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Hablar pocas veces de la profesión militar es una de las pruebas de gran desidia e ineptitud para la carrera de las armas. (Del art. 14 de las RR.OO de las FAs)

12 enero 2025

INGENIEROS ESPAÑOLES EN TÚNEZ

El otro día me llegó un vídeo del canal de youtube La Mecedora, del Coronel Sarmiento, sobre la misión militar española que realizaron los zapadores españoles en Túnez en 1969. Yo había oído hablar muchas veces a mi padre sobre esa misión, pero nunca había profundizado y no sabía mucho de ella. Por eso me dispuse a investigar y a enterarme de en qué consistió aquella misión tan desconocida.

Sin necesidad de profundizar mucho ya surge una primera idea, que es el Arma de Ingenieros, con sus unidades de Zapadores y sus unidades de Especialidades, como protagonista de la presencia española en Túnez en 1969.

En 1965 se había reorganizado el Ejército tomando como referencia la organización del Ejército Francés y desechando el hasta entonces modelo norteamericano. Las unidades de la fuerza del ET se habían dividido en dos grandes bloques: la Fuerza de Intervención Inmediata, de nivel Cuerpo de Ejército con cinco divisiones, la Defensa Operativa del Territorio (DOT) repartida en brigadas entre las once Capitanías y Comandancias Generales.

En aquella época, el Ejército contaba con cinco divisiones, cada una con dos brigadas y con su Núcleo de Tropas Divisionario en el que se encuadraba un Regimiento Mixto de Ingenieros (Batallón de Zapadores y Batallón de Transmisiones). En cada Brigada había un Batallón Mixto de Ingenieros, excepto en la Brigada de Alta Montaña que tenía una Agrupación Mixta de Ingenieros. 

Por otro lado, el Ejército de Tierra contaba con el Regimiento Zapadores de Cuerpo de Ejército (actual REI nº 11 de Salamanca), el Regimiento de Pontoneros y Especialidades de Ingenieros (RPEI nº 12), el Regimiento de Zapadores Ferroviarios (RZFC nº 13) y el Regimiento de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles (RMPFC nº 14).

En esos años, concretamente en 1969, tienen lugar unas graves inundaciones en Túnez. El 26 de septiembre comenzaron unas torrenciales lluvias en todo el país. Hubo poblaciones que quedaron totalmente aisladas por las aguas, quedando casi la totalidad del país convertido en un gran lago (diez de las once provincias estaban inundadas). Todas las carreteras y vías férreas quedaron cortadas e inutilizadas. 

El 14 de octubre continuaba lloviendo y el gobierno tunecino pidió auxilio internacional. España fue la primera nación en acudir en su ayuda —sí, 1969, seis años antes de 1975...—.

El Ministro del Ejército, General Juan Castañón de Mena, quien había tomado posesión del ministerio sólo unos días antes, quiso ir él personalmente a Túnez a establecer los primeros contactos. Franco le dijo algo así como ni de coña, manda a un general que hable francés y que conozca África y tú quédate aquí que acabas de llegar...

Julio Coloma Gallegos, Jefe de la División Mecanizada "Guzmán el Bueno" nº 2 (Sevilla), quien hasta el año anterior había sido el primer General Jefe de la Brigada Paracaidista y quien había estado en la Legión en todos sus empleos de teniente a coronel, fue el designado para visitar Túnez y establecer el primer contacto con su gobierno. 

Se le asigna a España el restablecimiento de los puentes sobre el río Sed (Saad actualmente), tanto de carretera como de ferrocarril, y otro puente de ferrocarril sobre el río Zeroud, así como la reparación de algunos tramos de vía destrozados por la crecida. Inmediatamente se crea un contingente en base a unidades de Ingenieros. Su composición era: 

- Jefe de Contingente: Cte. José Gómez Torres, del RZFC (Madrid). 

- Cía. de Puente Bailey, del RMING nº3 (Valencia). 

- Cía. de Puente de Ferrocarril HG 30, del RZFC (Madrid). 

- Cía. de Pontoneros, del RPEI (Zaragoza). 

- Unidad de Intendencia de la Div. Motorizada "Maestrazgo" nº3 (Valencia). 

          - Sc. de Transportes e la Reserva General (Madrid) 

- Servicio Sanitario: Capitán Médico de la Escuela de Aplicación de Sanidad Militar (Madrid). 

- Relaciones públicas y pagador: Capitán de Intendencia del Ministerio del Ejército (Madrid).

En total: 243 militares —odio esa forma tan impersonal y tan poco marcial de "pax"— (10 oficiales, 9 suboficiales y 224 de tropa).

El 18 de octubre se organiza la 1º Expedición de Ayuda a Túnez. Esta primera expedición partió del Puerto de Valencia en el Buque de Transporte “Aragón”. En dicho buque se transportaría a una Cía. de Zapadores del RMING nº3 con material de puente Bailey, automóviles de la Reserva General y varias máquinas de movimiento de tierras. El destino de este Buque sería el Puerto de la Goleta (Túnez), lugar de triste recuerdo para los españoles casi cuatrocientos años antes.

Durante los reconocimientos del terreno, se dan cuenta de que la brecha a salvar en la crecida del río Sed era realmente de 500 metros de longitud y el Cte. Gómez reconoce que sólo contaría, cuando llegara el barco con el material, con 48 metros de puente Bailey doble doble clase 80 para reabrir el paso (1)

Brecha a salvar sobre al río Sed

Ante el apremio de los tunecinos se le exigió al jefe de la misión dar una solución. La rápida solución que aportó el comandante español, haciendo gala del dicho de que Ingenieros viene de ingenio, fue volver a construir un dique para disminuir la anchura del cauce y, apoyándose en los puentes flotantes del RPEI, crear una península en la primera orilla, lanzar el primer puente, abrir el paso del agua, continuar el dique apoyándose en la península, construir una segunda península hasta la orilla contraria, lanzar el segundo puente, dar paso al agua por debajo del segundo puente y continuar el dique hasta la segunda orilla. Además, se realizaría en una alineación curva para dejar libre el trazado recto del puente definitivo. Finalmente, el plan fue aprobado.

 Solución del Cte. Gómez Torres a la brecha

El 29 de octubre llega a la Goleta el Aragón. Debido a la gran cantidad de agua, fue imposible iniciar la construcción del dique inmediatamente, por lo que iniciaron una serie de reconocimientos para buscar algún paso hacia el sur. El día 30 por fin salió el sol y se comentaba que los tunecinos decían “¡Los españoles han traído el sol!”. A partir de ese momento comenzaron los trabajos de construcción del dique y preparación del terreno. Mientras tanto, se realizaron los cálculos exactos de los dos puentes y el resultado fue de dos puentes de 24 metros de estructura doble-doble, tal como había previsto, con las manos en los bolsillos, el Cte. Gómez. Los dos puentes finalmente fueron montados y lanzados con 60 hombres del RMING nº 3. 

Primer puente Bailey lanzado y lanzamiento del segundo

Los tunecinos solicitaron también un puente de ferrocarril de 100 metros de longitud en Sidi Bou Alí y otro más sobre el río Zaroud, de longitud todavía no precisada. Costó trabajo convencer a los tunecinos de que sólo se disponía de 3 tramos de 30 metros de los que solo se podrían construir dos tramos de 36 metros unidos entre sí en un pilar intermedio. Finalmente se decidió construir solamente el puente de Sidi Bou Alí. 

El día 22 de noviembre llega, procedentte de Cartagena, el Buque "Almirante Lobo" con la segunda rotación, al puerto de la Goleta con todo el material del puente de ferrocarril y compuerta sobre flotantes. Al mando de la Cía. de Pontoneros se encontraba el Capitán Trallero, que llevaba material para realizar el montaje de una compuerta sobre 6 flotantes del puente PF-50, además de una compuerta de embarque en base a material del puente PL-10. Se llevaron también motores fuera borda para navegar con la compuerta. En sólo cuatro días se restablece el paso por medio de una compuerta sobre flotantes.

Compuerta sobre flotantes en Sidi Bou Alí

A cargo de la Cía. de Puente H.G.30 se encontraba el Cap. Adolfo Dalda Mourón con 79 hombres. Su unidad contaba con 90 metros de puente H.G. 30, puente de construcción española, proyectado por dos ingenieros militares, Hernández y Grande (H.G.) y fabricado en el Centro Electrotécnico de Ingenieros de Guadalajara, actual Parque y Centro de Mantenimiento de Material de Ingenieros (PCMMI). 

En Túnez se plantea el interrogante de qué método de construcción se iba a utilizar. Teniendo en cuenta la altura sobre el cauce y la cantidad de agua que circulaba por el mismo, se toma la decisión de montaje en primera orilla y empuje. Otro problema a resolver fue la alineación y nivel de la vía férrea, ya que el nuevo puente debería coincidir en alineación y nivel con la antigua infraestructura. Para ello se marcaría el eje de 100 metros de vía delante de la estación de Sidi Bou Alí, donde se construiría el puente. Para realizar dicho montaje se tuvo que construir una vía de 4 hilos (carriles), ya que los medios llevados de España eran ancho ibérico, y se utilizaron alternamente con medios tunecinos de vía estrecha. La progresión de los trabajos fue excepcional, terminando la construcción de los 72 metros de puente en tan solo 8 días. 

Premontaje del Puente HG30 para FF.CC, véase el detalle de la vía de 4 hilos

Inesperadamente las autoridades tunecinas solicitaron adelantar la apertura del paso ferroviario al 25 de diciembre, dos días antes de lo previsto. En esos momentos difíciles, el personal que componía la misión puso todo el esfuerzo y empeño para cumplir con los plazos, pero debido a la laboriosa y lenta maniobra de bajada del puente a los estribos, aun haciendo turnos de 24 horas, no se terminó hasta la mañana del 26.

Puente HG todavía sobre sus gatos y compuerta de PF50 con motor fuera borda

Al día siguiente, a las 9 de la mañana, personal de la Cía. de Puentes H.G.30 realizaron como pasajeros el primer paso del puente por ferrocarril, o eso creían ellos, ya que más tarde se enteraron de que durante la tarde del día anterior ya habían circulado sobre él algunos trenes de mercancías.  

Finalmente, el día 3 de enero se realiza la entrega oficial, con la visita del Ministro de Asuntos Exteriores, acompañado por el Embajador de España en Túnez y personalidades del gobierno tunecino, haciéndoles entrega de la foto oficial, firmada por todos los Oficiales de la misión. 

Fotografía dedicada por los oficiales españoles para el gobierno tunecino

A partir de ese momento, entre la población tunecina se conoció al puente de ferrocarril,  como “Puente Español”. La misión había sido un éxito rotundo y la labor de todos los miembros de la misión no pasó desapercibida. Como reconocimiento a su dedicación, todos los miembros de la misión recibieron la Medalla de la Orden de la República Tunecina, la más alta distinción otorgada por aquel país.

El lunes, día 5 de enero salía el barco con la misión española rumbo a Valencia. En una entrevista, realizada al Cte. Gómez Torres se resume lo que fue el espíritu de la primera misión de ayuda humanitaria, tal y como las conocemos en la actualidad. “… Y, para terminar, os diré que nuestro mayor orgullo y nuestra mayor satisfacción ha sido, no solo cumplir con nuestra misión específicamente técnica, sino que, en toda Tunicia, el uniforme del soldado español valga tanto como un pasaporte y sobre todo que el nombre de España fuese conocido, querido y respetado por todo el mundo.”

Finalmente, las palabras que dijo el Cap. Pérez Gallego, del RMING nº3, en una conferencia tras finalizar la misión, son un claro ejemplo de la valía del soldado de Ingenieros: "Con esto quiero rendir un pequeño tributo a ese soldado anónimo Zapador, que hace lo que le mandan, pero que resuelve pequeños problemas y da ideas, a veces geniales; si se le hace participar de verdad y con cariño en la operación, ellos realizan el trabajo”.


(1) Para los que no conocen el puente Bailey (o el actual Mabey), su configuración dependerá de la brecha a salvar y de la clase que se necesite (peso que puede soportar). Puede ser de varias categorías en base a los paneles que deban utilizarse para su construcción. Simple es un panel y doble, dos paneles. Simple-simple, por ejemplo, es cuando hay sólo una fila de paneles. Si añadimos una fila de paneles a cada lado de la estructura, se convertiría en doble-simple. Si doblamos la estructura encima de la anterior, sería doble-doble, y así sucesivamente para conseguir mayor resistencia. Ver montaje de puente Mabey.


22 diciembre 2024

FELIZ NAVIDAD

 A dos días de celebrar la Nochebuena, El Furriel no se va a enrollar hoy con fallos en los actos militares, ni va a contar batallitas, ni va a echar moralinas nostálgicas. Hoy toca felicitar estas entrañables fiestas a la gran familia militar, sobre todo a los que están desplegados en operaciones internacionales y a los que van a estar de servicio en las fechas más señaladas de estos días. 

Y este año, muy especialmente, a los que están quitando barro en Valencia alejados de sus familias. Ellos son la muestra de que el Ejército siempre arregla los desastres de los políticos. Las guerras las crean los políticos y los militares las sufrimos. En este caso los políticos crearon el caos y ahora son los soldados de España los que tienen que mancharse las manos doblando el espinazo, separados de sus familias para lavar la imagen y la conciencia de muchos políticos, aunque no creo que su imagen tenga ya limpieza. Pero bueno, como dice el Credo Legionario, obedecerá hasta morir y trabajará en lo que le manden, pero... manda eggs.

Y no, no voy a seguir porque la puedo liar y puesto que hace un año ya conté más o menos todos mis sentimientos sobre estas fechas desde el punto de vista militar, vuelvo a recuperar aquel artículo de la Navidad de 2023, sobre todo para los que no lo leyeron: LA NAVIDAD CUARTELERA

Como cada artículo lleva su foto, la de hoy es la del Nacimiento del belén de mi casa. Cada año escolta al Niño Jesús un legionario o un paracaidista de los que tengo de recuerdo de las unidades, pero este año, como homenaje a los 50 años de la creación de la Escala Básica de Suboficiales, le toca cubrir tan alto servicio a un Caballero Alumno de la AGBS.



Deseo muchísimas felicidades a los pocos pero leales lectores de El Furriel, sobre todo a los que se encuentran separados de la familia por motivos del servicio a España. 

¡FELIZ NAVIDAD!

15 diciembre 2024

LOS PEQUEÑOS NICOLÁS

 Para quien no lo recuerde, el Pequeño Nicolás era un joven impostor que se infiltró en las altas esferas del poder político y económico español, llegando incluso a colarse como invitado en el besamanos celebrado en el Palacio Real tras la proclamación de Felipe VI como Rey de España.


Pues bien, hoy traigo a El Furriel a esos variopintos personajillos de medio pelo que han proliferado considerablemente en los últimos años en cuantos actos y celebraciones militares se suceden a lo largo y ancho de este mundo y cuya desvergüenza merece un profundo estudio.

Los Pequeños Nicolás son unos personajes que suelen juntarse con otros de la misma condición y que te los encuentras en cualquier sarao donde haya uniformes. Suelen pertenecer a asociaciones y hermandades de veteranos, aunque no lo hayan sido, y hasta llegan a crear sus propias asociaciones (algunas con un solo asociado) en las que, casi siempre, se inventan una prenda de cabeza y se cuelgan más medallas que un general coreano, la mayoría diseñadas por ellos mismos.

Su ciclo de vida, más o menos largo según su habilidad y su morro, es sencillo: nacen y se dan a conocer, se reproducen introduciendo a otros semejantes en los círculos protocolarios de las unidades que se dejan engañar y, finalmente, mueren al ser descubiertos cuando llega un nuevo jefe a una unidad que pregunta quién y qué hace aquí ese tío.

Pero claro, la cuestión es cómo se introducen en este mundillo. Hay dos formas, una directa y otra residual.

La directa consiste en que, con todo el morro del mundo, el Pequeño Nicolás se pone en contacto con el responsable de protocolo de una unidad, cuando no con el jefe directamente, y le dice que es el presidente de la hermandad de antiguos hoplitas o de la asociación de veteranos de la Guerra de la Independencia —son capaces de todo— y manifiestan su interés por asistir a un acto determinado. Como los tíos suelen hacerlo bien y el responsable de protocolo a veces no sabe hacerlo tan bien, pues listo, ya está en la base de datos de protocolo de esa unidad y a partir de ese momento pasa a ser invitado imprescindible en todos los actos. 

Que es verdad, que no estoy de coña. Esto pasa; vamos que si pasa. Hace unos meses recibí un correo electrónico del secretario de una supuesta asociación de veteranos o antiguos no sé qué, diciéndome que, por indicación del presidente, solicitaba que lo incluyera en la base de datos de protocolo del Museo que dirijo. Sin preocuparme por indagar sobre esa asociación le contesté diciéndole —con toda la educación del mundo, lo aseguro— que ni de coña, que yo solo invitaba, además de a las autoridades militares, a quien tenía relación con el museo o a quien me invita a sus actos y que su asociación era totalmente desconocida para mí por lo que no existía relación ninguna. 

Comentado este asunto con algunos militares me dijeron de quién se trataba y pude ver que, efectivamente, asistía a bastantes actos. Eso sí, en alguna unidad de la Armada en Cartagena ya lo tienen calado y el jefe le ha prohibido el acceso para siempre tras invitarle a pirarse del cuartel a mitad de un acto en el que, sin habérsele invitado, se había colado el tío en el acotado de autoridades civiles.

Luego están los que nacen como Pequeños Nicolás de forma residual, es decir, que aprovechan su pertenencia a una determinada asociación (totalmente reconocida y con miembros perfectamente dignos) para ir ganándose la confianza de quien maneja el protocolo. Inicialmente acceden como componentes de esa asociación, pero finalmente ganan su fila particular en la base de datos. 

En estos casos suele ocurrir que los jefes de unidad tardan en conocerlos por su fugaz tiempo de mando de un par de años o tres, tiempo en el que los Pequeños Nicolás saben derrochar toda su simpatía para ganarse su confianza, como se ganaron la de sus predecesores. 

Hacia 2003 o 2004 o por ahí, un grupo de veteranos paracaidistas de la zona de Elche que habían integrado años antes una asociación de veteranos paracaidistas acabaron por discrepancias fuera de la estructura de FENASVPE (Federación Nacional de Asociaciones de Veteranos Paracaidistas de España). Estos veteranos eran de esos veteranos que tenemos a veces hasta en la sopa en los cuarteles y, por proximidad, el cuartel que más solían frecuentar era el del Acuartelamiento Santa Bárbara, en Javalí Nuevo (Murcia) —sí, Javalí con uve—, sede en esos años de la Bandera Ortiz de Zárate III de Paracaidistas y de la Unidad de Formación Paracaidista, UFPAC, es decir, el antiguo Batallón de Instrucción Paracaidista. Yo me encontraba entonces destinado como teniente instructor en la UFPAC.

Era época de carencia de tropa en las Fuerzas Armadas tras la suspensión de la Mili. No estaba de moda ser militar y las plazas en los centros de formación de Tropa no se cubrían en ninguno de los once ciclos de ingreso que había al año. En la UFPAC, donde teníamos claro que preferíamos calidad antes que cantidad, además de no cubrirse las plazas, había un gran número de bajas por renuncia voluntaria a lo largo de los meses de instrucción y en aquella época terminábamos el año con poco más del 50% de cobertura de las plazas que necesitaba la Brigada Paracaidista.



En esta situación, este grupo de veteranos paracaidistas de la zona de Elche propuso al entonces General Jefe de la BRIPAC, Gral. Gómez-Hortigüela, crear unos equipos para captar a jóvenes en la zona de Alicante con el fin de que ingresaran en el Ejército. El Gral. Gómez-Hortigüela no les puso pegas; a fin de cuentas no había nada que perder y cualquier idea era bienvenida si podía colaborar a paliar la falta de Tropa. El presidente de esta asociación, una tal "Y", se vino arriba creyéndose yo qué sé qué y hasta le pidió al General que se les hiciera un carné de captadores. Este carné, por supuesto, no tenía ninguna validez oficial, pero ellos iban por ahí tan felices con él.

El señor Y, que durante el Servicio Militar fue escribiente en la PLMM del BIP, pero que hablaba como si hubiera mandado él solito el batallón, frecuentaba cada vez más el murciano cuartel de paracaidistas con cada vez mayor altanería, fruto, supongo, de su todopoderoso carné de captador. Vamos, un auténtico Pequeño Nicolás. En una de las seis juras de Bandera que celebrábamos al año incluso quiso estar en la tribuna presidencial por ser el "jefe de los captadores de la BRIPAC". Por descontado que el Capitán encargado de protocolo le dijo que no.

Se dedicaba este personaje a escribir mucho en foros y blogs de internet de temática militar, en la mayoría de los cuales solía tener acaloradas discusiones con otros internautas. Uno de estos internautas, llamémosle "G", era uno de mis alumnos que había sido antes legionario y en ese momento había vuelto a ingresar en el Ejército para ir destinado a la Brigada Paracaidista. Tuvieron discusiones bastante fuertes entre ellos y una mañana en la que me encontraba con mi sección en la pista de aplicación, apareció el señor Y por allí y, dándome una voz desde la carretera, me gritó que le mandara al alumno G que tenía que hablar con él. Yo, que no podía creerme lo que había oído, lo miré y, sin hacerle ni puñetero caso, seguí a lo mío. Volvió a gritarme, de forma más autoritaria, que le enviara inmediatamente a G. Entonces ya me fui para él y lo mandé a la mierda. Nada de con forma educada ni con eufemismos; lo mandé literalmente a la mierda y le dije que quién se creía que era para ir exigiendo y dando órdenes a un teniente. Él me dijo que era un captador designado por el General de la Brigada. Así se lo tenía creído el tío.

Inmediatamente se fue a ver a mi Teniente Coronel y le contó lo ocurrido. El Teniente Coronel, sin necesidad de esperar a mi versión, le echó del cuartel y le prohibió la entrada indefinidamente al mismo. A partir de ese momento fui protagonista casi principal de sus escritos en foros de internet. El Gral. Gómez-Hortigüela no quiso volver a hablar con él.

Personajillos como éste hay muchos. Tal vez no con tanta soberbia como el señor Y, pero son una especie de tarados que necesitan su dosis de protagonismo cuartelero y que no terminan de extinguirse. 

No los soporto.


24 noviembre 2024

YA NO HAY HÉROES... NI LOS HABRÁ

 Un soldado pidió permiso a su teniente para adelantarse en el frente para rescatar a su camarada que había caído herido por el fuego enemigo. Su teniente no le autorizó porque su compañero ya habría muerto y no podía poner en riesgo una vida más. El soldado obedeció y volvió a su puesto, pero una fuerza interior le recomía: no podía abandonar a su camarada. Saltó de la trinchera y corrió hacia su camarada, lo recogió del suelo y echándoselo a la espalda, regresó con él a la posición. Al verlo llegar con el cuerpo ya sin vida de su compañero, el teniente le llamó la atención: te dije que no fueras, que estaría muerto; has desobedecido y has arriesgado tu vida sin necesidad. Entonces el soldado le contestó: cuando llegué aún vivía y antes de morir le dio tiempo a decirme "estaba seguro de que vendrías a por mí"

Esta historia, conocida en diferentes versiones, describe perfectamente al héroe. Pero realmente ¿qué es un héroe? Pues hay mucho escrito y muchas las definiciones y teorías sobre lo que es un héroe, pero podríamos resumirlas en esa persona cuya actitud, virtud o capacidad sobresaliente le hacen enfrentarse con valentía al peligro o a la adversidad en bien de otros, sin importarle sus propios riesgos. 

El concepto de héroe está íntimamente ligado al de honor, por eso a lo largo de la historia muchos héroes lo han sido porque su honor les llevó a actuar mucho más allá de lo que era su obligación. Nunca un héroe lo será si se limita a cumplir órdenes estrictamente, pues éstas tienen mucha parte de razonamiento y poca de alma, que es la que empuja al honor. Uno decide cómo actuar y actúa, pero el aséptico análisis de su acción se convertirá después en una Laureada o en un pelotón de fusilamiento, según cómo acabe la cosa. Cuando uno decide actuar escrupulosamente conforme a las órdenes, normas, tácticas, técnicas y procedimientos sin la más mínima capacidad de ejecución ni la más elemental libertad de acción y sin salirse ni un milímetro de lo estipulado, sin duda estará actuando de forma oficialmente correcta y nada se la podrá reprochar; será un buen cumplidor de órdenes y un gran disciplinado. Pero este tipo de personas jamás serán héroes. No se puede ser un héroe si sólo te limitas a cumplir lo que está escrito. 

Y no es que esté mal ser un exacto cumplidor de normas y demás literatura reglamentaria, pero hay ocasiones en las que tanto tu responsabilidad por el puesto que ocupas como por lo que tantos esperan de ti te obligan a tomar decisiones en cuestión de minutos. Para tomar la decisión de hacer lo que está escrito no hace falta todo un teniente general, por poner un ejemplo; es suficiente con tener a alguien que sepa leer e interpretar bien lo que está legislado. 

El cargo desempañado al alcanzar determinado empleo militar implica responsabilidad; mayor cuanto mayor es el empleo. Pero esta responsabilidad no se exterioriza únicamente con el estricto cumplimiento de lo que está escrito ni con la justificación de la nómina ante tus superiores, mucho menos cuando tus superiores son políticos, que nada entienden de estos valores de los que estamos hablando hoy.

La responsabilidad basada en el estricto cumplimiento de lo escrito no responde a ninguna capacidad de decisión, sino a saber leer, ser muy obediente... y poco más. La responsabilidad debe basarse en la disposición a asumir los riesgos derivados de una decisión, sean los que sean, y esas decisiones deberán estar guiadas por el sentido del deber, que no siempre está escrito.

El sentido del deber debe ser una de las líneas de acción del militar actuando como militar, que es por lo que cobra. Para mandar a unos miles de hombres a base de órdenes que no se salen ni un ápice de lo que está escrito —y más cuando está escrito por políticos— no hace falta ser, otra vez por ejemplo, teniente general. Mandar implica tomar decisiones y cuando éstas pueden no estar completamente recogidas en órdenes ministeriales, leyes y demás palabrería política, es cuando reviste verdadero valor el ejercicio del mando. 

La responsabilidad está íntimamente ligada al ejercicio del mando pues implica tomar decisiones a sabiendas de que pueden suponer el fin de tu carrera. Se decide actuar de determinada manera asumiendo toda la responsabilidad, para bien o para mal. Eso es mandar militarmente; lo contrario es ser un simple gestor de recursos humanos y recursos materiales. Y para evitar que la arbitrariedad o el error vayan unidos a la acción del mando sólo hay una fórmula: actuar con sentido del deber.

Pero claro, habrá que entender qué es el sentido del deber. Para ello no debemos circunscribirnos a reglamentos, sino que debemos abrir la mente hacia algo más grande, la verdadera esencia del Ejército reflejada en sus Reales Ordenanzas, escritas por militares para militares con una gran alusión a  nuestros valores.

Según rezaban las Reales Ordenanzas de 1978, la razón de ser de los Ejércitos es la defensa militar de España, pero también las de 2009 nos obligan a los militares a poner el máximo empeño en preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas, esforzándose en que la rápida intervención de las Fuerzas Armadas suponga una respuesta eficaz que infunda confianza y tranquilidad a la población.

Pongamos un ejemplo de lo que es actuar con sentido del deber. Imaginemos que, en un lugar próximo a una base militar, se produce un incendio en el que el fuego está cercando a las viviendas próximas. De ellas salen despavoridos los vecinos para alejarse del peligro. La brigada alojada en esa base tiene personal y medios que rápidamente podrían salir en ayuda de la población civil para preservar su seguridad, pero el jefe de esa brigada pierde el tiempo preguntando a su Estado Mayor qué dicen las normas sobre cómo intervenir o a quién debe pedir permiso para actuar. En ese tiempo el presidente de la comunidad autónoma pide ayuda al Gobierno de España, la Ministra de Defensa da la orden de intervenir al JEME y así hacia abajo llega por fin la orden de intervenir al jefe de la brigada, pero ya es tarde; el incendio se ha cobrado más de doscientos muertos... En este ficticio ejemplo ya sólo habría faltado que el general hubiera declarado a la prensa que su brigada estaba preparada, pero que estaba esperando órdenes.

Todo muy reglamentario y con un estricto cumplimiento de los protocolos de actuación ante estas emergencias naturales. Una gran muestra de disciplina, pero hay más de doscientos muertos.

Este ejemplo, aunque parezca que es una exageración y que jamás podría darse, sería una muestra de no actuar con la responsabilidad de tomar decisiones adecuadas para el cumplimiento del deber. ¿Qué deber? El de preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos esforzándose en que la rápida intervención de las Fuerzas Armadas suponga una respuesta eficaz.

Está claro que el Ejército se rige por el exacto cumplimiento de las órdenes, pero ante situaciones extremas es cuando surge el héroe cuyo honor le empuja a actuar con rapidez para alcanzar las más altas misiones que tienen encomendadas las Fuerzas Armadas. Luego ya veremos cómo se justifica esto, pero de momento, se actúa.

Por eso ya no hay héroes, ni los habrá. Cada vez más se está configurando un estilo de mando de gestores de grupos de hombres, cuyo éxito profesional viene definido por actuaciones que no se salen ni un milímetro de lo que está escrito en normas y procedimientos. ¿Esta falta de capacidad de ejecución es la base del tan manido últimamente mando orientado a la misión? ¿Este es el tipo de líder que queremos? Pues eso, que ya no hay héroes... ni los habrá.

No hay mayor recompensa que la satisfacción del deber cumplido, pero siempre con honor. Qué bonito debe de ser que te recuerden por tu gran sentido del deber. No me acuerdo de nadie a quien recuerden por haber sido un estricto cumplidor de órdenes —bueno, a algunos sí se les recuerda, pero no precisamente como ejemplo de nada bueno—.

Qué pobre habría sido la historia militar de España si siempre se hubiera actuado con tan poco sentido del deber y del honor. 

Termino con la famosa frase del Alcalde de Zalamea: Al Rey la hacienda y la vida se ha de dar, pero el honor es patrimonio del alma y el alma sólo es de Dios.


Los héroes del Baler.

 


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03 noviembre 2024

LA UME

Tras unos días bastante complicados por motivos personales, hoy El Furriel quiere escribir. Y el tema de triste actualidad de la DANA de esta semana da pie a contar algunas cosas que sé que muchos desconocen o, al menos, no conocen a fondo. No olvidemos que este blog nació para dar a conocer cuestiones, creo que importantes, que están olvidadas o que han quedado en desuso y son desconocidas por los jóvenes militares, que son los principales destinatarios de los pensamientos de este viejo soldado.

Desde 2005, año de creación de la Unidad Militar de Emergencias, no hay incendio, inundación, terremoto, nevada o cualquier otro tipo de situación de emergencia natural, en la que la UME no haya participado de forma exitosa. Incluso fuera de España. Tampoco ha habido ni una de estas intervenciones de la que no se haya hecho eco en los medios de comunicación por su impecable actuación. No hay desgracia natural en la que la sola presencia de los hombres de negro con sus camiones rojos no haya sido un soplo de esperanza y tranquilidad para los afectados por estas emergencias. No podía ser de otra forma, son militares. 

El 26 de diciembre de 2004, una gran nevada colapsó la provincia de Burgos, hubo que evacuar a más de 6.000 personas y varios pueblos quedaron aislados. Hubo un fallecido. Nada comparable con lo ocurrido en Valencia esa semana, pero el entonces Presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero, sí se preocupó por esta emergencia sin necesidad de esperar a que el Gobierno de Castilla-León solicitara ayuda y empezó a pensar que España necesitaba un moderno sistema de emergencias y un potencial adecuado tanto en personal como en medios. 

Unos meses después, entre el 16 y el 20 de julio de 2005, un incendio en Guadalajara costó la vida de once bomberos forestales. Este fue el detonante que confirmaba que España necesitaba hacer las cosas de otra forma a como se venían haciendo. A pesar de que se podían haber adoptado otras medidas, como una legislación adecuada, potenciación y mejora en la formación del personal de emergencias, adecuación de medios o mayor y mejor coordinación entre administraciones, se decidió que fuera el estamento militar, acostumbrado a hacer bien las cosas, quien diera solución a este problema. Supongo que Margarita Robles no recuerda cómo se creó la UME cuando dice eso de que el Ejército no puede hacerlo todo y que cada administración tiene su responsabilidad. 

No cabe duda de que era una magnífica idea contar con personal militar dedicado en exclusiva a llevar a cabo con éxito lo que civiles, en la mayoría de los casos voluntarios pero sin la formación adecuada, no podían garantizar. Para ello, en octubre de ese mismo año —qué rapidez legislativa cuando se quiere— se creó la UME en un Consejo de Ministros, aunque no es hasta junio de 2007 cuando se define su encuadramiento y su funcionamiento.

Pero claro, había prisa y no había tiempo para convocar plazas de personal de nueva incorporación ni para comprar todo el material necesario, por lo que la UME se creó detrayendo personal, y en bastantes más casos de los que se cuenta, material de las unidades de los tres ejércitos que se dedicaban a la defensa militar de España, razón de ser de los ejércitos —no lo digo yo, lo decían las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas de 1978, en vigor aún en esos años—.

Así vimos cómo se iban publicando vacantes en la UME que eximían del plazo de mínima permanencia en la unidad de destino, cómo se le iba asignado material en uso en unidades y cómo se dedicó una ingente cantidad del presupuesto de Defensa para crearla sin apenas incremento de dicho presupuesto. Los que seguimos en las unidades para las que el enemigo seguía siendo el mismo que siempre y no el fuego, fuimos sufriendo una merma en personal y en medios, sobre todo las unidades de Ingenieros, y en los créditos asignados, con la consiguiente disminución, por ejemplo, de repuestos para el mantenimiento de vehículos. Aún estamos sin recuperarnos de aquello...


A pesar de que, repito, era una idea de la que el tiempo ha demostrado su eficacia, la creación de la UME produjo un gran malestar en los ejércitos, sobre todo en el de Tierra por ser el más afectado. No era la UME lo que no gustaba, a pesar de que muchos columnistas de los que suelen escribir sobre temas militares sin tener ni repajolera idea quisieron verlo así; lo que no gustó fue la forma en la que se creó la UME. 

Y la forma no fue sólo el asunto del personal y material detraído de las unidades militares, sino la forma política de querer dar una visibilidad no bélica a una unidad militar que era la joya de la corona. Hacía pocos meses que Zapatero había ordenado unilateralmente el vergonzoso repliegue de las tropas españolas de Irak. Los militares no comulgábamos con esa postura tan anti belicista de la que hizo gala el propio Zapatero con el asunto de Irak e, incluso, para alabar a la UME. Con esta situación, ya me dirán ustedes...

Esta publicidad "oficial" que se preocupó por vender la imagen de la UME como algo parecido a una ONG era un tema peliagudo en aquellos años pues veníamos de una época de misiones internacionales en las que el prestigio de nuestro Ejército se vio salpicado en varias ocasiones por la imagen política de querernos convertir en una oenegé. Tal fue el empeño de Zapatero en la UME como nueva imagen de las FAs, que pronto se empezó a hablar de ella como la Guardia Pretoriana de ZP o la División ZP —os recuerdo que la UME la creó el mismo Ministro de Defensa que ordenó quitar el lema A España servir hasta morir del monte de Constampla en la AGBS—.

Aquí hago un inciso en el relato para confesar públicamente que me equivoqué. Cuando se empezó a oír hablar sobre la nueva UME yo decía que iba a ser un fracaso porque estaba convencido de que serían pocos los militares que querrían cambiar el fusil por la manguera. Pero no, tuvo toda la aceptación que yo no habría imaginado jamás. No sé si el mayor atractivo para pertenecer a la UME fue hacer algo diferente, una experiencia nueva, querer ser más "útil" a la sociedad que haciendo maniobras en San Gregorio o pegando tiros en Afganistán, o la diferencia de sueldo, pero está claro que me equivoqué. 

De esta unidad destacaría unos aspectos muy positivos. En primer lugar, con la UME se ha evitado tener que participar en extinciones de fuegos o en inundaciones con personal militar con poca o nula preparación para ello como nos pasaba hasta entonces donde nos jugábamos la vida por falta de instrucción adecuada por muchas ganas que le echáramos. En segundo lugar, que se ha ampliado el abanico de situaciones en las que se puede intervenir de forma militar, haciendo bien las cosas, por la gran variedad de cometidos de emergencias para los que los úmedos están preparados. Y en tercer lugar, y muy importante, que ha crecido la valoración que de las FAs tiene el pueblo español.

Pero también tiene su lado menos positivo para mí. En primer lugar que da mucha pena que las unidades tengan considerables carencias en la cantidad y calidad de los materiales para prepararnos para la guerra mientras la UME tiene otro nivel. En segundo lugar que el personal de la UME proceda de los tres ejércitos y no sea un cuarto ejército independiente cuyo personal se dedicara para siempre a los cometidos para los que ha recibido tan específica formación y de los que ha adquirido tan extraordinaria experiencia. Y en tercer lugar, que ya muchos se olvidan de que antes de la existencia de la UME también en el Ejército apagábamos incendios, quitábamos barro o apaleábamos nieve. 

En fin, que fuera como fuere que nació la UME e independientemente de que nos gustara o no en aquel momento —o en el actual— hay que reconocer el extraordinario trabajo de todos y cada uno de los componentes de esta Unidad Militar de Emergencias que tantas vidas ha salvado y tanto ha ayudado a los desprotegidos a causa de las turbulencias de la naturaleza. Saben hacer las cosas bien, no olvidemos que son militares.

Pero como en todo en la vida, no todo es blanco y negro, hay muchos colores intermedios. Como en Valencia, donde además del color negro del uniforme de la UME está el minerizado boscoso del ET, o el mimetizado árido del EA (y del viento) y de la Armada, porque cuando la cosa se pone tan fea como se ha puesto en Valencia, al final hay que tirar de abnegados soldados que por unos días han cambiado el fusil por una pala o por un escobón y se están hinchando a quitar barro.

13 octubre 2024

DESFILE DEL DFN DE 2024

 Hoy, como es natural, El Furriel quiere hablar del tradicional desfile que con motivo del Día de la Fiesta Nacional de España se celebró ayer en Madrid. Al igual que el año pasado, por haber asistido a la celebración de la patrona de la Benemérita, no he podido ver el desfile en directo, por lo que lo he visto en diferido por la tarde. Esta circunstancia te permite ver las cosas con más detalle al poder rebobinar y volver a ver una imagen. 

En condiciones normales me habría sentado frente a la pantalla espectante por saber cuál sería la sorpresa con la que nos sorprenden cada año, pero esta vez iba ya alertado pues al finalizar con la Guardia Civil e ir hacia mi coche vi que tenía 192 mensajes de WhatsApp sin leer. Echando un vistazo rápido a alguno de los distintos grupos que comparto con militares ya fui teniendo una idea de lo que había pasado, pero no quería dejar de verlo con mis propios ojos.

Por la mañana pensé que poco habría que escribir sobre el desfile, ya que sería, más o menos, lo mismo que escribí el año pasado en EL DESFILE DE LA FIESTA NACIONAL. Que si hace falta más orden cerrado, que si algunos oficiales entran a matar con el sable en el vista a la derecha, que si las alineaciones, que si la retransmisión es una birria, etc. Vamos, lo que tristemente se ve habitualmente en los desfiles actuales. Sin embargo, viendo lo que ha ocurrido en este desfile de 2024, merece la pena hacer un análisis concreto.

Aunque estoy seguro de que si no hubiera llovido podríamos hablar de todas esas cuestiones que deslucen los desfiles habitualmente, sí llovió, y mucho, por lo que habrá que ser benevolente con el análisis técnico del desfile.


Varias y razonables fueron las medidas adoptadas como consecuencia de la lluvia, como fueron suspender el desfile aéreo y el lanzamiento paracaidista con la Bandera o que no desfilaran las banderas de todas las unidades, de gran valor, para evitar su deterioro. Hasta ahí todo natural y lógico.

Pero ya es otra cosa lo que se le hizo a La Legión... y a los españoles que esperaban bajo la lluvia para verla pasar a su paso característico. Los militares, y los legionarios como los que más, tenemos la rara y trasnochada costumbre de ser disciplinados; cuando se nos da una orden la hacemos nuestra y la cumplimos, pero el pueblo que está viendo el desfile no entiende ciertas cosas y ésta es una de ellas, según me llega de alguien que vio el desfile in situ y oyó los comentarios de mucha gente del público.

Supongo que la orden se daría tras un profundo estudio de la situación y según los datos que se tuviera en ese momento. Esto es como la guerra, que no es una ciencia exacta, sino un arte, y a veces se acierta y a veces no.

El motivo para que La Legión y los Regulares no desfilaran a su paso específico no fue otro que reducir el tiempo de exposición bajo la lluvia de, supongo, políticos e invitados, porque el público permanecía estoico e impasible bajo la lluvia, pudiéndose haber ido a sus casas cuando le hubiera dado la real gana, y los militares llevaban mojándose desde las 8 o 9 de la mañana —algunos incluso desde bastante antes—.

Gracias a Youtube es fácil comprobar que en 2023 el desfile a pie, desde el Coronel Jefe de la Guardia Real hasta la última compañía de La Legión, tardó en pasar por delante de la tribuna presidencial 18 minutos y en 2024 ha tardado 15 minutos. Es decir, lo que se ganaron fueron sólo 3 minutos, 180 segundos. 


¿Realmente valió la pena que La Legión no desfilara a su paso por 3 minutos? ¿Por 180 segundos valió la pena que el público no pudiera ver el desfile a paso legionario que es, sin lugar a dudas, el que más pasiones levanta en estos desfiles?

No hace falta ser un experto en desfiles, ni siquiera en cinemática, para saber que habitualmente La Legión deja espacio con la unidad anterior para alcanzarla, a su velocidad, al final del recorrido. Es decir, en caso de haber desfilado a 160 pasos por minuto estos 3 minutos, al final del recorrido, habrían sido CERO.

Claro, dirán algunos ¿y los Regulares que van detrás? Pues sin acritud, y teniendo en cuenta que el desfile regular sí es más lento, la solución habría sido fácil: se pasa a los Regulares a desfilar delante de La Legión a 124 pasos por minuto y listo. En vez de cambiar el paso a dos unidades se lo cambias a una sola y el daño moral es bastante menor. 

Sí, daño moral. El legionario, como todo el mundo, tiene sus virtudes y sus defectos; más de unos que de otros según quién hable de ellos —la envidia es muy mala—, pero no cabe duda de que lo que es máximo en La Legión es el orgullo que tiene le legionario por todas y cada una de sus características diferenciadoras, incluido el desfile a 160 pasos por minuto. 

A pesar de todo, este desfile será inolvidable para los que han tenido la gran suerte de desfilar en estas condiciones. El soldado español se crece ante las adversidades y el orgullo que han debido de sentir al desfilar así bajo la lluvia y con los charcos por encima de los tobillos. El Ideario Paracaidista dice que "por encima de todo está la misión; el calor, el frío, el hambre, el sueño y el cansancio para mí serán estimulantes". Estoy seguro de que la lluvia de ayer fue un estimulante para todos y cada uno de los soldados que tuvieron la gran fortuna de desfilar calados hasta los huesos. Qué envidia.


Para terminar, sigo pensando como el año pasado: aunque sea la Fiesta Nacional, la fiesta de todos los españoles civiles y militares, no deberíamos olvidar que es un desfile MILITAR. No me gusta ver en un desfile militar a los de Vigilancia Aduanera ni a Protección Civil ni al SAMUR. ¿Por qué no desfilan también, por ejemplo, los guardas forestales, los celadores de hospitales, los maestros, los panaderos o los barrenderos con sus camiones de recogida de basura? A su manera también hacen Patria...

 

06 octubre 2024

DEJÉMONOS DE MARICONADAS

El jueves por la noche tuve un sueño; bueno, una pesadilla realmente. Me desperté cansadísimo, consecuencia, sin duda, de la intensidad con la que esos pensamientos nocturnos me habían debido de atormentar durante toda la noche.

A primera hora de la mañana no conseguía recordar el sueño. Sabía que algo tenía que ver con uniformes militares, pero no conseguía descifrar el enigma. Ni siquiera tras mi primer café mañanero conseguía recordar de qué se trataba. 

Pensarán mis pocos pero leales lectores que menudas vueltas le estoy dando a un simple sueño, pero es que, primero, soy un tío muy disciplinado y cuando hay que dormir, duermo y no me entero de nada a mi alrededor, de ahí mi extrañeza, y, segundo, sabía que el sueño había sido sobre algo interesante o, al menos, inquietante para mí. 

Bueno, el caso es que había ido olvidando el asunto y mi leal compañero SIMENDEF —que, por cierto, está a punto de pasar a la reserva y otros vendrán que bueno lo harán— consiguió, como todas las mañanas, ponerme las pilas y despertarme del todo.

Así iba pasando el tiempo y a media mañana salí de mi despacho para dar una vuelta por el Museo Militar que tengo la gran suerte de dirigir. Respiro hondo y huelo a historia; esa historia de la Milicia de España que me relaja porque me apasiona y, además, me abstrae del mundo actual haciéndome olvidar lo que tenemos...

En una de las salas me encontré con un compañero del colegio que hacía años que no veía. Me presentó a su mujer y ésta hizo el ademán de darme dos besos, pero de golpe se quedó paralizada y me djo "te iba a dar dos besos, pero como vas de uniforme no sé si es correcto". Por supuesto, le di dos besos y en ese preciso instante fue como si todo ese sueño nocturno pasara como una película por mi pantalla cerebral en décimas de segundo.

Tras charlar un rato, volví a mi despacho, me senté y fui recordando el sueño enteretico, como dicen en  mi tierra. No me extraña que me levantara cansado; lo que no entiendo es que no me levantara de mala uva. O sí...

El sueño consistía en que llegaba a un acto militar en el que, fuera de formación, nos íbamos colocando los militares en el corralillo a modo de tetris intentando guardar la rigurosa antigüedad. No sé ni dónde ni con motivo de qué era ese acto, pero el caso es que había muchas más mujeres militares de las que por proporción suele haber. Empiezo a ver que ya no hay saludo militar, o si lo hay es algo leve y casi disimulado, entre hombres y mujeres y todo el saludo se reduce a dos besos. ¡Dos besos entre militares de uniforme! Menos mal que sólo era un sueño... 

Un coronel dando dos besos a una capitán mientras la llama, por supuesto, por su nombre de pila. Una teniente coronel que le da dos besos a un comandante. Menos mal que sólo era un sueño... 

Como si hubiera sido la formación más rápida del mundo, acababa el acto militar rápidamente y un grupo decidía hacerse una foto de familia con el monumento a los Caídos de fondo y, como si de un equipo de fútbol se tratara, echándose los brazos por encima de los hombros unos de otros, sin importar empleos ni antigüedades. Menos mal que sólo era un sueño... 

Sí, menos mal que era un sueño, porque son cosas que jamás ocurren en la realidad ¿no? No creo que nadie haya visto jamás esa imagen de dos militares de uniforme saludándose con un par de besos, pues no son los adecuados signos externos de la disciplina y de la cortesía militar de los que habla el artículo 52 de las RR.OO para las FAs:

Pondrá gran cuidado en observar y exigir los signos externos de disciplina, cortesía militar y policía, muestras de su formación militar. Se esforzará en poner de manifiesto la atención y respeto a otras personas, sean militares o civiles, en destacar por la corrección y energía en el saludo y por vestir el uniforme con orgullo y propiedad. Tendrá presente que el saludo militar constituye expresión de respeto mutuo, disciplina y unión entre todos los miembros de las Fuerzas Armadas.

Pues eso, que son cosas que nunca ocurren pues todo el mundo sabe que no es muy correcto porque devalúan el significado del saludo militar si se acompaña de dos besos. Hasta la mujer de mi compañero del colegio, una civil que nada sabe de uniformes, dudó si era correcto dar dos besos a un militar de uniforme. 

No sé qué haría si viera un par de militares de uniforme saludándose con un par de besos. Pero ¡bah! qué más da; eso nunca ocurrirá en el Ejército Español porque todo el mundo sabe que es de lo más anti marcial. Sólo pasa en los sueños. 

Si es que ni entre padre e hija se dan dos besos quienes, aunque no lo vistan todos los días, tienen respeto al uniforme y respeto a las formas que materializan externamente la disciplina y el valor de la jerarquía.


Ya puestos, espero no tener ninguna pesadilla con una pareja de militares de uniforme paseando cogidos tiernamente de la mano como si fueran Dora la Exploradora y Hello Kitty.

También es cierto que muchas veces la realidad supera la ficción. Tal es el caso que he recordado mientras escribía, y esto no fue un sueño. Siendo teniente, estaba en una base aérea esperando a que cambiaran las condiciones climatológicas para poder realizar el lanzamiento paracaidista que se había suspendido momentáneamente por exceso de viento. Nos dirigimos unos cuantos a tomar un café a la cantina de la base con el objetivo de hacer tiempo. Al llegar a la puerta la abrí y dos soldados mujeres hicieron el ademán de salir. Se ve que creían que yo les abría la puerta para dejarles pasar. Por supuesto me dispuse a entrar yo y, claro, ellas se quedaron de piedra viendo que no les dejaba pasar. Entonces les dije bastante serio: "igual es que estáis muy acostumbradas a que un teniente os ceda el paso, pero yo no estoy acostumbrado a ceder el paso a los soldados" y entré teniéndose ellas que apartar. Tremenda era la cara de asombro que se le quedó a las dos soldados. No sé a qué estarían acostumbradas, pero está claro que culpa no era de ellas, sino de quien les había acostumbrado a eso. 

Y como todos los sueños tienen moraleja... Seamos serios, joé, y no confundamos los signos externos de la disciplina y de cortesía con las muestras externas de cariño. El moderno cede el paso al antiguo y se saluda militarmente y con estrechón de manos; dejémonos de mariconadas y de querer ser tan guays


22 septiembre 2024

ORGULLOSOS DE NUESTRA UNIDAD

 El artículo 48 de las Reales Ordenanzas para las fuerzas Armadas de 1978 decía que "Todo militar se sentirá orgulloso de la unidad en (la) que sirve. Se esforzará en que ésta alcance los más altos niveles de preparación y por ello merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misión". Las RR.OO de 2009 cambiaron el texto, para decir lo mismo, en su artículo 22: El militar velará por el prestigio de las Fuerzas Armadas y por el suyo propio en cuanto miembro de ellas. Se esforzará en que con su aportación personal su unidad, de la que se sentirá orgulloso, mantenga los mayores niveles de preparación, eficacia, eficiencia y cohesión, con objeto de que merezca ser designada para las más importantes y arriesgadas misiones. 

Se escriba como se escriba, está claro que el militar debe estar orgulloso de la unidad en la que sirve. Esto, que parece evidentísimo, no creo que lo sea tanto en muchos casos a tenor del comportamiento de algunos. Y no me refiero al comportamiento en la propia unidad, porque cuando alguien cumple con su unidad no se le puede recriminar que prefiriera estar en otra, me refiero a cuando estando en una unidad uno quiere convertirla en otra copiando cualquier cosa de la unidad que anhela vehementemente. Me explico.

Todos los militares, o la inmensa mayoría, hemos estado en distintas unidades. Unas veces hemos tenido la gran suerte de estar en la que queríamos estar, pero otras, por diversos motivos como ascensos, tiempos máximos, etc, hemos tenido que despedirnos de esa tan querida unidad, "nuestra unidad", y pasar a otra totalmente distinta. Uno puede echar de menos la unidad anterior por innumerables motivos, tanto personales como profesionales, pero debe tener claro que en ese momento todo su esfuerzo tiene que ir encaminado a contribuir a la grandeza de su unidad actual. 

Llegados a este punto estoy seguro de que mis pocos pero leales lectores estarán pensando que no he descubierto la pólvora hoy con estas afirmaciones, pero voy a intentar explicar ciertas actitudes que se dan demasiado frecuentemente y que quedan muy lejos de demostrar orgullo por la propia unidad.

Hay unidades que tienen una personalidad muy particular, una idiosincrasia distinta o, incluso, una aureola tradicional que las diferencian un poco de las demás. Estas unidades suelen marcar con una gran trascendencia a los que por ellas pasan destinados. Uno ahí destinado pensará y actuará como se hace en esa unidad. Está claro que se está sintiendo orgulloso de la unidad en la que sirve.

El problema viene cuando este militar tiene que cambiar de destino y llega al nuevo pensando, actuando e, incluso, usando el uniforme como en su unidad anterior. Se resisten a pensar que ya no están en su antigua unidad y lo único que pretenden es transformar la nueva para que se parezca lo máximo posible a la que él echa de menos, pero en la que no puede estar. Son los que yo llamo los "quiero y no puedo"

El Ejército Español es, gracias a Dios, muy heterogéneo y tiene las suficientes diferencias en su seno que permiten dar personalidad propia, en mayor o menor medida, a todas las unidades. Sin profundizar mucho, sólo tenemos que echar un vistazo a las distintas tradiciones y a las particularidades en la uniformidad. 

Es precisamente en la uniformidad en lo que primero que se dan a conocer los quiero y no puedo. Cuántos casos conocemos de quien ha copiado las peculiaridades de una unidad para que la suya se parezca (imite) a otra. ¿Eso es estar orgulloso de la unidad en la que sirve o es estar orgulloso de la unidad en la que sirvió por encima de todas las demás, incluso de la suya actual? 

El ejemplo más característico es el de los que han sido legionarios, aunque sea media hora, y ahora van vestidos de caqui, pero no se resisten a ir con la camisa desabrochada. Nunca lo entenderé. ¿Es para hacer que se sepa que ha sido legionario? ¿Es necesario cometer una falta de uniformidad para demostrar que se es esto o aquello? Creo que hay otras características, que no son desabrocharse un botón de la camisa de verano, las que tienen que definir al militar y las que darán renombre a su unidad. Además, creo que no se dan cuenta del flaco favor que están haciendo a La Legión con esa actitud. La Legión es lo que es, con todas sus características, entre ellas la del botón desabrochado de la camisa. Es una seña de identidad del legionario y de la camisa legionaria, no de la camisa caqui —o amarilla grisácea, que es como se llama oficialmente; manda h...—. Si ya no estás en La Legión, por mucho que te duela, no puedes desabrocharte el botón de la camisa.


Otro ejemplo claro es la adopción de las manoplas blancas por algunas unidades que jamás las han usado. En este asunto creo que debemos mirar, sobre todo, hacia algunos antiguos paracaidistas que al llegar a otras unidades han querido mantener el uso de las manoplas y las han convertido en parte de su uniformidad. Así ocurrió en la BRILAT y en la UME, unidades que jamás usaron las manoplas y a las que se les dotó de ellas de forma no oficial ni reglamentada. 

Menos mal que la Instrucción General 03/22 “Descripción y uso de los uniformes y prendas del Ejército de Tierra" ha regulado por fin, entre otras prendas, el uso de las manoplas blancas sólo para unidades legionarias, paracaidistas y... de Regulares. Me quedé sorprendido cuando vi que se les incluía, porque tampoco las habían usado jamás a lo largo de su historia. Por más que veo fotos y vídeos de las diferentes décadas desde su creación, las unidades de Regulares no han usado jamás manoplas blancas, salvo desde hace unos pocos años, cuando seguro que algún antiguo legionario quiso mantenerlas en su nueva unidad para, aunque él no lo hiciera con esa intención, restarle a La Legión una de sus señas de identidad.

Las manoplas han sido siempre características de legionarios y paracaidistas y conforman parte de su propia identidad, ¿no nos damos cuenta de que haciendo que se adopten por otras unidades estamos rompiendo un poco la identidad de las unidades originales en su uso?


¿Y las boinas? ¡Uf!, esto daría para un monográfico. En los años 60 y 70 en España sólo usaban boina los paracaidistas, tanto del ET como del EA, los guerrilleros, los esquiadores-escaladores, los carristas, los pilotos de helicópteros y los infantes de Marina y marineros en su uniforme de campaña y de faena. Es decir, unidades que tenían una identidad muy particular. En el momento de su creación en 1976, la Guardia Real también la adoptó. Progresivamente se fue generalizando hasta que a principios de los 80 la prenda de cabeza general de la tropa del ET volvió a ser la boina caqui en vez de la gorra montañera, como ya lo fue en la década de los años 20 del siglo pasado, a la vez que en la Academia General Militar dotaban a su personal de boina grancé.

Pero como siempre hemos tenido muchos "quiero y no puedo", algunos jefes quisieron que su unidad tuviera también su parte de individualidad —protagonismo— y, en vez de demostrarla derrochando virtudes, valores o hechos memorables, recurrían a darle ese toque especial sólo en apariencia creando una boina de un determinado color que, en ocasiones, no les quedó muy acertado. Así hemos llegado a que ya casi nadie usa la boina caqui de uso general (la caqui con el águila del Ejército) ni, mucho menos, la gorra de plato. Tenemos boinas de color verde, en tres o cuatro tonalidades distintas, grancé, rojos, negro, azul también en varias tonalidades, marrón, gris, amarillo, color arena y seguro que algún color más que se me olvida. Quedan muy pocas unidades que usan la original boina caqui y la gorra de plato y de esas pocas que quedan, le quitan el emblema del Ejército y le ponen el suyo propio; así mola más... En resumen, que la excepción se ha convertido en regla y la regla es ya, tristemente, una excepción.

¿Y todo esto por qué? Pues porque si cada uno, de verdad, se sintiera orgulloso de la unidad en la que sirve, no necesitaría copiar nada de los demás.

Para terminar quiero tener en cuenta un ejemplo de todo lo contario a lo que estamos tratando hoy. La División Acorazada Brunete N.º 1 nació en 1943 y su primer jefe, el almeriense Gral. Rada que, por cierto, fue el primer jefe en desembarcar en Alhucemas en 1925 al mando de la VI Bandera de La Legión, adoptó una prenda de cabeza que permitiera el uso adecuado de los cascos de intercomunicación y transmisiones que necesitaban los carristas. Así se creó la boina negra de carrista con alas horizontales, como se ve en las siguientes imágenes:


En 1981 la DA Brunete tuvo una participación relevante en los sucesos del 23-F y el gobierno de turno quiso cambiar la imagen de aquella unidad cuyos miembros habían salido en telediarios y periódicos en el Congreso o en RTVE tocados con esa característica boina. Al nuevo jefe de la Brunete, Gral. Pedrosa, le propusieron que mantuviera la boina negra, pero con caída del ala hacia el lado izquierdo; vamos, como la que llevaban los paracaidistas. Don Prudencio Pedrosa, que fue combatiente paracaidista en IFNI y que mandó la BRIPAC, se negó rotundamente porque la boina negra con caída del ala hacia la izquierda era una de las señas de identidad de los paracaidistas y cuentan que dijo literalmente "quien quiera llevar la boina como los paracaidistas, que pida destino a paracaidistas", preservando una de las identidades de la Brigada Paracaidista. De modo que se adoptó la boina negra, color clásico de las unidades acorazadas de la mayoría de países, pero con caída del ala hacia la derecha:

Gral. Prudencio Pedrosa Sobral

A pesar de ello, tras la revolucionaria y en gran medida desafortunada normativa de uniformidad de 1986, se eliminó esta boina dotando a las unidades acorazadas y mecanizadas de una boina como la paracaidista:


Aunque me he centrado en aspectos de la uniformidad de épocas más o menos recientes, seguro que también ocurría esto hace siglos, por lo que me imagino que fue lo que ocurrió cuando alguien decidió que las unidades de marinería de la Armada, no las de Infantería de Marina, también tuvieran escuadras de gastadores en sus desfiles, aunque jamás existieran los gastadores en los buques de guerra...

En resumen, sintámonos orgullosos de la unidad en la que servimos, con sus peculiaridades propias sean o no tan vistosas como las de otras unidades, y dejemos de querer ser como otros. 






08 septiembre 2024

CÓMO HEMOS CAMBIADO

Con 40 años de servicio, echo la vista atrás y pienso cuánto hemos cambiado o, mejor dicho, cuánto han cambiado las Fuerzas Armadas españolas. Han pasado cuarenta años y es natural que tantas cosas hayan cambiado tanto. Pero, si entendemos la evolución como un cambio hacia adelante y como mejora ¿realmente hemos evolucionado? Pues depende en qué.

De pollo en 1983

Sólo soy un aficionado a la historia que cuento vivencias, mis vivencias. Por eso este de hoy no pretende ser un artículo sobre datos históricos, sino un resumen de los principales cambios que he experimentado a lo largo de mi vida militar mientras iba acumulando trienios. Vida militar que, aunque parezca raro, aún me sabe a poco...

Siempre he odiado —esto no es delito de odio ¿no?— a los "dices tú de mili" cuyas montañas que subían eran más altas, las marchas más largas, las guardias más frías y las maniobras más duras. A mí, como al Fary, nunca me han gustado los hombres blandengues, y menos si de militares se trata, pero la vida cambia porque cambia la sociedad y la evolución, en este caso sí, ha hecho que el hombre cambie a mejor en general. ¿Somos actualmente más blandos que los soldados de los tercios o que los legionarios romanos? Pues seguro que sí; el ser humano se ha ido acomodando a las facilidades que le ha ido dando la vida y, gracias a Dios, ahora con una simple aplicación informática conseguimos en unos segundos lo que hace siglos hacía un tío duro galopando de punta a punta de España para portar un mensaje. Esto es evolución.

Muchos de estos cambios han sido irremediables y no podrían no haber existido porque han sido producto de la vida misma. No podemos achacar a nadie algunos cambios lógicos y naturales por mucho que no nos gusten, pero hay otros que han sido producto de empeños de mentes pensantes que, supongo, no eran conscientes del gran daño que iban a crear a la Institución. El Plan Bolonia o la suspensión del Servicio Militar y la plena profesionalización de la forma tan chapucera que se hicieron, por poner unos ejemplos.

Veo mi foto de 1983 y pienso en cuántos tipos de botas distintas he tenido desde las famosas y duras como ninguna Segarra de tres hebillas hasta las actuales de boy scout; o cuántos tipos de uniformes de instrucción con sus más que discutibles diseños según se iban pariendo ideas y con su indiscutible y progresiva pérdida de calidad en sus tejidos. O pensar en los Nissan Patrol y Aníbal que hemos sufrido mientras añoramos aquellos durísimos Land Rover 109 que no necesitaban ni llaves para arrancar y cuya única avería podía ser que cogieran aire, solventándolas los propios conductores purgándolos en unos pocos minutos; bueno, a la holgura del volante te acostumbrabas pronto. Y del CETME L... mejor ni hablar.



Si me pusiera a enumerar uno por uno todos los cambios que he visto producirse en estos años faltarían días para escribir tanto: armamento, vehículos, material, equipo, normativa, procedimientos, organización, planes de estudios, sistemas de alistamiento, justicia militar, etc. En todos estos campos y en muchos más este ejército de hoy se diferencia bastante de aquél que yo conocí. Pero no es mi intención hablar de armamento o de vehículos; mi idea es hablar de cómo hemos cambiado los militares y nuestras formas de pensar y, como consecuencia, de actuar.

En primer lugar, ¿ha habido cambios positivos que nos hayan hecho evolucionar? Muchos, no cabe duda (a veces, demasiados), sobre todo en cuanto a políticas de personal con cada vez más derechos, pero también en cuanto a la preparación estratégica de nuestros cuarteles generales saltando por encima de la preparación operacional en la que nos movíamos en aquella época, en cuanto a la optimización y control de los recursos, en cuanto al aprovechamiento de la nuevas tecnologías o en cuanto a la imagen pública de las Fuerzas Armadas, por poner unos pocos ejemplos. Pero sin ningún lugar a dudas, si en algo hemos evolucionado de verdad, ha sido en la seguridad del personal. A pesar de que es posible que se nos haya ido la mano y a veces seamos demasiado exagerados con las medidas de seguridad, sobre todo en instrucción y adiestramiento, creo que ahora se hacen las cosas con más preocupación por la prevención de accidentes que antes. Ya no ves algo que antes todos veíamos tan natural, como ir un montón de tíos en la caja de un camión sin ni siquiera asiento para todos y, por supuesto, sin casco. O viajar de Zaragoza a Hoyo de Manzanares en un viejo autobús caqui con las mochilas amontonadas sobre nuestras cabezas.




Si comparáramos el ejército del siglo XXI con el del XVI, por ejemplo, seguro que hay muchísimas más diferencias que serían consecuencia de muchísimos factores, pero comparándolo con el de hace cuatro décadas, estoy convencido de que el cambio en las formas de los militares y del cambio de vida cuartelera ha sido, sobre todo, consecuencia de la profesionalización de la Tropa tras la suspensión del Servicio Militar.

La primera consecuencia de la profesionalización de la tropa ha sido que el cuartel dejaba de ser la casa del militar para pasar a ser el lugar de trabajo; y no me refiero a casa como domicilio, me refiero a casa como hogar. Tan es así que las viejas cantinas, que se llamaban en casi todos lados Hogar del Soldado, han pasado a llamarse cafetería, como en el Corte Inglés. Fuera de las horas de trabajo ya no hay nadie en los cuarteles. Ya no se convive en los cuarteles. Y este es uno de esos cambios que eran irremediables y lógicos cuando las personas tenemos vida más allá de la militar.

Pero la profesionalización llegó más allá. Durante la época del Servicio Militar, existía una distancia entre mandos y soldados que ahora no existe, o la distancia es más corta. Hay que tener en cuenta que en aquellos años los soldados estaban haciendo la Mili entre 20 meses y 9 meses, dependiendo de la época. Las Fuerzas Armadas eran muy grandes y estaban completamente cubiertas sus unidades con numeroso personal de reemplazo. Este personal llegaba, servía y se licenciaba y así iban corriendo los llamamientos de cada reemplazo anual y los mozos iban pasando. Esto, junto a la falta de conocimientos sobre el Ejército de aquella tropa, no ayudaba al acercamiento.


Pero con toda prisa política hubo que terminar con la mili en 2001. Se aceleró el proceso de profesionalización, pero no se consiguió completar los efectivos para dotar a todas las unidades del personal necesario, a pesar de que mediante los planes META de los años ochenta y RETO y NORTE de los noventa, el Ejército de Tierra se había reducido casi a la mitad en cuanto a número de unidades. Hacía falta soldados. 

Desde 1986 ya había algunos profesionales, los Voluntarios Especiales, pero eran un porcentaje bajísimo y no había más de tres o cuatro por compañía. En 1990 nacieron los Militares de Empleo de Tropa Profesional (METP, los conocidos como los metopas) que paliaron un poco el número de soldados tras la reducción del Servicio Militar a 9 meses y tras la proliferación de objetores de conciencia. Poco antes de 2001 habían ingresado algunos argentinos y uruguayos de ascendencia española, pero también suponían un muy bajo porcentaje. Fue en 2002 cuando se empezó a ofertar plazas de forma multitudinaria para españoles, sudamericanos y guineanos en nuestros ejércitos; había que completar plazas y los españoles no estaban muy por la labor de ser soldados (aún reinaba la idea de mili entre los jóvenes y muchos preferían dejarse el pelo largo, fumar porros y beber litronas en un parque mientras hablaban mal de España). 

A pesar de que desde 2002 hasta 2009 se incorporaban once ciclos por año, hubo verdadera dificultad para completar las plantillas. En la mayoría de unidades hubo que cerrar compañías por falta de tropa y en los centros de formación —yo me encontraba entonces destinado en el Batallón de Instrucción Paracaidista— se nos presionaba mucho para que los alumnos no pidieran la baja voluntaria; en unos centros fueron más tolerantes con la comodidad de los alumnos para retenerlos de cualquier forma y en otros nos costaba más llevarles el desayuno a la cama —ya contaré un día por qué disolvieron el BIP—. Este nuevo criterio de instrucción la justa para que no se disparen en un pie duró unos cuantos años en los que primaba la cantidad sobre la calidad. 


Con estos mimbres había que trabajar día a día y, además, responder a las más y más exigentes misiones internacionales en las que el personal debía estar perfectamente preparado. Ahora ya lo tenemos más asumido en algunos sitios, pero en aquella época fue muy fuerte tener que ver a empresas de seguridad controlando los accesos de algunos cuarteles por falta de soldados para hacer guardias.

Aquella distancia que había entre el mando y el soldadito de reemplazo fue reduciéndose hasta que con el soldado profesional acabó por desaparecer. Este hecho no cabe duda de que fue una evolución y un cambio muy positivo pues se llegó a que todas las unidades vivieran un espíritu de unidad distinto al que estaban acostumbrados y que era el que ya desde siempre habían vivido las unidades con tropa semi profesional, como La Legión o la Brigada Paracaidista. Pero se cambió demasiado rápidamente de chip y se llegó a dar al soldado unas responsabilidades para las que no estaba preparado. En muchos casos se comparaba al soldado con el Guardia Civil aduciendo a la profesionalidad de los dos. Esto, si bien técnicamente era cierto, no lo era en la realidad, debido principalmente a lo expuesto anteriormente sobre la deficiente instrucción con la que llegaban a las unidades.

El caso es que esa positiva evolución que redujo la distancia entre el soldado y el mando originó en un contacto mucho más cercano que, como es lógico y natural, acababa en amistad en muchos casos. Esto no debería entenderse como algo negativo, sino todo lo contrario, pero el problema es que ese buen rollito impide en ocasiones ejercer la autoridad como se debe. ¿Y cuáles son estas ocasiones? Pues en las que ni el subordinado —ya no hablo sólo de tropa— ni el superior saben estar en su sitio. La cercanía entre oficiales y suboficiales ya existía de antes, pero no era óbice para que si uno tenía que corregir al otro, lo corrigiera. Sin embargo, con la profesionalización de la tropa sí he observado mucho que no fue así y derivó en un paternalismo y confraternización mal entendidos. Creo que se ha confiado tanto en la profesionalidad de todos, que se ha llegado a ser poco exigentes con las actitudes de los que fallan.

Cada vez cuesta más corregir a un subordinado. En muchas ocasiones no se corrigen las faltas, aunque haya superiores delante. El purismo en la aplicación de la disciplina se ha relajado y ahora ya se califican las faltas no en leves, graves o muy graves, sino en bueno tampoco es para tanto o en cómo le voy a llamar la atención si es mi conductor o, lo que es peor, en me da corte llamarle la atención.

Y este es el principal cambio negativo que he observado en estos 40 años en cuanto a las actitudes de los militares. El caso del párrafo anterior es anecdótico, pero se ha impuesto un estilo de mando en el que cuesta corregir, a todos los niveles. Se dictan normas que se incumplen sistemáticamente, sobre todo en policía y uniformidad, y aquí no pasa nada. Se incumplen procedimientos y hasta órdenes directas y nada va más allá de una simple, muy simple, amonestación verbal, salvo que las consecuencias sean ya demasiado graves.

Como ya dije una vez en mi publicación dedicada a los nuevos oficiales y suboficiales, el artículo del Cabo de nuestras antiguas Reales Ordenanzas, y el del Militar en en las actuales, es la esencia misma del ejercicio del mando: hay que hacerse querer por el subordinado y hay que ser graciable con él, pero no hay que olvidar que hay que ser firme en el mando y no disimular jamás las faltas.

Por último, no podemos olvidar la política de derechos del personal que, si bien algunos eran necesarios, se han generado tantos que al final tanto derecho va en perjuicio de la operatividad de las unidades. Es complicado ya para un jefe de unidad disponer de todo su personal. Días de descanso adicional, de descanso obligatorio, de descanso por preparación, asuntos propios, licencias, excedencias, bajas médicas, paternidades, maternidades, lactancias, reducciones de jornada y flexibilidades horarias sólo van en perjuicio de la operatividad de las unidades y, como consecuencia, de la del Ejército.