló en esa zona, no me gusta, pero se ve que son razones de índole política las que motivaron el cambio, por eso no voy a comentar nada a este respecto. 

También hay que reconocer que el itinerario de este año ha vuelto a que la tribuna esté al lado derecho del desfile; punto positivo porque está demostrado que el vista a la derecha, además de ser el más generalizado, tiene más ventajas que inconvenientes: más costumbre de desfilar sobre el hombro que sobre el hombro derecho y, por consiguiente, más costumbre de bracear con el brazo derecho y menos posibilidad de golpearse con el brazo en la vaina del machete, saludo sin sable más natural girando la cara a la derecha que a la izquierda, costumbre de alineación natural de las filas por la derecha, no necesidad de que los alumnos cambien el lado en el que llevar las cadeteras, no necesidad de cambiar la posición habitual del acompañante del guion (las unidades que llevan acompañante), etc.

Pero vayamos al grano...

Cada vez estoy más convencido de lo que escribí en El Orden Cerrado en cuanto a la poca importancia que le dan muchos con la justificación de que quita tiempo para la instrucción táctica. No quiero reiterarme en lo escrito en ese artículo, pero esa tan manida respuesta de que el Ejército no está para desfilar lo dicen muchos que luego están deseando desfilar en Madrid el DFN y, sobre todo, salir en la televisión, como Alaska y los Pegamoides con su bote de Colón... 

Hace ya bastantes años de la última vez que desfilé en la Castellana, por lo que no sé cuántos ensayos se harán ahora ni cuántas vueltas se darán a aquella grandísima explanada en la Base Aérea de Getafe –sí, ya sé que ya no se ensaya allí–, pero da igual, no se trata de la cantidad, se trata de la calidad de los ensayos: ¿se tiene claro lo que se quiere? ¿se tiene claro cómo conseguirlo? ¿se corrige eficazmente lo que se quiere evitar? Joé, digo yo que si vas a salir en la tele tendrás que salir perfecto ¿no?


Hay aspectos del desfile que son comunes a las nuevas tendencias en la forma de desfilar y no se vieron el DFN por primera vez: alineaciones, braceos, distancias entre sargentos y tenientes, forma de llevar el fusil, forma de poner la hoja del sable en el vista a la derecha, paso demasiado largo (y la última fila siempre corriendo) o paso demasiado corto (y el consiguiente braceo forzado), ambos pasos consecuencia de la obsesión por mantener a toda costa la distancia con la unidad que nos precede olvidándose, en el caso del paso demasiado largo, de que en las últimas filas (con cariño antes llamada la calderilla) van los que tienen las piernas más cortas. 

Hay otros aspectos, sin embargo, que se vieron ayer sin ser lo habitual. Por ejemplo, si los gastadores  –creo que ya comenté alguna vez que yo fui jefe de la escuadra de gastadores en la Academia– queremos ir más chulos que un ocho y queremos levantar el brazo hasta la vertical, no podemos hacerlo en detrimento de que, al bajar, pase atrás. Es decir, el recorrido del brazo debe ser desde atrás hasta arriba, cueste el esfuerzo que cueste, pero no puede ser desde delante de nuestro cuerpo hasta arriba porque como queremos subirlo tanto no podemos echarlo atrás después; es un quiero y no puedo.

Sé que tampoco es cuestión de relatar aquí y ahora todas y cada una de las cosas que vi demasiado raras, pero es muy fuerte que haya profesionales de la Milicia que a estas alturas de la Mili pasen por la tribuna con el paso cambiado o que en el segundo tiempo del saludo con sable pongan la mano derecha tan adelantada que parece que van a entrar a matar aunque no lleven capote –igual hay que hacer más Orden Cerrado, no sé–. 

Una cosa que nunca he entendido, ni este año ni los anteriores, es por qué en el desfile del DFN, al igual que en muchas ocasiones en el del Día de las Fuerzas Armadas (DIFAS) se amplían los intervalos y las distancias y se desfila con las hileras y las filas más separadas de lo normal (y de lo reglamentado), pero la Armada sigue manteniendo sus distancias e intervalos, ahí todos bien juntitos. Si se aumentan para llenar la calle, que suele ser una avenida ancha, ¿por qué no se amplía a todos? No lo entiendo.

Podríamos seguir hablando de Orden Cerrado, pero tampoco es plan. Podríamos también hablar de la malísima retransmisión televisiva, pero no es una novedad ya que es a lo que tristemente nos tiene habituados nuestra TVE. Podríamos comentar también la falta de respeto de políticos y autoridades civiles moviéndose por las gradas y hablando mientras suena el Himno Nacional al incorporarse la Bandera a formación, pero es también un clásico. Pero lo que sí comentaré, por raro que me pareció, es que nuestra flamante Dama Cadete Borbón (Ortiz) luciera boina de color grancé con el uniforme de gala. Creía yo que de gala se llevaba gorra de plato, y casquete las mujeres, cuando se está fuera de formación y que la boina, de gala, era sólo en el interior de la AGM. Se ve que estaba yo equivocado y se ve que ha cambiado esa parte de la Orden Ministerial que regula la uniformidad en las FAs porque no creo que a esos niveles haya sido un así mola más... En cualquier caso, me alegro porque nuestra Princesa tiene buen porte militar que se habría devaluado si hubiera llevado esa tan poco marcial prenda de cabeza femenina llamada casquete.

Y fuerzo llegar al final para evitar una extensión demasiado larga de este artículo con un recuerdo a los esquiadores-escaladores y a los paracaidistas que este año no han desfilado por primera vez en sus respectivas historias. Creo que hay unidades que, aunque sólo sea por la vistosidad de su uniforme y la de su equipo, no pueden faltar nunca en un desfile de estas características y son los Regulares, La Legión, las Tropas de Montaña y los Paracaidistas. 

¡Ah! Que se me olvidaba. Aunque sea la Fiesta Nacional, la fiesta de todos los españoles civiles y militares, no deberíamos olvidar que es un desfile MILITAR. No me gusta ver en un desfile militar a los de Vigilancia Aduanera ni a Proteccióm Civil ni al SAMUR. ¿Por qué no desfilan también, por ejemplo, los guardas forestales, los celadores de hospitales, los maestros, los panaderos o los barrenderos con sus bonitos camiones de recogida de basura? También hacen Patria a su manera.