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Hablar pocas veces de la profesión militar es una de las pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas. (Del art. 14 de las RR.OO de las FAs)

28 enero 2024

ARENGAS

Los que bien me conocen saben que soy un romántico de la Milicia, un nostálgico de otros tiempos en los que muchas cosas eran más... militares. ¡Ojo!, que no soy de los que afirman categóricamente que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sí soy de los que afirman que de tiempos pasados se han perdido muchas cosas que no deberían haberse perdido por muchos motivos, pero, sobre todo, porque ha desaparecido con ellas parte de la esencia misma de la Milicia en España.

Hay muchas situaciones en las que habitualmente echo de menos algunas cosas. Cosas que, como he dicho antes, se han perdido y ya no volverán. Hoy me voy a referir, de entre ellas, a las alocuciones, a las genuinas y alentadoras arengas que te ponían la sangre en presenten y que se han ido perdiendo para dejar paso a los correctísimos discursos leídos que te ponen la sangre... en descanso


Mi primer destino al salir de la AGBS fue en la División Acorazada "Brunete", que mandaba el General Don Máximo de Miguel Paje —a nadie se le ocurría en esos tiempos hablar de un general, ni coloquialmente, sin ponerle el don—. Pues bien, Don Máximo, con su voz rota por herida de proyectil de fuego enemigo en Ifni y con la seriedad y flema de un general de los de antes, fue de los que más mella hicieron en mi joven conciencia militar por las arengas que echaba. Era de los que se plantaba en medio del patio de armas, sin micrófono, si la ocasión y la magnitud de la formación lo permitía, y, por supuestísimo, ni un solo papel. Don Máximo no leía, hablaba, a voces, para que lo entendiera hasta el último soldadito, de España, de la disciplina, del sacrificio, de la abnegación, del servicio, del compañerismo, etc, pero siempre con un tono enérgico que te calaba en lo más hondo. ¡Ah! y las alocuciones se oían en firmes en esa época. Tras la alocución no hacía falta esa tan fresita moda de "jefe de la línea: mande firmes, por favor". ¿Por favor? En fin... mejor me callo.

Tte. Gral. De Miguel Page siendo Capitán General de la VI Región Militar.

Don Máximo no hablaba, con las tropas formadas, de objetivos alcanzados en el año anterior, ni de los objetivos previstos para el año en curso o el siguiente. Tampoco hablaba de programas anuales de preparación, ni hacía un resumen de los ejercicios y maniobras de la unidad durante el último año. 

Don Máximo no perdía más tiempo del educadamente imprescindible en agradecer la asistencia al acto de nadie, ni de políticos ni de militares, sólo de las familias cuando se trataba de una jura de bandera. Iba al grano y para él ir al grano era hablar para el soldado. 

Las arengas y alocuciones destinadas a elevar la moral y el espíritu de unidad de las tropas son páginas ya olvidadas de nuestra historia. Ya, salvo algún raro romántico, nadie arenga durante los actos y paradas militares. Ya nadie habla tirando de corazón "en directo", ya sólo se preparan discursos escritos que quedan muy correctos tras leerlos, releerlos y corregirlos decenas de veces buscando esa bonita palabra o esa frase eufemística que, con un gran giro semántico, consiga ser muy elegante y muy socialmente correcta.

Una vez más recurrimos al General José Almirante para ver qué dice sobre todo esto en su Diccionario Militar y encontramos que es la arenga que un jefe dirige a sus tropas para animarlas y conmoverlas antes del combate; o para felicitarlas después de la victoria; o para alentarlas, instruirlas y reprenderlas. 

Ahora es muy difícil encontrar a algún militar cuyo discurso leído anime, conmueva, aliente ni, mucho menos, reprenda.

Don Máximo es sólo un ejemplo de otros tantos que arengaban y ponían el corazón en presenten. Gracias a Dios conocí a otros en las unidades en las que he tenido el honor de servir, como aquel Teniente Coronel Mayoral, Jefe de la PLMM del Tercio Don Juan de Austria, 3º de La Legión, que mandaba la formación de una Jura de Bandera en la Brigada de La Legión en 1996. Arengó a los nuevos legionarios, sin un solo papel, por supuesto, desgranando y explicando uno por uno los doce espíritus del Credo Legionario con una magnífica y elocuente retórica. Una pena que no consiga encontrar el vídeo de aquella Jura de Bandera.

Creo que confundimos una alocución ante una unidad formada con un discurso en, por ejemplo, la apertura de un curso académico. Las alocuciones en una parada militar deben ser auténticas arengas que tengan al soldadito tenso y no pueden ser aburridas lecturas que sólo llevan al que está en formación a estar pensando si habrá superado ya los siete minutos de duración de las alocuciones recomendados por cierto jefe de FUTER hace unos años.


Mucho se habla de liderazgo ahora, pero ¿de liderazgo de PowerPoint o de liderazgo al estilo del Almirante Cervera?

21 enero 2024

TODO POR LA PATRIA

TODO POR LA PATRIA... Infinidad de veces todos hemos visto este lema en la entrada de los cuarteles (llamados demasiado técnicamente bases, acuartelamientos y establecimientos). Unas veces más grandes y en lugar destacado y bien visible y otras, demasiadas, medio escondidos para, seguramente, no ofender a nadie.


En 2020 —por cierto, es dos mil veinte, no veinte veinte— se dio una polémica sobre la exigencia de una asociación de ignorantes al Gobierno de España para que retirase esta frase de los cuarteles de la Guardia Civil por ser "franquista".  Sin ánimo de politizar este asunto ni de perder el tiempo intentando que estos personajillos admitan su ignorancia, entre otras cosas porque estoy seguro de que no leen este blog ya que deben ser de poco leer, intentaré explicar el origen de este lema.

No cabe duda de que la palabra patria, como concepto moral, es antiquísima y ya en la Roma del siglo I a.C. ya se decía "dulce et decorum est pro Patria mori" (dulce y honorable es morir por la Patria), frase que se dio a conocer tras escribirla el poeta Horacio, influencer de la época, en una de sus muchas obras.

Unos cuantos siglos después, Quevedo escribió un bonito soneto que en sus cuatro primeros versos expresa su sentimiento por la decadencia militar, política, social y económica de la España de su época:

Miré los muros de la patria mía, 

si un tiempo fuertes ya desmoronados 

de la carrera de la edad cansados 

por quien caduca ya su valentía.


Y en cuanto al lema “Todo por la Patria” una de las primeras referencias conocidas es la del periódico gaditano El Conciso cuando, durante la Guerra de la Independencia, publicó en su número del 2 de mayo de 1812, la siguiente noticia ocurrida en Murcia el 12 de abril de ese mismo año:


En 1834, durante la 1ª Guerra Carlista, la Gaceta de Madrid –antecesora del BOE– hizo un alegato a favor de la hija de Fernando VII : “Todo por Isabel II, todo por la patria”.


Curioso es que las constituciones españolas de 1812, 1837, 1845, 1869 y 1876 marcaban en sus respectivos textos que el amor a la Patria debía ser "una de las principales obligaciones de los españoles". Qué envidia...

Y seguimos viendo muchos otros casos, anteriores a la época de Franco, en los que políticos, periodistas, escritores, militares, liberales, carlistas, isabelinos, artistas, científicos y gente de toda condición hacían mención, de una u otra forma a este lema:

En 1877 el Capitán General de la Serna, Gobernador de Puerto Rico, terminó un discurso con “Todo por la Patria y para la Patria; por el rey y para el rey; por Puerto Rico y para Puerto Rico”.

 Teniente general Manuel Cassola Fernández (1837-1890): “Todo por la Patria, todo por el Ejército”.

Diario  La Época, portada del 26 de abril de 1898: “Todo por la Patria. España dará cuanto se la pida”.

Artículo en la portada de la revista Madrid Científico (1899): “Todo por la Patria”.



En 1907 se compuso el himno del Regimiento Inmemorial del Rey, que finaliza con la estrofa:

¡ Todo por la Patria !
¡ Todo por la Patria !
¡ Inmemorial del Rey !

                                         

Y este es el meollo de la cuestión, que los 125 años anteriores en los que este lema formaba parte de nuestra historia no cuentan para quienes alegan que fue en 1937 cuando se instauró oficialmente. Si bien es cierto que técnicamente su carácter oficial es de esa época, también lo es que este carácter se le dio para oficializarlo como consecuencia de ser en esos años y los anteriores un lema bastante más utilizado y sentido que lo que es actualmente. Así lo debieron entender los padres de la democracia actual, tal y como quedó reflejado en las Reales Ordenanzas del Ejército de Tierra de 1983 —gobernaba el PSOE— en su artículo 7:

“Las Unidades, Centros y Organismos se alojan en Bases, Acuartelamientos y Establecimientos. En la entrada principal de todos ellos, en lugar bien visible, figurará el lema «Todo por la Patria», que será guía constante del militar.


La estatua al Teniente General Cassola en el Parque del Oeste en Madrid, con el lema usado por este 
militar liberal: "Todo por la Patria, Todo por el Ejército". El monumento fue inaugurado en 1892.


El drama "Todo por la Patria" del italiano Raffaello Giovagnoli, estrenado 
en 1872 y ambientado en España durante la Guerra de la Independencia. 




14 enero 2024

LA ABNEGACIÓN

Hoy, por causas de fuerza mayor, El Furriel se retrasa en publicar sus pensamientos. Pido disculpas por ello a los pocos leales lectores que aprovechan para leerme mientras se toman el primer café mañanero de los domingos.

Ayer asistí en Almería, en la sede de la Brigada de La Legión, a los actos de conmemoración del combate de Edchera, en el que el Brigada Caballero Legionario Francisco Fadrique Castromonte  y el Caballero Legionario Juan Maderal Oleaga dieron las últimas máximas muestras de valor del Ejército Español que les supuso ser condecorados con las dos últimas cruces laureadas de San Fernando concedidas en España.

Para quien no conozca bien aquellos hechos, le recomiendo que vea este corto, pero interesante, vídeo que resume aquel combate de Edchera acaecido allá por la tierra mora el 13 de enero de 1958. 


No cabe duda de que hablar de Edchera, de Fadrique, de Maderal y de toda la XIII Bandera de La Legión es hablar de valor. Tampoco cabe duda de que aquel día se derrocharon todos los valores que desde 2017 ha fijado oficialmente el Ejército de Tierra como virtudes morales que deben guiar el proceder del militar tanto en paz como en guerra. Estos valores son seis principales (valor, espíritu de sacrificio, disciplina, compañerismo, espíritu de servicio y honor) de los que se derivan otros cinco (ejemplaridad, amor a la patria, sentido del deber, lealtad y excelencia profesional). 

Durante la hora y media larga de coche volviendo a mi casa tras un magnífico día de camaradería legionaria, y dado que los sábados por la tarde en la radio sólo hay fúrbol que, como ya conté un día por aquí, no me gusta, estuve pensando en el ejemplo de aquellos bravos españoles que pelearon como valientes, algunos derramando hasta la última gota de su sangre, y que cumplieron con su deber como héroes con la más pura mística con la que Millán-Astray fundó La Legión treinta y ocho años antes.

Repasando los hechos e intentando ponerme mentalmente en el pellejo de aquellos valientes, salvando las distancias, llegué  a la conclusión de que hay un valor moral del que cada vez se habla menos y que, de hecho, no es uno de esos once valores que el Ejército marca como "oficiales", pero que para mí es uno de los más importantes y de los más necesarios. Se trata de la ABNEGACIÓN.

Desempolvo las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas de 2009 y veo que, a pesar de no considerarse actual y oficialmente un valor fundamental, en su artículo 83, hablando sobre la Preparación para el combate, dicen que "en todo tipo de operaciones, el militar estará preparado para afrontar con valor, abnegación y espíritu de servicio situaciones de combate, cualesquiera que sean las misiones de las Fuerzas Armadas en las que desempeñe sus cometidos y ejerza sus funciones". No voy a entrar a enjuiciar si los actuales valores institucionalmente oficiales son demasiado políticamente modernos, pero me choca que no figure entre ellos, salvo para ayudar a definir los espíritus de sacrificio y de servicio, y, sin embargo, las RR.OO de las FAs mencionen la abnegación como uno de los tres pilares morales imprescindibles para afrontar el combate. Misterios sin resolver...

¿Pero cómo podemos definir la abnegación? Pues recurro, una vez más, al Diccionario Militar de Almirante y veo que para él la abnegación es «absoluta y voluntaria renunciación que hace alguno de sus pasiones, de su voluntad y de sus gustos». De ella comenta que "no puede darse mejor definición de la primera virtud militar, después del valor". Es decir, para Almirante, que algo sabía de estas cosas, la abnegación es una virtud fundamental, solo por detrás del valor. Casi na...

Pues habrá que ver, entonces, cuándo empieza a perder valor la abnegación y tiro de RR.OO para las FAs de 1978, en las que me encuentro que en éstas se habla de abnegación en cuatro ocasiones, algunas de tan poco carácter combativo como la administración o la acción social: 

- En el artículo 25 al hablar de la Institución militar dice que "Para vivir la profesión militar se requiere una acendrada vocación, que se desarrollará con los hábitos de disciplina y abnegación hasta alcanzar el alto grado de entrega a la carrera de las armas que la propia vocación demanda".

- En su artículo 152 al hablar de El trabajo técnico se puede leer que "De su abnegación y espíritu de sacrificio dependerá en buena parte la eficacia de su unidad, buque o aeronave. Esta gran responsabilidad deberá servirle de estímulo continuo para no limitarse a hacer lo preciso de su obligación".

- En el artículo 160 al hablar de La administración y logística expresa que "Deberá actuar con abnegación y espíritu de servicio, no regateando esfuerzos para cumplir su cometido...". 

- Y en el artículo 197 cuando habla de la Acción social leemos que "Los militares serán premiados con las recompensas a que se hayan hecho acreedores por su valor, capacidad para el mando, actuación distinguida en el cumplimiento del deber, eficacia ejemplar, constancia e intachable conducta en el servicio, abnegación por la colectividad u otros actos meritorios".

Deduzco, tras todo esto, que la abnegación, como virtud moral militar, ha perdido relevancia, al menos oficialmente. Y no deduzco, sino que afirmo taxativamente, que lo que no se inculca, no se practica. 

Y si no se inculca y, por consiguiente, no se practica la abnegación como absoluta y voluntaria renunciación que hace alguno de sus pasiones, de su voluntad y de sus gustos, no nos extrañemos de que haya unidades en las que un número elevadísimo de militares se den repentinamente de baja médica ante unas largas maniobras en San Gregorio, de que cada vez menos militares estén dispuestos a perder días de asuntos propios si no los necesitan o de que el número de aspirantes a acceder por promoción interna a las academias de Suboficiales sea cada vez menor.

07 enero 2024

LA PASCUA MILITAR

Ayer, 6 de enero, celebramos la Pascua Militar. Todos hemos leído y oído muchas veces el motivo por el que el rey Carlos III instauró su celebración. Casi siempre hemos leído, incluso en documentos oficiales, que el 6 de enero de 1782 los ejércitos de España recuperaron Menorca del dominio inglés. ¿Pero realmente fue así? Pues no del todo. Veámoslo de forma muy resumida.

Desde agosto de 1781 los 52 buques que componían la escuadra franco-española, distribuidos en tres sectores, desembarcaron tropas y mantuvieron un hostigamiento constante, pero débil. Ni desde el mar ni desde tierra la potencia de combate era suficiente. 

Como consecuencia de los refuerzos franceses de finales de octubre, a partir de noviembre la artillería sitiadora se dedicó a debilitar, sin prisa pero sin pausa, el fuerte de San Felipe, en Mahón, reducto último de los ingleses. En enero de 1782 se intensifica el bombardeo al castillo que duró hasta el 4 de febrero, fecha en la que los ingleses presentaron un primer acuerdo de rendición como consecuencia de la falta de alimentos y el incremento de enfermedades entre los sitiados. El acuerdo final de rendición fue aceptado por ambas partes el 5 de febrero y firmado el 6. Es decir, Menorca no se recuperó el 6 de enero, como casi todos creemos, sino el 6 de febrero. En algunos documentos se considera el día 7, ya que es el primer día en que la dominación española fue plena.

Pero entonces, ¿por qué Carlos III decidió que la Pascua Militar se celebrara el 6 de enero? Pues hay que tener en cuenta, en primer lugar, que Carlos III consideró que para defender su imperio, asediado por Inglaterra, necesitaba disponer de un nuevo ejército y una marina con capacidad para responder a las necesidades bélicas de la época. Para lograr este objetivo, aprobó en 1768 una nuevas Ordenanzas Militares que proporcionaron un renovado espíritu y una organización más eficiente de sus tropas. 

La victoria frente a los ingleses en Menorca le colmó de alegría y, para demostrar su satisfacción y reconocer los éxitos a sus tropas, decidió que se celebrara la Pascua Militar. 

Debido a ese nuevo espíritu y estilo de mando en sus ejércitos, quería que, al menos un día al año, el agasajado no fuera el Rey, sino que fueran sus tropas. Él cumplimentaría a sus oficiales y éstos a la tropa. Los oficiales se reunían y era el monarca, o la autoridad que lo representaba en las plazas fuera de Madrid, quien salía a saludar, felicitar o simplemente a mantener una charla con los militares reunidos. Por la noche se celebraban banquetes para la tropa ofrecidos por los coroneles de los respectivos regimientos donde el verdadero protagonista y homenajeado era el soldado.

Con motivo de esta celebración se concedían títulos nobiliarios, ascensos, condecoraciones, regalos y  a los huérfanos de militares se les concedía plaza en un regimiento o en una academia militar. ¿Hay acaso mejor día para celebrar estos actos de regalos que el día de Reyes? Pues este es el verdadero motivo de que la Pascua Militar se celebre el 6 de enero, aunque el origen de la celebración fuera la victoria ante los ingleses en febrero de 1782.

Pero la Pascua Militar, tal como la ideó Carlos III, tuvo su final con Fernando VII quien, al sólo fiarse de su Guardia Real y desconfiar del resto del Ejército, limitó el agasajo a los oficiales de dicha Guardia suprimiéndolo en el resto. Fue a partir de este momento cuando la celebración adquirió un carácter más similar al actual, con el que el Rey, o las autoridades militares que le representan, felicitan la Pascua Militar a los jefes de unidades y comisiones, pero ahí queda la cosa sin trascender a la tropa, habiendo perdido totalmente la esencia de la idea original de Carlos III.

Actualmente la Pascua Militar sólo constituye un solemne acto castrense con el que se inicia el año militar. En él se realizan discursos con el balance del año anterior y se marcan las líneas de acción que se desarrollarán en el que comienza.  











31 diciembre 2023

ESPAÑOLES POR EL MUNDO. BOSNIA.

Hoy acaba 2023, año en el que se cumplen 30 años del despliegue en Bosnia-Herzegovina de la Agrupación Táctica "Canarias" en la Operación A/B como parte de la Fuerza de Protección de Naciones Unidas (UNPROFOR), a la que tuve el inmenso honor de pertenecer siendo Sargento de la Compañía de Zapadores del Batallón de Ingenieros Paracaidista I.

Aunque hablaremos de la guerra en general, me centraré en la AGT "Canarias" que es la que conozco y, para mí más importante, fue esta agrupación táctica la que sufrió el mayor número de bajas españolas como consecuencia del recrudecimiento de la guerra en su Área de Responsabilidad. Para hacerse a la idea de lo que supuso la situación de esta agrupación es imprescindible destacar que, de los 23 (más un intérprete) fallecidos españoles en Bosnia durante y después de la guerra, 10 lo fueron de la AGT "Canarias", además de 58 heridos.



Sería muy largo relatar el desarrollo de la Guerra de Bosnia, también conocida como de los Balcanes, y cómo evolucionó e influyó en el Ejército Español, pero, de forma muy resumida, debemos tener muy en cuenta que estalló como consecuencia de una combinación de factores políticos y religiosos, exaltación nacionalista, crisis políticas, sociales y de seguridad que siguieron al final de la Guerra Fría y la caída del comunismo en la antigua Yugoslavia.

En 1991 se desencadenaron conflictos armados en Eslovenia y Croacia, que pronto cesaron en esos países, trasladándose a Bosnia-Herzegovina, donde serbios por un lado y croatas bosnios y musulmanes por otro peleaban por el control del país. El Ejército Serbio era el antiguo Ejército Federal Yugoslavo, más o menos potente, jerarquizado y disciplinado; en cambio los croatas y musulmanes no llegaban a constituir un ejército, sino unas milicias con casi nula formación militar. En estas condiciones, los Serbios tenían controlada la mayor parte del país, pero la guerra de guerrillas (por darle un nombre más militar a los sabotajes e, incluso, al crimen organizado practicados por los grupos extremistas croatas y musulmanes) la compensaban con el esfuerzo principal centrado en la artillería y los morteros machacando constantemente las poblaciones que, una vez casi desoladas, tomarían sin mucho esfuerzo. La población sufrió mucho en esas zonas bombardeadas y sitiadas por los serbios, por lo que la ONU decidió intervenir forzando unos acuerdos de paz y poniendo en marcha una misión de ayuda humanitaria. España envió en noviembre de 1992 el primer contingente, la AGT. "Málaga", que se integró en UNPROFOR con la doble misión de vigilar el cumplimiento de los acuerdos de paz y de proteger los convoyes de ayuda humanitaria –qué sorpresa para muchos que creen que se dice convois–.

Zonas controladas por cada bando

A principio de 1993 los croatas y musulmanes, hasta entonces aliados, pasaron de amigos a enemigos y a combatir entre ellos, sobre todo en la zona de Sarajevo. En abril, durante la semana de relevo entre las agrupaciones "Málaga" y "Canarias", la guerra se extendió al sector asignado a las fuerzas españolas en el valle de río Neretva, principalmente Mostar, donde se registraron los combates más violentos. Desde ese momento se añadía a las misiones de la agrupación la de fuerza de interposición entre los bandos. La Guerra de Bosnia se había convertido en un conflicto con tres bandos enfrentados. Y los Cascos Azules de la "Canarias", en medio de aquel todos contra todos.

Destacamentos españoles

La AGT "Canarias", al igual que su antecesora la "Málaga", estaba formada, en su mayoría por legionarios y paracaidistas. En 1992 aún no existía la Brigada de La Legión, por lo que no existían unidades legionarias de apoyo de fuegos, de apoyo al combate ni de apoyo logístico, por lo que fue la Brigada Paracaidista la designada para proporcionar las unidades de apoyo a los tercios legionarios que eran, únicamente, unidades de Infantería. La agrupación la componían un grupo táctico mecanizado en base a la VIII Bandera "Colón" (del 3er Tercio) y con una compañía de Zapadores y una sección de Transmisiones de la BRIPAC, además de un escuadrón de Caballería, una pequeña unidad de Operaciones Especiales y una compañía de Transmisiones. Al mando de la AGT se encontraba el Coronel Jefe del Tercio Don Juan de Austria 3º de La Legión auxiliado por su PLMM (Plana Mayor de Mando), y por la compañía de PLM y un pequeño Equipo de Apoyo al Mando (capellán, asesor jurídico, etc).



Aquellos seis meses de la "Canarias", de abril a octubre de 1993, fueron de una violencia terrible en la zona española. Los bombardeos, los combates, las minas, los francotiradores y todo esto alimentado por un inmenso odio y una desorbitada sed de venganza entre los contendientes convirtieron el trabajo de los españoles en una misión dura. 

Y creo que fue dura, entre otras cosas, porque teníamos unas reglas de enfrentamiento bastante exigentes impuestas por la ONU cuando realmente estábamos en medio de un fregao tremendo y nos quedábamos con el culo al aire muchas veces. Lo podemos llamar miedo o como queramos llamarlo, pero fuera lo que fuera, se superó cumpliendo el Credo Legionario y el Ideario Paracaidista. Acongojaba bastante cuando por la noche se patrullaba con BMRs blancos por una ciudad a oscuras, con francotiradores en cualquier ventana y RPG-7 en cualquier esquina que sabías perfectamente que te estaban apuntando. Cuando te disparaban una granada de RPG entre dos vehículos de la patrulla para asustarte con el fin de que te fueras y, aún así, te fiabas de la eficacia de los sacos terreros atados con cuerdas sobre el BMR.Cuando entrabas en Mostar de interposición para 24 horas, aunque con raciones y munición para 72, y sabías cuándo entrabas pero no cuándo saldrías. Cuando te hostigaban con fusilería y tenías que contar los impactos en tu BMR a la hora de dar novedades. Cuando con tu VCZ tenías que apartar una barricada que no sabías si tenía minas o trampas porque ni podías sacar la cabeza ni podías bajarte del vehículo para reconocerla pues estaría batida por el fuego de un francotirador. Cuando viajabas por la Ruta Alternativa y recordabas el VEC de Caballería que por esa zona pisó una mina contracarro. Cuando ibas hacia Jablanica y en el check-point del puente de Alexis Jan te paraba un miliciano medio borracho y te daban ganas de bajar y quitarlo de en medio de un guantazo, pero veías arriba a tus once, en el túnel de la vía férrea, un cañón bitubo de 20 mm apuntándote. Hasta cuando tenías que ir a la ducha en albornoz y con el casco y el chaleco puestos pues la situación estaba chunga. Y sobre todo, cuando recordabas que una granada de mortero mató al Tte. Muñoz Castellanos y un francotirador acabó con la vida del Tte Aguilar, ambos en lugares por donde pasábamos a diario varias veces.  

Cruzando el puente de Alexis Jan sobre el Neretva

Por la Ruta Alternativa

Móstar

En mi Z-22 saliendo del destacamento de Dracevo

Podría seguir contando más de estas situaciones, porque hubo muchas. Cualquier componente de La Canarias podría seguir una larga relación de situaciones similares o peores. pero no es cuestión de aburrir. Otro día tal vez siga hablando de Bosnia.

También fue dura por las condiciones de vida y la situación logística, para las que no estábamos perfectamente preparados en el ejército de los 90. Pero pronto el E.T. se puso las pilas y empezó a sacar provechosas lecciones aprendidas de aquella operación Alfa/Bravo.

En diciembre de 1995 se firmaron en París los Acuerdos de Dayton, que pusieron fin a la guerra. Fue entonces cuando intervino la OTAN con la IFOR (Fuerza de Implementación de los acuerdos), que reemplazaba a UNPROFOR, y en 1996 la SFOR (Fuerza de Estabilización). En diciembre de 2004 la SFOR dio paso a la EUFOR, operación militar de la Unión Europea, que en octubre de 2010 se transformó en una misión de asesoramiento a las Fuerzas Armadas de Bosnia-Herzegovina con cuatro militares españoles en Sarajevo (Operación Althea).

La participación española en la Guerra de Bosnia es la gran olvidada. Vivimos una sociedad, tanto civil como militar, con una memoria muy corta. Si ya casi no se habla de Afganistán, pues como para querer que se hable de Bosnia... Pues yo me niego a dejar caer en el olvido aquella operación tan importante para España y que, como excepción, consiguió sus objetivos al 100 % acabando con un conflicto tan salvajemente encarnizado y pacificando aquel país. Me niego, también, a olvidar aquella operación de la que tanto aprendió el Ejército Español y que fue el germen del cambio de tantas tácticas, técnicas y procedimientos.

Pero, sobre todo, me niego a no hacer nada por evitar que caiga en el olvido el merecido recuerdo a nuestros compatriotas que cayeron cumpliendo su deber a miles de kilómetros de España:

Españoles caídos en Bosnia (con su ascenso honorífico a título póstumo)


Hoy hace 30 años que la tercera agrupación, la AGT "Madrid" (generada por la BRIPAC), se comía las uvas en Bosnia.
¡FELIZ 2024!

24 diciembre 2023

LA NAVIDAD CUARTELERA

 

Esta noche es Nochebuena

 y mañana Navidad; 

saca la bota, María, 

que me voy a emborrachar...


En España pocas cosas hay más tradicionales que un villancico en Navidad. La civilización occidental cristiana de la que procedemos, en la que vivimos y a la que defendemos tanto en suelo patrio —ahora llamado territorio nacional— como en la mayoría de las misiones internacionales en las que participamos, tiene su germen en la civilización cristiana, la que nació hace más de dos mil años y conmemoramos cada Navidad. Y por la gran carga de sentimiento tradicional que tenemos los militares en nuestra forma de ser, no dejamos que llegue esta época sin que los cuarteles se vistan de espíritu navideño.


Concursos de belenes entre las compañías, villancicos y pasacalles de las bandas de guerra, algún que otro copazo de Chinchón para pasar mejor los polvorones, cabalgatas de Reyes sobre vehículos militares, campañas de recogida de alimentos y de juguetes para los más necesitados y las despedidas y felicitaciones previas a los días de permiso que todos nos guardamos para viajar a encontrarnos con la familia, crean un entrañable ambiente navideño muy distinto al que se respira en los cuarteles el resto del año con tantas y tan apretadas actividades de instrucción y adiestramiento. El Ejército es tradición...    



Pero la vida no para porque justo antes de estas fechas se haya finalizado el año operativo con las tradicionales maniobras del turrón; aunque estemos en Navidad se deben cubrir unos servicios mínimos. Las unidades deben seguir manteniendo su disponibilidad, para lo que existe el personal de servicio. El nombramiento de las guardias de orden (para dar continuidad a la acción del mando) y el de las guardias de seguridad (para garantizar la de las personas, instalaciones y materiales) es inevitable y, como en otras tantas profesiones y oficios, cuando te toca... te ha tocado. Ya lo dice la letrilla del toque de Asamblea: si tienes guardia, jódete...

Decía antes que el Ejército es tradición y una que creo que se ha perdido casi del todo es la tradición de acompañar en las cenas de Nochebuena y de Nochevieja al personal de servicio. Tanto la actual facilidad para viajar, que ha hecho que en época navideña muchos militares estemos con nuestras familias lejos de nuestro lugar de destino, como el actual desapego que muchos militares tienen a estar en el cuartel fuera de las horas de trabajo, han ido dejando para el recuerdo el acompañamiento en esas cenas al personal de servicio. 


Recuerdo cuando de niño esperábamos en casa, con la mesa puesta y todo preparado, a que mi padre volviera del cuartel a donde habían ido todos los mandos a tomarse un vino o una copa de cava —llamado por todos champán en esa época— con el personal de servicio que, con horario cuartelero, cenaban a las 8 de la tarde. Posteriormente he tenido servicio varias nochebuenas y nocheviejas. De hecho, mi mujer estuvo a punto de pedir el cuadrante de servicios pues me tocó, durante tres años seguidos, Oficial de Cuartel en Nochevieja y ella no se lo creía. Reconfortaba que alguien se acordara de ti cuando llegaban los mandos a tomarse contigo algo y hacerte un poco "más familiar" la cena. También yo mismo he ido muchas veces a acompañar un rato a los de servicio cuando me ha pillado en mi lugar de destino; y cuando me ha pillado fuera, he llamado por teléfono para felicitarles la Navidad o el Año Nuevo. 

Como digo, esta bonita tradición es cada vez más un recuerdo. Desconozco lo que ocurre en todos los cuarteles de España, pero me da a mí que ya, como mucho, se acerca el Jefe y poco más. Una pena...

Esta noche es Nochebuena, buena ocasión para demostrar que somos la gran familia militar y quien no pueda acercarse al cuartel, que al menos les llame. Lo agradecerán.

Con un recuerdo especial a todos nuestros compañeros que están de servicio y a los que están desplegados en el extranjero, os deseo a todos ¡FELIZ NAVIDAD!



17 diciembre 2023

LA BOLSA DE BOMBONES

La extensa historia de nuestro Ejército conlleva la existencia de una gran cantidad de tradiciones. Algunas se perdieron con el tiempo, pero otras se mantienen. De estas últimas hoy hablaremos de la entrega de la bolsa de bombones a los oficiales del Arma de Ingenieros.

Se trata de una bolsa con bombones, morada, por supuesto, que se entrega a todos los alumnos de las diferentes escalas de oficiales que han existido a lo largo de la historia al despedirse de la Academia de Ingenieros cuando finalizan su formación unos días antes de su entrega de despachos en la Academia General Militar. 

El origen de esta tradición se remonta al primer cuarto del siglo XX durante los duros años de la guerra de Marruecos. Eran años en los que la polémica por los ascensos por méritos de guerra se mascaba día a día en las salas de banderas, sobre todo en las de los cuarteles de la Península. Muchos oficiales eran recompensados con ascensos por méritos de guerra que, si bien estaban justificados en muchos casos, sabemos de sobras que en otros muchos se concedían sin plenas garantías de justicia ni de que el ascendido realmente fuera merecedor de ello. En muchos casos estos ascensos se concedían para elevar el caché de una unidad tras acciones no demasiado relevantes ni, mucho menos, heroicas.

Mucho se ha escrito sobre las Juntas de Defensa, pero creo que poco se ha leído sobre ellas, visto lo visto. Una opinión muy extendida sobre estas juntas militares es que nacieron entre los oficiales destinados en la península en oposición a los ascensos por méritos de los que tanto se beneficiaban los oficiales destinados en África, cuando la realidad es que, aunque el asunto de los ascensos honoríficos fue también uno de los caballos de batalla de las juntas, no fue su origen. Su nacimiento se produjo, en 1916, como grupos de presión contra de la reforma militar de 1915 que pretendía un plan de reducción del excesivo número de oficiales mediante retiros anticipados que suponían la amortización de unos 4800 jefes y oficiales que quedarían sin destino y cobrando la mitad. Algo muy similar fue la Reserva Transitoria de 1986, pero en esta ocasión el de tan triste recuerdo Ministro de Defensa Narciso Serra aprendió la lección del fracaso de la época del gobierno de Eduardo Dato y la estableció con carácter voluntario y con unas condiciones económicas mucho más atractivas. 

En 1916 se creó la Junta de Defensa del aún denominado Cuerpo de Ingenieros, primera de todas ellas, e inmediatamente después los oficiales de Infantería crearon su propia junta. Lo primero que reclamó la de Ingenieros fue poder compatibilizar la Milicia con el ejercicio de la ingeniería a nivel particular y fue la de Infantería la primera en oponerse a los ascensos por méritos de guerra y al favoritismo en su concesión. A partir de ese momento empezaron a generalizarse las juntas de defensa en todas las armas y cuerpos del Ejército. Es decir, muy alejada de la realidad queda la absurda opinión tan generalizada de que las Juntas de Defensa fueron creadas por artilleros e ingenieros contra los ascensos por méritos de guerra que beneficiaban a infantes y a jinetes; así, como suena, como si en la Guerra de Marruecos no hubieran combatido artilleros e ingenieros...

Cuando las distintas juntas crecieron tuvieron un papel trascendental en la política española y unificaron ya sus reclamaciones, sobre todo en cuanto a retribuciones y a ascensos por méritos de guerra. En este sentido, la Junta de Defensa de Ingenieros se negó a este tipo de ascensos por un motivo lógico: este tipo de ascensos rápidos propiciaban que oficiales sin suficientes años de experiencia alcanzasen empleos superiores que les permitían hacer dictámenes y firmar proyectos técnicos de envergadura sin el suficiente aval de estudios y experiencia, lo que iba en detrimento del buen nombre y bien hacer del Cuerpo de Ingenieros. 

Por ello, en el momento de recibir sus despachos de teniente, los cadetes de la Academia de Ingenieros de Guadalajara eran reunidos por el director en presencia de todo el claustro de profesores y les instaba a firmar su renuncia a los ascensos por méritos de guerra en un libro que se guardaba en la Academia como testigo de su voluntad de renuncia. Mientras se realizaba el acto de la renuncia, en el exterior de la sala donde se realiza la firma, personal de la Academia repartía bombones a las madres, novias y demás familia de los cadetes, para hacer más dulce la espera.

Desde entonces, todas las promociones de oficiales del Arma de Ingenieros reciben una bolsa de bombones el día que se despiden de la Academia de Ingenieros y de su Bandera rumbo a la Academia General Militar para recoger sus despachos. 

Foto de mi bolsa de bombones que aún conservo (sin bombones, claro).


10 diciembre 2023

LA MÚSICA MILITAR (y III). Toques de ordenanza.

Tras el artículo del domingo pasado, que daba para mucho más pero que en algún momento había que cortar, hoy hablaremos de los toques de ordenanza o, al menos, de algunos toques de ordenanza, ya que sería largo y complejo hablar de todos los que ha habido a lo largo de la impresionante historia militar de España. 

Como ya escribí en la primera parte de esta serie dedicada a la Música Militar, para conocer el origen de nuestros toques de ordenanza nos tenemos que remontar a los comienzos de la más elemental historia bélica en la que las señales acústicas eran el vehículo transmisor de órdenes. Y de eso se trata, de transmitir órdenes mediante los sonidos de una corneta, generalmente el cornetín de órdenes.


En la página Caballipedia, además de otros muchos asuntos muy interesantes y, aunque con alguna carencia, bastante fieles a la realidad, podemos oír prácticamente todos los toques de ordenanza españoles actuales, que están bastante bien explicados en el RE7-001 Reglamento de Empleo. Toques Militares.

Según el RE7-001, los toques militares se clasifican en:

  • Toques para actos de Régimen Interior.
  • Toques de Orden Cerrado.
  • Toques de Instrucción y Campaña.
  • Toques para la rendición de Honores.
A su vez, estos toques pueden ser:
  • Toques de carácter general (son generalmente todos los de Régimen Interior).
  • Toques de corneta y tambor de Infantería (son prácticamente todos los de Orden Cerrado).
  • Toques comunes de unidades montadas (casi todos referentes a actos de Régimen Interior).
  • Toques de la Caballería.
  • Toques de Artillería Ligera y de Artillería de Montaña (conceptos ya en desuso).

Los de Instrucción y Campaña están totalmente en desuso, aunque llegué a conocer a un romántico que mandaba asaltar a toque de cornetín, como el Teniente Coronel de los paracaidistas británicos en la película Un puente lejano. También lo están los comunes a unidades montadas y para las artillerías Ligera y de Montaña. Por ello, me centraré en los toques de la vida diaria cuartelera (de Régimen Interior) y, sobre todo, en los de Orden Cerrado y Rendición de Honores, pero como no se trata de un resumen del reglamento y como casi todo en El Furriel tiene su pero, comentaré algunos toques concretos de los que muchas veces se desconoce su significado o su correcto y oportuno empleo. 

Una buena costumbre, a veces no demasiado practicada por los militares, es empezar por el principio, y el principio de casi todo toque militar es el toque de Atención en su versión simple o en su versión de Atención General, por lo que comenzaremos hablando de este toque. Todo toque de Régimen Interior debe ir precedido por el toque de Atención, salvo el de Silencio, que suena directamente sin preámbulo. En Orden Cerrado queda a criterio del mando su uso, pero teniendo en cuenta que el criterio debe ser coherente según el significado de cada toque y a quién va dirigido. 

Aquí es donde surge el primer pero. Desde hace muchos años el soldadito español tenía costumbre de poner letra a cada toque para recordar su significado —las letrillas—. El escaso nivel de conocimiento de un soldado de reemplazo sobre el verdadero significado de cada toque les llevó a creer, porque así lo solían oír en una época en la que había muchos generales pululando por los cuarteles casi seguro por la ausencia de SIMENDEF, que el toque de Atención General quería decir que había que prestar atención porque llegaba o estaba presente un general, componiendo su correspondiente letrilla como atención EL general. Sin embargo, en una época en la que sonaban varios toques de Régimen Interior para el ganado, para el personal, para la instrucción, para las teóricas —llamadas academias en esa época—, etc. Se diferenciaba si era un toque para una determinada facción del cuartel o de la unidad, en cuyo caso correspondía el toque simple de Atención o si era un toque para todo quisqui presente, en cuyo caso correspondía el de Atención General. Es decir, el origen del toque no era alertar de la presencia de un general, sino que era un toque con una orden general, vamos, para todo el mundo. 

Hasta antes de 2006 estaba oficialmente claro este concepto, aunque la gente (y no sólo soldados de reemplazo) siguiera creyendo que era el toque de atención EL general, pero aquel año entró en vigor el RE7-001 tergiversando oficialmente el sentido de este toque dando credibilidad al antiguo bulo de que se tocaría en presencia de un general. Y la prueba de que con este reglamento de 2006 se metió a martillazos este concepto —no sé si por desconocimiento— es que en el mismo reglamento, al hablar de la letrilla del toque, dice que puede ser Coronel... a...tención.. lo que demuestra que se dio esa letrilla porque también se tocaba ante la presencia de un coronel. 

En resumen, si se hiciera con lógica, en una acto militar se debería tocar Atención cuando es una orden para el personal formado (alto, alinearse, sobre el hombro, etc) y Atención General para alertar de un toque que afecta a todos los presentes, estén dentro o fuera de formación e independientemente de si preside un general, un coronel o alguien de cualquier otro empleo, como por ejemplo para el Himno Nacional al entrar la Bandera en formación o para el toque de Oración en el acto de homenaje a los Caídos, que afectan a todos los presentes. De hecho así era en mis primeros años de Milicia cuando en las paradas militares se diferenciaba entre el toque de Atención y el de Atención General en función de a quién iba dirigida la orden, no de quién presidiera el acto.

Y otro pero que se da prácticamente siempre actualmente es el del, para mí, incorrecto empleo del toque de Batallón y Llamada. En primer lugar, y a pesar que en todas las normas, circulares o instrucciones que se redactan actualmente de cara a una parada militar, se pone que se interpretará el toque de Batallón y Llamada —o la unión de estos dos toques—, cuando lo que realmente se interpreta es el toque de Batallón, Llamada y Tropa —o la unión de los tres— seguido por una marcha militar que es el momento en el que las unidades pasan a ocupar su puesto en formación. Por cierto, este toque, que es una orden para todas las unidades en formación, debe escucharse en la posición de firmes pues se está recibiendo una orden vía turuta, que para eso va precedido de Atención, no a discreción como tristemente se ve por ahí tantas veces...

En el siguiente vídeo se puede escuchar el toque que actualmente siempre se denomina Batallón y Llamada, cuando realmente es Batallón, Llamada y Tropa:


Para conocer qué parte es cada toque, en los tres siguientes vídeos se puede escuchar:

Atención y Batallón:

Llamada:

Y Tropa:

¿Y qué pasa cuando la unidad que compone una fuerza es una compañía, escuadrón o batería? Pues pasa que esto es otro banco pintado. Como el militar actual dedica muy poco tiempo a estas cosas,  no cae en que si la unidad que forma es una compañía no se puede tocar Batallón. Bueno, sí se puede, porque se oye todos los días, pero no se debe. Cada unidad tiene su toque en base a su entidad por lo que lo que debería interpretarse en ese momento previo a ocupar los puestos en formación cuando es una unidad de entidad compañía es el toque de Compañía, Llamada y Tropa.

Este es el toque de Compañía:

Y este sería el de Compañía, Llamada y tropa:

Y ya, para rematar el asunto de la errónea idea que se tiene sobre los toques de ordenanza, nos encontramos con los casos en los que, al ser unidades de Artillería o de Caballería, al Batallón, Llamada y Tropa le llaman Grupo y Llamada. También nos encontramos en La Legión con el invento del Bandera y Llamada —ignoro si los Regulares hablan de  Tabor y LlamadaEn estos casos es una muestra del total desconocimiento de esta materia. 

A ver, que nos gusta demasiado ser distintos. Un grupo, batallón, bandera o tabor es una unidad tipo batallón, guste o no guste. El toque con nombre propio Batallón no es sólo para uso de los batallones de Infantería o de Ingenieros, sino para uso de los grupos de Artillería, los de Caballería, los tabores de Regulares y las banderas de La Legión. Este toque no tiene diferentes nombres según el emblema que lleve cada unidad en el pecho, se llama toque de Batallón.

Todo tiene su razón de ser. En Artillería, por ejemplo, llamar Grupo al toque de Batallón deriva en llamar Batería al toque de Compañía. Pero resulta que ya existe otro toque distinto llamado Grupo y otro también llamado Batería, ambos con carácter táctico. También existe un toque denominado Escuadrón. Estos toques tienen su finalidad muy distinta a los de Batallón o Compañía por lo que cambiarles el nombre implica que se ejecuta un toque que no corresponde al que figura en la orden de preparación de la parada militar.

En fin, que como puede ver el lector, hasta una cosa tan simple como es el correcto empleo de cada toque de ordenanza lo tergiversamos, y es una pena. Menos mal que ya no se usan estos toques para el combate, pues con este guirigay y desconocimiento de los toques, menuda catástrofe.

¡Ay! qué buenos seríamos si nos preocupáramos por ser buenos en todo...


P.D.- Feliz patrona a los aviadores.


03 diciembre 2023

LA MÚSICA MILITAR (II). Marchas y canciones militares.

Tras la publicación de la semana pasada hablando un poco de música con el fin de reconocer la tan necesaria labor de nuestros músicos militares, me di cuenta de que es un tema que da para mucho más que para una sola parte; por ello me meto en el charco de escribir una segunda.

Y aquí tenemos que empezar a categorizar, porque la Música Militar debe estar constituida por marchas, toques de ordenanza y canciones. Supongo que todos tenemos claro cuáles son las marchas de desfile, cuáles los toques —aunque muchos no tienen ni repajolera idea de su significado— y cuáles las canciones, a pesar de que demasiadas veces se le llama a todo marchas militares. También es cierto que estas tres categorías no son estancas y hay canciones que también son marchas y toques que también son marchas o parte de ellas.

Una marcha es esa composición musical, con aire más o menos marcial dependiendo de la mentalidad del compositor, que se utiliza para desfilar. Una canción es la pieza que se canta, como ya dije en La Música Militar (I) el domingo pasado, para exteriorizar sentimientos de alegría por la victoria o de identificación de un ideal. Un toque es la transmisión de órdenes a través de instrumentos musicales con mayor o menor complejidad en su composición.

Como decía, estas tres categorías no son estancas, por lo que nos encontramos con canciones que sirven para desfilar, como la Canción del Legionario, o himnos que directamente son denominados como canción-marcha, como es el caso del Himno de Ingenieros. También hay casos en los que un toque de ordenanza se convierte en algún momento en marcha, como puede ser el caso del de Fajina una vez finalizado un desfile.

Lo de meterme en un charco que decía en el primer párrafo, lo digo porque creo que este del que voy a hablar hoy es un tema muy subjetivo en cuanto a gustos, aunque también hablaré de aspectos que creo totalmente objetivos, como los que son, por ejemplo, los relativos al correcto empleo y significado de los toques militares, principalmente en paradas y desfiles. Esta parte la dejaré para el domingo que viene que, por cierto, será el día de Nuestra Señora de Loreto, patrona de nuestros aviadores y... astronautas del Ejército del Aire... y del Espacio.

La parte subjetiva de este asunto es en la que cualquier aficionado a la Música Militar puede pegarse horas debatiendo sobre qué marcha militar le gusta más o qué canción le gusta menos. Yo que, como ya dije y según mi padre, aprendí a desfilar antes que a andar, soy un gran aficionado a oír y escuchar —que no es lo mismo— Música Militar. En mis largos, nocturnos y solitarios viajes en coche los domingos, cuando en la radio sólo hay fúrboh, hacia Zaragoza, Hoyo de Manzanares, Cerro Muriano o Viator, he sobrevivido al sueño y al cansancio gracias a horas y horas de marchas y canciones militares, de las que llevo casi un giga en el coche. 

Por eso tengo claro cuáles son para mí las mejores marchas y las más bonitas canciones militares. En el caso de las canciones la clasificación es la resultante de música y letra, de tal forma que la música tenga su carácter marcial y la letra sea, de verdad, la de una canción de guerra. No me cabe duda de que la más bonita canción, la que más me dice y la que más me llena es El Novio de la Muerte; la solemnidad de su música y el sentimiento de su letra son inigualables; pero me refiero al Novio de la Muerte de verdad, al cantado por las rotas voces de los legionarios y no por las dulces voces de coro que se oyen en ciertas desacertadas grabaciones. A partir de aquí ya sí me cabe duda de cuál es la siguiente en la lista, pues hay varias que, sin este orden necesariamente, me gustan mucho: Tercios HeroicosEl Zapador, el Himno de la Academia General Militar, el Himno de Caballería, el Himno de Intendencia, el Himno de la Armada (antiguo himno de la Escuela Naval Militar), Yo tenía un camarada o El Maestro (himno del desaparecido Regimiento de Infantería Jaén N.º 25). Es difícil hacer una lista completa y exacta pues, gracias a Dios, es extraordinaria la cantidad de canciones militares que tenemos en España.



Mención especial requiere el recitado de la Canción del Soldado que, aunque el resto de la canción no llegue a tanto, despierta en mí sentimientos muy similares a los que me produce el Novio de la Muerte:


¡SOLDADOS!

La Patria entera, 

para nosotros sagrada, 

palpita en esa Bandera

que nos entrega la Nación.

Traidor es quien la abandona

o la vuelve mancillada

y la Patria no perdona

el crimen de la traición.


Y, por supuesto, pocas cosas me hacen vibrar tanto como el Himno Nacional de España por lo que significa, no por su belleza musical ni por su marcialidad, ya que actualmente se ha convertido en algo rápido como de que acabe pronto. No hay ni una vez que lo oiga que no recuerde esa majestuosa y elegante versión anterior a 1997. Ahora se ve a las banderas entrar en formación corriendo para llegar a a su puesto mientras suena el escaso tiempo que dura; sin embargo, antes entraba la Bandera tan solemnemente que la tan larga interpretación del Himno no nos cansaba a los que manteníamos el pesado CETME C en Presenten. Lo siento, pero no me gusta el arreglo que hizo el, para mí, excesivamente elogiado y primer músico militar que llegó a general cuando el empleo máximo a alcanzar en ese cuerpo estaba fijado en teniente coronel. Pero esta es otra historia...

¿Y las marchas? Pues si canciones hay muchas, marchas ya ni te digo... Cuando oigo una marcha militar siempre, siempre, la imagino desfilándola. Soy militar, no músico, por lo que mi valoración de la calidad de una marcha está siempre definida por su capacidad de invitar a desfilar. Una buena marcha, además de que sea bonita, debe hacer que las piernas echen a andar solas y que el braceo salga solo. Y de éstas, no hay tantas. Al igual que me pasa con las canciones, no sé con exactitud cuál es la mejor marcha militar, pero me atrevería a decir que Los Voluntarios está a la cabeza. Muy seguidamente están otras marchas que invitan a mover las piernas: Heroína, San Marcial, Los Generales, Bandera y Patria, El Turuta, San Quintín, Desfilando —no confundir con Desfilar, que no vale nada—, Badajoz, Ganando Barlovento —muy bonita, pero que la Armada debe creer que no existe otra marcha pues casi siempre desfilan con ella— Mares y vientos, compuesta por el abuelo de mi buen amigo Chani, Proa a la mar o Pilotos en vuelo.




Además de todas estas, en España hay muchísimas marchas que, unas por ser muy antiguas cuando los ritmos de desfilen eran más lentos y otras por la poquísima calidad militar aunque tengan una gran calidad musical, no son de las que te ensalzan el espíritu y te hacen desfilar por el pasillo de tu casa. 


26 noviembre 2023

LA MÚSICA MILITAR (I)

El pasado 22 de noviembre se celebró el día de Santa Cecilia, Patrona del Cuerpo de Músicas Militares, por lo que esta semana El Furriel quiere hacer su pequeño homenaje a estos disciplinados y desapercibidos soldados que, además, son músicos. Y qué mejor para hablar de los músicos militares que hablar de la imprescindibilidad de la Música Militar.


Echando la vista atrás, a los orígenes, nos tenemos que remontar a los comienzos de la más elemental historia bélica en la que las señales acústicas eran el vehículo transmisor de órdenes para avisar de la presencia del enemigo, para reunirse o para atacar. Más tarde la melodía unida a la palabra proporcionaba al guerrero una forma de exteriorizar sentimientos de alegría por la victoria o de identificación de un ideal. Finalmente la música también ha servido al soldado para lograr el acompasamiento del paso de tal forma que los desplazamientos de tropas fueran de forma ordenada y uniforme, es decir, de forma militar. 

De una manera muy general se podría definir la Música Militar como una combinación armónica y rítmica de sonidos destinada a estimular la disciplina del cuerpo, así como a despertar en el alma la vibración patriótica y los sentimientos guerreros —Ricardo Fernández de la Torre. Historia de la Música Militar de España. Publicaciones de Defensa—. 

La faceta de proporcionar la posibilidad de desfilar es la que parece que la define en la actualidad, aunque de una manera muy simplona, ya que, además de las marchas de desfile, todo el repertorio de canciones que se cantan en las unidades militares, incluidos los himnos, así como los toques de ordenanza, son Música Militar. También canciones cuarteleras no oficiales como la ya en desuso Margarita se llama mi amor, la versión española de Lili Marlen o la legionaria Pobrecitos maridos infelices pueden, y deben, ser consideradas parte de la Música Militar de España.

La historia de la Música Militar ha pasado por muy diferentes etapas, desde los primeros usos de rudimentarios instrumentos de percusión, pasando por instrumentos de cuerda de carácter no demasiado guerrero hasta, incluso, la supresión de los tan militares tambores en la I República Española. Sí, aunque parezca mentira, los tambores estuvieron prohibidos en los ejércitos de España desde 1873 hasta 1892. ¡Veinte años sin tambores! Ni la Música Militar se ha escapado de sufrir las absurdas arbitrariedades a las que, desgraciadamente, estamos tan acostumbrados los militares españoles.

¿Y en la actualidad? Pues en la actualidad sobrevivimos con una escasísima existencia de unidades de música ya que la Música Militar se ha relegado a la rendición de honores y paradas, y teniendo en cuenta la poca importancia que se da ahora a conseguir la excelencia en los actos militares, viendo lo que se ve por ahí, es normal la tan pequeña presencia de unidades de música. Ni siquiera a los toques de ordenanza reglamentarios se les da la relevancia que tienen. ¿Cuántos jóvenes soldados conocen y saben qué significa el toque de Llamada, el de Fajina —sí, fajina se debe escribir con jota—, el de Retreta, el de Generala o el de Asamblea? Es más, ¿en cuántos cuarteles ya no se oye por megafonía ningún toque de ordenanza?

A principios del siglo XX había, sólo en el Ejército de Tierra, más de cien bandas de música; cada regimiento y batallón independiente tenía su banda de música. Bandas que, además, estaban mandadas por unos magníficos directores de entre los que sobresalieron reconocidísimos compositores de gran talla en distintos géneros musicales. Actualmente, según dice el Portal de Cultura de Defensa, sólo hay veintiséis unidades de música, sumando las de los tres ejércitos. Incluso las bandas de guerra se han visto tan mermadas que ya sólo existen a nivel brigada y, en muchos casos, ni pueden llegar a cumplir dignamente sus cometidos por falta de personal lo que lleva, en más ocasiones que las deseadas, a tener que usar música enlatada a través de la megafonía.

El problema es que el reducidísimo número actual de unidades de música  no es proporcional al número de actos oficiales en los que se requiere la participación de la Unidad de Música, por lo que nuestros magníficos Músicos Militares tienen una gran carga de participación en cuantos  saraos se organizan en el ámbito de las FAs. Y, a pesar de ello, nunca se quejan —al menos los de las unidades de música que yo conozco—. Cumplen magníficamente y de sobras con las exigentes agendas que tienen y, sin embargo, parece que no se les reconoce su labor tanto como se merecen; quiero decir que pocas veces se habla de la participación de los músicos en una parada militar, parada que sería una ruina si no fuera, también, por la respectiva Unidad de Música y, en su caso, Banda de Guerra. ¿Alguien se imagina un acto de La Legión con música enlatada?


En mis destinos en la Fuerza siempre me ha gustado felicitar a los músicos tras un acto o, incluso, tras un simple ensayo. Siempre me ha parecido admirable su disciplina, su buen hacer y su silencio a pesar del sonido de sus instrumentos. Para mí sus actuaciones son siempre muy brillantes, muy disciplinadas y muy abnegadas —nunca alcanzaré a entender, por ejemplo, qué nivel tienen los músicos legionarios que son capaces de soplar sus instrumentos mientras desfilan a 160 pasos por minuto—. Son la viva imagen del nunca se sabrá de mis hazañas por mis propios labios...

Feliz Patrona y muchas gracias.